«EL CISNE NEGRO»

 


Pilar Alberdi

Leí el libro Nassim Taleb hace muchos años y volví a releerlo estos días. ¡Es increíble su actualidad! ¿Somos predecibles? ¿Los hechos se repiten con insistencia devastadora? ¿Qué pasa aquí?

Antes de que se descubriese Australia, los europeos ingnoraban la existencia de cisnes negros, por tanto, para ellos todos los cisnes eran blancos. De este modo, lo predecible incluía la no existencia de cisnes negros. Y, sin embargo, allí estaban…

Entre las muchas conclusiones que se sacan de este hecho y nuestra manera de evitar un pensamiento abstracto, Nassim N. Taleb nos apunta varias. Citaré tres. Dice la primera,: «Nuestro conocimiento es frágil. Una sola observación es capaz de invalidar una afirmación generalizada». La segunda: «Lo sorprendente no es la magnitud de nuestros errores de predicción, sino la falta de conciencia que tenemos de ellos» y la tercera «La lógica del Cisne Negro hace que lo que no sabemos sea más importante que lo que sabemos».

Explicar la primera es fácil y ningún ejemplo mejor que el que cita el propio autor. Veamos, hay un «empirismo ingenuo» que se basa en suponer que si unos hechos se repiten siempre, continuarán ocurriendo de la misma manera. Es, nos dice, lo que le ocurre al pavo. Todos los días recibe comida, pero llega un día (el del Cisne Negro) que no la recibe. El pavo ignoraba esta posibilidad, el carnicero no. El primero no sabía nada del día de Acción de Gracias, el segundo sí. De esto es fácil deducir que quien tenga más conocimientos podrá detectar más fácilmente los Cisnes Negros.

Para hablar de territorios de experiencias y pensamientos el autor nos describe dos espacios, el de «Mediocristán» y el de «Extremistán». El primero es más apacible, allí nadie busca Cisnes Negros ni los crea. En cambio en Extremistán están los que pueden crearlos y también quienes pueden percibir su amenaza. El primer territorio representa de algún modo un pensamiento colectivo, poco diferenciado; el segundo es el propio de un pensamiento singular, y cuando decimos singular, incluimos también grupos que piensan como una unidad.

Dicho lo anterior acaso resulte interesante preguntarse por qué la mayoría de la gente se conforma con lo que sabe, le dicen o circula como opinión común. Pero bueno, sigamos avanzando. Quizá la respuesta es bien simple: es más fácil pensar como todos.

A ese «empirismo ingenuo» que antes comentamos, también se le llama «el problema de la inducción» o «el problema de Hume» que fue el primero en describirlo con respecto a la Historia. Y es evidente que siglos después, esto no se aprendió, como demostraron las ideologías del s. XX.

Dentro del conjunto abundante de Cisnes Negros los hay «positivos» y «negativos». Los «positivos» son los que de entrada nos traen beneficios, por ejemplo, el ordenador, la robótica, etc., hasta que nos damos cuenta de un día para otro del problema del paro, un globalismo creciente, etc. Los «negativos» son los que nos traen todos los males de golpe, por ejemplo, la guerra.

Además de no ver venir los Cisnes Negros, pensamos poco. El autor pone varios ejemplos. Tomemos dos. Hacia 1930 se va integrando a los judíos en los Estados europeos. De la asimilación se pasará pocos después a su persecución y aniquilación. El segundo ejemplo, y lo voy a citar textualmente: en la Segunda Guerra Mundial «los franceses construyeron una línea siguiendo la ruta de la anterior invasión alemana para prevenir una nueva invasión. Hitler no hizo sino limitarse, casi sin esfuerzo a rodearla». Evidentemente, alguien pensó poco. Sorprendente, ¿verdad? Pero es que las lecciones parece que no se aprenden. Ahí no pensó solo una persona, pensó un grupo, pongamos de generales apoyando una opinión. Y eso significa una sola cosa, que en los grupos tampoco se llega a ver los Cisnes Negros, porque en los grupos se apoya la opinión más influyente, la que tiene más poder, no necesariamente la más inteligente. Y es curioso, porque Hitler en su día no vio anticipada su derrota ante Rusia, mirándose en el espejo de Napoleón. Y esto no era pedir mucho, porque entraba dentro de los previsible. Pero, ¿acaso no está ocurriendo ahora algo similar en esta Europa? Es lo que tiene Mediocristán, si piensas como todos solo verás cisnes blancos. Aunque el peligro si estás en Extremistán es que intuyas cisnes negros por todas partes.

El problema cuando ves venir un Cisne Negro o crees que aparecerá por tal o cual lugar o ante tal o tal otro fenómeno, es que cuando se lo cuentas a la gente, como la mayoría no tiene criterio propio y opina con lo que le dicen por la televisión, te contestan básicamente que es imposible o que no tiene sentido. Bueno, realmente, si el anteúltimo día de vida del pavo, le hubiéramos contado lo que le sucedería al día siguiente, nos habría contestado lo mismo. O como dice el autor quién hubiera imaginado en aquellos lejanos tiempos el auge del cristianismo o la posterior expansión del islamismo, o en tiempos recientes la guerra del Libano (tierra de origen del escritor), o simplemente la Caída del Muro de Berlín?

A los Cisnes Negros o los ves o no los ves. Pero para verlos hay que tener conocimiento, experiencia de vida, interesarse en hechos del pasado y del presente, investigar, tener criterio propio.

Probablemente, quien guste de contar ovejas blancas para dormir nunca llegará a ver Cisnes Negros, aunque sabemos por experiencia que entre las muchas ovejas blancas de un rebaño, tal vez haya también alguna negra.

Estoy pensando: ¿acaso sería interesante enseñar a los niños a contar cisnes blancos para dormir, a llenar de cisnes blancos las narraciones de los cuentos infantiles, tal vez de ese modo comprendan desde el primer momento su existencia? No sería mala idea.


Comentarios

  1. Muy buena entrada. En este mundo en el que la dictadura del relativismo se lleva todo por delante asegurando que los cisnes negros son blancos descaradamente, y sancionando legalmente a quienes se atreven a afirmar que de verdad son negros, la fábula del pavo y el día de acción de gracias nos alcanza con devastadoras consecuencias.

    Un abrazo.

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  2. Como siempre, Pilar, un artículo acertado tanto por el contenido como por el momento que estamos viviendo.
    Es un gusto leerte

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