domingo, 8 de febrero de 2026

«LOS DOMINGOS»

 

Pilar Alberdi


Los domingos de la directora Alauda Ruiz de Azúa estuvo muy poco tiempo en los cines, lo habitual para un mercado acostumbrado a las grandes producciones y a las novedades de Hollywood, un mercado que curiosamente niega los ángeles pero no los superhéroes voladores, de tal manera que para poder verla he tenido que recurrir a buscarla en Internet, y pronto hallé una versión repartida para la prensa.

La película la vi ayer por la noche junto a mi esposo. En el cansancio de esa hora aún tuvimos tiempo de tomar posteriormente un café y cruzar impresiones. Hoy continuaremos profundizando sobre el tema.

En alguna de las reseñas leídas recientemente se recordaba que había gustado por igual a creyentes y no creyentes. No lo sé. Quiero decir que uno, ¿quién es uno?, en cada momento de su vida está en una situación dada y está bien dentro de su creencia, o portando su creencia, la que sea en esa circunstancia, sin saber si se mantendrá en ella más adelante o qué le deparará mañana la vida, por cierto, siempre tan compleja. Y esta es una de las diferencias de esta película con otras absurdamente insustanciales y vanales.

Anoche me debatía en estos y otros pensamientos, pero cuando me desperté esta mañana, tenía claro lo que iba a escribir, incluso podía habelo dictado a alguien, ahora no sé si lo tengo tan claro. Me limitaré a no hacer una reseña convencional y sí a plantear algunas preguntas. Quizás le sirvan a alguien.

Pero me desperté, como digo, feliz, entusiasmada, lucida, reconociendo que hoy con toda seguridad iba a escribir sobre la película, aunque no era mi idea anoche, puesto que me acosté pensando que al día siguiente, precisamente hoy, domingo, entre las primeras tareas que tendría que hacer estaba la de ir a buscar unos pasteles para el almuerzo.

En general en esta casa, los postres los cocina mi esposo, pero hoy hará una paella y como a mí se me da peor lo de los postres, los iré a comprar. La vida es esto ¿no? La vida son las familias con sus más y sus menos y en ellas cada individuo luchando por comprender, por salir adelante. Y por saber, sobre todo, quién es uno, hacia dónde se dirige, qué le dicen los demás que es la vida, en qué creencias se mueve la sociedad en la que vive, su propia familia y la persona, y las modas que van llegando y lo convulsionan todo. No, la vida no es fácil, decir lo contrario sería mentir.

Pero esa pregunta de qué es la vida, pasado el ajetreo de la misma, esa etapa de enamorarse, de tener hijos y criarlos, de progresar en el trabajo, de asegurar un futuro material, de cuidar a los que están a nuestro lado, a los que se cruzan en nuestro camino, insiste para hacernos llegar las preguntas esenciales que más tarde o más temprano requieren una respuesta. ¿Qué es este mundo? ¿Que ocurre en él? ¿Qué vida debo vivir? ¿Cómo decidir a los casi dieciocho años cuál será mi vida futura? Y luego, esa preocupación de los padres por el futuro de los hijos: qué decidirán, a quién encontrarán en su camino, qué vida harán, de qué modo podemos ayudarlos.

La película nos muestra el recorrido de una joven estudiante y una «llamada» a una «vocación religiosa». No solo están las dudas que ella pueda tener sino las de las personas que la rodean. Y en este sentido la perspectiva que se nos ofrece es amplia. Para decirlo de una manera sencilla, nadie quiere que se equivoque, ni ella, por supuesto. Además desde la parte religiosa se acepta que el camino es difícil y que no siempre se llega a dar el último paso, siendo precisamente lo importante atender a esa posible vocación, a esa reflexión y a ese proceso.

Pero, veámoslo de otro modo: ¿acaso no asusta cuando un hijo dice que quiere estudiar una profesión y a uno le parece que no es la que le conviene o que el trabajo por el que quiere optar no es el adecuado? Y, acaso ¿esto no es aplicable a otras muchas situaciones?

En un tiempo de oscuridad como el que estamos viviendo, no tenemos más que leer los archivos de Epstein para saber en qué punto de malignidad, depravación y decadencia nos encontramos, recordar que el pasado de Europa ha sido cristiano es importante y que aunque a veces no se mantenga en la práctica religiosa, sí lo hace en su cultura.

A veces, parece que nos empujan a una guerra velada de religiones. La trama que hay detrás de lo que ocurre es espantosa. Pero qué es eso que tanto molesta del cristianismo, qué es eso que facilita que se quemen iglesias o se ataque a creyentes, a religiosos y religiosas, o consiga tan fácilmente la burla y la ridiculización de la tradición, y solo pondré por caso, los ejemplos de los juegos olímpicos de 2024 en Francia o precisamente en estos días los actuales juegos de invierno en Milán. ¿De dónde sale ese ritualismo y satanismo?

