© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

jueves, 28 de noviembre de 2013

CARL EINSTEIN: «PICASSO Y EL CUBISMO»



Por: Pilar Alberdi

«Cuando hacíamos cubismo, no teníamos ninguna intención de hacer “cubismo”, sino únicamente de expresar lo que teníamos dentro». Pablo Picasso

¿Tiene sentido, hoy, un ensayo sobre la pintura de Picasso (1881-1973)? Sin duda ¿De Braque (1882-1963)? Por supuesto. ¿De Juan Gris (1887-1927? Siempre lo tiene; siempre habrá gente joven acercándose a su pintura, y cualquier nuevo detalle aportará una apertura a esa parte de la pintura que se denominó «cubismo» y que se desarrolló, especialmente, entre 1907 y 1914.
El escritor e historiador alemán Carl Einstein (1885-1940), junto al galerista también alemán Daniel-Henry Kahnweiler (1884-1979), fueron de los primeros en reconocer el valor de ruptura que significó la obra de Picasso, al que, pienso yo, después de esta lectura, reconocían una fuerza inconsciente que le ayudaba a objetivizar, hacer presente, aquello que reconocía su imaginación. No se trataba de «una nueva estética de la representación», una más de las que ya había, sino de una búsqueda personal del artista, que avanza sin saber muy bien que va a encontrar en la siguiente línea o pincelada, en el próximo color, en la textura de la tela, la madera, la cerámica, el cuadro, pero convencido siempre, de que lo busca está más allá de lo que ya ha conseguido.
Einstein destaca esa falta de apego de Picasso por su obra. Si bien, algunas series pueden delimitarse a períodos concretos, siempre desdeñó la copia propia, el autoplagio, por decirlo de alguna manera. Mientras, otros, pintores más jóvenes comenzaban a imitarlo y a beneficiarse del nuevo estilo. Pero lo que en estos es modo, en aquel era creación primera.
El ensayista siente, tiene la impresión, de que la pintura de Picasso ha atravesado la mirada de varias generaciones. Lo decía en 1920. Y sorprenden sus palabras, acertadas y concluyentes, pues aún eran los comienzos del pintor. Picasso —opina— iba por delante del paso al que podían seguirle sus devotos, y fue inútil, además de terrible por su pérdida, que algunas de sus obras se quemasen en París, junto a otras que los nazis consideraron «arte degenerado».
Einstein, que ve esa fuerza casi salvaje y primitiva que surge de Picasso, afirma que el pintor era un ser vital que se sobreponía a sus propios desgarros con una enorme capacidad. Faltaban todavía años por delante, para comprender que aquellos desgarros subjetivos, inconscientes, también atraparían en sus redes a otras personas que estuvieron en su vida, como sus parejas y algunos de sus hijos.
Cuando se atreve el historiador con una definición sobre lo que Picasso representaba como persona, lo define por oposición al hombre que siempre lleva una máscara con tal de continuar pareciendo el mismo ante sí y ante los demás.
Al autor de este artículo, le molestan los que sienten una admiración superficial por el arte. Tampoco es benevolente con el pequeño burgués, carente de fantasía, que acabará juzgando al pintor por no tener una «modestia acomodaticia», que sea reflejo de la parte de la sociedad que estaría dispuesta a comprar sus obras, si se ajustase a sus preferencias. Pero Picasso, no es de esos. Al contrario, «el pintor lucha contra la herencia recibida. Sus cuadros, además, se apartan de la naturaleza y aportan una visión nueva de los objetos que aparecen fragmentados, rotos, con planos superpuestos. Por eso, insiste Einstein: «Puede decirse de Picasso, que a medida que su imaginación ganaba en potencia, sus cuadros se iban haciendo-nometafóricos». ¿Qué quiere decir esto? Que los cuadros del pintor, especialmente los de la etapa «cubista, ya no contaban una historia, como los de la «serie rosa» o la «serie azul», no ofrecían algo a la imaginación; las formas, sólo presentaban uno o más objetos distorsionadas, que pedían la mirada sin ofrecer un diálogo.
Si algo caracteriza la trayectoria de Picasso, dice Einstein, es «la historia de su curiosidad». Poco después dará un repaso a esos movimientos, esas búsquedas, esos resultados, mientras ofrece coordenadas para entender los numerosos lienzos que cita.
Finalmente, dirá: «Picasso demuestra que lo real está inventado por el hombre, y que debe ser incesantemente reinventado pues muere continuamente».
Las ideas que tenemos de Picasso, pienso, nos remiten al joven Picasso que llega a París; al fundador del «cubismo»; al pintor del Guernica; al comunista; al hijo que como pintor superó a su padre; a un pasado español de sol y tauromaquía, de recuerdos mediterráneos que impregnaron su obra; también al artista incomprendido, a aquel al que los hermanos Stein(Gertrude y Leo) compraban obras que le ayudaban a sobrevivir en París. Picasso es cada uno de los que imaginamos y más.
Releyendo estos días un manual de antropología, en uno de los artículos sobre diferentes culturas, había una referencia a Picasso. Me habría encantado trasladarla aquí, pero hoy, al ir a buscarla por las más de ochocientas páginas de que se compone ese libro, he sido incapaz de volver a hallarla, aunque mi memoria fotográfica me decía una y otra vez que se trataba de una página par y que la encontraría en una nota al pie. Por eso, ante la imposibilidad de encontrarla, se las contaré tal y como hoy la recuerdo: Un hombre le reprochó al pintor los retratos cubistas que había hecho de mujeres, especialmente de las suyas, de aquellas que habían compartido una parte de sus vidas con él. Picasso escuchó los comentarios del hombre y le preguntó si por casualidad llevaba una foto de su esposa. El hombre contestó afirmativamente, sacando su billetera, y de esta una foto de carné de su mujer. —¿A que es guapa? —preguntó orgulloso el hombre al pintor. A lo que Picasso, contestó: —Demasiado pequeña.
De ese modo, intentaba demostrarle que esa foto de carné, a su manera, también era una interpretación de su «real» esposa.
No sé si la anécdota les habrá gustado, a mí me encantó y me hizo sonreír.
La edición de este libro, Picasso y el cubismo, es de la Editorial Casimiro.
A continuación dejo tres vídeos de Picasso, Braque y Gris en las que se pueden apreciar sus obras de la etapa «cubista».


