© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

jueves, 2 de agosto de 2012

"EN LA ISLA DE LOS PREGONES"



Entrevista y reseña: Pilar Alberdi


En la isla de los pregones obra de la autora cubana Marlene Moleón quedó finalista en el año 2006 del Premio Azorín de novela, convocado por la Diputación de Alicante y la editorial Planeta.

La autora publicó la obra en Amazon, en edición digital y en formato Kindle, dando comienzo, al mismo tiempo, a la editorial de ebooks «eRiginal».

Marlene, parece que el destino venía señalado para ti... Naciste en Estados Unidos, desde los primeros meses viviste en Cuba, y a partir de 1998 la salida de Cuba te lleva a Canadá primero, y en 2009 a Miami, en donde resides actualmente. Cuéntanos lo que supuso para ti ese cambio.


En realidad desde el año 2009 hasta ahora he vivido entre Ottawa y Miami. Creo que para el próximo año me estableceré definitivamente en Miami.

En 1998 pude “salir” de Cuba. Pero la resolución de no seguir viviendo en Cuba data de 1989, el año que nació mi hija y el año que se derribó el muro de Berlin, se desató la protesta de Tian Nam Meng y se efectuó el juicio al general Ochoa en Cuba… el desencanto venía de atrás, pero al nacer mi hija yo quería que fuera una persona decente y en Cuba no podía educarla de esa manera. Habría tenido que educarla en la doble moral, siempre presentando una máscara pública para sobrevivir mientras se piensa lo contrario a lo que se dice.

Me preguntas por los cambios. Canadá significó para mí aprender a convivir de manera pacífica con diferentes culturas y aproximaciones políticas, a veces resultaba desesperante y pensaba que les faltaba sangre en las venas.

Por otro lado, en Miami me he reencontrado con un montón de amigos. Alguien bautizó a Miami como “La Habana del Norte”, tiene toda la razón. Disfruto de esta ciudad cada vez que veo a un cubano –o a un emigrante- exitoso, desde los que viven en Coral Gables o Brickell Avenue, en Hialeah o Homestead; desde el banquero o artista de Hollywood hasta el pequeño empresario con su camión ambulante. Son miles de cubanos persiguiendo sus sueños ya que no pueden hacerlo en la isla donde nacieron.

Hay novelas que no se pueden escribir sin haberlas vivido, sin ser parte de la cultura de un país, es decir de sus grandezas y de sus miserias, de los actos más bondadosos y de los más miserables. Una Revolución que no es igual para todos, en donde se puede ser médica o ingeniero pero no tener nada para llevarse a la boca, y donde la corrupción, y la delación fueron una parte cotidiana en el sistema. El temor de ser escuchados, vigilados... La posibilidad de ser detenidos, de desaparecer en el interior de una institución psiquiátrica, hospitalaria o carcelaria.

Esta novela es uno de esos libros que deben leer, sin ninguna duda, las personas que no han vivido en dictaduras, que no comprenden, que no imaginan el valor que hay que tener para enfrentarse a un régimen, es decir, para ser crítico y pensar diferente, para ser expuesto a la indiferencia o al escarnio público. «Tú y yo somos una sola cosa. No puedo hacerte mal, sin herirme a mí mismo» decía Mahatma Gandi. Me pregunto si vale como excusa que se haga el mal sólo para sobrevivir al día a día y hasta dónde, hasta qué limites pueden arrastrarnos las creencias y el convencimiento o la simple cobardía.

Es muy difícil que alguien imagine qué es una dictadura sin haberla vivido. En la presentación en

Miami del libro “El Dictador” del académico venezolano Ramón Guillermo Aveledo, cuando alguien le preguntó ¿cómo identificar a una dictadura?, Aveledo respondió: “Si hubiese un miedómetro, un instrumento que pueda medir el miedo, sería fácil”.

Muchos lectores me han comentado que pudieron oler y respirar el miedo a través de la vida de los personajes, con eso me quedo satisfecha.


