martes, 27 de octubre de 2026

ADA CHRISTEN: «CANCIONES DE UNA PERDIDA»

 

 

Pilar Alberdi


Ser mujer y creadora no es tan fácil… Y es algo que podemos deducir una vez más a partir de este intenso libro poético de Ada Christen. Nacida como Christiane Rosalía Friederick en Viena en 1839, y en difícil situación económica, ya que su familia salió perjudicada a consecuencia de la Revolución de 1848; a partir de ese momento, la vida de Ada, no fue nada fácil, como revelan estos poemas.

Forman el conjunto del libro un total de 66 poemas, divididos en cuatro partes, denominadas respectivamente: Con el corazón en la mano, Errancia, Casada, Nuevo amor, nuevo dolor.

En el primer apartado profundiza en el sentir filosófico y psicológico. ¿Cómo podría ella, que así lo quiere, entregar todo aquello que conmueve a su corazón si nadie acepta recibirlo? ¿Qué sucede cuando la persona se quiere elevar del espíritu medio, de esa medianía social a la que es forzada por su situación personal? ¿De qué modo se puede escapar a un destino que parece predeterminado, al menos, en su etapa más dura? La escritora es muy consciente de que si hubo un Paraíso, si alguna vez le perteneció o en su defecto ella a aquél, quedó perdido en relaciones personales superficiales, poco leales o efímeras. De tal modo que el amor, que es consuelo y afirmación de vida, también puede quedar rebajado con conversaciones vulgares, esperas no redimidas, orgullo improcedente, rechazo inmerecido, traición y dolor.

Los poemas reflejan un sentimiento profundo:


«De lo que una vez tuve

apenas me queda nada;

de mis dulces sueños,

de mi fe, mi esperanza y mi amor».

(Primera estrofa del poema VII)

 

En varios de estos poemas he sentido, quizá sea fruto y parte también de la excelente traducción, como un ramalazo de poesía oriental. Por ejemplo, en esta segunda estrofa del poema IX:


«Como antaño, me siento de nuevo

junto a la luz que se ha consumido.

Despierto, pero esperar

y llorar no puedo».


La queja, cuando existe, no encuentra eco, ninguna respuesta:


«Lloré por la primavera.

¡Qué necia!

Lloré por las flores

que se marchitaban y ajan.

¡Qué necia!

¿Quién llora por mi juventud?

¡¿Quién llora por mis sueños?!»


Ser mujer y creadora no es tan fácil… y más en su época. Lo más difícil: ser mujer en una situación de desamparo, soledad y pobreza.

En una estrofa del poema XVII comentará cómo, con qué dureza juzgan otros sus versos:


«”Tus versos no tienen la medida correcta”,

así es como quieren censurarme.

“Les falta fluidez y tersura”…

Y mil cosas más».


Si en el primer apartado del libro los poemas reflejan esencialmente un amor de trato desconsiderado por parte del amante, en la segunda hay una comprensión psicológica de sí misma. Reconoce la sutil diferencia entre comedia y tragedia. Acepta como realidad vivida la malquerencia, la gélida sonrisa de un amor no correspondido y la terrible diferencia entre clases sociales que levanta murallas entre los seres. Si no hubo Paraíso, lo vivido en el Infierno no se olvida fácilmente. Dirá en sus versos:


«¿Tu vida está vacía de alegría?

¡Bebe champán!

¿Está tu corazón anegado en la tristeza?

¡Bebe champán!»


Y si la gente se burla de ti, bebe champán e igualmente si ya no te quedan deseos ni lágrimas, sigue bebiendo champán. Y de ese modo sugiere: «los espíritus del champán» avanzan sobre los sentimientos y el cuerpo, dominando por entero el territorio de las vidas mancilladas, de eso que la buena sociedad llama una «vida malograda». Crítica severa, muchas veces asumida por mujeres que no se han visto jamás en ese tipo de situaciones ni en la necesidad de esas pobres jóvenes «pálidas y consumidas por el hambre» y el deseo de un hogar.

El tercer apartado está compuesto de poemas que hablan del matrimonio, de la realización de una vida en pareja. En este caso hay paz, armonía, seguridad, promesa de amor. Aquí no está el hombre anterior, el de la «sonrisa hiriente»,  que se aprovecha de los más desvalidos sino el que acude generoso al abrazo y la conmiseración.

Por último el cuarto apartado titulado Nuevo amor, nuevo dolor muestra el sentimiento aflictivo que embarga al inferior frente al superior, al débil ante el fuerte.

La obra es una llamada de atención sobre la vida de esas niñas, esas mujeres «malogradas», «perdidas», dañadas por la adversidad; las que aspiraron a ser como otras mujeres, y no siempre lo consiguieron.


