© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

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miércoles, 30 de agosto de 2017

RELEVANCIA CRÍTICA DE LA SEGUNDA INTEMPESTIVA DE NIETZSCHE


El joven Nietzsche

Extractos del artículo:

"Nietzsche tiene el convencimiento de que no son los hombres los que pertenecen a la Historia, sino ella a estos. (Postura opuesta a la de Hegel). Para delimitar mejor este pensamiento dirá que la Historia sirve a un «poder no histórico» convencional, en el sentido de que se trata de generaciones y generaciones de personas que se suceden en el tiempo.
De este modo, y, según su criterio, la Historia está al servicio del ser vivo en la medida en que «es un ser activo y persigue un objetivo; preserva y venera lo que ha hecho, sufre y tiene necesidad de una liberación». En su reflexión afirma que, a estos tres aspectos, les corresponden tres especies de Historia: la monumental, la anticuaria y la crítica, defendidas tanto por distinta clase de instituciones como de individuos".



"En el fondo de la cuestión sobre el valor o el no-valor de la Historia del que trata la Segunda consideración intempestiva, Nietzsche, aspira a quitar la máscara de racionalidad con la que se cubre su época, que es ya también la nuestra, y las maneras que tiene de hacerlo o los diferentes modos en que intenta mantener su máscara.
Nietzsche, es lo que interpreto, no podría dar por válida la frase de Hegel: «El hombre es una doble conciencia, es natural y además se instruye», porque Nietzsche acaba de mostrarnos en esta Intempestiva que la conciencia es social, que está en grado sumo determinada por las instituciones y que lo que hace falta es un desvelamiento, capaz de desgarrar la aparente racionalidad, para hallar la irracionalidad subyacente y las creencias que la sustentan. En estas condiciones de ocultamiento prevalece lo mediocre frente a lo excelente, lo general frente a lo individual.
Para esclarecer qué ocurre, hace una comparación entre el hombre romano y el hombre del siglo XIX. Aquel se convirtió en un no-romano por fuerza de la convivencia con otras culturas y otras gentes. Algo similar le ocurrió al griego, pero mientras que aquel se sobrepuso, esto, la pérdida de su centro, acabaría con Roma. Nietzsche no incide en si ese contacto lo enriqueció culturalmente, sino en que se perdió a sí mismo, ante ese texto abierto y plural de la vida que pasaba página a página ante sus ojos, de ser fuerte se volvió débil, de tener un único pensamiento, descubrió otros. ¿Qué le sucede al hombre moderno? Lo mismo. Con la vista puesta en lo científico, «sus maestros en el arte de la Historia le presentan permanentemente el festival de una exposición universal». Ni siquiera las agitaciones públicas, las revoluciones o las guerras pueden alterar esta visión, pues rápidamente son narradas, editadas, impresas y pasan a los libros de Historia. La Historia es; cualquier cosa que pueda suceder, se convierte inmediatamente en Historia.
Frente a ese altar, nadie se muestra como es realmente. Todos se presentan bajo la máscara de lo que dicen ser: «un hombre culto, científico, poeta, político». Es lo «convencional» lo que domina e impregna la convivencia, de tal modo que hasta la comunicación se deteriora. Respuesta que aprendió Nietzsche de Wagner, sobre por qué la música había llegado a su punto máximo en la Modernidad, como nexo de unión de lo que ya era imposible reunir con las palabras. Decir «yo, un ser humano», no tiene valor sin la máscara de la convención. Así desaparecen las «personalidades» , aunque más que nunca se hable de ellas, y aparece el hombre común, el igual y semejante a todos.
Lo que se cuestiona y parece que esto lo afirmó Schiller es la capacidad en esa época y nosotros añadiremos en la nuestra, de negar lo obvio, aquello que un niño puede ver claramente. Pero negar lo obvio es pensar como la mayoría y esto tiene su premio, el de la apariencia convertida en «comodidad general», en norma, en anonimato, aspectos de los que Nietzsche, reniega".


"En tiempo de máscaras, todo son máscaras. Así, aproximadamente, lo ve Nietzsche. Y en estas condiciones, los filósofos no escapan a esa condición, por una razón sencilla, han sido llamados (aceptados) en las instituciones para defender unas ideas que transmitirán básicamente a sus alumnos, sus discípulos y a la sociedad. Si escapan a esa pretensión, pueden sufrir las consecuencias. Por ejemplo, Fitche acusado de ateo y destituido de su cátedra en Jena. Lugar que ocupó Hegel y a quien se considera representante de la Restauración.
La filosofía también es ideología. Como dirá Lyotard, la filosofía es parte del acontecer que ella misma ha ayudado a crear y en cuyo centro vive como ideología. Un siglo antes Nietzsche clamaba: «¡En que situaciones falsas, artificiales, tiene que caer la más veraz de todas las ciencias, la sincera y desnuda diosa filosofía en una época que sufre de cultura general!» (…) «Todo el moderno filosofar es político y policíaco bajo la rienda de los gobiernos, las iglesias, las academias, las costumbres, y reducido por la flojedad humana, a un barniz erudito».

Puedes leer el artículo completo en La caverna de Platón siguiendo este enlace.


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