Por otro lado, la vida sexual de los protagonistas, esa fuerza que los impulsa a superar el día a día, y también hay en algún caso una maternidad que se asume y se vive en solitario porque la diferencia entre tener un buen amante y convertirlo en un padre es mucha, nos habla del deseo innato de vivir, de ser escuchados, y de escuchar, de dar caricias y recibir, de cruzar incluso límites insospechados.

En una ocasión me ofrecieron escribir textos eróticos, y me di cuenta que es algo extremadamente difícil. Escribir escenas sexuales sin un argumento es muy aburrido.

“En la isla de los pregones” intenté que el sexo quedara reflejado como parte de la vida misma.


Hay algo en lo que tú haces hincapié en algunas partes del texto, y es en cómo se estructura el pensamiento de la gente en base a «narrativas aprendidas, según el lugar que ocupamos en esta trama. Estructuramos nuestro pensamiento basándonos en “informaciones” que damos por ciertas y no cuestionamos». Informaciones recibidas... Podríamos decir también que desde niños somos condicionados hacia un tipo de ideas. Y entonces llega un momento, una situación, un día concreto, un instante en que una persona se cuestiona, despierta a otra versión de la realidad, a esa otra parte de la trama en la que no le ha tocado ser uno de los personajes.

Lo que se aprende de niño es muy difícil de cambiar. Mi abuela me repetía constantemente que todos los que tenían tatuajes eran drogadictos o presidiarios. Todavía hoy tengo que “procesar” mentalmente que no es así cada vez que veo a una persona tatuada.

El mecanismo de defensa psicológica, de negar la realidad si ésta no se ajusta a las creencias, lo explica de manera brillante el físico Armando Rodríguez:

Mientras más tiempo y esfuerzo se emplea en materializar una ilusión más difícil resulta la objetividad, funciona aquí por tanto el efecto “póker”. Este es el mecanismo que opera sobre el jugador que ha percibido que su mano tiene escasas posibilidades, pero no se resigna a perder lo ya apostado y sigue aumentando la apuesta.


A la gente se le gastó los años en la Revolución... Primero en la esperanza, luego en sobrevivir... Mientras tanto, 300.000 jóvenes soldados perdieron sus vidas en suelos extranjeros. Ese gasto de años, de vidas, de exilios, de miedo constante a una guerra, de colas para conseguir un producto u otro, de huidas que fracasan porque los que van en las improvisadas balsas son apresados o acaban sus cuerpos a merced de los tiburones... O llegan a un nuevo horizonte para comenzar otra vida, pero llena de los pensamientos y los sentimientos, y la familia o los amigos que se han dejado atrás.

Cualquier emigración es dura. Pero los cubanos tienen hoy las mismas leyes de destierro que imponía España a Cuba cuando era una colonia. No se trata de que uno visite la isla corriendo riesgos personales como pueden hacerlo otros exiliados, sino que simplemente no te dejan montar en un avión aunque se esté muriendo tu madre a menos que el gobierno cubano lo autorice.

Sitúas la novela en un período no concretado del s. XXI en que el régimen castrista ya no
existe y se está dando paso a un nuevo modelo. Con un punto de vista omniesciente, la voz narradora nos pone en contacto con las vidas de cuatro niñas cuyos nombres comenzaban por María. Desde los años sesenta del siglo XX, las vemos convertirse en adolescentes, en jóvenes, en mujeres y alguna en abuela... Y, al mismo tiempo, tenemos un acceso claro al orden establecido y a cómo este ha repercutido en sus vidas de distinta manera. También se muestra claramente la homofobia y el antilesbianismo del régimen.


Hace casi treinta años mi mejor amigo era gay y en uno de los tantos procesos de “purificación revolucionaria” mi amigo se suicidó. No puedo revelar su nombre porque él prefirió morir antes de que fuera pública esa “vergüenza”. Es algo que todavía hoy me duele.