Información contraportada:

 

Christiane Rosalia Friderik nació en Viena en 1839 (o en 1844, según las fuentes) en el seno de una familia burguesa que a consecuencia de la Revolución de 1848 quedó en la pobreza, lo que la llevó a dejar pronto los estudios para ganarse la vida como actriz. En 1862 viajó por el país con un grupo de teatro itinerante. En 1865, tras un matrimonio de corta duración, se separó de Siegmund von Neupauer y, enferma de tuberculosis, regresó a Viena. Casi sin recursos para subsistir y con el fin de ganar dinero, se dedicó a escribir poemas y narraciones. En 1873 contrajo matrimonio con Aldemar von Breden. En 1875 conoció a Marie von Ebner-Eschenbach y entabló amistad con Olga Wisinger-Florian. Ya como poeta de éxito, su salón se convirtió en un centro literario y cultural. Tras una larga enfermedad, falleció en 1901. Además de poemas y narraciones, publicó obras de teatro, entre las que cabe destacar el drama en cinco actos Faustina, una versión femenina de la figura de Fausto. A través de una fiel exposición de la sensualidad, la obra de Ada Christen supuso un escándalo al desenmascarar la hipocresía social, especialmente alrededor de la mujer. Lieder einer Verlorenen (Canciones de una perdida) se publicó por primera vez en 1868.


Ada Christen: Canciones de una perdida

Traducción de Roberto Vivero

Editorial Ápeiron

Enlace al libro.





viernes, 23 de octubre de 2026

NARCISO TUTELADO: EL LAICISMO COMO EXCUSA

 

Estimados amigos: les invito a conocer mi nuevo trabajo. 

Enlace a la Editorial Ápeiron. 

Palabras de la contraportada: 

«¿Es el Estado laico la puerta de entrada de las nuevas ideologías? Esta y otras preguntas es lo que el presente trabajo intenta analizar. Por ejemplo: ¿Por qué el laicismo se pretende antiideológico?, ¿Explicaría lo anterior, el hecho de que el ciudadano medio reciba dichas ideologías acríticamente?» y, finalmente: «¿Cómo influyen las nuevas ideologías en la sociedad? Se parte de una pregunta esencial: ¿Qué es la verdad? Para cuya respuesta se enlaza con las posiciones de Michel de Montaigne y Spinoza, así como las de Diderot y D’Alembert, entre otros. A continuación, el desarrollo de la cuestión investiga temas como: laicidad y laicismo, globalismo, la llegada progresiva de las nuevas ideologías, el multiculturalismo, los cambios en las narrativas, la degradación de la dignidad de la vida y de la muerte, la descristianización de Europa, la correlación entre el Estado Leviatán y el Estado Minotauro. Finalmente, el trabajo intenta saber quién es este sujeto al que hemos llamado «Narciso tutelado».

viernes, 18 de septiembre de 2026

ERNST JÜNGER: LA EMBOSCADURA

 

Pilar Alberdi

 

La emboscadura de Ernst Jünger se publicó por primera vez en Alemania en 1951 con el título Der Waldgang que quiere decir: «paseo por el bosque» o «caminar por el bosque» o «irse al bosque».

El traductor, el filólogo Andrés Sánchez Pascual, utilizó para la edición española, la palabra Emboscadura, como síntesis del acto de emboscarse, de retirarse a un lugar apartado de la civilización. La diferencia entre Naturaleza y Cultura, la expusieron los griegos: civilización era la «polis», asentada sobre la naturaleza ya dominada donde vivían las familias, los clanes y donde había actividad política.

Pero ¿qué pasa cuando la «polis» y sus élites atienden a sus propias necesidades de sobrevivencia y perpetuidad y no al ser, como aquel que dio origen al sistema? Cae en la corrupción.

El escrito pone a modo de ejemplo para su desarrollo una «democracia», la llama él «plebiscitaria», en la que los resultados de las consultas son siempre un 98% favorables y solo un 2%, lo son desfavorables, compuesta de «noes» y votos nulos. Evidentemente, Jünger no se pregunta qué está pasando ahí, porque lo sabe e intuye además, que el lector al que expone su teoría, también lo entiende. Más bien se pregunta por cómo funciona esa votación, y lo que ve es uniformes, uniformamientos varios, sin excepción; una vida uniformada, puesto que incluso quienes recepcionan los votos, aunque visten con camisa, también lo están.

La mirada del autor, su celo intelectual y su reconocimiento está puesto sobre esa minoría, ese 2% de «hombres libres», los que todavía tienen alguna opción de ser ellos mismos.

El texto recoge otro concepto interesante que es el de «figuras», tomado en la obra en el sentido de «tipos» fijados, muy propio de la tradición gestalt (Goethe, Hegel, Kant…). De estos tipos toma en cuenta los del «trabajador» y del «Soldado desconocido». Estas figuras son el centro mismo de una época industrial y belicista, como la que el autor retrata. El trabajador como contraparte que aspira al poder del burgués y el soldado desconocido como el resultado caótico de la guerra que destruye todo a su paso.

