© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

martes, 30 de octubre de 2012

LAS FILÓSOFAS



Por: Pilar Alberdi


Una obra de Giulio de Martino y Marian Bruzzes


«Yo como mujer no tengo patria».Virginia Woolf
(Las mujeres...) «esclavas de pequeñeces». Concepción de Arenal
«Si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también el de subir a la Tribuna». Olympe de Gauges



Siempre es un placer leer un buen libro y este lo es. Reúne una gran cantidad de información sobre el recorrido de las mujeres en la historia del pensamiento de una manera resumida y de fácil lectura.
Comienza con la explicación del paso de una sociedad matriarcal, trashumante y recolectora, donde mujeres y hombres compartían tareas y ellas tenían pocos hijos, a una sociedad patriarcal, sedentaria, agrícola y ganadera, en donde los roles se separarán durante siglos en dos funciones distintas; el espacio social para el hombre y el hogar para la mujer, quien a partir de este momento tendrá más hijos.
En un recorrido histórico, cultural y sociológico de las circunstancias vividas por las mujeres, los autores nos acercan al período clásico en las palabras —entre otras— de Safo, pero también nos señalan el papel tan determinante que debieron tener algunas mujeres y que se puede apreciar en la fuerte personalidad de los personajes femeninos de las obras de teatro griegas, por ejemplo: Clitemnestra, Medea, Penélope, Antígona en obras como Electra Las Orestiadas, Medea, Ulises.
Los siglos XV, XVI y XVII con un clero misógeno y una sociedad patriarcal produjo lo que hoy conocemos como «caza de brujas». Entre 60.000 y 100.000 personas; la mayoría de ellas mujeres, fueron torturadas y asesinadas públicamente. Esto sin contar otro tipo de persecuciones que incluyeron en diferentes períodos de la historia a cátaros, agnósticos, maniqueos, protestantes... con las consiguientes consecuencias también para las féminas y la libertad de pensamiento en general.
El siguiente apogeo de las mujeres en la vida pública, además de todos los casos que siempre hubo, lo percibimos en la época de la Revolución Francesa. Aparecen en la toma de La Bastilla, al pie de la gillotina, y desgraciadamente también bajo su filo por el poder Terror impuesto por el régimen, pero también, y esto es importante, en la tribuna. La ilustración había favorecido la aparición de salones literarios dirigidos por mujeres que promovían la cultura, entre ellas Stäel, Roland, Châtelet, Geoffrin, Deffand, Gouges, Lespinasse, Helvétius, Espinaz, Graffigny, Mericourt, Choiseul, Palm, Lacombe. Dos de estas intelectuales (María Roland y Olympe de Gouges) y la reina María Antonieta, a la que Gouges consideraba una víctima más del poder masculino y de las condiciones en que vivían las mujeres, fueron ajusticiadas en la guillotina en los meses de octubre y noviembre de 1793. Robespierre encargó, además, el cierre de los clubes y salones de mujeres y sus periódicos. ¿Qué había hecho una mujer como Olympe de Gouges (seudónimo de Marie Gouze) contra el régimen revolucionario para merecer la muerte? Entre otras cosas: apoyar desde sus ideas girondinas a la Revolución en sus inicios; después oponerse al Terror creciente y ofrecerse para defender al rey ante el Tribunal Revolucionario; y por si esto fuera poco, escribió la Declaración de la mujer y de las ciudadanas en oposición a la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, por entender que este no las representaba. El texto de Olympe de Gouges comienza así: «Las madres, hijas, hermanas, representantes de la nación, piden que se las constituya en asamblea nacional...».
Y ¿Roland? Más de lo mismo. Una oposición inteligente y crítica.
Y ¿qué dejó la revolución para las mujeres? Algunos grandes beneficios, sin duda, como : una ley de divorcio, el derecho a testificar en procesos civiles y la abolición del mayorazgo.
Otro puñado destacable de mujeres, además de todas las anónimas cuyas vidas ni siquiera alcanzamos a imaginar, lo componían las religiosas. Al margen de que tuvieran vocación para optar por ese camino, la decisión les evitaba un casamiento pactado por las familias y basado en el interés económico y social que no tenía en cuenta el amor. Entre ellas: Teresa de Jesús, Santa Teresita de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz. Por su condición y pese al peso de la Inquisición dejaron su testimonio en escritos dirigidos a sus hermanas de Comunidad. Por ejemplo, Santa Teresita de Jesús en uno de sus textos resalta la valentía de las mujeres que acompañaron y socorrieron a Jesús en su calvario frente a «la cobardía de sus apóstoles». Y aunque no se citan en este libro, es imposible dejar de recordar al ver su nombre, los versos de Sor Juana Inés de la Cruz, la monja mexicana, que escribió aquello de : «Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón...».
En este recorrido que hacen los autores por la vida de las mujeres filósofas han tomado en cuenta a numerosas escritoras, la lista sería larguísima, por eso no la expongo aquí, pero entre otras aparece George Sand (seudónimo de Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant). De ella se citan y publican un par de textos. Uno de ellos es el titulado «Diez, cien, mil Santa Teresas». Sus palabras son altas y claras. Cuando las circunstancias sociales no están dadas y no acompañan a las mujeres (y en otros casos a distintos colectivos), y de esto la Historia de la humanidad está plagada de ejemplos, lo que sucede —dice George Sand— es que «Aquí o allá nace una Santa Teresa fundadora de una bella nada, cuyos impulsos amorosos y cuyos suspiros por el bien inalcanzable vibran y se dispersan entre los obstáculos, en vez de concentrarse en alguna acción, duraderamente, reconocible». Valga la simbología y la personalidad épica de la monja para mostrarnos cómo la época condicionaba la visión de hombres y mujeres.
Con la lectura del libro percibimos que todas las que dejaron testimonio escrito, en general, tenían una posición económica desahogada y mantenían relaciones con hombres que como ellas eran de ideas avanzadas.
Por las páginas del libro vemos pasar a mujeres que se dedicaron a la política como Flora Tristán que pedía se reconociese «la propiedad» de los veinticinco millones de brazos que hacían posible el bienestar de la clase alta francesa, o de Rosa de Luxemburgo. También a las sufragistas.
Sin duda: ¡cuántos nombres, cuántas vidas, cuánto esfuerzo! Escritoras como Jane Austen, las hermanas Brönte, Simone de Beauvoir, Simone Weil; psicoanalistas como Karen Horney, Melanie Klein; pedagogas como María Montessori; feministas como Luce Irigaray.
El libro culmina con un apéndice realizado por Alicia H. Apuleo, titulado «Pensadoras españolas». Allí encontramos con Oliva Sabuco, María Zayas, Josefa Amor y Borbón, Concepción Arenal, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán, María Zambrano, Cecilia Böhl, María de Maeztu, Victoria Kent, María Lejárraga, Federica Montsey. Varias de ellas participantes en el gobierno de la República y luego exiliadas.
Un libro intenso, sin duda, y muy interesante, donde la intención ha sido que no falte nadie.
Una obra muy recomendable de Ediciones Cátedra.