Creo que para contestar esto me serviré de unas palabras de monseñor Fulton Sheen y de su libro ¿Se puede creer aún?: «Hubo una vez en que una persona vino a ser juzgada por todo el amor que provocaba en torno suyo». Y esta es una verdad muy grande, él vino a recordar el verdadero amor universal, aquel que está más cerca del samaritano que del fariseo, aquel que expone dividido lo que es del César y lo que es de Dios. De este modo acompañó a los pecadores (¿quién no comete faltas?) y para todos, incluso en la hora de su asesinato tuvo misericordia. Recordemos sus últimas palabras: «Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen». Qué enorme mal es la ignorancia. Qué terrible la acción del mal. Por tanto, es normal que cualquiera se asuste ante la perspectiva de no llegar a esa altura: la del amor y la entrega incondicional y el perdón de las faltas propias y ajenas, como es el caso de la joven protagonista, siendo precisamente ese su deseo, y aun más oscura es la perspectiva en quien no cree.

Nos faltan en estos tiempos cultura religiosa. Y ese es un daño. Y nos falta respeto y ese es otro daño básico y esencial.

Bien, hasta aquí mis palabras. Dejo al pie algunas reseñas con distintas opiniones por si a alguien le pudiesen orientar. Algo está claro, Los domingos, no es una película cualquiera.



Algunas reseñas desde distintos puntos de vista:

Los domingos o el milagro de creer en algo. Gemma Ribero 

Reseña en vídeo del obispo Munilla 

¿Por qué los domingos es la mejor película de terror de 2025. Unadesoladora muestra de nuestro fracaso como sociedad. Autor: Franchico


domingo, 18 de enero de 2026

«DIARIO DE DUELO» DE ROLAND BARTHES

 


Pilar Alberdi


«Veo a las golondrinas volar en la tarde de verano. Me digo ―pensando con desgarramiento en mamá―: ¡qué barbarie no creer en las almas, en la inmortalidad de las almas!, ¡qué imbécil verdad es el materialismo!»

Cuando esto lo dice un ateo, algo de razón tendrá.

Y esa «devaluación» de sí a la que el duelo le obliga, que le transforma en un adulto huérfano, también le hace constatar que se ha quedado solo para siempre, porque no alcanza a ver nada más allá de ese presente doloroso, donde el único ámbito seguro que encuentra para recogerse es el hogar que compartía precisamente con quien ya no está.

Hogar que es patria, esperanza, mimo, afianzamiento de uno mismo.

Conclusión: la vida es aprendizaje, conocimiento acumulativo.

Leía estos días la obra Diario de duelo de Roland Barthes (1915-1980), el reconocido filólogo y semiólogo. La obra nos habla del estado en que se encontraba el escritor tras el fallecimiento de su madre, en cuya compañía vivió durante toda su vida. Un caso similar, si la comparación es posible y creo que sí, al de Jorge Luis Borges con su madre.

Escribe: «Ahora, por todas partes, en el café o en la calle, veo a cada individuo bajo la especie del que-debe-morir» (…) Y, con no menor evidencia, los veo como no sabiéndolo”. Pero lo saben, eso es lo que en el fondo subyace en la observación. El deseo de negación de la muerte terrena.

Luego hablaremos de quién fue esta mujer para su hijo, un hombre que se define, pese al duelo que debería tenerlo sometido a la angustia, de este modo: «Pero, ay, es lo contrario lo que sucede. No solamente no abandono ninguno de mis egoísmos, de mis pequeños apegos, continúo sin cesar, dándome preferencia, más aún no llego a entregarme a un ser». Están los otros, pero no son tan fundamentales como lo fue la mujer en la que encontraba afecto y respeto.

Sin embargo, como indica el ensayista, su madre se convirtió poco a poco durante los últimos meses de su vida en una hija a la que cuidó con dedicación y esmero. El 19 de noviembre de 1977, escribe: «Durante meses fui su madre. Es como si hubiera perdido a mi hija», pero también es como si hubiera perdido el sentido de la vida.

El hijo que fue cuidado, cuida a su vez; el hijo amado refiere cómo las palabras «¡Mi Roland, mi Roland!», que tantas veces le decía cariñosamente, estuvieron también entre sus últimas palabras.

Y el hombre al que ella como madre ayudó a ser seguro, de repente se vuelve frágil y débil de espíritu: «La aflicción como una piedra/ (en mi cuello), /en el fondo de mí». Sentirse es saberse «medio muerto» y el mundo que le rodea, además lo deprime, escasea la voluntad que antes le hizo famoso, incluso está dispuesto a renunciar a la tarea intelectual, «tengo el sentimiento oscuro», dice, «de que, como ella ya no está, no es preciso hacerme reconocer».

Pero, ¿quién fue ella? Escribe Roland Barthes el 31 de mayo de 1978: «Mamá esta presente en todo lo que yo he escrito: en que hay por todas partes una idea del Bien Soberano».

Pero no es solo eso, el 27 de julio del mismo año, dice: «Mamá me enseñó que no se puede hacer sufrir a quien se ama». Y ¿cómo puede haber una idea del Bien Soberano si no hubiera un sentido?

Lo peor ha pasado. Reflexiona: «La enfermera de la mañana le hablaba a mamá como a un niño con una voz un poco fuerte, inquisitorial, rezongona y boba. No sabe que mamá la juzga. [Esto es la tontería] No se habla nunca de la inteligencia de una madre, como si eso fuera menguar su afectividad, ponerla en la distancia. Pero la inteligencia es: todo lo que nos permite vivir soberanamente con un ser». No se puede decir mejor. ¿Quién nos hace mejores? Aquél que nos reconoce, que nos empuja para que seamos la mejor versión de nosotros mismos: la que no miente, la que madura, la que siempre dice la verdad, la que aun con miedo se muestra valiente.

