© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


lunes, 9 de enero de 2012

«LA TAREA DEL ARTISTA» DE KARL KRAUS



Reseña: Pilar Alberdi

«Un aforismo no coincide nunca con la verdad; es una verdad a medias o una verdad y media» Karl Kraus

Para estar frente a la verdad alguien tiene que señalarla, pero la verdad también se inventa, suele hacerlo el poder, sea de la clase que sea. Karl Kraus (1874-1936), autor de La tarea del artista, veía claro este peligro en la «triple alianza de la tinta, la técnica y la muerte» que imperaba en su época y que llega hasta nuestros días. Quizá, por esa razón, se dio a sí mismo la tarea de «desecar ese gran pantano de la fraseología» y no dudó frente a la aparición del nazismo en hacer un llamamiento: «¿Pero es que el mundo puede seguir haciendo tranquilamente su trabajo cotidiano, puede seguir reposando en su sueño reparador teniendo en cuenta lo que pasa? (La tercera noche de Walpurgis)».
Fue un intelectual inquieto: renunció al judaísmo para convertirse en católico, y se alejó de esta religión tras la Primera Guerra Mundial.
Escribe Miguel Catalán, traductor e introductor de la obra:
«A los veinticuatro años abandona Kraus sus estudios universitarios y un año después, en 1899, la fe judaica. Ese mismo año elucidario de 1899 rechaza una oferta de la Neue Presse y dedide fundar su propio periódico, Die Fackel». O, lo que es lo mismo: «La antorcha». Del primer número vendió 30.000 ejemplares; de los últimos 7.000 a 12.000. Su empresa resultó rentable y llegó a publicar un total de 922 números. Dedicado al arte, evitó el matrimonio, aunque hubo varias mujeres importantes en su vida. Afirmó «El arte sirve para limpiarnos los ojos» y en la cruzada social que se impuso defendió «a las mujeres, los pobres, los ignorantes; y dentro de ellos, a las prostitutas, y adúlteras, a los soldados rasos, a los lisiados de guerra y a los analfabetos». Se puso en guerra contra el psicoanálisis, siendo él, precisamente, un gran conocedor de lo que se esconde tras lo aparente. Y en su defensa de los más débiles, no dudo en atacar a los dueños de los medios de comunicación así como a «los asalariados» que escribían para ellos, pues con sus silencios y sus mentiras permitieron que la Primera Guerra Mundial se cobrase «diez millones de muertos».
Convencido de que «El lenguaje es la madre, no la servidora del pensamiento», Kraus pulió sus frases con la misma exigencia con la que también ponía a prueba los textos de los demás.
Sobre la forma pensaba que en la sencillez estaba la clave. Y le preocupaba la unidad ética y estética que debe reunir un escritor o un artista.
Su forma de ser, como bien señala Miguel Catalán, influyó a otros autores como el filósofo Ludwig Wittgenstein o los escritores Elias Canetti, Thomas Bernhard o Peter Handke.
La portada de este libro muestra el autorretrato de Egon Schiele, realizado en 1910 y que se conserva en el Leopold Museum de Viena, ciudad de residencia de Karl Kraus. De algún modo, la imagen reúne la naciente modernidad que impregnó el siglo XX.
Con la autorización de la editorial, recojo aquí algunos de los aforismos que podrán encontrar en esta obra. Y les invito a conocer el catálogo completo de Casimiro Libros en el siguiente enlace.


«El talento es un joven a quien se acaba de despertar. La personalidad, por el contrario, duerme durante largo tiempo, despierta por sí misma y a partir de ese instante se desarrolla mejor».

«Unos encuentran hermoso esto, otros aquellos. Pero deben “encontrarlo”. Y nadie quiere buscar».

«Lo que vive del tema, muere con el tema. Lo que vive en el lenguaje, vive en el lenguaje».

«El hombre ético debe venir al mundo una y otra vez. El artista una sola vez y para siempre».

«Un artista que consiga el éxito no debe andar cabizbajo. Sólo ha de desesperarse si después se convierte en un estafador».

2 comentarios:

  1. Es grato encontrarse autores así. Capaces de resumir de un trazo la condición humana. El primer aforismo y el último reúnen dos lecciones vitales muy bien expuestas.
    Saludos

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  2. Sí, así es. Se siente algo especial tras la lectura de estos aforismos.
    Un abrazo.

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