Hay en esta novela, un deseo final de reconciliación entre todos los cubanos, los que se fueron primero, los que se quedaron convencidos y luego también se marcharon, los que aún siguen allí... Tú dices al final del libro, ya en la nota de agradecimientos... «Esta no es una novela histórica, pero está basada en una tragedia real. Nunca hay una sola verdad. Yo tampoco pretendo establecer ninguna». ¿Consideras posibles esos encuentros entre víctimas y victimarios del modo en que se plantea en el libro? ¿Esperas que los haya? ¿Siempre tenemos la elección de actuar del mejor modo posible? Se castiga a los dictadores, pero ¿qué aprenden los pueblos? Recurro a Hannah Arendt: «Donde todos son culpables, no lo es nadie [...]. Siempre he considerado como la quintaesencia de la confusión moral que en la Alemania de la posguerra aquellos que estaban completamente libres de culpa comentaran entre ellos y aseguraran al mundo cuán culpables se sentían, cuando, en cambio, sólo unos pocos de los criminales estaban dispuestos a mostrar siquiera el menor rastro de arrepentimiento.»

Si me permites y para que sirva de corroboración de las palabras anteriores, Hellinger, el autor de la teoría de Constelaciones Familiares (en esta teoría se reúnen, además, aportes de numerosas terapias y teoría de la psicología como el psicoanálaisis, el psicodrama, gestalt, etc.), aportó datos sobre los descendientes (segunda y tercera generación) de los responsables del holocausto. Muchos, en solidaridad con las víctimas, se suicidaban y aún se suicidan porque no pueden cargar con esa culpa de sus ascendientes.


No sé si habrá un encuentro entre víctimas y victimarios como plantea la novela. Lo más probable es que no suceda de esa manera, pero espero que exista si no una reconciliación, al menos una convivencia regida por un estado de derecho.

Aunque cuando ocurren hechos como la muerte de Osvaldo Payá se me olvida todo lo que he aprendido en Canadá y en mi trabajo con los cuáqueros, y me siento más que indignada. Será difícil probar ahora que fue un asesinato, pero toda la verdad saldrá a la luz algún día.


No sé si son casualidades del destino, pero cuando yo llegué de Argentina a España en 1979, algunos de mis poemas «Imagen poética II» los publicó el poeta cubano José Mario, que era a su vez amigo de Néstor Almendros, y que más tarde cuando pudo salir de la isla, Heberto Padilla, aparecieron en las Ediciones El Puente sus poemas, coincidiendo con la llegada a Madrid del escritor. No hay que olvidar que Heberto Padilla y Cabrera Infante fueron el tipo de intelectuales que primero pertenecieron al sistema, y que en cuanto mostraron disidencias también sufrieron las consecuencias.

No han sido los únicos. “Dentro de la Revolución todo; contra de la Revolución, nada” (Palabras a los Intelectuales, Fidel Castro, 1961) es la mejor manera de llevar a la autocensura provocada por el miedo. Es fácil ver que el líder cubano apenas parafrasea a Mussolini con “todo en el estado, todo para el estado, nada fuera del estado, nada contra el estado”. No en balde el ilustre intelectual cubano Virgilio Piñera se paró ante el Comandante en esa memorable reunión y le dijo ¨Yo solo sé que siento mucho miedo¨.

Es muy triste comprobar cuántos autores locales tuvieron que salir de la isla gracias a la mediación de terceras personas y de instituciones, después de ser perseguidos y encarcelados, mientras a intelectuales extranjeros, pero afines al régimen, y tú citas a un par de ellos en tu obra, se los encumbraba.

Es muy fácil “defender” a la Revolución sin sufrirla. Recuerdo que cuando Abrantes (el ministro del Interior) fue condenado a prisión, en La Habana la gente comentaba que sería una mejor condena si lo obligaban a vivir en un solar de Centro Habana, sin automóvil y a comer por la libreta de abastecimiento. Los cubanos de a pie pensaban que sería un castigo más duro que la cárcel.