Creo que tiene razón, si la ignorancia produce el mal, la inteligencia que es conciencia del otro y empatía, debería favorecer el bien.

Y esa «devaluación» de sí a la que el duelo le obliga, esa no preferencia de sí, también le hace constatar mirando el vuelo de las golondrinas… «¡qué imbécil verdad es el materialismo!».

Porque la trascendencia está ahí, por todas partes, como escondida, hasta que uno la ve.

jueves, 27 de noviembre de 2025

¿Ateos o creyentes? (Gianni Vattimo, Michel Onfray y Paolo Flores D’Arcais)

 

 Pilar Alberdi

 

¿Ateos o creyentes?  presenta conversaciones sobre filosofía, política, ética y ciencia, y ha sido publicado por la editorial Paidós de Madrid, en la colección Contextos.

Por la nota introductoria a cargo del editor conocemos que el libro es el resultado de la reunión de tres filósofos y la charla que mantuvieron el 8 de diciembre de 2006 en Turín, lugar de residencia de Gianni Vattimo, ciudad a la que Paolo Flores d’ Arcais y Michel Onfray habían llegado la tarde anterior desde Roma y Caen, respectivamente. (Gianni Vattimo falleció en 2023).

Según el editor, los filósofos «se habían tomado la molestia de redactar una lista razonada de los temas a tratar» a partir de los cuales y, sin más preámbulos, dio comienzo la conversación. Sin embargo, luego veremos que no fue así, gracias a una declaración de uno de los autores, en los aportes finales del libro que dieron en llamar «posdata ciega». Aunque este dato hubiera faltado, cualquier lector avezado comprueba con la lectura que hay exposiciones impropias de una conversación normal, al margen de que los temas a tratar estuvieran previamente concertados. Pero de esto hablaremos al final.

De los tres filósofos, dos se manifiestan ateos (Michel Onfray y Paolo Flores D’ Arcais) y uno creyente, Gianni Vattimo.

Si consideramos la obra como un diálogo, tendremos dificultad para relacionarla con los diálogos filosóficos clásicos como pudieran ser los de Platón, San Agustín o Cicerón. No porque aquellos sean más literarios o porque los interlocutores en esta ocasión no sean heterónimos como fueron los casos de aquellos autores, ya porque esos personajes les sirvieran de portavoces de sus ideas o de otras contrarias para llevar a término alguna verdad posible, sino porque en aquellos no hay un punto agonístico como el que se presenta en este, una confrontación, en este caso presencial, por momentos demasiado agria.

La obra comienza con palabras de Paolo Flores d’Arcais, quien considera que la filosofía, sí desea continuar siendo lo que fue, es decir, un conocimiento que busca la verdad, por tanto, que intenta alejarse del pensamiento mágico, debe contar con filósofos ateos. Dice: «el ateísmo debería ser desde hace mucho tiempo, el horizonte normal e inclusivo de la filosofía». Esto debería haber ocurrido a partir de Hume, Kant y Darwin, pero no ha sucedido, y el desencantamiento del mundo no se ha producido. Su actitud crítica se verifica en la afirmación de que conocemos «la no existencia de Dios y de la inmortalidad del alma». Para D’Arcais el ser humano es «un simio modificado» para el que ni siquiera son necesarias ya las típicas preguntas de quiénes somos o a dónde vamos, porque según sus propias palabras: «Sabemos quiénes somos, unos simios apenas modificados. Conocemos el inicio, el Big Bang. Y sabemos a dónde vamos: a ninguna parte».

Respecto a las religiones D’Arcais tiene claro que, según idea general de todas las religiones, para la mayoría de los creyentes son falsas todas, menos la propia. Y, si algunos principios siguen, las religiones, es el de haber servido de explicación para cuestiones «históricas, antropológicas, sociológicas, psicológicas», como quien no viendo nada al final del túnel, pone allí una luz.

Por otra parte, frente a las ideas creacionistas y el sentido escatológico, apocalípticos de la vida, que sustentan la mayoría de las religiones, Flores d’Arcais pone el énfasis en la contingencia, en cómo esto que somos podía no haber sido.

Para el d’Arcais cuando se acaba el cuerpo se acaba la supuesta alma. Y opina que, si se quiere sostener que el alma existe, el requisito mínimo es demostrarlo, ya que es lo menos que exigiría el conocimiento científico actual.

