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CONTRA LOS FILÓSOFOS DEL HORMIGUERO

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  Pilar Alberdi Leo mucho y escribo poco, es verdad. Entre manos tengo los borradores de un par de ensayos pero aún tardarán en salir al exterior, hay que darles un tiempo de sosiego, un poco de silencio y de sombra en un retirado cajón, una calma que anticipe o sea puente a nuevas reflexiones; y quizá, aquí y allá, en los tupidos renglones, un cambio en el orden de las palabras que surgirá más tarde. Verdaderamente me subo a hombros de gigantes cuando leo, y desde allí oteo el mundo. Es como estar en otro continente, en otras tradiciones, en otra clase de « tiempo », el de gentes lúcidas y sensatas . Solo un interés me empuja: comprender, es decir, comprender mejor cada día. Haciendo justicia a los términos «leo mucho y escribo poco», a quí dejo someramente los títulos y autores de algunas de mis últimas lecturas, que no son todas, por supuesto, en esta visita constante que hago a bibliotecas físicas y virtuales. Algunos ejemplos: Lectura de libro de Antonio Barcena: Hannah Are

«EL CISNE NEGRO»

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  Pilar Alberdi Leí el libro Nassim Taleb hace muchos años y volví a releerlo estos días. ¡Es increíble su actualidad! ¿Somos predecibles? ¿Los hechos se repiten con insistencia devastadora? ¿Qué pasa aquí? Antes de que se descubriese Australia, los europeos ingnoraban la existencia de cisnes negros, por tanto, para ellos todos los cisnes eran blancos. De este modo, lo predecible incluía la no existencia de cisnes negros. Y, sin embargo, allí estaban… Entre las muchas conclusiones que se sacan de este hecho y nuestra manera de evitar un pensamiento abstracto, Nassim N. Taleb nos apunta varias. Citaré tres. Dice la primera,: «Nuestro conocimiento es frágil. Una sola observación es capaz de invalidar una afirmación generalizada». La segunda: «Lo sorprendente no es la magnitud de nuestros errores de predicción, sino la falta de conciencia que tenemos de ellos» y la tercera «La lógica del Cisne Negro hace que lo que no sabemos sea más importante que lo que sabemos». Explicar l

PAUL VALÉRY: «LA LIBERTAD DEL ESPÍRITU»

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  Pilar Alberdi Paul Valéry tiene el don de la claridad. No es al azar. ¿Cuánto se ha leído y comprendido para poder tenerlo? Mucho, sin duda. Ese don lo tenía Aristóteles , Platón , ¿cuánto habían leído y oído de los anteriores? De Sócrates en el caso de Platón, de los presocráticos. Sin la base de las ideas anteriores no se puede avanzar. Esas ideas nos invitan a aceptarlas o a cuestionarlas, a mejorarlas incluso, o a desestimarlas. Y los que leemos mucho, sabemos qué autores han leído y comprendido, y lo reconocemos especialmente en su claridad expositiva. Decía George Steiner que de niño su padre le facilitaba la lectura de libros, tantos como quisiera, pero con la condición de que cuando los terminase de leer, debía entregarle un resumen, un análisis de unas pocas líneas. Llegado el caso, si no le había gustado o no lo había comprendido, debía explicar el por qué. No hay razón clara sin esfuerzo; la mayoría de las veces el esfuerzo es invisible para los demás, solo quienes

ADIÓS A EUROPA

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  LAS TRES CANCIONES QUE ANGELA MERKEL ELIGIÓ PARA SU DESPEDIDA    Pilar Alberdi   Es tradición en Alemania despedir con una retreta militar al Presidente federal, al Canciller y al Ministro de Defensa, tras su desempeño en el gobierno. El acto es nocturno, algunos de los soldados portan armas, otros desfilan con antorchas encendidas. Los uniformes de ceremonia que visten recuerdan viejas imágenes de películas de la Segunda Guerra Mundial . Y es que, a veces, el pasado parece que se niega a marcharse. Merkel se retiró precisamente el mismo día que el gobierno alemán comunicó el confinamiento de los no-vacunados, más del 30 % de la población, y la puesta en marcha de la obligatoriedad de la inoculación contra Covid , es decir la obligación de participar en una Experimentación en Fase III, de la que nadie se hace responsable (ni farmacéuticas ni gobiernos, ni médicos) pese a los decesos, y millones de efectos adversos, habiéndose inyectado ya con estos productos a la mitad d

«LA LUZ NO USADA»

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  Pilar Alberdi «El aire se serena y viste de hermosura/ y luz no usada, Salinas, cuando suena, /la música estremada/ por vuestra sabia mano gobernada». Fray Luis de León dedicó su Oda III, a la que pertenecen estos versos, al compositor, director de coros, y organista invidente, Francisco de Salinas. Este catedrático de música de la Universidad de Salamanca, perdió la vis i ón a los once años; y habiéndola conocido, tal y como busca hacernos comprender el poeta, retornaba en bellas armonías. No era la luz común, la misma que implora el canto del gallo cada mañana. Ni la de los tempraneros grillos implorando con su monótona repetición de cri-cri, algo de amor para empezar el día. Ni la que proclaman los relojes alertándonos de su diaria y exigente presencia. Ni tan siquiera era la luz del sol cubriendo de azul y blanco el mar; o la de la reflectante luna. Era otra cosa, algo más: la luz retornando en el recuerdo de un hombre que había perdido la luz. Pienso en esos dest