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miércoles, 4 de enero de 2012

"LA PARCELA DE DIOS" DE ERSKINE CALDWELL




Por: Pilar Alberdi

¿Por qué es importante un libro? ¿Cuándo se lo considera de esa manera? ¿Qué tiene que ocurrir para que lo sea? Si alguien supiese estas respuestas sabría cómo conseguir un éxito editorial tras otro. Pero vayamos por partes.

La editorial Navona nos ofrece La parcela de Dios en español. «La obra se publicó por primera vez en 1933 y fue censurada en Georgia, prohibida en Boston y llevada a los tribunales en Nueva York, por tanto, no es extraño que llegase a vender diez millones de ejemplares. (Hubo una edición anterior en Argentina en 1940 que apareció con el título "La chacrita de Dios"».

Como dice Vicente Campos en el prólogo es difícil de comprender cómo muchas novelas actuales hablan de libros, y no se hace un mayor esfuerzo en rescatar o en dar a conocer escritores que en su momento fueron importantes, que tenían algo que decir y se atrevieron. El caso de Erskine Caldwell es uno de ellos.

Después de La parcela de Dios ha habido muchos libros, pero este, por muchas razones, seguirá siendo único. En parte por ese terrible humor cáustico y esos personajes planos.

Ty Ty es el nombre del patriarca de la familia protagonista de esta historia, los Walden. Una familia orgullosa de ser blanca, en la que las pulsiones sexuales quedan a la vista. Ty Ty, igual que el resto de su prole no tiene estudios, pero según él hace las cosas de un modo «científico», no como los negros que son «supersticiosos». Y, aunque este dominado por la «fiebre del oro», no duda en mantener, a su manera, una Parcela dedicada a Dios.

Sin embargo, lo que antecede es sólo el envoltorio de personajes, lugares y situaciones que nos hablan del deseo sexual, la violencia racial y el asesinato.

La pregunta última, la que yo me sigo haciendo varios días después de esta lectura es: ¿aprendieron algo los Walden? Esta claro que no, porque hasta que una sociedad no cambia en conjunto, y no se impone por ley una nueva realidad, no se pueden modificar las creencias.

Steimbeck, Faulkner, Fitzgerald, no han faltado autores que nos hablasen de ese sur, y esos problemas que afectaban a una nación. Incluso, posteriormente, autoras como Willa Cather, Flannery O'Connor, Katherine Anne Potter o autores como Capote, lo hicieron.

Hay otro tema muy importante en este libro, y es que sólo uno de los protagonistas de esta historia, el patriarca, es el que comprende; el que cree saber realmente qué fuerzas (sexo, posesión y violencia) se mueven en este entramado. Pienso que su discurso último merece leerse varias veces.


Accede a la sinopsis y otros datos en la página de Navona Editorial

miércoles, 7 de diciembre de 2011

"EL SACRILEGIO DE ALAN KENT" DE ERSKINE CALDWELL




Reseña: Pilar Alberdi


«El sacrilegio de Alan Kent» de Erskine Caldwell (1903-1987) es una obra de narrativa breve dividida en tres partes y con un total de 141 fragmentos compuestos de una o más estrofas.
El traductor, José Luis Piquero, nos ofrece en el prólogo una interesante introducción. En su opinión la obra es «un intento de depuración de los procedimientos fictivos al uso y una notable pieza de experimentación literaria». Con respecto al estilo dice que «busca siempre el grado máximo de depuración» ya que la obra «alcanza cotas de desnudez y precisión nunca antes vistas, según un principio radical de economía: ni una palabra de más o de menos». Y, finalmente, se pregunta: «¿Cuál es el sacrilegio de Alan Kent?» E intenta buscar respuestas señalando las posibles relaciones biográficas del autor, y la época, los primeros años del s. XX y la gran depresión que se vivió en Estados Unidos. (Crisis que también reflejaron otros autores como fue el caso de John Steimbeck con su novela Al este del Edén o que vivió, afectándole personalmente Scot Fitzgerald).

Sin duda, hay bastante de autobiográfico, ya sea por lo que vivió y conocemos de la historia personal del escritor, así como por lo que pudo observar en su entorno.
Alan Kent, el personaje protagonista representa la vida cotidiana de un hombre que busca incesantemente trabajo en una sociedad con una grave crisis económica que se ha llevado por delante a los más pobres, y ha borrado de las cuentas bancarias de muchos ricos, fortunas que algunos habían calculado eternas. En su camino, este jornalero, lucha contra la adversidad. En las palabras escritas percibimos la reminiscencia de una infancia perdida, una adolescencia o juventud en que soñó y creyó ver a la jovencita ideal que podría llegar a ser el gran amor de su vida, una imagen que siempre vuelve; y la lejanía y el extrañamiento de un hogar en el que el amor, pese a cualquier regañina, era un requisito incondicional. Además, y como factor fundamental de preocupación está la violencia que muchas personas ejercen sobre los afroamericanos haciendo de sus vidas una terrible experiencia.

Podemos definir, por tanto, los temas que trata la obra: el maltrato a los negros; el adulterio; el tema sexual; la relación entre niños; el deseo de la maternidad o paternidad; el amor; los valores en la familia; y la ausencia como sinónimo de pérdida casi incomprensible... Y digo esto porque hay varios pasajes en que el niño, Alan Kent, asume perplejo que la representación escolar en la que iba a participar se ha realizado sin él, porque se ha tenido que marchar imprevistamente; o la feria de atracciones en la que trabajaba, continuó su viaje después de que él se accidentara. Contraponiéndose a esto, hay una escena en que quiere subir como polizonte a un barco y lo echan, dándose la casualidad de que luego, el barco (la oportunidad perdida de partir en él) se hundió (doblemente perdida, y, a la vez, salvado) en algún punto del Atlántico.

Y, ¿por qué nos llega directa al corazón esta pequeña historia? Porque nosotros hemos sentido lo mismo alguna vez; quizá en este momento... Ya que también estamos en tiempos de crisis económica. El protagonista sabe cosas que nosotros también sabemos: «los ojos de los conejos muertos siempre miraban hacia algo que nadie podía ver» o «los pájaros parecían cantar más los domingos que cualquier otro día». Y sabemos que es así, que los domingos es el día en que hasta las risas de los niños se oyen más y podemos entretenernos mirando las palomas, las plantas y el cielo azul.
Pero como bien dice el prologuista, la economía de palabras es evidente; y además sirve para mostrar la verdad. Por ejemplo, en esta frase: «Un hombre entró a un restaurante por la puerta principal y comió cuanto le apeteció». No sé si podría decir más con menos. Ahí está la pobreza, el hambre y las necesidades más elementales insatisfechas; pero también está lo que significa ser una persona, y es poder entrar a un restaurante por la puerta principal y pagar una comida con el dinero de tu trabajo. Eso, además de otras muchas cosas; pero eso, en primer lugar.
En una próxima reseña les comentaré la novela La parcela de Dios del mismo autor y publicada en la misma editorial. Se trata de una obra que en su momento fue prohibida, sufrió fuertes críticas, y pese a todo logró vender más de diez millones de ejemplares.
Les dejo aquí el enlace a la Editorial Navona en la que podrán encontrar más obras de este y otros interesantes autores.