Frente a estas afirmaciones, las razones que contrapone Gianni Vattimo para definirse como «creyente» son: en primer lugar, que su creencia no le ha sido impuesta. Lo cierto es que en este caso y no menos en el caso anterior, cabe la pregunta de hasta dónde nos condiciona la cultura para recibir y luego optar o afirmarse en un tipo de creencia u otra. Es evidente que sin la Revolución Científica y un mejor conocimiento del Universo Flores d’Arcais, probablemente, no pensaría como lo hace. Aunque, ¿hasta dónde es verdadero todo lo que sabemos? Los paradigmas cambian, incluso los de la ciencia. Gianni Vattimo, en cambio, sí reconoce la influencia cultural, dirá: «La Biblia es la base de una tradición a la que pertenezco» y asume que, si hubiera nacido en otra cultura, tendría otra religión. Aprovecha para recordar a Paolo Flores d’Arcais que Leibniz, Descartes y Kant creían en Dios. Aunque cualquier ateo podría responder a esto que su creencia se corresponde con la época que les tocó vivir. Más tarde llegarían los «filósofos de la sospecha» (Marx, Nietszche, Freud). Aquí también podemos hacer hincapié en una consideración: no todas las personas son iguales, si no, no existirían los místicos, ni personas que han tenido-vivido experiencias que les han llevado a la creencia en algo que está más allá de nuestro conocimiento. Lo decía el propio Pascal en sus pensamientos, cuando la fe decae, ahí están los milagros para volver a creer. O Karl Popper cuando opina sobre la inteligencia que no es material sino trascendente. No es que Popper para quien toda aseveración en ciencia es una conjetura (teoría) mientras no se demuestre lo contrario, haya participado en este diálogo, pero puedo imaginar lo interesante que hubiera sido, a fin de cuentas es el padre de la falibilidad.

Pero volvamos a la reunión de los tres filósofos. Para Gianni Vattimo, las culturas: «son sistemas simbólico-institucionales que permiten a determinadas sociedades asegurar la propia supervivencia e instituir un diálogo entre generaciones». Lo que vive la cultura, cada cultura, es ese «logos que se transmite». Podemos decir que la cultura da una cierta identidad al individuo al compartir con los suyos una serie de creencias y simbologías.

Michel de Onfray, aparece en la conversación, a partir del capítulo tres. Ateniéndose a los aspectos históricos de la civilización que conocemos, opina que sin Constantino, la religión cristiana no habría alcanzado el poder que tuvo. Y sobre los autores citados por los otros dos, uno desde una perspectiva de pensamiento ateo y, el otro desde una visión propia de un creyente, les recuerda que esos filósofos que han nombrado (Leibniz, Descartes, Kant) querían demostrar con la razón que Dios existe. Cita también a Feuerbach, Bakunin, Nietzsche, y al idealismo alemán. Y sobre la razón por la que uno es de tal o cual religión, trae a colación lo que Montaigne dijo de las religiones, confirmando aquello de que se tiene, en principio, la religión del lugar en que se ha nacido, aquella del propio entorno.

Igual que Paolo Flores d’Arcais piensa que la demostración de que existe Dios corresponde a quienes creen en él. Pero aquí cabría la pregunta fundamental: ¿los creyentes actuales necesitan demostrar la existencia de Dios? No. Para un creyente, la fe es la disposición de la gracia. Más bien es el ateo que precisa de Dios (o lo que esto pudiera significar para un ateo) quien debería justificar su no existencia. Se trata de un tema de fe, y la fe puede dar lugar a la imposición a otros de la misma fe, si se da el caso, pero no ha implicado jamás esa necesidad de demostración, el creyente acepta lo que hay de trascendente, en lo que intuye, participa como un ser humano con dignidad.

Gianni Vattimo por su parte, dice sentirse religioso «a su manera». No da a la «razón» el valor que le dan los anteriores porque la considera, igual que la creencia religiosa, dentro del horizonte cultural en el cual se mueven las personas. Me permito añadir: es una «razón», que como se ha demostrado muchas veces, responde a los intereses de cada época, de los grupos de poder y, en consecuencia, puede resultar sumamente irracional, como sucedió con el nazismo. Por tanto, podríamos decir que Gianni Vattimo iguala ambas creencias o que no afirma que una sea superior a la otra. Lo cual resulta raro, porque si uno se dice creyente, cree, y si no se manifiesta de este modo, no. Pone como ejemplo que no se pueden ver los «neutrinos» aunque la ciencia los nombre, y no por eso los científicos dejan de creer en ellos. Paolo Flores d’Arcais le contesta que hay una tecnología atómica que está ahí, y Vattimo, asumiendo lo que hay, le replica que le preocupa que el Estado sea quien a través de sí mismo o de particulares nutra a la ciencia, entiendo que se refiere a lo económico, subvenciones, etc. Le parece ―dice―que no hay «verdad objetiva», es decir, que hay unos intereses del tipo que sean que hacen posible que la ciencia siga unos caminos y no otros con más facilidad.

D’Arcais, le indica que lo ve así porque «es tolerante». Es decir, porque no es un ateo ni un creyente totalmente identificado con su creencia. A mí me queda la misma sensación después de leer sus afirmaciones, mientras D’Arcais dice que Vattimo, cree especialmente en la inmortalidad del alma, que es lo que justificaría a Dios.

