© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

martes, 25 de septiembre de 2012

EL DRAMA



Por: Pilar Alberdi


Nos emocionamos ante lo que el protagonista quiere conseguir (deseo), insiste en conseguir (esperanza) y no conseguirá (abismo), ya sea que lo sepa él, otros personajes o lo sepamos nosotros como lectores. ¿Y qué es eso que queda al final de la derrota del personaje y la victoria de las circunstancias? La comprensión, algo muy cercano a la compasión.

Veamos tres ejemplos:

Vanka (1886) Antón Chéjov (Rusia, 1860 – 1904)
Como en casi todos sus cuentos, Chéjov nos ofrece todas las explicaciones necesarias en las dos primeras frases que ocupan unos pocos renglones. Vanka Yúkov es un niño de nueve años que ha sido enviado a la ciudad como aprendiz de zapatero. En Navidad cuando el patrón se marcha para asistir a misa, el chico saca papel y tinta del armario y comienza a escribir a su abuelo. Le contará lo mucho que trabaja y lo poco que le dan de comer, y le solicita que venga a buscarlo. Las tres primeras frases de esa carta también son fundamentales: «Te escribo una carta. Te deseo Feliz Navidad y que Dios Nuestro Señor te de todo lo mejor. No tengo padre ni madre, sólo me quedas tú». Escribe la dirección del destinatario en el sobre:«A la aldea de mi abuelo». Y después de pensarlo un poco más, añade: «Para Konstantin Makárich». Después saldrá contento a la calle «sin ponerse la pelliza» a buscar «buzones de correo» que como le han explicado es a donde hay que echar las cartas. De regresó, se recostó a dormir y soñó, nos dice el autor «mecido con dulces esperanzas» con la casa del abuelo, y vio entre sueños a éste, feliz, leyéndole la carta a las cocineras...

La tortura de la esperanza (1888). Philippe – Auguste Villiers de L'Isle – Adam (Francia, 1838 – 1889).
En el primer párrafo el autor nos sitúa en el lugar que suceden los hechos y nos indica quién es el responsable de ese sitio. «Bajo las bóvedas del Tribunal de Zaragoza, en un atardecer de aquel entonces, el venerable Pedro Arbués de Espila, sexto prior de los dominicos de Segovia y Gran Inquisidor de España (...)» También se nos dice que se dirige a un «in pace» y poco después nos da los datos de la persona que habita la celda, se trata de Aser Abarbanel, rabí, judío aragonés, «sometido a tortura, día a día, desde hacía un año».
Ya en la celda, el prior le comunica que será «expuesto en el quemadero». El «fraile redentor» (torturador) que acompaña al prior, pide perdón al rabí. Cuando ambos salen, el condenado descubre que la puerta no ha quedado bien cerrada y tiene la esperanza de escapar. Lo comprueba: ¡está abierta! Se asoma, y sale a los pasillos, se cruza con varios frailes, pero no lo ven.
El autor del texto habla de esperanza... «la incierta esperanza del judío era tenaz por ser la última». ¿Prepara al lector al llamarla «incierta»? Lo vuelve a hacer cuando más adelante dice: «¡Adelante! Era preciso apresurarse hacia esa meta que él, de modo enfermizo sin duda, imaginaba ser la liberación». Cuando le faltan una treintena de pasos para conseguirlo, el narrrador insiste: «El triste evadido, sintió que una loca esperanza llenaba todo su ser». Obsérvese el adjetivo: «loca». Cuando ya cree alcanzar la libertad y que son los brazos de Dios los que lo abrazan, descubre horrorizado que son los del inquisidor Pedro Arbués. Entonces el autor dice: «¡Y entretanto el rabí Aser Abarbanel, con los ojos en blanco, jadeando angustiosamente entre los brazos del ascético don Arbués comprenderá confusamente que cada etapa de la noche funesta no fue más que un previsto tormento de esperanza!».

Si en el cuento de Chéjov los adjetivos pasan desapercibidos, es decir no llaman nuestra atención pero sirven para reflejar la vida del niño y la situación en que se encuentra...(«plumilla enmohecida», «ventana oscura», en el cuento del autor francés los adjetivos tienen un peso y una fuerza singular: «el venerable Pedro Arbués» es el inquisidor; y la mayoría de los adjetivos sirven para destacar el terrible momento que está viviendo el rabí; así el corredor es «sepulcral», los frailes son «siniestros», siguen otros como «abrasador» por el aliento «viciado por el ayuno» del prior, hay «mejillas tumefactas»... Y aquí nos damos cuenta del valor de un adjetivo bien elegido y la forma en la que colaboran para describir a los personajes, crear el ambiente y destacar la situación.

