© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

martes, 2 de septiembre de 2014

«SHAKESPEARE EN LA SELVA»


Por: Pilar Alberdi


Recuerdo la primera vez que leí el artículo de antropóloga cultural, Laura Bohannan: Shakespeare en la selva. El texto era revelador, en unas pocas páginas quedaba al descubierto la importancia del «etnocentrismo», el «relativismo cultural», algo que deberíamos tener muy en cuenta, y como afectan ambos a nuestras vidas. Pero mejor, voy por partes.
¿Qué sabemos de África? La verdad es que, en general, poco. Lo que hemos estudiado, información que nos ofrecen o buscamos. Algunos temas: conflictos políticos, bélicos, étnicos; pobreza; la enfermedad del ébola, la emigración. Otros temas como el del aparthaid en Sudáfrica han pasado a un segundo plano. Realmente, África es muchas Áfricas.
Nos llega, sí, ese corazón de África a través de los medios de comunicación, pero es como un canto lejano, los enfermos de ébola son otros, las personas que escalan las vallas de Melilla y se lastiman con las concertinas son otras, los que se ahogan en el Mar Mediterráneo intentando llegar a Europa también son otros.
Las ONG, nos explican que en los últimos conflictos, por ejemplo en Sudán, ya no se respetan los hospitales, ni a médicos, enfermeros o enfermos a quienes también se asesina. Oímos de grupos guerrilleros, de terrorismo, de secuestros, de diferencias por creencias religiosas, pero no comprendemos. No conocemos bien lo que sucede, sólo sabemos lo que nos cuentan. Leía ayer en la prensa que todos los años se invierten en África cien mil millones de euros, pero se sacan de allí 140.000 millones, entonces ¿de qué ayuda hablamos? Sabemos de los intereses de corporaciones y países sobre las riquezas mineras y ecológicas del territorio. Nos preocupa. Pero de todo, sabemos poco y mal, y es necesario confiar en lo que algunos saben mejor, mirar la historia de África y comprender lo que representó aquel comercio de «esclavos» para la llamada Revolución Industrial, a través de los cultivos de algodón de de Norteamérica, el colonialismo, el mercantilismo, luego la creación de Estados que no tuvieron en cuenta los territorios ni las relaciones entre etnias. Pero no soy yo quien pueda explicar mejor qué sucedió y sucede en África. Llegados a este punto, retomo el tema de Shakespeare en África, no sin antes decir que África somos todos, no sólo ellos, los que viven allí y la sufren, sino también lo que hicimos y hacemos los europeos, lo que hay tras las decisiones políticas.
Sería yo una adolescente de no más de catorce o quince años cuando leí un libro de Proverbios africanos y quedé encantada. Pero por entonces, ni siquiera tenía conciencia de que la llamada «cultura de la escasez», idea esencial en Europa sobre el pasado de la humanidad de tribus o bandas, no tenía que ver con eso, sino con la «cultura de la abundancia» como han demostrado algunos antropólogos, desmontando al mismo tiempo esa otra idea de la «evolución de las culturas». Los bosquímanos, antes, no precisaban más que de su entorno para cazar y recolectar, eso ha sido hasta hoy su «cultura de la abundancia», en unas tierras que a nosotros pudieran parecernos casi estériles pero que contienen en su seno diamantes. Sin embargo, ahora que el gobierno ha prohibido la caza se enfrentan a la pérdida de su identidad. Las razones, aquí.
Aquellas frases, como comenté anteriormente, resumían la «cultura oral» africana, pero también su enorme humildad y paciencia. Al menos, así lo sentí por aquellos días, y aún después, todas las veces que releí aquel libro. Con el tiempo accedí a varios autores africanos o que han escrito sobre temas africanos, pero la mayoría de ellos de origen europeo, por ejemplo, Lessing, Coetzee, Denissen. Y día a día, y cada vez más, podremos acceder a autores nativos.
Sin embargo, mediada mi vida, hace unos pocos años tuve la oportunidad de leer un artículo de la antropóloga Laura Bonhannan, en el que la realidad de las diferentes culturas se mostraba como un diamante. Ella nos descubre en ese texto, no lo que es África, sino lo que somos nosotros, los que pensamos que vivimos en el «mundo civilizado» y nos regaló una lupa con la que mirarnos de cerca. Lo consiguió, no con un largo trabajo que explicase cómo fueron llevados a la esclavitud once millones de africanos, ni el sufrimiento que han padecido los habitantes de África. Lo explica desde la experiencia inmediata de su «trabajo de campo» como etnógrafa, y la posibilidad de encontrarse en ese momento en un entorno que no es el suyo y contar un cuento. Ni siquiera necesitó comentar viejas disputas entre etnias ni la historia del continente que, a fin de cuentas, está escrita por otros países. Resumiré la cuestión. Ella se encontraba de paso por Gran Bretaña, antes de partir hacia África. Por esos días había comprado un libro de Shakespeare y un amigo le dijo que los norteamericanos no entendían bien al autor inglés. Ella discutió su afirmación porque estaba convencida de que sí lo entendían y de que una buena historia, además, podía comprenderse en cualquier parte. Sin embargo, antes de partir a África, su amigo, que aún tenía sus dudas, le regaló un ejemplar de Hamlet para que lo leyese en la selva.
Ya en la selva, Laura Bonhannan, se dedicó a lo que iba, a estudiar la lengua de los Tiv (África Occidental), también escuchó sus cuentos, especialmente cuando llegó el tiempo de las lluvias y los hombres se dedicaron a contar cuentos y a beber una cerveza que las mujeres les habían preparado con mijo y maíz. Ella, invitada privilegiada en esas reuniones, escuchó con verdadero interés. Sin embargo, para su sorpresa, llegó el día en que los hombres del poblado le dijeron que no le permitirían escuchar más cuentos si ella no les contaba uno de su tierra. Entonces, recordó la discusión con su amigo y que tenía el libro de Shakespeare y decidió contarles la historia de Hamlet, convencida de que un buena historia, como ella pensaba, se entiende bien en cualquier parte. Sin embargo, cuando llegó el día, a medida que les contaba la historia, sus oyentes le ofrecieron sugerencias y discutieron sobre los comportamientos de los personajes, y se vio la dificultad de adaptar a la realidad de la cultura Tiv, algunas palabras. Por ejemplo, ellos no encontraban mal que la madre de Hamlet fuese tomada como esposa por el hermano del que fue su marido. Eso era lo propio en su cultura en el caso de que una mujer quedase viuda y un caso típico de «levirato», no hasta hace mucho vigente en Europa. La palabra «fantasma» no era fácil de traducir a su mundo, y ellos, finalmente, la aceptaron como «presagio» de un brujo. Y mientras oían la historia y la comparaban con su realidad y su cultura, poco a poco pusieron reparos a las conductas de Polonio, de Ofelia... porque no concordaban con sus costumbres, consiguiendo que a Laura Bonhannan la historia de Hamlet, ya no le pareciese la misma. No solo habían transformado la historia tal y como ella la conocía, sino que incluso le dieron ideas de cómo deberían haber sido los hechos, incluso más allá del final conocido, es decir, le regalaron otros posibles finales. Cuando el debate ya se daba por terminado, aún tuvo tiempo el anciano jefe del poblado para decirle que la de Hamlet era una buena historia y que esperaba que les contase más y que, ellos, por ser ancianos y vivir en la selva, la instruirían sobre su verdadero significado para que cuando volviese a su tierra supiesen que no había estado perdiendo el tiempo «sentada en medio de la selva, sino entre gente que sabe cosas y que le han enseñado sabiduría». Ahí es nada, ellos también tenían su propio «etnocentrismo».
Qué hay de verdad o mentira en esta historia, no lo sé, pero es una de esas historias maravillosas, que solo puede escribir una persona que se ha visto en la necesidad de moverse entre culturas diferentes, tratando de entender las diferencias, y que nos invitan a una profunda reflexión, y, por supuesto, a reírnos de nosotros mismos y de nuestras creencias y a respetar las culturas de los demás.