Nota: He buscado en la página web de la editorial pero el libro parece estar descatalogado. En Amazon he visto un par de ejemplares de segunda mano en venta.

Enlaces: a las biografías de Gouges y Roland.
Biografía de Olympia de Gouges. Incluye el texto de la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana.
Biografía de Madame Roland Incluye su famosa frase pronunciada antes de que la ejecutasen: «¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!» Su esposo, se suicidió al saber que había sido ejecutada.

4 comentarios:

  1. Sin duda muy cierto, y triste a la vez. Se las debe justicia, una justicia que sigue, La historia, sin dársela pese a merecerlo todas ellas. Muy interesante recordatorio, Pilar Alberdi, que de una vez por todas se las haga justicia y se de a conocer que fueron unas valientes y que merecieron mejor suerte que la que tuvieron. Un abrazo Pilar y excelente miércoles.

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  2. Gracias, Frank. Agradezo tu comentario, especialmente, porque además sé que estás pendiente de un tema de salud de una mujer muy importante en tu vida y sé que no te sobra el tiempo.
    Sí, se merecen nuestro reconocimiento. Fueron muy valientes. Nosotras, dentro de lo que cabe lo hemos tenido fácil.
    Un abrazo.

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  3. Hola, llegué a través de tweeter, no sé por qué tengo la sensación de que ya estuve por aquí, pero no e encontré entre los seguidores. Me gustó tu blog, es interesante y muy útil, te sigo.
    Un abrazo.
    HD

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