Hay algunos personajes en tu libro que serán para mí muy difícil de olvidar, Esperanza, por ejemplo, aparece poco pero para mí, ella y Luz, nos muestran el peso de la historia y sus terribles consecuencias.

Esos son los personajes de la tercera generación. Hasta ahora los más populares han sido Perla, una mujer de total vocación libertaria y Reinaldo, el homosexual que sufrió la UMAP.

El elogio más grande que puedo hacer a tu obra es que he sentido cada escena, cada momento de duda, dolor o incertidumbre, cada pequeña alegría también, cada sueño, victoria y fracaso, y que es un texto que hace pensar.

Wow!!! Ahora si me has puesto colorada. Muchísimas gracias. En realidad pienso “reescribirla” y reducir algunos pasajes para hacerla más asequible al lector más joven.

Marlene, por último me gustaría que nos cuentes de la actividad de la editorial «eRiginal» y de tus proyectos literarios.

eRiginal Books es una empresa relativamente joven y sin embargo, está renovándose constantemente . Cuando se inició no publicaba libros impresos, ahora lo hace porque comprendimos que estamos en un momento de transición. El objetivo de eRiginal es buscar las mejores fórmulas para promover a los autores hispanos en el nuevo mundo del libro digital.
En cuanto a los proyectos personales, tengo que dividir mi tiempo de manera más eficiente. Tengo varios proyectos en marcha pero no me gusta anunciar las cosas hasta que no están terminadas.


Muchas gracias.

Gracias a ti, Pilar.


Reseña de EN LA ISLA DE LOS PREGONES



«A la memoria de mi padre,
un comandante de la Revolución,
y a mi madre,
quien nunca perteneció al partido»


