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LIBERTAD SÍ, PERO: ¿QUÉ LIBERTAD?

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  Pilar Alberdi   “El último paso de la razón consiste en reconocer que hay infinidad de cosas que la superan”. Pascal   Me asombro cuando encuentro una pregunta sencilla, hay muchas, probablemente tantas como piedras por el camino o como rojas amapolas de primavera. Todas tan parecidas, y tan distintas. Pero hay algunas que, además, son claves. Resultan, bajo nuestra mirada, como esas estrellas que brillan más que las otras. Una de estas preguntas es la que tiene que ver con la libertad. ¿Somos libres? ¿Hasta dónde lo somos? Esta pregunta ocupó las mentes y la vida de algunos de los mejores pensadores de todos los tiempos. De aquellos que conocemos y de aquellos cuyo testimonio se perdió. La libertad va ligada, sin duda alguna, al menos para mí, a un examen de conciencia persistente. El zoroastrismo, el cristianismo, solo por citar dos corrientes religiosas, lo asumieron. Toda elección significa un juicio. ¿Qué eliges? ¿Cómo decides? ¿Por qué? Es curioso comprender cómo

BALADA TRISTE DE LOS NIÑOS QUE FUIMOS

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  Pilar Alberdi    Yo vivía entre sentimientos. En las tardes de verano, en aquel garaje que nos parecía inmenso, el grupo de amigos jugábamos a la «gallinita ciega». Contra la pared, colgada de un clavo, había una bolsa de pan duro; niños salvajes, ¡con qué gusto lo devorábamos! Aquella era vida, la de la niñez; estaba toda entera, como una fruta madura. El tiempo de la niñez era otro tiempo; se perdió. La familia latía a un ritmo; nosotros, al nuestro. Éramos tan niños de la calle que, las familias, algunas, eran como una noche oscura por la que caíamos al atardecer. Los niños se pasan los primeros años de su vida mirando sus dedos para aprender a contar. Uno se sube al tren de los recuerdos, y no sabe en qué estación se detendrá. ¿Será Platero, ese pequeño, peludo y suave burro el que nos reciba, o tal vez El Principito? Los niños no saben nada del azar; por eso, tampoco saben nada de la vida. A un verdadero niño no se le pregunta qué quiere ser de mayor. La ni

DE ATEOS Y CREYENTES ―Los durmientes―

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                                                     Pilar Alberdi   «A un mundo que soportase su propio fin mientras no le sea negada su proyección cinematográfica, no se le puede asustar con lo inconcebible» dijo Karl Kraus . Estamos en ese momento, por lo tanto, es necesario preguntarse quiénes son los « durmientes », es decir, los irreflexivos . Para ello necesitamos hacer un breve recorrido por la historia de las creencias. Comencemos: los romanos llamaron « atheos » a los cristianos por la sencilla razón de no practicar la adoración de los dioses del Imperio. (En realidad, no sancionaban la falta de « creencia », sino la falta de práctica del rito ). Por su parte, los cristianos llamaron a aquellos adoradores de muchos dioses: « paganos ». [1] La impiedad hacia los dioses ha sido siempre castigada. En Grecia, por ejemplo, a los acusados de « asebeia » (« impiedad »), se los desterraba. Siguieron ese camino ―entre otros― Anaxágoras , Protágoras , y Aristóteles . Exilio

ESCUCHAR LA OTRA CAMPANA

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  Pilar Alberdi                                                              «La duda es uno de los nombres de la inteligencia» . Jorge Luis Borges                                   «Cuando lo impensable ocurre se convierte en lo que da qué pensar». Reyes Mate   Sí, yo quiero escuchar la otra campana por los medios de comunicación, pero eso no ocurre. Aquí hay un solo discurso. Para oír al otro hay que bucear en las redes. ¡Qué pena! Le llamamos Democracia, pero… Me doy cuenta que este tema impregna nuestra vida por entero. No es difícil, enciendes el televisor y no hacen otra cosa que decirte que te vacunes, que la gente acude masivamente, surgen expertos como hongos que repiten machaconamente una y otra vez lo mismo. Enfermeras que en su vida han visto ni estudiado en profundidad temas de biología molecular o de elaboración de vacunas te aseguran que lo mejor que puedes hacer es acudir a vacunarte, tengas la edad que tengas y las condiciones físicas en que te encuent