El texto asume que el sistema para sobrevivir funciona de dos modos: uno varonil de oposición y uno femenino de asimilación. El primero incumbe el rechazo y el segundo anticipa algún tipo de absorción. Creo que esto no ha variado y también lo podemos observar en nuestros días.

El «emboscado» está decidido a enfrentar al sistema. Su resistencia asume la no participación. Como no puede detener el juego del poder, simplemente, se aparta. Lo hace en su propia defensa y en la de una minoría selecta que todavía piensa por sí misma.

No le preocupa tanto quienes imponen este modelo, sabe que están ahí y han estado siempre en la Historia, sino quienes desde su vileza, se someten a él sin rechistar.

El emboscado, por tanto, asume lo que antes intuía, que «el lugar de la libertad, es completamente distinto de la mera oposición y también es diferente del lugar que pueda brindar la huida». Es decir, y según entiendo, no es un lugar como oposición para la lucha y el reclamo del poder, tampoco es un espacio de desaparición activo, pero incluye, la búsqueda de claridad, un punto de verdad y no está dispuesto a aceptar cualquier ley, ya sea que se la quieran imponer por «la propaganda» o por «la violencia». Esto nos recuerda otro concepto afín al de apartamiento o emboscado como es el de «exilio interior», al que tantas personas han tenido que recurrir en la historia para sobrevivir intelectual y espiritualmente.

Él sabe que los hechos ya incluyen otros hechos, así «la Paz de Versalles incluía la Segunda Guerra Mundial». Pero intuye algo más y es muy importante: «La libertad, sin embargo, aunque siempre se recubra con los ropajes propios de cada tiempo, es inmortal. A lo cual se añade que es preciso readquirirla una y otra vez».

Pensemos un momento: ¿Hay oscuridad en ese emboscamiento? Sí, pero es de un tipo afin a lo contemplativo, cuyos símbolos podríamos reconocer, por ejemplo, en el desierto, la caverna; en suma, el apartamiento, la soledad necesaria para percibir más allá de lo impuesto. Hay en todo esto algo muy propio de la búsqueda del erémita.

Como el autor nos muestra la verdad a la que ha llegado hay un dato que es necesario traer a colación para quienes lo desconozcan: Ernest Jüng se convirtió al catolicismo a la edad de 101 años. Todavía viviría unos años más, hasta los 103.

En esta obra que muestra su gran tranformación, así lo entiendo, y su acercamiento a esa decisión, dirá que nuestro mundo está regido por el miedo y la aniquilación, por tanto, insistirá, afirmando que lo más necesario de recordar es que ese miedo, sea cual sea, siempre es en el fondo miedo a la muerte. Por lo tanto, hay que vencer en principio esa idea de muerte, y hacerlo desde la espiritualidad.

Dice: «Vencer el miedo a la muerte es, pues, vencer todos los demás terrores; solo en relación con esta cuestión fundamental tienen significado todos ellos. De ahí que la emboscadura, la marcha al bosque, sea en primer término una marcha hacia la muerte. Esa marcha lleva hasta el borde de la misma muerte y, si es preciso, hasta pasa a través de ella». Palabras que nos recuerdan aquellas de Platón en el Fedon por boca del personaje de Sócrates: «los que filosofan en el recto sentido de la palabra se ejercitan en morir, y son los hombres a quienes resulta menos temeroso estar muerto».

Y, podríamos decir que hasta aquí está hecha la semblanza general del propósito de esta obra, pero hay más: es profunda, yo la percibo cercana a algunas obras de San Agustín y nos deja un abundante pozo de reflexión, un recuerdo vivo de un ser que se ha encontrado a sí mismo y su misión en el camino de la vida.

El autor, nos recuerda, por ejemplo, la valentía de aquellos que tomando conocimiento de la verdad expresada por Cristo aceptaron el martirio, a quienes considera «más fuertes que el estoicismo, más fuertes que aquellos centenares de miles de personas que los encerraban en los circos. Al Fundador —nos dice— siguieron también los innumerables seres humanos que han muerto llenos de confianza. Esto es algo que en nuestros días está operando de una manera más intensa de lo que a primera vista se cree. Las catedrales se derrumban, pero en los corazones subsiste un saber, un patrimonio heredado, que va socabando los palacios de la tiranía del mismo modo que lo hicieron las catacumbas», porque tiranías y abuso de poder habrá siempre, pero tampoco faltarán los que ejerzan la libertad que como seres humanos les compete y esto es una elección personal.


Referencias:

Jünger, Ernst. La emboscadura. Tusquets, 2022.

martes, 16 de junio de 2026

MARCO AURELIO: «MEDITACIONES»

 

 

Pilar Alberdi

 

En tiempos de incertidumbre como los que vivimos he releído a Marco Aurelio. En concreto: sus Meditaciones. El libro, en estos pasados años ha cambiado al mismo tiempo que yo también lo hacía. En esta ocasión, me han llamado la atención algunas de sus opiniones que en otro tiempo no tuvieron la fuerza para hacerlo.