Así comienza esta obra en la que literatura, sociología, filosofía y política se integran hábilmente para intentar contestar qué es la vida y, especialmente, cuál es el valor de una vida en un marco revolucionario y en un régimen que siendo totalitario promete signos de libertad imposibles. Siguen a este encabezamiento las palabras de Fernando Ortiz y de Pablo Milanés que dan lugar a la pregunta: «¿Ha valido la pena?».
El libro nos aportará la respuesta a través de cuatro personajes femeninos y su relación durante varios lustros. En ese camino veremos cómo encauzan su vida, cómo se suman o se alejan de la senda establecida por la revolución, el tipo de familias que forman y sus destinos. Si esta revolución comenzó para dar libertad y bienes, si muchos se sumaron con un anhelo creciente de justicia social, veremos en las últimas generaciones afectadas, el modo en que tales sueños cayeron como una espada de Damocles sobre jóvenes inocentes para los que el futuro nunca acaba de llegar.
El libro comienza con la conjetura, incierta aún, de un Fidel Castro fallecido. Han transcurrido 16 meses desde su muerte, momento en que se convocan elecciones, pero además se ha creado una comisión llamada Foro de la verdad y reconciliación, gracias a la cual, aquellos que han sido víctimas del poder pueden llamar y exigir de los victimarios una respuesta, un porqué.
La misma tarde en que se anuncia la convocatoria de elecciones, María, una de las protagonistas, recibe una citación, intenta comprender qué pudo haber hecho en su pasado, quién exige su presencia, sobre qué se la acusa, datos que sólo conoceremos al final de la novela. Pero esa tarde María todavía está en su departamento de la Habana:
«Asomada al balcón lanzó una rápida mirada al mar que se atisbaba tras los altos edificios de El Vedado. Amanecía con suavidad, sin el bullicio de las últimas semanas. Todo parecía más sosegado sin la bullaranga de los pregoneros y el ruido sordo de los autos. “Es bueno madrugar para poner la cabeza en orden”, pensó mientras inspiraba con avidez el aire salobre. Los blandos matices rosas y dorados de la ciudad se tornaron con rapidez en un intenso reflejo rojo sangre que flameó techos y fachadas, y se sobrecogió como ante un mal augurio. ¡Ay María! ¡Tú y tus supersticiones! Nadie diría que eres una doctora. Sorbió con fruición el café bien cargado y leyó una vez más el enorme letrero en la acera de enfrente “Cuba con todos y para el bien de todos”.»
María es la feliz privilegiada de vivir en un barrio en el que rara vez falta la luz. Y si antes se aferró al sexo, con la edad, su profesión le permite mantenerse lo suficientemente ocupada como para no pensar. Aún así no puede dejar de meditar sobre las razones por las que una persona o más pueden llamarla a testificar.
Estamos ante una narrativa con un punto de vista omnisciente que lo mismo utiliza la tercera persona de manera general que se implica en dar voz a la segunda (diálogo del sujeto consigo mismo) e incluso a la primera.
«Ese fue el tiempo en el que te refugiabas en el sexo. Buscabas cuerpos jóvenes con un desenfreno y una intensidad inusitada. Querías que te empalmaran, lamieran y golpearan para aplacar la conciencia» (...) «Antes querías olvidar el presente porque no veías futuro, ahora quieres olvidar el pasado porque compromete tu futuro».
La obra consta de una introducción, diez capítulos y un epílogo. Y se desarrolla en un tiempo pasado y en un tiempo futuro. Ese tiempo pasado comienza en 1960: «Eran cuatro Marías, todas tan distintas que el ojo ajeno no sabía encontrar qué las podía apandillar en interminables tertulias y cuchicheos. La amistad se remontaba al tiempo en que madura la memoria». Estas niñas son: Perla María, que es la que más sabe de sexo; María Antonia, que es la única de piel oscura; María Quiñones, que es quien acabará siendo médica, y Mariflor de las Mercedes, quizá la que tiene el nombre más caribeño y barroco, y a la que todos llaman Mery. Son, bendita niñez, niñas que leen que muestran interés por crear historias y, algunas veces, las transcriben a cuadernos.
Para estas niñas su realidad implica conocer las diferencias de significado entre «yanqui», «Fidel», «imperialismo», «revolución». Todas saben que hay que tener cuidado con lo que se habla. En sus barrios hay «casas selladas», abandonadas por gente que se marchó con lo puesto o por gente que no se sabe bien en dónde está, quizá presos en una institución u otra, porque en la Cuba que ellas viven su incipiente adolescencia, tener ideas diferentes cuesta el precio de la libertad, lo mismo que si se es homosexual o lesbiana. Conoceremos ese holocausto escondido durante tantos años, incluso defendido por intelectuales europeos y latinoamericanos que no quisieron ver que en Cuba, igual que en la URSS y en los países del este de Europa, ocurrían hechos terribles.
Como el tiempo pasa, profundizamos en las vidas de las cuatro muchachas. Comprenderemos a qué peligros hay que enfrentarse cuando se construye una balsa para salir a buscar un futuro; las condiciones inhumanas que padecen los presos; veremos llegar cubanos a los que se permite volver a ver a sus familias, traen divisas y aplauden cuando los aviones aterrizan; volveremos a recordar el problema de los misiles mientras las adolescentes sienten que Cuba está a punto de estallar, que puede empezar una guerra, justo cuando les quedaban a ellas tantas cosas por hacer en la vida. Conoceremos de la comida cubana, de las libretas de racionamiento, de los soldaditos enviados a cumplir con la patria en lugares como Angola o Etiopía, oiremos sobre falsos fusilamientos, terapias mortificantes para la mente y el cuerpo humano, sabremos de los primeros amores de estas jovencitas y también de quienes las rodean. Comprobaremos lo fácil que es atacar una reputación desde medios periodísticos oficiales, cómo se humilla al disidente apresado hasta límites inhumanos, se llama «gusanos» a los que están fuera, se hacen largas colas de una noche para conseguir unos pañales, y un librito prohibido puede costar en el mercado negro tres latas de leche. La universidad es para los patriotas y si uno no lo es puede hasta ver cómo desaparece su expediente.
Cuando pasa el tiempo y estas mujeres se reencuentran hay una conclusión: «El odio y la intolerancia de dos generaciones no se borran con un decreto de ley». En muchos lugares del mundo se ha intentado, pero cuando se acalla la verdad, cuando se la encierra en el silencio, esta pugna por volver a salir. Pero las altas esferas del poder no están exentas de la desconfianza. Allí arriba hay corrupción, favoritismos descarados y arribismos desmedidos. ¿Por qué se llamará «Presidio modelo», un eufemismo, a esos lugares en donde se puede hacer tanto daño y torturar con permiso del Estado?
En esta novela conoceremos a los esposos, los amantes, los hijos de estas niñas que se convirtieron en mujeres, y ya al final sabremos por qué razón se la citó a declarar a María. Para entonces ya son mujeres maduras que se sorprenden de ver en sus amigas «una piel flácida o ese desolado cansancio». Tienen arrugas, sí, pero tienen marcas en el alma difíciles de borrar.
También se rozan en esta obra los ritos ancestrales africanos, lo que queda del catolicismo y la teoría comunista que como un manto lo cubre todo. Porque en algo hay que poner la fe. La vida es una lucha, y sólo cuando alguien se marcha al exilio, nota que «los sentidos se afinan. Cientos de detalles insignificantes en la vida cotidiana, que antes pasaban inadvertidos, se abren como flores mañaneras delineando una identidad de la cual no se tenía conciencia. Miami como una ciudad de renacimiento», en donde vuelven a surgir los nombres de Cuba y en donde hasta Fidel tiene una hermana.
Es una novela de rico léxico, profunda, densa en el sentido en que nos vemos atrapados por situaciones que sufrimos junto a las protagonistas, sensual, y, además, en todo momento nos queda ese último deseo, el de saber qué hizo la doctora María para que la llamen a declarar en el Foro de la Verdad y la reconciliación.
«La isla de los pregones» fue Finalista del «Premio Azorín de Novela» (2006) y la pueden encontrar en Amazon en el siguiente enlace.



