© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

martes, 23 de octubre de 2012

LAS CÁRCELES DE PIRANESI



Por: Pilar Alberdi

Componen este libro cuatro artículos a cargo de Margarite Yourcenar, Henri Focillon, Aldous Huxley y Serguei Eisenstein. Dos de ellos escritores y los otros dos un técnico en cinematografía con estudios de arquitectura y un historiador de arte.
Marguerite Yourcenar nos comenta que Giovanni Battista Piranesi nació en 1720; fue hijo de un cantero y sobrino de Matteo Lucchesi, ingeniero y arquitecto. De todas las artes aprendidas, Piranesi eligió la del grabado, quizá porque resultaba también un medio de sustento. En su trayectoria compartió amistad con el arquitecto Robert Adam y con George Dance; conoció al que luego sería su editor, Bouchard y recibió encargos de la familia papal.
La escritora nos recuerda que Piranesi fue contemporáneo de Rousseau, Diderot y Casanova, lo que nos permite situarnos mejor en una época en la que para ella «Todos los ángulos de reflexión y de incidencia del siglo XVIII tienen su intersección en el extraño universo lineal de Piranesi».
Para Henri Focillon, historiador de arte cuya primera obra publicada estuvo dedicada a Parinesi, éste enamorado del aguafuerte, ese «juego de luces y sombras que adquiere aspectos sobrenaturales», se adelantó a su tiempo y, al mismo tiempo, ese arte le sirvió para elaborar las primeras Cárceles. Es verdad que Goya había dibujado sus caprichos, pero aquí el artista impone un modelo arquitectónico como símbolo de la opresión. Pero, ¿qué son las Cárceles? El autor del artículo las define como «caprichos de invención». Y... ¿cómo se forman estos juegos de artificio? Focillón lo explica así: Piranesi «coloca los volúmenes en el espacio con la seguridad del ingeniero; conoce las estructuras de las masas con la consumada experiencia de un maestro de obras (…), sólo toma la perspectiva que mejor pueda sorprendernos». Y las figuras humanas, cabe añadir, son pequeñísimas en comparación con los volúmenes. «¿Es imaginación?» se preguntan quienes las ven. Lo que hay ahí son arcos destinados a estimular en el espectador el deseo y la ilusión de la profundidad sin fin de un espacio cuyos límites desconocemos. Observamos escaleras y pasadizos que no sabemos a dónde conducen, ganchos, cadenas, vigas y ruedas de madera que nos recuerdan una sala de tortura, claroscuros preocupantes, torres de vigía, calabozos, puentes levadizos y puertas y ventanas enrejadas.
Será Aldous Huxley, el autor de Un mundo feliz, quien nos desvele lo que las Cárceles representan desde un punto de vista político contemporáneo que parte del s. XVIII hasta el siglo XX que él conoció, y lo hará citando en primer lugar a Jeremy Bentham, autor de la obra Introducción a los principios de moral y legislación (1789). Impulsor de las ideas utilitaristas, el abogado y filósofo buscaba el orden en todas las cosas. Pero como bien señala Huxley, el orden suele ser para el poder una forma más, quizá la principal, de imponer la tiranía. Bentham se pasó 25 años de su vida creando un modelo de cárcel perfecta a la que llamó El Panopticon, en la que desde una torre central se podía vigilar el recinto, evitando la anarquía y los riesgos para los guardianes, además de reducir el número de éstos. Un antecedente, sin duda, de las cárceles modernas, y de ese ojo que todo lo ve representado en las innumerables cámaras que vigilan esas instalaciones carcelerias, además de nuestras calles y edificios. Al mismo tiempo sería necesario señalar que Huxley no vivió lo suficiente para conocer el poder de las nuevas tecnologías aplicadas a las llamadas «redes sociales» (Twitter, Facebook...) que han facilitado que «el ojo que todo lo ve» (a través de las cámaras de los teléfonos móviles, las tablet, et.) estén del lado de los ciudadanos para vigilar a los que vigilan.
En suma: lo que preocupa a Huxley con razón es el sin sentido aparente de estas escaleras y estos puentes que no van a ninguna parte, esas figuras humanas disminuidas ante los edificios. El resto, al menos alguna mínima parte, es probable que responda a la imaginación del artista. ¿En qué pensaba Piranesi cuando creó estas Cárceles? Se lo ha querido ver como un producto de sus sueños e incluso de las alucinaciones propias de algún tipo de adicción o de cualquier tipo de cárcel metáfisica, pero dados los escasos datos que se tienen de Piranesi, intuyo que fue un hombre que conoció y quizá temió esa clase de daño y temor a la violencia que nos hace preguntarnos por el sentido de la vida y el sin sentido que muchas veces encontramos en ella.
Por último Serguei Eisenstein relaciona las famosas Carceri con la posible adicción de su autor a alguna droga alucinatoria así como con las pinturas verticales chinas y japonesas. También con el arte moderno (Picaso, Gris...) por lo informal de lo representado, la acumulación de masas y su ruptura en planos que la mirada parece negarse a aceptar y a los que el razonamiento no puede censurar más allá de sentirse abrumado ante el poder que irradian esas formas dentro de un espacio determinado. En palabras de Huxley: «Los ocupantes de estas cárceles son los espectadores sin esperanza de “esta pompa de mundos, de este doloroso nacer”, de una magnificencia sin sentido, de una miseria sin fin que el hombre no puede ni comprender ni soportar». Algo que pesa, que se impone, que limita y coarta.
En este pequeño libro se han reunido las miradas inteligentes de cuatro personalidades brillantes que dan su opinión sobre las Carceri de Piranesi.
Les invito a visitar el catálogo de la editorial Casimiro en el siguiente enlace.



Notas:

Jeremy Bentham,el creador de El panóptico, pidió que su cuerpo fuera embalsamado y expuesto a sus alumnos en la University College en la que trabajó como profesor. Con el tiempo su cabeza se estropeó y se sustituyó por una artificial.
Sus editores fueron John Stuart Mill y su hijo, defensores como el primero del «utilitarismo». Aclaración del concepto que encontrarán en este enlace.

En la obra Vigilar y castigar (Surveiller et punir: Naissance de la prison) de Michel Foucault, publicada en 1975, este filósofo analiza el cambio que supuso pasar de una justicia regicida (punitiva directamente sobre el cuerpo, con un suplicio presentado como espectáculo) a una justicia disciplinaria en donde otras personas, además del juez, asumen la responsabilidad de la condena (psiquiatras, psicólogos, criminólogos, jurado popular, etc.). Tipo de justicia disciplinaria que incide sobre los cuerpos, organiza el tiempo y actúa sobre los comportamientos dentro de las instituciones carcelarias y no carcelarias también, ya que se puede considerar que la vigilancia de unas personas por otras en todos los estamentos sociales (empresas, escuela, familia...) es una realidad que responde a los diferentes modelos políticos, económicos y religiosos subyacentes en cada país con el fin de obtener la «normalización» de unas conductas frente a otras.

Más imágenes de las Carceri en el siguiente enlace

3 comentarios:

  1. Te enlazo a nuestro blog cultural.
    Saludos.

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  2. Interesante libro, Pilar. Tendremos que leerlo para ver cómo describen esas cárceles... ¡Feliz día! :-)

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