En ese último momento de la vida, el que queda explicado en el libro, Marco Aurelio, quiere ser filósofo, pero reconoce que ya no puede. Aun leyendo a Platón, a Epicteto y a otros, y recordando la enseñanza de Sócrates, se reconoce como lo que fue, un hombre de acción. Eso no podrá cambiarse. Además, insiste, ya no le quedan años suficientes para leer cuanto quisiera. ¿A qué insistir? Por ello, a sí mismo se ordena olvidar los libros que no ha de leer y actuar en su presente con filosofía, teniendo en cuenta que cada día puede ser el último. Se trata de una filosofía personal; sin intención de transmitirla a los demás a través de una obra escrita, y, sin embargo, culmina en ese período sus Meditaciones.

Con respecto a su futuro fallecimiento indica que es bueno saber que alguno se alegrará de su muerte. Será así porque uno no puede ser del gusto de todo el mundo, pero también porque hay otros, que en el pasado lo festejaron, ahora no, y esperan beneficiarse con nuevos cargos cuando él ya no esté. Así, ante el dolor que le causan algunas cuestiones, se recomienda a sí mismo rebajar el tono de su imaginación, no hacerse más preguntas que las necesarias; descansar un poco, no indagar más allá, ni demasiado lejos de lo que tiene a la vista, y abandonar las suposiciones. Porque suponer, con su grado de imaginación latente para suponer situcaciones, pensamientos y un largo etcétera, requiere mucho tiempo.

Marco Aurelio busca ser objetivo. Como es un anciano mira atrás y piensa ―entre otros temas― en los miembros de su familia. Comienza la obra agradeciendo lo que recibió de cada uno de ellos, ya sea la capacidad de aceptar la reconciliación, la libertad de criterio, el no vanagloriarse con honores aparentes, el vivir frugalmente aun en palacio, y un largo etcétera de cuestiones. Cada una de estas disposiciones o virtudes aprendidas le recuerda a una persona de su entorno. Sabe que, a partir del despuntar del alba, cuando se dirija a cumplir con sus tareas, se encontrará en su camino con «un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable», eso es la vida, y se aconseja ser capaz de dominarse. «Pues hemos nacido para colaborar” dirá, reflejando en sus palabras aquellas que dejó escritas Cicerón: «No hemos nacido solo para nosotros».

El perfil estoico de Marco Aurelio intenta justificar la parte de la vida y de la historia que le ha tocado en suerte. ¿Podía él no haber sido quien fue?

Aún viviendo «tres mil» o «diez mil años», se repite, uno no pierde «otra vida que la que tiene». Esta es la valiosa, la que se puede mejorar como a un diamante; la que se pierde también en un instante; sí, pero sobre todo ocurrirá un día, que será el último, en una hora que servirá para que otros digan: «Marco Aurelio ha muerto», algo que a él, no podrá ya importarle.

Unida la filosofía a la vida, la primera le sirve para saber cómo actuar frente a sus propios pensamientos y especialmente ante los hechos a los que se enfrenta. Piensa que «si la inteligencia nos es común, también la razón». De tal modo que todo es razonable. Y esta posibilidad, esta certeza de la razón común es la que facilita el acceso a la ley y a la ciudadanía.

No recuerdo haber visto citado en estas páginas a Cicerón, a quien intuyo, leyó. La sombra de Cicerón es alargada… Pienso en Spinoza, en Hegel, en tantos más que recibieron del romano; pero los textos de otros autores anteriores y esto resulta evidente, le sirven de reclamo para sus meditaciones. Ahí está Epícteto: «Eres una pequeña alma que sustenta un cadáver». No faltan a ese encuentro de sus pensadores preferidos: Hipócrates de Cos, Heráclito de Efeso, Demócrito de Abdera, Aristófanes, Aristóteles, Platón, Hesíodo, Diógenes Laercio, Crates de Tebas, Jenocrátes de Calcedonia, Crisipo, Menandro, Epicuro, Empédocles, y autores trágicos como Homero y Eurípides. Ya sea que les cite, ya que ofrezca una clara referencia, siempre los tiene presentes.

Marco Aurelio ha pisado el terreno de la filosofía al tener constancia del final del hilo de su vida, no porque no la hubiera expuesto antes, sino porque la edad, proclama que la sentencia que ha de llevarse a cabo y que él acepta, está unida al olvido: «Estarás muerto en seguida, y aún no eres ni sencillo, ni imperturbable, ni andas sin miedo de que puedan dañarte desde el exterior, ni tampoco eres benévolo para con todos, ni cifras la sensatez en la práctica de la justicia». (Parágrafo 37) Y un poco más adelante, añade: «Dentro de poco, ceniza o esqueleto; y, o bien un nombre o ni siquiera un nombre; y el nombre un ruido y un eco». (Libro V) Esta constatación le obliga a hacerse nuevas preguntas: «Qué vale la pena entonces? ¿Ser aplaudido? No. Por consiguiente, tampoco ser aplaudido por golpeteo de lenguas, que las alabanzas del vulgo son golpeteos de lenguas. Por lo tanto, has renunciado también a la vana gloria». (Libro VI)

Estamos ante un Marco Aurelio asomado a la Nada, y esta es inconmensurable. Su poder se expande sobre cuanto tiene vida, es más, la acentúa.

