© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

viernes, 14 de diciembre de 2012

LA NOVELA BREVE


Por: Pilar Alberdi

Estos días recogí en préstamo de la biblioteca dos novelas breves, una cuyo título es José de Armando Palacio Valdés (1853-1938), y otra, de un contemporáneo nuestro, Antonio Muñoz Molina, que como el primero en su tiempo, es miembro de la RAE. El título de esta obra: En ausencia de Blanca.
La primera podría inscribirse dentro de la novela realista, pero no naturalista. Escrita en tercera persona describe la vida de los pescadores en un pequeño pueblo (de nombre ficcticio) de la costa asturiana y contiene en sí misma las características propias de una novela más larga, ya que la descripción de los personajes, la comprensión que nos facilita de la sociedad del momento con sus antagónicas clases sociales más un protagonista único e indiferente como es el mar en su placidez y en su ferocidad, nos permiten conocer el retrato de unas vidas únicas, reflejo de aquellas que el autor veía en Candas y en otras poblaciones costeras en las que abundaba la valentía, el arrojo, el amor, pero a su lado también la pobreza, el analfabetismo, el camino diario de ida y vuelta a las tabernas para los hombres y los muchos hijos para las mujeres. La niebla espesa que recorre el pueblo; las necesidades, el llanto; ese alto en el monte al que subían para ver si volvían las barcas en cuanto despertaban aires de tormenta, nos permiten conocer la tragedia diaria en la que vivían estas gentes a causa del mal vivir y los naufragios.
La obra, nos aporta un mayor conocimiento de la época. Nos cuenta que había tinteros de asta, y que a los espejos se los cubría con una fina gasa para protegerlos de las moscas, o que en todas las casas había una especie de altarcillo, de reverencia al mar y de respeto a los marineros que arriesgaban sus vidas en cada jornada, compuesta por dos caracolas y una barca en medio. Y si por las noches los murciélagos «volteaban con medroso rumor», de una chica decente (para le época) se decía que «era de plata». Y en cada renglón, eso, el rumor, la furia del mar rizando las olas, golpeando los peñascos, haciendo bailar las barcas a la busca del atún, la sardina, el congrio, el sollo, el salmonte, la merluza y hacia diciembre, el besugo, y siempre por ese orden, un año y otro, mientras la vida diera de sí. Y como excusa para la historia, el amor entre José y Elisa , un amor entre jóvenes que tendrán todo en su contra, y que nos comunica la falta de libertad de decisión de las mujeres sometidas por ley a sus padres y luego a sus esposos.
En ausencia de Blanca de Antonio Muñoz Molina presenta a través del personaje de Mario López lo que ha sido una relación matrimonial y hasta que punto las personas cambian con el tiempo: ni el cuerpo, ni las costumbres, ni las palabras son ya las mismas. La obra se publicó en el año 2000 y ambos personajes, el femenino y el masculino responden a lo que la época permite: en el caso de él, se trata de un hombre meticuloso, ordenado, ahorrador, previsible, capaz de cocinar y fregar; en el de ella de una mujer con actitudes liberales en el pasado, pero que supo amoldarse en parte a la rutina, mientras mantenía su interés por el arte y su afición a la pintura. Mario que tiene un puesto de funcionario dentro de una burocracia con la que, por momentos, es crítico, se muestra como un hombre tímido, de costumbres repetitivas, con un pasado austero vivido en el ámbito rural, y con unos padres ancianos que han decidido, con la excusa de no dar trabajo a sus hijos, pasar sus últimos años en una residencia para la tercera edad. Mientras que, Blanca, cuya personalidad muestra momentos alternos de brillantez e inseguridad, es el producto de una clase social alta. En esta dicotomia de lo que fue y lo que ya no es se reparten las páginas de la novela.
Yo habría titulado este artículo En defensa de la novela breve, pero sería injusto con los buenos lectores que son muchos. Por eso me limitaré a dejar aquí algunos de los nombres que la representan como Cervantes con sus Novelas ejemplares, Tolstoi, Dostoievski, Mauppasant Pirandello, Emilia Pardo Bazán, Dolores Medio, Carmen Burgos, Carmen Laforet, Miguel de Unamuno con su San Manuel Bueno, mártir; Henry James, Kafka, Hesse, Kertész, Marai, Steinbeck, Faulkner y tantísimos más, sin faltar los iberoamericanos como Gabriel García Márquez con Cien años de soledad.
Algo puede ser breve, muy breve, lo es un poema, pero el factor más importante es su intensidad. La capacidad de concentración de un mundo en unas pocas páginas. Lo habitual es que se consideré como cuento largo hasta veinte páginas y a partir de ahí entramos en el terreno de la novela breve hasta las cien. Algunas personas parecen no entender esto y buscan en la novela breve a la novela larga o miran el número de páginas sin comprender que también el tamaño de la letra influye. Quieren saber más, quieren... Quieren lo que no es. La novela breve nace así porque el tema lo exige, tiene las páginas justas, aquellas de las que su autor las ha dotado y aspira a retratar un momento, aunque en él quede reflejado el pasado, el presente o el futuro. Por tanto, podemos decir que hablamos de novela larga cuando pasa de las ciento cincuenta páginas.
Pero la novela breve no está de moda. Lo curioso de las épocas: en el siglo XIX costó imponer la novela frente a la poesía. En el XX la novela larga derrota a la corta a través de criterios editoriales y comerciales que hacen a la segunda «la pariente pobre» de la primera.
De hecho, hemos visto en España durante las últimas décadas que las pequeñas editoriales que iban naciendo podían hacerse un hueco en el mercado del libro publicando novela breve de autores europeos, entre otros, porque ¿a fin de cuentas, qué autor español encontraba una puerta abierta para publicar cuento o novela breve? Pero ahí estaban, sin embargo, los certámenes literarios de varios ayuntamientos, haciendo un hueco a la narrativa breve.
Ya para terminar les dejo el enlace al texto de la novela breve San Manuel Bueno, mártir de Miguel de Unamuno. Recuerdo que era joven cuando la leí y me impresionó. El autor utilizando como narradora a una mujer de 50 años, resume admirablemente quién fue y en que creía el sacerdote Manuel Bueno.


Texto de San Manuel Bueno, mártir de Miguel de Unamuno

4 comentarios:

  1. Para mí un modelo es El Nadador de Cheevers: decirlo todo en unas páginas. Redescubriremos estas joyas. Un saludo, Pilar ;-))

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  2. Cheever es uno de mis autores favoritos, tiene esa maravillosa tranquilidad para contar...
    Dejo aquí un enlace http://www.cuentosinfin.com/el-nadador/ por si alguien quiere leer "El nadador", pero recomiendo la película. Está muy bien lograda.
    Un abrazo, Angélica.

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  3. Lo cierto es que me gusta leer, pero a veces no sé distinguir el tipo de novela que leo, si es breve, si es un cuento largo, dentro de qué género se encuentra y un largo etc; por eso estas entradas tuyas me aportan tanto. Ando fatal de memoria, pero siempre puedo volver a entrar a consultarlas y saber más o menos qué leo.
    (Aunque reconozco que hay conceptos que siempre se me escapan).
    Saludos

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  4. Gracias, Bego, por tus palabras.
    Un abrazo.

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