Ya en el capítulo quinto, Onfray trae a la luz un tema preocupante, el de las «víctimas», que han tratado numerosos autores, y como es ateo, no lo hace desde un punto de vista religioso. Evidentemente, el tema de las víctimas ha estado siempre presente en muchas pensadoras y pensadores, por ejemplo, lo apreciamos en Walter Benjamin o en Hannah Arendt, entre otros. Dice Onfray: «La idea —extremadamente peligrosa— de que la razón occidental había producido Auschwitz es una idea que me horripila. Porque, contrariamente a las afirmaciones de la Escuela de Frankfort la razón occidental no ha producido Auschwitz. Al contrario, es la carencia de razón o la falta de razón la causa de esta locura homicida». Yo creo que aquí Onfray tiene y no tiene razón, intuyo que inconscientemente está haciendo una diferencia entre un pensamiento profundo, verdaderamente racional con participación de la duda y el juicio suspendido, y uno superficial y abstracto. Quizá habría que traer a colación el hecho de que Hitler tomaba opiáceos, se sabe que otros oficiales también, que se facilitaban drogas a los soldados y que la población, supongo que inducidos por las circunstancias a las que estaban sometidos utilizaban preferentemente un medicamento de nombre Pervitin, que contenía metanfetaminas. ¿Hasta qué punto toda esta gente podía ser razonable? ¿Se drogaban para no pensar, para sobrevivir, simplemente? Llegados a este momento, una pensaría que Vattimo desde un punto de vista religioso defendería a las víctimas, especialmente basado en su creencia de la inmortalidad del alma, sin embargo, tras algunas duras palabras de Paolo Flores d’Arcais, dice que no está de acuerdo con la retórica del proceso de Nuremberg donde los vencedores juzgan a los vencidos. Afirma: «Las normas no las encontramos en la “naturaleza”, por eso estoy en contra de la retórica del proceso de Núremberg, con los vencedores que condenan a los vencidos en nombre de la humanidad. Como sucede hoy que Bush bombardea Irak en nombre del derecho de los iraquíes a la democracia…» Realmente, el diálogo por momentos resulta perturbador para esta lectora. Allá otros la manera en que lo hayan entendido, pero D’Arcais debería saber que a los culpables se los juzga, como gustaba decir Hannah Arendt, para recordarles que las personas tienen dignidad y que ellos los culpables la han perdido, se les juzgar para recordarles que son personas y que todas las personas son responsables de ser dignas, esa dignidad, precisamente que no han respetado y ellos han perdido, y en cuanto al tema de Irak, el interés de Bush en Irak no fue la democracia, sino el petróleo, la dominación sobre un espacio geoestratégicamente clave, y un largo etcétera. A veces, de verdad lo digo, no entiendo como algunos académicos viven tan apartados de la realidad, puede que las verdaderas razones de atacar Irak no se supieran en un primer momento, pero luego, sí.

Pero el diálogo o lo que sea que los tres filósofos hacen sigue adelante. Interviene Onfray para decir que los hechos históricos ni siquiera confirman la existencia de Nazaret cuando nació Jesús, y que la de este es una historia a posteriori de Constantino. De repente Onfray aparece como el negacionista de Jesús. De verdad, no me lo esperaba.

Ya en el capítulo séptimo, mientras Paolo Flores d’Arcais dice que la humanidad no ha podido cumplir con lo que prometió al hacernos autónomos, Vattimo afirma que él considera que dado que la «proveniencia» de la que su vida ha dependido, es decir, de que la vida fuera posible, él se siente agradecido, razón por la cree que está llamado a corresponder a ese acto de afirmación de la vida, ya sea que lo haya creado Dios o el Big Bang, y por si quedasen dudas, añade: «tanto monta, monta tanto».

Pues, es difícil de comprender, porque el debería saber que antes del Big Bang también debería haber algo y que las teorías son eso, teorías. Y yo ya noto que en este punto de la lectura me estoy cansando, pero como soy perseverante, sigo adelante con la misma.

Después de escuchar a Vattimo, Michel de Onfray, responde: «en una lógica etológica siempre se tiene miedo, efectivamente de ser ingeridos, destruidos, digeridos, negados». Me gustaría recordar que el término «ethnos» para los griegos significa los otros pueblos, los que no eran griegos, los bárbaros.

Nos encontramos, ya avanzada la mitad del libro, con el tema musulmán, pero antes Onfray dirá sobre la cuestión previa, que está en contra de la etología porque lo que hemos creado es una «antinaturaleza».

Aquí se produce una activación de la confrontación. A la igualdad del hombre, todos los hombres son iguales para la Iglesia, que postula Vattimo, Onfray opondrá la igualdad de los Derechos del hombre y la escuela pública, como único elemento educativo, a lo que Vattimo le responde: —¡Hegel! ¡Hegel! ¡Hegel!

También hubiera podido decirle: —¡Historicismo! ¡Historicismo! ¡Historicismo! Y Karl Popper si hubiera estado presente, lo hubiera aplaudido. Y argüiría: «La idea de que una predicción puede influir sobre el suceso predicho es muy antigua» y le contaría la historia de Edipo.

Como queriendo recordarle o reprocharle la defensa del Estado, a fin de cuentas como ¿religión secular?, y la idea hegeliana de que el Estado (con pretensiones objetivas) vale, además de que tiene todo el poder, más que los individuos y sus postulados subjetivos. Evidentemente, Vattimo, se ha mostrado fuerte. A lo que Onfray le contesta que los derechos humanos llegan para reducir la desigualdad de más de 2000 años de cristiandad. Vattimo, le contesta: «Yo me siento más feliz de ser un cristiano —que peca o que no consigue pecar— que creyendo que vengo de la nada y voy hacia la nada».