Convencido de que «Lo que no beneficia al enjambre no beneficia a la abeja» percibe que todo está entrelazado. Frente al arrebato, la desmesura, la pérdida de control; tiene claro el camino a seguir: «Cava en tu interior. Dentro se halla la fuente del bien, y es una fuente capaz de brotar continuamente, si no dejas de excavar». (Libro VII). Pero qué difícil de extraer es ese valioso material; más preciado que el oro; más que los palacios y los tesoros; más que la victoria en todas las guerras.

Y ahí está, sí bien no desesperado, sí cavilante, Marco Aurelio preparándose para la muerte, comprendiendo la de otros, las de su propia familia. Dice: «Lucila sepultó a Vero; a continuación, Lucila; Secunda, a Máximo; seguidamente, Secunda; Epitincano, a Diótimo; luego, Epitincano; Antonino, a Faustina; luego, Antonino. Y así, todo. Céler, a Adriano; a continuación , Céler. ¿Y dónde están aquellos hombres agudos y perspicaces, ya conocedores, ya engreídos?» (Libro VIII). Cualquiera de nosotros ha visto caer a sus mayores del mismo modo, y a los no tan mayores también, desgraciadamente, porque lo que uno desea es tenerlos consigo. ¿Quién no podría comprender el dolor profundo del hombre que es testigo del final de los suyos? Todos lo seremos algún día.

La vida tiene un límite y ese límite enseña dos cosas fundamentales: primero, que en esa frontera todo desaparece; segundo, que quizá quede algo profundo como el recuerdo, durante un breve espacio de tiempo, se queda.

Marco Aurelio se aferra a su conciencia, a esa «guía interior» en la que confía férreamente, aun así, una y otra vez no deja de percibir que todo es cambio y que «La causa del conjunto universal es un torrente impetuoso». Y esa fuerza: «Todo lo arrastra». (Libro IX) Todo se lo lleva. Y aunque él lo sepa, y otros antes que él lo supieron, y otros que vendrán después también lo sabrán y repetirán casi con las mismas palabras esas idénticas preocupaciones, encuentra que así como «una pequeña araña se enorgullece de haber cazado una mosca; otro, un lebratillo; otro, una sardina en la red; otro, cochinillos; otro, osos; y el otro Sármatas», siendo estos junto con los Galos algunos de los enemigos del Imperio Romano, que Marco Aurelio combatía. La muerte en todas partes, piensa, y eso le sorprende, habiendo él mismo ordenado tantas muertes.

Algo así llegó a cuestionarse Victor Hugo, siglos después, en su obra Dios. Se trata de un drama poético en el que los creyentes, los ateos, los agnósticos dirigen sus preces a Dios, cada uno desde sus posiciones filosóficas, y al reclamarle a la divinidad desde una de estas partes por qué tanta muerte, la respuesta de Dios consiste en mirar hacia el fogón, el de las casas de quienes le reclaman, mostrándoles cuánta muerte se necesita solo para que los que piden explicaciones vivan. «Muerto el pájaro, desaparecido el nido dirá el poeta». Sí; no preguntes más… Eso es todo. Pero muerto el pájaro aún seguirá cantando en tu corazón.

Yo supongo, no lo sé, que a Marco Aurelio le habrán realizado una máscara mortuoria después de su fallecimiento.

Refiere Salvador Mas, en su libro Pensamiento romano, por boca del historiador Polibio, cómo eran las pompas de los romanos ilustres de aquellas época. En esos casos, lo privado se convertía en público. Las palabras de elogio al fallecido se las dedicaba un miembro de su familia. Ya sabemos que en Roma había varias familias importantes (los Claudio, Horacio, etc.). Después de los ritos y el enterramiento, una máscara del rostro del muerto quedaba expuesta dentro de una hornacina de madera en el hogar familiar. Estas máscaras conocidas con el nombre de «imagines maiorum», que traducido literalmente quiere decir, «retratos de los antepasados» estaban realizadas con cera de abeja. Cuando pasado el tiempo otro familiar fallecía, este tipo de imágenes, las de los antepasados fallecidos, eran portadas en el acto del sepelio por hombres de la familia parecidos físicamente a aquellos ya desaparecidos. (POL., V, 54-56) Era, en cierto grado, un recordatorio hacia sí mismos y hacia el resto de las gentes, sobre su origen, sus ancestros, y lo que debía esperarse de sus descendientes.