Notas:
Bonhannan, Laura. Shakespeare en la selva. Lecturas de antropología social y cultural. La cultura y las culturas. Honorio M. Velasco (Comp.).Cuadernos de la UNED.Madrid, 2000.
Foto: ©Fotolia

6 comentarios:

  1. Muy bueno, Pilar.

    Yo hace muchos años que me considero relativista cultural. Pero, últimamente, siempre que oigo hablar de ello es en relación a sus límites. A lo que debería ser censurable (lapidaciones, ablaciones, ya me entiendes...) en todo lugar y tiempo y donde puede estar justificado el que los occidentales desembarquemos con todos nuestros principios, derechos humanos y el particular proceso que hemos seguido estos últimos 5000 años. Especialmente los 200 más recientes.

    Pero hay mucho más de lo que dices. Y sobre África se puede hablar inmensamente. Es un continente que se percibe como si fuera un país (al menos, la subsahariana), con la posible excepción de Sudáfrica. Hay mucho desconocimiento. Y cada vez menos excusas para no aprender más.
    ´
    ¡Un saludo!

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    1. Gracias, Luis, por tus palabras. Como toda cultura por más "relativismo cultural" que queramos aplicar tiene su propio "etnocentrismo", el dilema queda siempre sobre la mesa. Pero artículos como este, Shakespeare en la selva de Laura Bohannan, por lo menos, nos hacen sonreír.