Paolo Flores d’Arcais, en la parte que le toca, reconoce que como ateo no se siente feliz de observar que hay ateos que se benefician de privilegios y aprovecha el tema para hacer una crítica a Ratzinger y a la Iglesia jerárquica. Y yo me pregunto qué tendrán que ver en ese tema Ratzinger y a la Iglesia jerárquica.

De repente, aunque el choque ya estaba anunciado, aparece ahora sí con fuerza el tema de la «guerra de civilizaciones» y el «fundamentalismo musulmán». Recordemos que el libro es de 2006, lo que nos permitirá ver cómo las cruzadas culturales cambian según sean los intereses. Vattimo dirá que la razón universal ha justificado el bombardeo de Irak. Y en cuanto a su pensamiento sobre las diferentes costumbres de los musulmanes que viven en Europa, dice que, igual que se permite el aborto por el Estado, él dejaría también que el Estado se ocupase de la mutilación genital femenina, por temas de supervivencia. Evidentemente, aquí hay tema para otro artículo. Realmente escuchar esto resulta cuanto menos perturbador, aunque comprendo perfectamente lo que está queriendo decir.

El pensamiento de Onfray, que se dice ateo, es manifiestamente contrario a todo lo musulmán y no hay un matiz diferente para decirlo de otro modo. Es verdad que criticó a la Iglesia y a las religiones en general durante estos diálogos, pero no del modo que lo hace con los musulmanes. Si la traducción es correcta y entiendo que lo es, afirma: «No hay libertad para un musulmán, porque musulmán significa aquél que está sometido». No es verdad que esto sea así, musulmán es «sumiso», y ¿no lo es aquel que se pone bajo una religión, o aquél que no ateniéndose a religión alguna, se somete al Estado y sus leyes o a cualquier otra creencia? Pero Onfray no se detendrá aquí, sino que se referirá a Huttington y su conflicto, entiéndase el «choque de Civilizaciones», que tan oportunamente fue promocionado en USA y Europa, justo antes del ataque a Irak, sin contar todo lo que sucedió después, y que alteró para siempre la vida de cien millones de musulmanes y de no musulmanes en Oriente Próximo,y cuyas consecuencias últimas seguimos viendo.

Como no parece haber nada destacable ni respetable para estos filósofos en el mundo musulmán, Vattimo afirma «también yo preferiría, sin duda, vivir antes en Israel que en una Palestina musulmana o en cualquier otra país islámico, aunque debo reconocer que Túnez y Marruecos no me vendrían mal. Pero si digo esto, Paolo me alinea inmediatamente con el ejército americano. Niego, pues, la actitud de la guerra de religión, que hoy se nos recomienda cada vez más». Lo último que dice parece contradecir lo primero.

D’Arcais, que mantuvo la posición atea, llega a decir que «el mundo islámico se relame de placer» cuando escucha que los republicanos libertarios estadounidenses están pidiendo que si una mujer acepta casarse con un hombre que ya tiene otras mujeres, sea permitido. Y añade que «No sufrir mutilaciones sexuales es un derecho civil elemental (establecida la premisa de la igual dignidad mínima), pero bombardear Irak es una decisión arbitraria absolutamente impugnable».

Gianni Vattimo, contesta: «¡Cómo! El pueblo iraquí tiene derecho a la democracia…»

Arcais le contesta que, si eso es así, el Vaticano, también tendría derecho como Estado a bombardear Italia porque en Italia se permite el aborto.

Onfray considera que la muerte del Estado, que es lo que está ocurriendo, sin ninguna duda, promoverá «el advenimiento, en su lugar de un gobierno planetario que será el del dinero, de los poderosos y el de los propietarios. Yo no aspiro a ello».

En este punto de la lectura aparece también el tema de la «eutanasia».

Finalmente, el libro se cierra con tres artículos de los autores bajo el título general de Posdatas. Flores d’Arcais indica que comprende que el rechazo al ateísmo surja del miedo al «colonialismo de la Razón europea» y critica que la filosofía pretenda estar al margen de los hechos. Gianni Vattimo se afirma en lo dicho y critica las posiciones de los ateos; y Michel Onfray indica que no le gusta el libro que se publicará como resultado de su encuentro, pues, la conversación que podía ser interesante por lo que fue, ha sido reescrita por ellos. Evidentemente, de todo el libro, lo más interesante, si pretendemos acercarnos a la verdad, es este último gesto de advertencia. 

 

Referencias:

Vattimo, G., Onfray, M., & Flores D'Arcais, P. (2009). ¿Ateos o creyentes? Conversaciones sobre filosofía, política, ética y ciencia. Paidós.

Nota: el presente artículo es una variación de un trabajo que realicé para la universidad. Creo que en este, ¿fallido? diálogo, en el que no ha faltado la intención, por supuesto, no lograda, de decir lo "políticamente correcto", encontramos algunos de los problemas contemporáneos más acuciantes e importantes de la Europa actual. 