He ahí, la importancia de los gens, de la familia, y también de la conducta. Imaginemos por un instante esa clase de actos, esas procesiones; los pensamientos de la gente que asistía a ellos. ¿Si los fallecidos volviesen a la vida, estarían orgullosos de sus descendientes? ¿Lo estaban estos de sus ascendientes, cuyas máscaras mortuorias portaban?

La costumbre de hacer máscaras mortuorias solo fue superada siglos después por la llegada de la fotografía. Hasta los más pobres del siglo XVIII se endeudaban para poder quedarse con una foto de su difunto; ya que eran tan caras para la mayoría, que en vida difícilmente podían hacerlas.

Todos conocemos esa línea de frontera que separa a los vivos de los muertos; todos nos debemos a ella. Indudablemente, vivir es de valientes, y reflexionar, como decía Cicerón: «es vivir dos veces». Marco Aurelio tuvo su vida de acción, y después, quizá demasiado tarde o deberíamos decir, tal vez en el momento justo, tuvo su segunda y más verdadera, vida, la filosófica.



Referencias bibliográficas:

Aurelio, Marco. Meditaciones. Planeta-De-Agostini, Barcelona, 1995.

Mas, Salvador. Pensamiento romano. Editorial Tirant lo Blanch, Valencia, 2006.


lunes, 23 de febrero de 2026

RAY DALIO: «PRINCIPIOS PARA ENFRENTARSE AL NUEVO ORDEN MUNDIAL»

 


Pilar Alberdi


Comenzaré este artículo haciendo tres preguntas. La primera: ¿Quién es Ray Dalio? Respuesta: Es el creador en 1975 de uno de los mayores fondos de inversión del mundo.

Segunda pregunta: ¿Por qué escribió este libro? Respuesta: Porque necesitaba comprender cómo funciona el sistema mundo, tal como lo conocemos. Y, una vez puesto en la tarea, quiso saber cómo actúan los ciclos que producen que un imperio caiga mientras otro asciende y los procesos que ocurren en medio de estos sucesos.

Tercera pregunta: ¿Para quién escribió la obra? Respuesta: No solo para sí, sino también para los demás, porque entender cómo ocurre esto, en qué período de tiempo, debido a qué factores, fue importante para él, en su día, y en consecuencia también para nosotros, hoy.

De hecho, ya en la Introducción del ensayo aclara que si se desea acelerar el proceso de la lectura de este libro que tiene 680 páginas, puede hacerse siguiendo a modo de resumen los párrafos que aparecen en negrita.

Creo también, que Ray Dalio ha querido exponer y alertar, y también considero que la persona que lea su obra se beneficiará de estos conocimientos que especulan sobre la realidad actual: «Los tiempos que vienen ―dice― serán radicalmente diferentes a lo que hemos experimentado hasta ahora en nuestra vida pero se parecerán mucho a otras etapas de la Historia». Es decir, estamos ya acercándonos a un final de ciclo y al comienzo de otro o lo que es lo mismo veremos el declive de un imperio que será suplantado por otro porque así están dadas las circunstancias. ¿Cómo se desarrollarán los hechos? En parte podemos anticiparlos, hay antecedentes históricos, pero en parte no.

Dicho lo anterior y tras afirmar lo importante que resulta el proceso de «evolución» para las personas, compara este con el proceso de empuje y crecimiento de algunos países hasta convertirse en imperios.

Esto obliga a comprender el Gran Ciclo de ascenso y declive de los imperios y sobre todo qué papel juega en esta circunstancia crucial la deuda a largo plazo de la moneda de reserva mundial que esté actuando en ese momento, hoy el dólar, del mismo modo que otras monedas de reserva lo hicieron en el pasado y otras lo harán en el futuro, mientras que en los momentos más duros de la crisis, el oro será un resguardo, y la posesión del mismo parte de un nuevo inicio.

Ray Dalio emprendió el estudio de casos históricos y comprobó que los imperios duran entre 100 y 250 años y dentro de ese marco «los ciclos del dinero y el crédito» entre 50 y 100 años. Este proceso histórico está marcado por tres factores: 1) «el ciclo de los mercados de deuda y capital», 2) «el ciclo de orden y desorden interno» y 3) «el ciclo de orden y desorden externo».

Intentaré explicar resumidamente estos enunciados: si la moneda que actuaba como moneda de reserva para todo el mundo ya no resulta segura por varias razones, por ejemplo, por su desvalorización por exceso de deuda acumulada a largo plazo, por la emisión constante de más moneda para suplir el déficit, por políticas gubernamentales inconsistentes, inadecuadas o poco respetuosas con los tenedores de esa moneda, caso reciente el de los fondos rusos (en dólares) retenidos en EE UU y otros países de la CE, la moneda caerá no solo por estos procederes, sino porque aquellos otros países que la tienen intentarán poco a poco liberarse de ella, lo que harán gradualmente para no verse a su vez perjudicados. Vemos así como numerosos países intentarán desprenderse poco a poco de los bonos del tesoro de un país en declive. Puesto que la crisis de aquel les podría arrastrar en su caída.