Palabras de la contraportada:

«Sin descanso, Picasso se pregunta: ¿qué es lo que todavía no ha logrado la pintura?, ¿dónde está su límite?»

Foto de la cubierta: Juan Gris, La fenêtre ouverte, 1921. Museo Reina Sofía, Madrid.


Picasso



Braque


Juan Gris

4 comentarios:

  1. Muchísimas gracias, Pilar, por esa forma tan estupenda que tienes narrando las cosas, que te hacen transportar a ese mundo fantástico de estos tres artistas. Y además has escogidos esos magníficos vídeos que hacen palpitar el alma.
    Gracias. Un beso. y un abrazo de los míos <8>

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    1. Gracias, Javier. Disfruté mucho con el texto y también con la anécdota que cuento al final.
      Un abrazo.

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  2. Me ha gustado mucho el artículo, Pilar. Un libro, que después de leerla, me parece que es de lo más interesante sobre el tema del Cubismo y Picasso, y que a ese nivel no he leído nada. Sólo tuve acceso a un catálogo de su obra gráfica. Sin duda, su legado dará para muchas publicaciones más, pues fue un hombre que dejó tras de sí la mayor y más rica obra artística personal de nuestro siglo.
    Buen fin de semana, Pilar. Un abrazo.

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    1. Buena semana para ti también, Clarisa.
      Saludos.
      Un abrazo.

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