© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


sábado, 3 de octubre de 2015

EDVARD MUNCH: CUADERNOS DEL ALMA


Por: Pilar Alberdi

«Al morir, Edvard Munch (1863-1944) legó a la ciudad de Oslo más de 1.000 cuadros, 4.500 dibujos y 18.000 grabados que se encontraban en su casa-taller de Ekely, en las afueras de Oslo». Los escritos que cedió, cartas y cuadernos sumaron más de 13.000 páginas.
Una vez más y como en anteriores ocasiones en que hemos tenido la oportunidad de centrarnos sobre un pintor, percibimos la importancia del diálogo abierto en sus textos. Como sucediera con Kafka, pero no menos que con otros autores, sobre algunos de esos renglones, un mandato explícito: «Destrúyase a mi muerte» o «Para ser leído por persona sensible», lo que nos indica cómo percibía el mundo que le rodeaba: áspero, cruel, indiferente. ¿Quién no recuerda su, hoy famoso, lienzo El grito? Que no puede ser, evidentemente otra cosa que el silencioso grito de Munch.
La obra publicada por la editorial Casimiro consta de una pequeña presentación, una cronología de las fechas más señaladas en la vida del pintor, y una selección de fragmentos de los Cuadernos del alma junto a fotos de pinturas, grabados, dibujos y anotaciones de su puño y letra.
Los textos nos permiten acercarnos al dolor y a la melancolía del autor, a la pérdida de sus seres queridos, a la búsqueda más personal e intimista de su obra, a sus constantes crisis nerviosas. Aparece también una firme posición sobre la crítica recibida por sus obras y algún fragmento de las contestaciones que dio en periódicos.
El amor, lo conoció a ráfagas. No quiso contraer matrimonio ni formar una familia, y así lo expresa claramente.
Lo que vende le alcanza para proseguir en su tarea, sin embargo, eso no le impide ver el valor material que va adquiriendo su obra en manos de terceros: «Recibí 5 coronas por un cuadro que luego se vendió a una galería en Bergen por 1.500. Por La muchacha sentada al borde de la cama recibí 60 coronas. Este cuadro luego se vendió a una galería por 2.500».
Convencido de que una buena pintura y una idea brillante nunca mueren siguió adelante. Así describe el nacimiento de su cuadro El grito: «Un atardecer iba caminando por un sendero, la ciudad a un lado, el fiordo al otro ―estaba cansado y enfermo―, me paré a contemplar el fiordo dejando que mis amigos se alejaran. El sol se estaba poniendo, y el aire se hizo rojo como la sangre; sentí como si un Grito hubiera atravesado la Naturaleza; sentí un Grito. Pinté ese cuadro, pinté el aire y las nubes como sangre. El cuadro: El grito del Friso de la Vida».
En Cuadernos del alma también explica su gradual ruptura con el impresionismo, su visita a París en 1884, su interés por Velázquez. Se pregunta: «¿Cómo es que nadie ha notado que mis grandes retratos tienen algo velazqueño?» Reconoce al pintor español y a Couture como sus maestros.
Humanamente le asombra la vida y ese constante desgaste de generaciones que llegan y se marchan. Se pregunta qué es el tiempo, y la respuesta no admite dudas: «Un simple segundo entre latidos del corazón».
España debió ocupar un lugar en sus pensamientos por aquel que consideraba su maestro, Velázquez, pero también por otros hechos y circunstancias. Describe un local: «allí estaba una bailarina española, unos músicos gitanos»(…) La zona junto al escenario estaba iluminada con los colores más vibrantes ―como la caja de pintura que nos regalaron cuando éramos niños pequeños―; deslumbrante blanco, resplandeciente rojo en las ropas de los gitanos, amarillo y verde también». Y concluye la escena indicando que quiere pintar algo que lo fascine tanto como él ha sido fascinado en ese espacio, quiere pintar «a dos personas, en el momento más sagrado de sus vidas».
Durante más de 30 años trabaja en el Friso de la vida. Se siente poco comprendido; sus horas bajas están dominadas por un «cansancio perenne», pero cuando se recupera continúa pintando.
Quizá, de todas las frases del texto me quedo con esta: «No pinto lo que veo; pinto lo que vi». El pensamiento que vuelve al lugar de los hechos y los retrata


Nota:
Próxima exposición de la obra de Edvard Munch. Museo Thysen-Bornemiza, desde el 6 de octubre al 17 de enero, Madrid.
Simultáneamente se celebra otra en Munich (Alemania), en el Museo Van Gogh.


6 comentarios:

  1. Muy intetesante SRA.Alberdi, saludos desde Miami, siento no poder ir y me encantaria. Un cordial abrazo. Laura La Villa.

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  2. gracias siempre con sus comentarios engrandece a los autores
    feliz fin de semana

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    1. Me hacen especialmente feliz, tus palabras. Ojalá sea así.

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  3. Gracias por el post, Pilar.
    Hace unos años estuve en Oslo con mi mujer y mis hijos. Fuimos a ver "El Grito", con tan mala suerte,que encontramos la Galería Nacional cerrada.
    Un abrazo.

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    1. ¡Qué bueno, Ángel! Yo creo que la ilusión, salvó el instante.
      Un abrazo.

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