© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

lunes, 2 de diciembre de 2013

LA LUCHA POR EL DERECHO


Por: Pilar Alberdi


¿Quién ofende a España? Los que vulneran sus derechos, que no son precisamente el pueblo, al que se ha castigado con 500.000 desahucios en 5 años; la desindustrialización creciente; la falta de crédito pese a que se ha salvado de la quiebra a los bancos; la modificación de un artículo de la Constitución, el 135, por parte de los dos partidos mayoritarios, sin consentimiento ni conocimiento de la población con el fin de poner como garante de la deuda al Estado; los ajustes en el sistema de pensiones que solo empobrecen aún más a la población y aumentan la edad de jubilación, cuando hay un 58% de jóvenes sin trabajo, dentro de la colosal cifra de más de 6.000.000 de parados. En esta semana, que bien podríamos llamar de la Constitución, cuando los casos de corrupción no hacen sino aumentar; hay dudas sobre la división de poderes; la privatización de la sanidad ha mostrado la vulnerabilidad a la que quedamos expuestos, incluido el copago de medicamentos; la falta de ayuda para dependientes físicos o psíquicos; la nueva ley educativa, que ha sido impuesta con prepotencia; cuando pende sobre la sociedad una modificación del código penal, a través de la conocida como «ley antiprotestas», que no tiene justificación, salvo que otros sepan lo que todavía está por caer sobre España, y que nosotros aún desconocemos.
Hablan ya los periódicos extranjeros de que España se inclina hacia una «democracia autoritaria», pero ¿existe tal cosa? Recordemos por un momento el significado de las palabras: «démos» (pueblo), «krátos» (poder).
Preocupada como todos por las actuales circunstancias, por la grave crisis económica y de valores, por el más que amenazante futuro, ha querido la casualidad que me topase con un libro del jurista, Rudolf Von Ihering , titulado La lucha del derecho. No es un libro de hoy, lo publicó en 1872, y esto es en gran medida lo extraordinario, sigue vigente. En 1921, Leopoldo Alas «Clarín» y sus amigos, entre ellos, Alfredo Posada, quien se encargaría de traducirla, decidieron publicarla en España. No solo eran escritores, sino abogados que, aunque no ejercían la profesión, amaban el Derecho y padecían las consecuencias, la desmoralización, las mezquindades y la falta de ideales que condujo al Desastre del 98.
¿Qué dice el libro? Lo primero, que el pueblo que no lucha por sus derechos no merece tenerlos. «Quien se ve atacado en su derecho, debe resistir, este es un deber que tiene para consigo mismo». La razón: «Toda injusticia no es, por tanto, más que una acción arbitraria; es decir, un ataque contra la idea de derecho». Lo esencial de las frases precedentes podría quedar sintetizado en esta otra, en la que se da valor, a la lesión, al daño producido, a lo que cada cual siente en aquello que ha sido vulnerado, es algo que tiene que ver con los sentimientos, y, por tanto, muy difícil de evaluar. Exige más que una compensación económica, una reparación ética. Indica: «El grado de energía con el cual el sentimiento se levanta contra la lesión es, a nuestro modo de ver, una regla cierta para conocer hasta qué punto un individuo, una clase o un pueblo, sienten la necesidad del derecho».
A mí con leer estas frases me habría bastado para sentirme más que satisfecha por el contenido del libro, no en vano el autor alcanzó a ver en vida, 23 ediciones de su obra, y se le considera uno de los principales estudiosos del Derecho Europeo. Siento, y nunca mejor dicho, que una de las frases sublimes de este libro, es la siguiente: «la fuerza del derecho como la del amor descansa en el sentimiento», es decir, en no resignarse con la comodidad que implica no luchar. Un tema sobre el que el autor vuelve una y otra vez, porque si cada cual no lucha por esa lesión, que además de daño económico o de otro tipo, ha causado sufrimiento, el Derecho de todos disminuye.
Unas páginas después, el jurista razona, ateniéndose al Derecho Romano, que tan bien conoce, y que está en la base de todo el Derecho Europeo, el sentido de propiedad, lo que puede significar para unos y para otros. No siempre lo mismo. Para el agricultor, explica, que vive de su trabajo, estará relacionado con el mismo, por lo tanto tiene un valor casi sagrado. Y así fue desde la antigüedad. Pero cuando el sentido de propiedad deviene de lo recibido, de lo que se obtiene por otros medios, más turbios, más oscuros, nada transparentes, es ahí, en donde el autor se atreve a decir que frente a ese desvalor del verdadero sentido de propiedad, es decir cuando «la propiedad ha perdido su último resto de idea moral», gracias al trabajo propio que lo justificaría, como estaba claro para los agricultores o para los artesanos o para el pequeño comerciante; cuando la ganancia, el lucro, la avaricia teje redes imposibles de desvelar, el descontento de la gente, encontrará, sin duda, donde rebelarse, y en especial lo hará en las ciudades, porque es, precisamente allí, en donde menos puede conocerse el origen de la propiedad.
Su voz, por último, se eleva para decir «Cuando la arbitrariedad, la ilegalidad, osan levantar, afrentosa e impúdicamente su cabeza, se puede siempre reconocer en este signo, que los que están llamados a defender la ley no cumplen con su deber». Y vuelve a llamar la atención, no sobre la sociedad en general, sino sobre cada individuo: «No acusamos a la injusticia de suplantar el derecho, sino a éste que le deja obrar, porque si llegase el caso de clasificar, según la importancia estas dos máximas: “no cometas una injusticia” y “no sufras alguna”, se debería dar como primera regla, “no sufras ninguna injusticia”».
Me pregunto si, en nuestra sociedad, educamos a los niños bajo este precepto.
Por último, aunque podría extenderme más sobre esta obra, querría elevar desde aquí mi reconocimiento a las diversas plataformas que han hecho posible, durante estos años, que no olvidemos la parte que a cada uno y a todos nos corresponde en la defensa del Derecho, y sólo por citar a algunas: a la Plataforma de afectados por los desahucios (PAH); Plataforma de afectados por las preferentes; a las distintas organizaciones de usuarios de la Banca que han ayudado con sus indicaciones para solventar todo tipo de dudas y que se pudiese impugnar, entre otras condiciones, las «cláusulas suelo» de las hipotecas; a las distintas plataformas que han movido sus mareas de gente en a favor de la educación y la sanidad pública y, en fin, a todos los que han sentido que tenían que hacer algo y lo han hecho, y con su ejemplo han mostrado el camino a seguir.

