© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

viernes, 1 de marzo de 2013

LA DUDA DE CÉZANNE



Por: Pilar Alberdi


El libro se abre con una introducción de Daniel Mundo y continúa con La duda de Cézanne, texto de Maurice Merleau-Ponty. Esta, pequeña en formato, pero gran obra en intensidad, la leí ayer por segunda vez y no dudo que lo haga más veces. Los textos, son claros y concisos y van directamente a la cuestión: entender la obra del pintor o si cabe comprender a la persona que la hizo posible.
Cézanne era ante todo un hombre que dudaba sobre el valor de su trabajo. A los 67 años aún escribía: «¿Alcanzaré la meta tan anhelada y tanto tiempo perseguida. Sigo pintando del natural y creo que voy haciendo tímidos progresos».
«Lo que llamamos "su obra" era para él un ensayo, una apróximación a la pintura». Maurice Merleau-Ponty nos acerca la técnica que subyace en su pintura y a la que nosotros como neófitos, no vemos. Nos explica que en las paletas de los Impresionistas se trabaja con los siete colores básicos y que Cézanne lo hace con dieciocho. Nos explica las razones. Es verdad que a Cézanne se lo incluye entre los Impresionistas, pero hay en él un grado diferencial que se percibe en su interés por el contraste, la distinción entre los objetos que forman un todo en constante formación para el observador, mientras que en la mayoría de los otros pintores, lo que prevalece es la magia del momento tal y cómo la percibe un sujeto, no sólo en lo que ve sino en lo que siente.
La maravilla que se descubre en las obras de Cézanne, en su forma de mirar el mundo que lo rodea, es la siguiente: «El objeto ya no está cubierto de reflejos, ya no está perdido en sus relaciones con el aire y los demás objetos, sino que aparece como sordamente iluminado desde el interior, la luz emana de él, y el resultado es una impresión de solidez y de materialidad». Un detalle también muy importante: «Se trata de un mundo sin familiaridad, incómodo, que impide toda efusión humana. Si tras ver los cuadros de Cézanne miramos los de otros pintores, sentiremos alivio, sosiego». Se puede afirmar que sus retratos de personas son casi esculturas, que incluso desafían las formas y que anticipan ya lo que luego sería el Cubismo. También podemos apreciar que muchos de los objetos presentan dibujado el contorno, y que aún cuando en algunos casos hay una deformación clara de la perspectiva, esta no influye en la recepción total de la imagen, consiguiendo «tal y como ocurre en la visión natural, transmitir la impresión de un orden incipiente, de un objeto que está apareciendo, que se está organizando a sí mismo ante nuestros ojos».
Comenta el ensayista que el pintor iba casi a diario al museo de El Louvre. ¿La razón? Porque las reglas del arte están contenidas en el propio arte, del mismo modo que «las reglas del tenis están presentes en cada raquetazo». Es un ejemplo sencillo, pero lo mismo hacía Delacroix, quien acudía al museo para estudiar a los clásicos. Quiso el azar que un día viese en casa de un amigo, unos cuadros del inglés Constable, que le permitieron comprender el efecto que producía la complementariedad y el contraste gradual de los colores trabajados directamente sobre el lienzo. Por eso, luego, cuando supo ver lo que otros no vieron en los colores y las pinceladas de algunos grandes maestros, se convirtió en el precursor de la luminosidad en la pintura y de todo lo que vino después de él, o sea el Impresionismo, el Neoimpresionismo, y así hasta nuestros días. Delacroix se convirtió de repente en un vanguardista, y como tal fue detestado por la «cultura oficial», igual que lo fueron sus sucesores.
Lo que acontece en este texto es que, en su brillante observación ante los lienzos de Cézanne, el escritor Merleau-Ponty se cuestiona el arte en sentido general. Y me remito a frases como esta: «El artista es aquel que fija y muestra a los más “humanos” de los hombres el espectáculo del que forman parte sin verlo». Pero aún dice más: «El sentido de lo que dirá el artista no existe previamente» y todavía añade: «La verdad es que esa obra por hacer exigía esa vida».
En definitiva, de un modo único y particular, «El pintor capta y convierte en objetos visibles aquello que sin él quedaría encerrado en la vida aislada de cada conciencia». El texto nos remite a la relación entre literatura y pintura, que bien podría ampliarse a todas las artes en general. Y lo expresa contándonos una bella anécdota, que me callaré ahora para que ustedes puedan recibir el encanto y la sorpresa de encontrarla cuando lean esta obra; ese instante en que Cézanne comenta emocionado cómo, de qué manera, toda su vida deseo poder pintar la descripción (lo que él alcanzó a imaginar) de una frase de Balzac que hablaba de una mesa dispuesta con sus cubiertos. Y es esta unión, este interés de los pintores por los escritores y vicersa, que muchas veces hemos visto citada en frases célebres de los filósofos clásicos y en tantos autores más, ese detalle por las imágenes, intuiciones y palabras que pueden transmitir, compendiar, intercambiar, lo que volvemos a ver en este pequeño libro. Pintura y literatura unidas. O mejor aún: el arte en sí y sus diferentes formas. Así llegamos al corazón de Cézanne, gracias a la observación y el detallismo del escritor Maurice Merleau-Ponty. Sin uno, el otro tampoco sería posible, al menos, no esa forma de apreciarlo.


Palabras de la contraportada de La duda de Cézanne por Maurice Merleau-Ponty:

«La pintura fue su mundo, la razón de su vida. Trabajó solo, sin discípulos, sin el apoyo de su familia ni el aliento de los críticos. Pinto en todo momento, en cualquier circunstancia y, sin embargo, dudaba de su vocación».

Otro libro de esta editorial:
Vida de Antón Van Dyck por Giovan Pietro Bellori


Accede al catálogo de Casimiro Libros.

6 comentarios:

  1. Pilar, he leído tu artículo y me ha parecido muy interesante. No conocía demasiado sobre Cézanne. Desde ahora mismo formas parte de las páginas que sigo en mi blog. Un abrazo y enhorabuena por tu trabajo. Juan.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Vicente.
      Gracias por tu comentario.
      Saludos.

      Eliminar
  2. Tomo buena nota y buscaré sus libros.

    Un saludo
    Jesús

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tus palabras. Siempre es un regalo saber que lo que uno hace puede ser grato para otros.
      Saludos.

      Eliminar
  3. Hermosa esta entrada, he disfrutado leyéndola.
    Gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo mismo que yo disfruto con tu pintura. Creo que entre todos los artistas hay un mundo compartido.Yo, algunas veces, cuando escribo, siento que estoy como esulpiendo o modelando barro. Ya ves. Y la pintura me deleita. Te felicito por tu obra.
      Un beso.

      Eliminar

Gracias por dejar tu opinión.