Pilar Alberdi
Los domingos de la directora Alauda Ruiz de Azúa estuvo muy poco tiempo en los cines, lo habitual para un mercado acostumbrado a las grandes producciones y a las novedades de Hollywood, un mercado que curiosamente niega los ángeles pero no los superhéroes voladores, de tal manera que para poder verla he tenido que recurrir a buscarla en Internet, y pronto hallé una versión repartida para la prensa.
La película la vi ayer por la noche junto a mi esposo. En el cansancio de esa hora aún tuvimos tiempo de tomar posteriormente un café y cruzar impresiones. Hoy continuaremos profundizando sobre el tema.
En alguna de las reseñas leídas recientemente se recordaba que había gustado por igual a creyentes y no creyentes. No lo sé. Quiero decir que uno, ¿quién es uno?, en cada momento de su vida está en una situación dada y está bien dentro de su creencia, o portando su creencia, la que sea en esa circunstancia, sin saber si se mantendrá en ella más adelante o qué le deparará mañana la vida, por cierto, siempre tan compleja. Y esta es una de las diferencias de esta película con otras absurdamente insustanciales y vanales.
Anoche me debatía en estos y otros pensamientos, pero cuando me desperté esta mañana, tenía claro lo que iba a escribir, incluso podía habelo dictado a alguien, ahora no sé si lo tengo tan claro. Me limitaré a no hacer una reseña convencional y sí a plantear algunas preguntas. Quizás le sirvan a alguien.
Pero me desperté, como digo, feliz, entusiasmada, lucida, reconociendo que hoy con toda seguridad iba a escribir sobre la película, aunque no era mi idea anoche, puesto que me acosté pensando que al día siguiente, precisamente hoy, domingo, entre las primeras tareas que tendría que hacer estaba la de ir a buscar unos pasteles para el almuerzo.
En general en esta casa, los postres los cocina mi esposo, pero hoy hará una paella y como a mí se me da peor lo de los postres, los iré a comprar. La vida es esto ¿no? La vida son las familias con sus más y sus menos y en ellas cada individuo luchando por comprender, por salir adelante. Y por saber, sobre todo, quién es uno, hacia dónde se dirige, qué le dicen los demás que es la vida, en qué creencias se mueve la sociedad en la que vive, su propia familia y la persona, y las modas que van llegando y lo convulsionan todo. No, la vida no es fácil, decir lo contrario sería mentir.
Pero esa pregunta de qué es la vida, pasado el ajetreo de la misma, esa etapa de enamorarse, de tener hijos y criarlos, de progresar en el trabajo, de asegurar un futuro material, de cuidar a los que están a nuestro lado, a los que se cruzan en nuestro camino, insiste para hacernos llegar las preguntas esenciales que más tarde o más temprano requieren una respuesta. ¿Qué es este mundo? ¿Que ocurre en él? ¿Qué vida debo vivir? ¿Cómo decidir a los casi dieciocho años cuál será mi vida futura? Y luego, esa preocupación de los padres por el futuro de los hijos: qué decidirán, a quién encontrarán en su camino, qué vida harán, de qué modo podemos ayudarlos.
La película nos muestra el recorrido de una joven estudiante y una «llamada» a una «vocación religiosa». No solo están las dudas que ella pueda tener sino las de las personas que la rodean. Y en este sentido la perspectiva que se nos ofrece es amplia. Para decirlo de una manera sencilla, nadie quiere que se equivoque, ni ella, por supuesto. Además desde la parte religiosa se acepta que el camino es difícil y que no siempre se llega a dar el último paso, siendo precisamente lo importante atender a esa posible vocación, a esa reflexión y a ese proceso.
Pero, veámoslo de otro modo: ¿acaso no asusta cuando un hijo dice que quiere estudiar una profesión y a uno le parece que no es la que le conviene o que el trabajo por el que quiere optar no es el adecuado? Y, acaso ¿esto no es aplicable a otras muchas situaciones?
En un tiempo de oscuridad como el que estamos viviendo, no tenemos más que leer los archivos de Epstein para saber en qué punto de malignidad, depravación y decadencia nos encontramos, recordar que el pasado de Europa ha sido cristiano es importante y que aunque a veces no se mantenga en la práctica religiosa, sí lo hace en su cultura.
A veces, parece que nos empujan a una guerra velada de religiones. La trama que hay detrás de lo que ocurre es espantosa. Pero qué es eso que tanto molesta del cristianismo, qué es eso que facilita que se quemen iglesias o se ataque a creyentes, a religiosos y religiosas, o consiga tan fácilmente la burla y la ridiculización de la tradición, y solo pondré por caso, los ejemplos de los juegos olímpicos de 2024 en Francia o precisamente en estos días los actuales juegos de invierno en Milán. ¿De dónde sale ese ritualismo y satanismo?
Creo que para contestar esto me serviré de unas palabras de monseñor Fulton Sheen y de su libro ¿Se puede creer aún?: «Hubo una vez en que una persona vino a ser juzgada por todo el amor que provocaba en torno suyo». Y esta es una verdad muy grande, él vino a recordar el verdadero amor universal, aquel que está más cerca del samaritano que del fariseo, aquel que expone dividido lo que es del César y lo que es de Dios. De este modo acompañó a los pecadores (¿quién no comete faltas?) y para todos, incluso en la hora de su asesinato tuvo misericordia. Recordemos sus últimas palabras: «Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen». Qué enorme mal es la ignorancia. Qué terrible la acción del mal. Por tanto, es normal que cualquiera se asuste ante la perspectiva de no llegar a esa altura: la del amor y la entrega incondicional y el perdón de las faltas propias y ajenas, como es el caso de la joven protagonista, siendo precisamente ese su deseo, y aun más oscura es la perspectiva en quien no cree.
Nos faltan en estos tiempos cultura religiosa. Y ese es un daño. Y nos falta respeto y ese es otro daño básico y esencial.
Bien, hasta aquí mis palabras. Dejo al pie algunas reseñas con distintas opiniones por si a alguien le pudiesen orientar. Algo está claro, Los domingos, no es una película cualquiera.
Algunas reseñas desde distintos puntos de vista:
Los domingos o el milagro de creer en algo. Gemma Ribero
Reseña en vídeo del obispo Munilla

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