Si, además, en el interior del propio país aumenta la desigualdad económica y social, y hay choques ideológicos, racistas o de cualquier otro tipo, la desestabilización está garantizada, las protestas irán en aumento, y el resultado puede acabar en una rebelión o revolución.

Del análisis histórico y en consonancia con lo anterior se desprende que siempre hay en la cúspide social una élite o «clase dominante» (representa el 2% de la población) que gobierna esencialmente mirando hacia sus intereses económicos y políticos con el fin de mantener su poder. Afirma Ray Dalio: «he aprendido que el factor determinante a lo largo del tiempo y en todos los países ha sido, por encima de cualquier otra cuestión, la lucha por «la creación y la distribución del poder y de la riqueza» y, en menor medida, «las ideologías y la religión».

También podemos comprobar que el sistema que hasta hace bien poco acostumbrábamos a llamar «democracia representativa» se está mostrando en demasiados casos como «plutocracia» o «autarquía».

Además, sumado a los anteriores factores, si el orden externo cambia, la inseguridad del imperio aumenta, y es posible que se produzcan guerras que detengan por un tiempo el declive o por el contrario, que lo aceleren.

Como expresa el autor: «Por primera vez desde que nació, Estados Unidos se encuentra con una verdadera potencia rival». Se refiere a China, mientras que la antigua URSS solo fue una rival militar, según su criterio. Pero ahora los EE UU se encuentran ante una verdadera potencia económica que opera en todos los órdenes. Y el panorama actual sobre lo que sucede en Oriente Medio, el ascenso de los BRIC, los nuevos compromisos de defensa mutua entre varios países, la deuda irresoluble de Estados Unidos, a los que añadiría la profunda crisis moral de Occidente (archivos Epstein, ordenador de Hunter Biden, etcétera) nos da una pauta de lo que puede suceder tanto en el futuro inmediato como a medio y largo plazo.

El libro, por tanto, se centra en el estudio del Imperio estadounidense y también en sus precedentes, británico y holandés, así como en otros menos relevantes ―desde su de vista― como fueron el alemán, el chino, el francés, el hindú, el japonés y el ruso.

Como inversor, Ray Delio, entiende que los detalles importan, que no hay que dejarse llevar por lo general o por datos que cómo los índices bursátiles solo muestran una mínima parte de la realidad. Siendo los verdaderos factores determinantes de la riqueza y el poder de un país, los siguientes: «educación, competitividad, innovación y tecnología, producción económica, participación en el comercio mundial, fuerza militar, poderío como centro financiero, estatus de la moneda como divisa de reserva». El país que esté bien situado en esta línea de salida tendrá posibilidades de convertirse en el nuevo imperio, pero ello supondrá inevitablemente un período de inestabilidad, de destrucción y construcción que afectará al mundo tal y como lo conocemos.


Referencias:

Dalio, Ray. Principios para enfrentarse al Nuevo Orden Mundial

Editorial Deusto, 2022.



domingo, 8 de febrero de 2026

«LOS DOMINGOS» DE LA DIRECTORA DE CINE ALAUDA RUIZ DE AZÚA

 

Pilar Alberdi


Los domingos de la directora Alauda Ruiz de Azúa estuvo muy poco tiempo en los cines, lo habitual para un mercado acostumbrado a las grandes producciones y a las novedades de Hollywood, un mercado que curiosamente niega los ángeles pero no los superhéroes voladores, de tal manera que para poder verla he tenido que recurrir a buscarla en Internet, y pronto hallé una versión repartida para la prensa.

La película la vi ayer por la noche junto a mi esposo. En el cansancio de esa hora aún tuvimos tiempo de tomar posteriormente un café y cruzar impresiones. Hoy continuaremos profundizando sobre el tema.

En alguna de las reseñas leídas recientemente se recordaba que había gustado por igual a creyentes y no creyentes. No lo sé. Quiero decir que uno, ¿quién es uno?, en cada momento de su vida está en una situación dada y está bien dentro de su creencia, o portando su creencia, la que sea en esa circunstancia, sin saber si se mantendrá en ella más adelante o qué le deparará mañana la vida, por cierto, siempre tan compleja. Y esta es una de las diferencias de esta película con otras absurdamente insustanciales y vanales.

Anoche me debatía en estos y otros pensamientos, pero cuando me desperté esta mañana, tenía claro lo que iba a escribir, incluso podía habelo dictado a alguien, ahora no sé si lo tengo tan claro. Me limitaré a no hacer una reseña convencional y sí a plantear algunas preguntas. Quizás le sirvan a alguien.