Y ahora veamos el tercer cuento que quería comentar: Ley de vida (1901). Jack London (USA, 1876 – 1916).
El argumento de este cuento trata del abandono del viejo indio Koskook por su hijo el cacique de la tribu. Es un anciano y ya no puede partir con la tribu. Es la ley.
Desde el interior de su tienda escucha cómo retiran las otras tiendas; también oye las voces de su nieta y de su hijo; la del chamán; y los gruñidos inquietos de los perros cuando los sujetan con los arneses para tirar de los trineos.
El anciano tiene a su lado un poco de leña.
Antes de que todos se marchen, el hijo, que es también el cacique, va a la tienda. El padre valora el hecho porque otros hijos en la misma situación no han acudido a ver por última vez a sus padres. Pregunta al anciano si está bien y el padre contesta que lo está...«La medida de su vida era un haz de leña», cuando el frío lo alcance morirá, así había sido siempre para todos los viejos que ya no podían valerse por sí mismos y así sería en el futuro.
El hijo se marcha y el anciano se queda solo. Recuerda que él hizo lo mismo con su padre. Y a continuación rememora la historia del viejo alce amenazado por los lobos. Cuando era un niño, él había visto ese acoso junto a otro amigo. «Siguieron de cerca con ardor la caza leyendo a cada paso la inexorable tragedia que estaba escribiéndose». Con el paso del tiempo ambos niños llegaron a ser grandes caciques. «Mucho tiempo estuvo meditando sobre los días de su juventud hasta que el fuego se redujo y sintió el profundo mordisco del hielo». Hacía frío.Ya no quedaba leña...En ese momento percibe la llegada de un lobo al que siguen otros y comprende que esta a punto de revivir la tragedia del viejo alce... Primero se rebela, sacude un leño encendido e intenta pegarles. Después se rinde.
En el fondo y hasta el último momento la esperanza del anciano fue la de no ser abandonado, escuchó alejarse a la tribu y aún así espero inútilmente a que volviese el hijo, pero su hijo era un cacique y estaba obligado a cumplir la ley.

En los tres casos se trata de la esperanza como protagonista bajo la imagen de un niño casi muerto de hambre y obligado a ser aprendiz de un zapatero de la ciudad, lo que lo alejó de de su familia en el campo; de un reo de la inquisición que vislumbra por primera vez la posibilidad de escapar, aunque al final resulta imposible; y de un anciano indio que debe aceptar la ley que impone que aquel que no pueda valerse por sí mismo se lo deja atrás en beneficio del grupo.
En el fondo, los tres desean estar con los suyos, algo que no podrán cumplir. Pero no analizamos los tres cuentos por esto, sino porque son un clarísimo ejemplo de cómo se produce y percibimos el drama en un texto o en nuestras vidas bajo los conceptos de deseo, esperanza y abismo.





10 comentarios:

  1. GENIAL!!!! Cuando yo escribí el primer guión para radio para un programa que se llamaba "El Cuento" tuve la suerte de que Enrique Nuñez Rodríguez, (talentoso teatrista y humorista cubano) lo leyera.
    Me lo devolvió con una nota: "fata el drama".
    Desde entonces estoy en busca del drama. Me costó esfuerzo comprender de qué se trataba. Y ahora tú lo has explicado de una manera sencilla y efectiva.

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  2. El drama es uno de los géneros literarios más difíciles. Me leeré estos cuentros con tus anotaciones para aprender. ¡Gracias Pilar!

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  3. Esta mañana he comenzado un nuevo relato que prometía ser feliz, lo había tramado con un aire desenfadado y chistoso que según lo fui escribiendo derivó en profundo. Cuenta cosas alegres, pero bajo un tamiz de profundidad. En resumen nunca planeo escribir dramas, pero tengo una facilidad tremenda para que surjan solitos. Sé que me saldrá de nuevo un relato distinto al ideado, pero que me gustará.
    Aunque nunca seré fiel a mis propios patrones...

    Una entrada interesante, sin duda.

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  4. Gracias Marlen. Siempre es un lujo recibir tus palabras.
    Un fuerte abrazo.

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  5. Querida Pat, muy agradecida por tu interés.
    Un abrazo.

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  6. Bego,me gusta lo que cuentas. Como escritores nos debatimos en esa tensa línea que divide lo que quisimos expresar y lo que conseguimos.
    Un abrazo.

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  7. Una entrada muy interesante y que nos aproxima profundamente a las grandes mentes de los clásicos, donde sus precisas dotes de la lengua escrita les aportaban una riqueza exquisita y que sabían muy bien como aprovechar en esos maravillosos cuentos. Así mismo nos aportan unas enseñanzas que nunca debemos de olvidar; Darle nuestros relatos las palabras exactas de lo que queremos expresar.

    Has aportado, Pilar, unos cuentos que siempre me han producido gran tristeza y que de niño nunca pude comprender, aún hoy sigo sin comprenderlo ni creo lo entienda nunca.(Como se podía abandonar a su suerte a los que más nos necesitaban.)

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  8. Querido amigo:
    ¿Y no es así? Me encantaría creer que somos mejores... En el primer cuento y en el tercero impera el tema de la ley y lo que es mejor para el sistema. En el primer caso la religión que impone el Estado; en el segundo la continuación de "la especie" (la tribu). El segundo es un caso distinto, el abuelo del niño, seguramente intentó darle un mejor futuro, además de que era un anciano.
    Víctor Hugo y otros escritores nos han contado cómo en el siglo XIX los niños, la mayoría nacidos al margen de matrimonios, sobrevivían en grupos, robando o mendigando por las calles.
    Se ha mandado a los hombres obligatoriamente a morir en las guerras..
    Existió la esclavitud; no surgieron las revoluciones sino para devolver algo de dignidad a los trabajadores frente al capital.
    ¿No abandonan los políticos a los ciudadanos? Lo hacen cuando incumplen sus promesas y no miran por el bienestar general.
    Miremos alrededor, seguro que vemos algún niño maltratado o algún anciano que pasa necesidades; por poco que observemos veremos familias en donde el daño es contínuo.
    Es triste, Frank, pero la vida es así, y tú y yo lo sabemos, y lo sabían esos escritores.


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  9. estupendo blog; didáctico y precioso a la vez tu texto,Pilar.
    saludos blogueros

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