Más información sobre la obra y la autora:

Un comandante en la Isla de los pregones por Marlene Moleon


El otro paredón

5 comentarios:

  1. Muchas gracias Marlene y Pilar...esta entrevista/reseña toca muy hondo..estoy en medio de su lectura...y también por las experiencias que vivió mi propia familia, en otro tiempo, en otro lugar...concluimos entonces que las tragedias de opresión son las mismas y también se repiten.

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  2. Como dice, Violeta, en esta entrevista tocas los puntos más sensibles y hondos de una sociedad; su libertad. Sin ella, no somos nada. Y eres capaz con esa sensibilidad y ese exquisito tacto tuyo, Pilar, para, sin apartarte ni un ápice de lo que realmente importa (el libro)nos muestras sin embargo, el alma más sensible y humilde de tu entrevistada, Marlene Moleon. Que pese a tener que recordar cosas que duelen, no pierde ni un momento la calma ni la frescura. Poco más puedo decir, si acaso, felicitaros a las dos porque, estuvisteis geniales.

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  3. Tremendo artículo-entrevista, Pilar. Tengo la novela de Marlene y no la he querido leer porque estoy en medio de mi novela y otros apuros, prefiero hacerlo en el momento apropiado. Me siento cercana al pueblo cubano porque aquí vivimos algo similar, con algunas diferencias. Pero el miedo se siente en el ambiente, los dictadores hacen uso de esa herramienta mejor que nadie, saben muy bien hasta dónde puede aguantar un pueblo, y suavizan la dictadura con eternas promesas incumplidas, se rodean de gente corrupta que cierra los ojos ante el dolor de un país y calma sus conciencias con el color verde de los dólares que tanto dicen odiar.
    Pilar y Marlen, mujeres admirables ambas, mi sincera felicitación por esta extraordinaria entrevista.

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  4. Muchas gracias a Pilar por la entrevista y a Violeta y Frank por tan sentidos comentarios.

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  5. Gracias a ti, Marlene. Gracias por la publicación de ese libro.Y a Violeta, Frank y Blanca por sus comentarios y su amistad.

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