ALAS DE MARIPOSA

 


Muy agradecida a la Editorial Bambú (Grupo Casals), a tantísimos colegios que le han abierto las puertas, a las maestras y maestros que lo han hecho suyo de corazón y, por supuesto, a las niñas y niños que han sabido hacer un hueco en su imaginación para esta historia. Esta lista no estaría completa sin las madres, padres y otros adultos que han visto en esta historia aquellos valores que apreciamos en comunidad como el respeto mutuo y la generosidad. 

Con ilustraciones de Mercedes de la Jara, Alas de mariposa, también tiene su edición española. En la foto, tres ejemplares de la novena edición para Ámérica.

Novela infantil para jóvenes lectores a partir de ocho años; valores más sentimientos.

Gracias a todos.

Enlace al libro en la editorial. (Lectura de las primeras páginas, otros datos). 

 

lunes, 3 de noviembre de 2025

¿POR QUÉ NOS PRESENTAN A LOS ROBOTS COMO SALVADORES?




Pilar Alberdi

 

Nota: Si lo deseas, puedes escuchar este artículo en la voz de Carmen Adso, en el siguiente enlace

 

INTRODUCCIÓN: 

 

Tras la visión de la película Un amigo para Frank, lo primero que quiero decir es que la película de Jack Schreier se llama en inglés Robot & Frank  y en el área hispanoamericana: Frank y el robot. Dicho lo anterior pareciera que el título elegido para España es el menos real de todos, porque el robot que, además, no tiene ética, es decir, no le han programado adecuadamente estas funciones o alguna función similar, no puede ser un amigo, acaso un cómplice.

Elijo, pues, para tratar este tema la cuestión sobre «las incidencias en las relaciones interpersonales y personales» de robots con humanos.

De los robots sabemos lo básico, por ejemplo, cuándo se utilizó la palabra por primera vez, en qué novela (R.U.R. del escritor checo Karel Capek, 1920); luego, qué escritor (Isaac Asimov), derivó a partir de la anterior la palabra «robótica»; quien creó el primer robot de tipo humanoide y cuáles fueron los posteriores. Es decir, existe ya una historia de los robots. En realidad, la información se consigue fácilmente y de este modo hasta podemos saber dónde se encuentra el robot más remoto, reforestando una zona del Amazonas y dirigido desde un país europeo. También podemos saber de cuántas partes y articulaciones consta un «brazo robótico» que imita un brazo humano. Cualquiera diría que estamos demasiado bien hechos como para imitarnos…Tenemos «robots de compañía», también llamados «asistentes personales», incluso con posibilidades sexuales, pero capaces de mantener una conversación mínima con IA. Por estas fechas están promocionando mucho a una robot de nombre Aria. Y conocemos los nombres de muchos otros, por ejemplo, el Optimus que está desarrollando Tesla.

¿Por qué es importante el nombre? Sabemos de la importancia del nombre. ¿Un nombre humaniza? Emulan en esto a las personas; ya sabemos la importancia del nombre en Grecia, en la antigua Roma y ahora en esta «Modernidad líquida» (Zygmunt Bauman).  Hay robots móviles «camareros», «recepcionistas»; hay grandes brazos paletizadores, pintores, etc., especialmente en las industrias de coches. Y aunque van reduciendo el precio, un robot acompañante no cuesta menos de 10.000 euros.

Pero cuando se busca información, de la que apenas se encuentra es, precisamente, de ese otro tipo de referencias y explicaciones que necesitaríamos para comprender mejor la cuestión. Querríamos que alguien nos cuente sobre los intereses que priman en las empresas tecnológicas para avanzar en este sentido, en parte, porque se consiguen subvenciones e inversiones, y porque la categoría «innovadora» recorre todo el espectro de los retos científicos actuales. Evidentemente, las compañías que consiguen mejor rendimiento son las que cotizan en bolsa. Una buena noticia sobre sus robots y sube el valor de su acción. Pero los robots no forman parte de una historia nueva, habiéndolos de tan distinto tipo los conocemos de hace bastante tiempo: aplicaciones en medicina y farmacia; pilotos automáticos de los aviones; actualmente los drones sin tripulación, etcétera.

 

EVALUACIÓN CRÍTICA: VEJEZ Y ROBOTS

 

Por un lado, se reitera la conveniencia de los «robots de compañía para mayores». Leo en prensa que una cadena de geriátricos está muy orgullosa porque tiene uno. Lo están probando. He mirado con atención su foto. Lo que observo: un objeto inerte. Dicen que lo usarán para mejorar la socialización y las actividades cognitivas de los residentes. Pienso que la persona que ha escrito el artículo no ha estado cerca de personas mayores, peor aún, pienso que no se conoce a sí misma. ¿Qué podría hacer por esas personas este robot ayudante? Si tiene un banco de datos con las fotografías de los residentes quizá pueda saludarles llamándolos por su nombre o recordarles que tomen la medicación.

Mientras a algunos les interesa hacer ver esto como «el progreso», una investigadora española Lola Cañamero dice que el robot podría ser una ayuda con mayores, al modo en que lo son hoy otros aparatos, que sirven para alertar, monitorizar, dispensar medicación hasta que lleguen los humanos. Pero, no podrá «cuidar» en el sentido más básico del término. Entonces: ¿por qué hay este interés permanente en hacernos creer lo contrario? El aumento de la población mayor, nos dicen, en Japón y Europa, al tiempo que se comienza a ofertar en Suiza los servicios de una cápsula robotizada, la Sarco pod, para eutanasia asistida, es decir, para suicidio asistido y se publicita como una buena solución para parejas mayores.