10 comentarios:

  1. Me gusta el entusiasmo con el que nos describe tantas verdades y tan actuales. Gracias por recordarnos aquello de que "el pueblo que no lucha por sus derechos no merece tenerlo".
    Un placer leerla. Saludos.

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    1. Lo mismo digo, Clarisa. Siempre es un placer pasar por tu blog y encontrar buena poesía.
      Un abrazo.

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  2. Muy interesantes sus palabras y puntos de vista. España (y otros países) asombra y preocupa al mundo entero, como muestra de lo que no quisiésemos pasase en nuestro país, aunque se sabe, lamentablemente, que la vida y sus actos son circulares y todo afecta de un modo u otro.

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    1. Hola Amanda: lo positivo, por llamarlo de alguna manera, de esta penosa situación, es que hoy vemos más claro; somos conscientes de cómo funciona nuestra sociedad y lo mucho que tenemos que hacer para mejorarla.
      Gracias por tus palabras.
      Recibe un abrazo.

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  3. Ante las clamorosas injusticias, el clamor de la palabra clara. Muy buen artículo, Pilar.
    ¡Un abrazo desde Barcelona!

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    1. Gracias, Juan, por tu visita y tus palabras.
      Te envío un fuerte abrazo.

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  4. Como dicen en la historieta 'V de Vendetta' (y después en la película), el pueblo no ha de temer al gobierno, sino el gobierno al pueblo. ¿Qué esperan los españoles para hacer algo contra ese gobierno? ¿Qué?

    Saludos

    J.

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    1. Hola José, es tanto lo que se ha hecho. Abogados que han buscado la forma de detener desahucios; jueces que han mostrado sus discrepancias; tantísima gente que ha perdido sus casas o sus ahorros y se han movilizado luego para ayudar a otros. Es verdad que ha habido un enorme silencio por parte de los políticos de los partidos principales; evidentemente, lo pagarán en las urnas, pero lo más terrible ha sido su indolencia, y ese cambio que hicieron en la Constitución, el del artículo 135, cuando luego dicen, hoy día de la Constitución también lo están diciendo, (¿no es curioso que las principales cabeceras de los periódicos tengan desde ayer la noticia de la muerte de Mandela y todavía, a estas horas de la tarde, no la hayan cambiado?),que la Constitución no se puede cambiar sin un consenso general. Esto quiere decir que no están dispuestos a debatir si España puede convertirse en un Estado Federal, que en cierto modo ya lo es a través de las Autonomías, o en una República sin monarquía, o si estarían dispuestos a que Cataluña o alguna otra Comunidad más se separase.
      Tantísimas personas como nos hemos movido en manifestaciones en favor de la sanidad pública, de la educación. El tribunal de cuentas europeo que denunciaba ayer la manipulación del euribor (que afecta a las hipotecas) por parte de grandes bancos, y lo que haya podido repercutir de esta situación en los bancos españoles, y los cauces legales que se abrirán a partir de ahora para reclamar, como ya ocurrió con la venta de acciones preferentes. Creo, sinceramente, que donde se cierran puertas se van abriendo algunas ventanas.
      Un abrazo, José, y muchas gracias por sumar tus palabras.

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  5. El problema no es que seamos un pueblo que haya olvidado su historia, el problema es que somos un pueblo que no ha aprendido su historia. Así que...

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  6. Amigo Ángel, hay mucho de cierto en eso, si uno mira al pasado, a aquel 98, por ejemplo, y a lo que llegó después la Segunda República, y la dictadura. A ver qué nos traen los días que están por llegar. Todos somos responsables, aunque algunos miren hacia otro lado.
    Un abrazo.

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