Pero me desperté, como digo, feliz, entusiasmada, lucida, reconociendo que hoy con toda seguridad iba a escribir sobre la película, aunque no era mi idea anoche, puesto que me acosté pensando que al día siguiente, precisamente hoy, domingo, entre las primeras tareas que tendría que hacer estaba la de ir a buscar unos pasteles para el almuerzo.

En general en esta casa, los postres los cocina mi esposo, pero hoy hará una paella y como a mí se me da peor lo de los postres, los iré a comprar. La vida es esto ¿no? La vida son las familias con sus más y sus menos y en ellas cada individuo luchando por comprender, por salir adelante. Y por saber, sobre todo, quién es uno, hacia dónde se dirige, qué le dicen los demás que es la vida, en qué creencias se mueve la sociedad en la que vive, su propia familia y la persona, y las modas que van llegando y lo convulsionan todo. No, la vida no es fácil, decir lo contrario sería mentir.

Pero esa pregunta de qué es la vida, pasado el ajetreo de la misma, esa etapa de enamorarse, de tener hijos y criarlos, de progresar en el trabajo, de asegurar un futuro material, de cuidar a los que están a nuestro lado, a los que se cruzan en nuestro camino, insiste para hacernos llegar las preguntas esenciales que más tarde o más temprano requieren una respuesta. ¿Qué es este mundo? ¿Que ocurre en él? ¿Qué vida debo vivir? ¿Cómo decidir a los casi dieciocho años cuál será mi vida futura? Y luego, esa preocupación de los padres por el futuro de los hijos: qué decidirán, a quién encontrarán en su camino, qué vida harán, de qué modo podemos ayudarlos.

La película nos muestra el recorrido de una joven estudiante y una «llamada» a una «vocación religiosa». No solo están las dudas que ella pueda tener sino las de las personas que la rodean. Y en este sentido la perspectiva que se nos ofrece es amplia. Para decirlo de una manera sencilla, nadie quiere que se equivoque, ni ella, por supuesto. Además desde la parte religiosa se acepta que el camino es difícil y que no siempre se llega a dar el último paso, siendo precisamente lo importante atender a esa posible vocación, a esa reflexión y a ese proceso.

Pero, veámoslo de otro modo: ¿acaso no asusta cuando un hijo dice que quiere estudiar una profesión y a uno le parece que no es la que le conviene o que el trabajo por el que quiere optar no es el adecuado? Y, acaso ¿esto no es aplicable a otras muchas situaciones?

En un tiempo de oscuridad como el que estamos viviendo, no tenemos más que leer los archivos de Epstein para saber en qué punto de malignidad, depravación y decadencia nos encontramos, recordar que el pasado de Europa ha sido cristiano es importante y que aunque a veces no se mantenga en la práctica religiosa, sí lo hace en su cultura.

A veces, parece que nos empujan a una guerra velada de religiones. La trama que hay detrás de lo que ocurre es espantosa. Pero qué es eso que tanto molesta del cristianismo, qué es eso que facilita que se quemen iglesias o se ataque a creyentes, a religiosos y religiosas, o consiga tan fácilmente la burla y la ridiculización de la tradición, y solo pondré por caso, los ejemplos de los juegos olímpicos de 2024 en Francia o precisamente en estos días los actuales juegos de invierno en Milán. ¿De dónde sale ese ritualismo y satanismo?

Creo que para contestar esto me serviré de unas palabras de monseñor Fulton Sheen y de su libro ¿Se puede creer aún?: «Hubo una vez en que una persona vino a ser juzgada por todo el amor que provocaba en torno suyo». Y esta es una verdad muy grande, él vino a recordar el verdadero amor universal, aquel que está más cerca del samaritano que del fariseo, aquel que expone dividido lo que es del César y lo que es de Dios. De este modo acompañó a los pecadores (¿quién no comete faltas?) y para todos, incluso en la hora de su asesinato tuvo misericordia. Recordemos sus últimas palabras: «Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen». Qué enorme mal es la ignorancia. Qué terrible la acción del mal. Por tanto, es normal que cualquiera se asuste ante la perspectiva de no llegar a esa altura: la del amor y la entrega incondicional y el perdón de las faltas propias y ajenas, como es el caso de la joven protagonista, siendo precisamente ese su deseo, y aun más oscura es la perspectiva en quien no cree.

Nos faltan en estos tiempos cultura religiosa. Y ese es un daño. Y nos falta respeto y ese es otro daño básico y esencial.

Bien, hasta aquí mis palabras. Dejo al pie algunas reseñas con distintas opiniones por si a alguien le pudiesen orientar. Algo está claro, Los domingos, no es una película cualquiera.



Algunas reseñas desde distintos puntos de vista:

Los domingos o el milagro de creer en algo. Gemma Ribero 

Reseña en vídeo del obispo Munilla 

¿Por qué los domingos es la mejor película de terror de 2025. Unadesoladora muestra de nuestro fracaso como sociedad. Autor: Franchico