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  2. Querida Pilar, he leído atentamente tu artículo, muy bien documentado, como siempre, y en esa actitud abierta y generosa con todo lo que significa el ser humano en su generalidad, que te caracteriza. Realmente, el tema cultural no ha sido valorado, respetado y mucho menos entendido (ni aún hoy, por supuesto) por las culturas de occidente, pero no sólo con respecto a África, sino con todos los pueblos indígenas del mundo, o etnias, incluso en la propia Europa. Como por ejemplo el desencadenante que llevó al genocidio armenio por parte del Imperio otomano (1915), del cual ya no se habla... Pero tienes razón, África nos queda "lejana", y no en su contexto literal, sino muy bien como anotas, por nuestro desconocimiento, o más bien, por nuestro menosprecio hacia otras formas culturales. Y áfrica, como dices, somos todos; pero, además, África es múltiple, porque como bien es sabido, en cada rincón africano tienen su propio legado, lengua, cultura, no menos importantes unas de otras, y con su vigor y orgullo de raza, y su etnocentrismo, ¡claro que sí!. Tendemos a relativizar otras prácticas culturales, bajo nuestra óptica escasa, pero lo único que tenemos que hacer es acercarnos y comprender, no juzgar simplemente.
    Dice Luis Pancorbo (periodista y antropólogo), que "ninguna cultura es inocente y siempre hay reglas de dominio", él nos habla de una propuesta de relativismo moral, como otros antropólogos abiertos en esa corriente de descubrir el bien y el mal, pero donde no hay verdades más verdades que otras.
    Personalmente, considero que el hombre (la sociedad en general), no tiene aún su mente abierta a ese entendimiento cultural entre culturas. Suele prevalecer la del más fuerte y eso es algo que lo vivimos cada día. Todas las sociedades del mundo actúan bajo el influjo del etnocentrismo exacerbado: ideas religiosas o no, con prácticas culturales que pueden ser aberrantes, donde se juega con la vida y la muerte (ablación, lapidación, violación; matanza de personas, matanzas de animales, corridas de toros, etc...). En conclusión, nos falta aprender, ganas de saber sobre África y África somos todos.

    Conozco algunas zonas de África, y personalmente, en más de una ocasión me han dejado "de piedra" algunas personas con las que he tenido la suerte de toparme; creo que bien podría ser ésta, una historia creíble, pero en el mejor de los casos, abre esa puerta a la curiosidad por África. La idea de descubrirla, y quizá, fuera de esos dos conceptos, en su forma más genuina y desconocida.

    He disfrutado mucho con este artículo. África (por muchas razones), es un tema importante para mi. De hecho, mi primer libro publicado está basado en una experiencia con tintes de ficción, ocurridas con personas y en lugares de África (Rwanda y toda la zona del cuerno de África, hasta Eritrea). Gracias por tu sensibilidad.
    Un abrazo.

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    1. Ha sido un placer leerte, Clarisa. Ansias de dominación y manipulación nos nutren como una sabia extraña. De África, sólo conozco Marruecos. Pero si como creo que me conozco bastante bien como persona, también debería creer que los conozco a ellos. Y frente a su tragedia, también su enorme solidaridad. Me pregunto: ¿en qué medida somos "Tarzán"? Viendo esta serie de televisión, entre otras, así nos "enculturamos de niños". Sonrío, es mejor sonreír.
      Saludos, Clarisa.

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  3. Apreciada Pilar muy amplia, la reseña delimitando la amplia problematica de las raices africana, basado en la etnia africana, en este caso, los bosquimanos, valor que se pierde, aunque manifestado de igual manera en otras etnias indigenas, en forma totalizada de nuestra planeta tierra, como argumenta usted detalladamente, el etnocentrismo es contrario al relativismo, lo cual a veces se pierde la identidad cultural, y resuena el dominio superior de uno sobre otros, lo cual en teoria y en la practica, el respeto hacia la creencia cultural, se pierde aunque, todos sabemos que somos un agregados de multiplescultura, y una mezcla etnicas, que a veces atropellamos y no valoramos, el sentir de la humanidad somos todos y no hay mayor riqueza que nuestras etnias, mas que diamantes, oros, platas etc., en verdad poco conozco de africa, ya sea por referencia de la apreciada Pilar, DMclarisa , Luis y lo que escucho, veo en la television y en los libros de historias, Y Africa somos todos aunque los escenarios sean otros. Un abrazo, Felices fin de semana a todos, y Dios nos bendiga a todos. de Xiomara del Valle Gomez Franco.

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    1. Agradecida por el regalo de tu tiempo y tus palabras.Ya ves, entre todos conociendo mejor África, recordando quiénes somos, quiénes creemos ser, quiénes son ellos.
      Un especial abrazo para ti.

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