viernes, 18 de septiembre de 2026

ERNST JÜNGER: LA EMBOSCADURA

 

Pilar Alberdi

 

La emboscadura de Ernst Jünger se publicó por primera vez en Alemania en 1951 con el título Der Waldgang que quiere decir: «paseo por el bosque» o «caminar por el bosque» o «irse al bosque».

El traductor, el filólogo Andrés Sánchez Pascual, utilizó para la edición española, la palabra Emboscadura, como síntesis del acto de emboscarse, de retirarse a un lugar apartado de la civilización. La diferencia entre Naturaleza y Cultura, la expusieron los griegos: civilización era la «polis», asentada sobre la naturaleza ya dominada donde vivían las familias, los clanes y donde había actividad política.

Pero ¿qué pasa cuando la «polis» y sus élites atienden a sus propias necesidades de sobrevivencia y perpetuidad y no al ser, como aquel que dio origen al sistema? Cae en la corrupción.

El escrito pone a modo de ejemplo para su desarrollo una «democracia», la llama él «plebiscitaria», en la que los resultados de las consultas son siempre un 98% favorables y solo un 2%, lo son desfavorables, compuesta de «noes» y votos nulos. Evidentemente, Jünger no se pregunta qué está pasando ahí, porque lo sabe e intuye además, que el lector al que expone su teoría, también lo entiende. Más bien se pregunta por cómo funciona esa votación, y lo que ve es uniformes, uniformamientos varios, sin excepción; una vida uniformada, puesto que incluso quienes recepcionan los votos, aunque visten con camisa, también lo están.

La mirada del autor, su celo intelectual y su reconocimiento está puesto sobre esa minoría, ese 2% de «hombres libres», los que todavía tienen alguna opción de ser ellos mismos.

El texto recoge otro concepto interesante que es el de «figuras», tomado en la obra en el sentido de «tipos» fijados, muy propio de la tradición gestalt (Goethe, Hegel, Kant…). De estos tipos toma en cuenta los del «trabajador» y del «Soldado desconocido». Estas figuras son el centro mismo de una época industrial y belicista, como la que el autor retrata. El trabajador como contraparte que aspira al poder del burgués y el soldado desconocido como el resultado caótico de la guerra que destruye todo a su paso.

El texto asume que el sistema para sobrevivir funciona de dos modos: uno varonil de oposición uno femenino de asimilación. El primero incumbe el rechazo y el segundo anticipa algún tipo de absorción. Creo que esto no ha variado y también lo podemos observar en nuestros días.

El «emboscado» está decidido a enfrentar al sistema. Su resistencia asume la no participación. Como no puede detener el juego del poder, simplemente, se aparta. Lo hace en su propia defensa y en la de una minoría selecta que todavía piensa por sí misma.

No le preocupa tanto quienes imponen este modelo, sabe que están ahí y han estado siempre en la Historia, sino quienes desde su vileza, se someten a él sin rechistar.

El emboscado, por tanto, asume lo que antes intuía, que «el lugar de la libertad, es completamente distinto de la mera oposición y también es diferente del lugar que pueda brindar la huida». Es decir, y según entiendo, no es un lugar como oposición para la lucha y el reclamo del poder, tampoco es un espacio de desaparición activo, pero incluye, la búsqueda de claridad, un punto de verdad y no está dispuesto a aceptar cualquier ley, ya sea que se la quieran imponer por «la propaganda» o por «la violencia». Esto nos recuerda otro concepto afín al de apartamiento o emboscado como es el de «exilio interior», al que tantas personas han tenido que recurrir en la historia para sobrevivir intelectual y espiritualmente.

Él sabe que los hechos ya incluyen otros hechos, así «la Paz de Versalles incluía la Segunda Guerra Mundial». Pero intuye algo más y es muy importante: «La libertad, sin embargo, aunque siempre se recubra con los ropajes propios de cada tiempo, es inmortal. A lo cual se añade que es preciso readquirirla una y otra vez».

Pensemos un momento: ¿Hay oscuridad en ese emboscamiento? Sí, pero es de un tipo afin a lo contemplativo, cuyos símbolos podríamos reconocer, por ejemplo, en el desierto, la caverna; en suma, el apartamiento, la soledad necesaria para percibir más allá de lo impuesto. Hay en todo esto algo muy propio de la búsqueda del erémita.

Como el autor nos muestra la verdad a la que ha llegado hay un dato que es necesario traer a colación para quienes lo desconozcan: Ernest Jüng se convirtió al catolicismo a la edad de 101 años. Todavía viviría unos años más, hasta los 103.

En esta obra que muestra su gran tranformación, así lo entiendo, y su acercamiento a esa decisión, dirá que nuestro mundo está regido por el miedo y la aniquilación, por tanto, insistirá, afirmando que lo más necesario de recordar es que ese miedo, sea cual sea, siempre es en el fondo miedo a la muerte. Por lo tanto, hay que vencer en principio esa idea de muerte, y hacerlo desde la espiritualidad.

Dice: «Vencer el miedo a la muerte es, pues, vencer todos los demás terrores; solo en relación con esta cuestión fundamental tienen significado todos ellos. De ahí que la emboscadura, la marcha al bosque, sea en primer término una marcha hacia la muerte. Esa marcha lleva hasta el borde de la misma muerte y, si es preciso, hasta pasa a través de ella». Palabras que nos recuerdan aquellas de Platón en el Fedon por boca del personaje de Sócrates: «los que filosofan en el recto sentido de la palabra se ejercitan en morir, y son los hombres a quienes resulta menos temeroso estar muerto».

Y, podríamos decir que hasta aquí está hecha la semblanza general del propósito de esta obra, pero hay más: es profunda, yo la percibo cercana a algunas obras de San Agustín y nos deja un abundante pozo de reflexión, un recuerdo vivo de un ser que se ha encontrado a sí mismo y su misión en el camino de la vida.

El autor, nos recuerda, por ejemplo, la valentía de aquellos que tomando conocimiento de la verdad expresada por Cristo aceptaron el martirio, a quienes considera «más fuertes que el estoicismo, más fuertes que aquellos centenares de miles de personas que los encerraban en los circos. Al Fundador —nos dice— siguieron también los innumerables seres humanos que han muerto llenos de confianza. Esto es algo que en nuestros días está operando de una manera más intensa de lo que a primera vista se cree. Las catedrales se derrumban, pero en los corazones subsiste un saber, un patrimonio heredado, que va socabando los palacios de la tiranía del mismo modo que lo hicieron las catacumbas», porque tiranías y abuso de poder habrá siempre, pero tampoco faltarán los que ejerzan la libertad que como seres humanos les compete y esto es una elección personal.



Referencias:

Jünger, Ernst. La emboscadura. Tusquets, 2022.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

GRACIAS POR TU COMENTARIO.