Esa entrevista a la investigadora española que lleva un equipo de investigación en Inglaterra se inicia con la siguiente pregunta: «¿Hay inteligencia sin emociones? Y la respuesta es: “Las emociones son el primer elemento de la inteligencia”». O sea, un robot puede utilizar IA pero no tiene ni conoce qué es una emoción. ¿Podemos decirlo ya? No es inteligente en el sentido humano, puede ser sí, muy superior en cuanto a extracción de datos, computarización y otras posibilidades. La investigadora explica que están investigando cómo ganan los niños funciones de inteligencia en relación con las emociones como para intentar avanzar en ese sentido con los robots. Miedo me da. Me recuerda la película: I am Mohter (2019) de Ciencia Ficción donde una «madre robot» será la encargada de poner en marcha la renovación de la especie humana gracias a una joven a la que ha enseñado cómo ser madre y atender a la futura selección y crianza de embriones criogenizados guardados en un lugar de alta seguridad.

Resumiendo: No soy Hunter, el hijo de Frank, buscando una solución para los problemas del padre, que a la vez son una parte de sus propios problemas. No soy la hija que se desentiende, está lejos, de viaje, viviendo su vida en remotos lugares, pero llamando al padre para decirle que eche al robot de la casa. No soy Frank, al menos todavía no padezco su demencia. No soy el robot, esa programación tan limitada que no puede distinguir qué es el bien y qué el mal y que jamás tendrá sentimientos. Pero sí puedo hacer algunas preguntas y tomar en cuestión algunas consideraciones porque sí he tenido padres mayores y yo lo voy siendo ahora.

Una persona no es una cosa. Una persona no es un limitado robot. Podrá ser de plástico para parecer menos frío, pero siempre será un robot. ¿Cuántos años de programación necesitaría este robot para saber realmente qué persona es una? ¿Cuánto tardaría en comprender los valores morales que esa persona defendió o defiende? ¿Podría limpiar y cambiar a una persona mayor, ponerle pañales? ¿Alegrarla, consolarla, acudir al hospital todas las mañanas de su convalecencia para peinarla, para quererla más si cabe todavía? Comprender en qué medida por hechos como la enfermedad, está en juego su dignidad como persona que espera seguir siendo respetada, ¿sabrá algo de esto el robot? ¿Quién se lo va a enseñar? ¿Un joven ingeniero feliz de tener pocas responsabilidades familiares y ningún hijo? ¿Una empresa que solo busca rendimiento económico? ¿Sería capaz ese robot de aplicar una nutrición enteral? ¿De soportar sofocos, ahogos, diarreas, vómitos? ¿Lo sería de atender al dolor de una despedida filial; o el de cerrar los ojos de un fallecido? ¿Los próximos robots los harán con lágrimas para que parezcan más humanos? ¿Sabría ese objeto con IA a qué le gustaba jugar de niña o niño a esa persona hoy mayor, de qué modo les educaban sus padres en aquella época, a qué edad tuvo su primera menstruación, qué verano dio su primer beso de lengua, cuál fue el nombre de su primer amor o el nombre de la empresa en la que consiguió su primer empleo, o los nombres de sus tíos y primos, o el día que se casó o el que se separó o se divorció o aquel en que se le murió una hija?

Un robot nunca será humano, le falta consciencia, le falta también esa inconsciencia que le permite hacer tantas cosas a una persona como atarse los zapatos o conducir el coche sin pensar en ello o incluso, tomar una decisión pasional, equivocada. No digo que algunos robots no sean necesarios, lo son y mucho, en la industria y en otros servicios, pero no juguemos a personalizar lo impersonalizable.

A día de hoy, un robot, con la tecnología actual, no está ni tan siquiera en disposición de cumplir con las tres leyes de la robótica que nos dejó Isaac Asimov en su novela, Yo, robot.

A día de hoy, y por mucho tiempo, un robot seguirá siendo un robot.

 

Referencias:

Ella es Aria, la robot para solteros que cuesta más de 10.000 dólares; cómo comprarla

https://www.infobae.com/tecno/2025/01/26/ella-es-aria-la-robot-para-solteros-que-cuesta-mas-de-10000-dolares-como-comprarla/

Un robot doméstico para cuidar a nuestros mayores

https://www.bbva.com/es/innovacion/robot-domestico-cuidar-mayores/

Tres leyes de la robótica

https://es.wikipedia.org/wiki/Tres_leyes_de_la_rob%C3%B3tica

Lola Cañamero: Los robots aprenden a hacer cosas para nosotros sin molestarnos

Entrevista de María Pilar Perla Mateo. Heraldo de Aragón, 26-03-2013

http://prensa.unizar.es/noticias/1303/130326_z0_17.pdf

Los cuidados del futuro: ¿pueden los robots atender a personas mayores o enfermas?

https://elpais.com/proyecto-tendencias/2023-12-21/los-cuidados-del-futuro-pueden-los-robots-atender-a-personas-mayores-o-enfermas.html