© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

viernes, 10 de mayo de 2013

PARÍS por Walter Benjamín



Reseña: Pilar Alberdi

Me rindo siempre ante los bellos textos que nos trae Casimiro Libros. En esta ocasión corresponden a algunos de los que el filósofo Walter Benjamín (1892-1940) publicó en El libro de los pasajes. Luego, un poco más abajo, hablaré sobre estos «pasajes» y su significado. Y si bien es verdad que estos textos tratan de París, también tratan de algo más que París. El detalle, la investigación, la delicada observación, la inquietud por saber lo que dijeron otros, lo que sintieron ante la ciudad, pero también la aparición de un mundo nuevo: el de las mercaderías como un estímulo de deseo y resultado de la productividad capitalista, auge y conflicto que él supo definir también en otras obras, como por ejemplo, en «La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica» o en en «Experiencia y pobreza», y tantas más.
Es fácil entresacar de entre las frases de este ensayo palabras que compartiríamos, sin duda, aquellos que alguna vez hemos pisado esa ciudad: «Nada más llegar a la ciudad la gratificación es inmediata». Y eso es lo que tiene París, cuando uno levanta la vista, más acá o más allá están los grandes símbolos que la representan.«Baste pensar en sus calles, que son como hogares habitados, o en lo mucho que se nos sigue escapando aunque pasemos un día tras otro por los mismos lugares, o en la revelador que resulta, en París más que en ninguna otra ciudad, ver la calle ya desde una acera ya desde la otra».
A Benjamín le atrae todo, la sensualidad de los nombres de las calles, las evocaciones que producen, que no duda en comparar con un «cosmos lingüístico». Y más aún cuando las palabras se las ve escritas en los avisos de las paredes del metro: «¡Qué fuerza adquieren los nombres de la ciudad cuando aparecen en el laberinto del metro! Resuenan como cercanas provincias trogloditas: Solférino, Italie, Rome, Concorde o Nation; como si nada de esto pudiera, ahí arriba, en la superficie, mezclarse con el cielo abierto».
También nos hace notar la importancia mercantil de esos «pasajes acristalados» que cubren algunas calles y que también pueden observarse en muchas ciudades europeas. Una tentación comercial creada expresamente para los compradores de principios del siglo XX, que no eran otros que las clases altas, pero también para los paseantes pobres que podían admirarlas. Por fin, como dice Benjamín, los objetos estaban ahí, a la vista, aunque la clase proletaria no pudiese tocarlos ni tenerlos. Hecho que relaciona con el nuevo auge de las exposiciones, como la Primera Exposición Universal de 1855 celebrada en París. «Toda Europa vino a ver las mercaderías» escribe. Nunca se habían visto tantos productos juntos y de tan diferentes territorios.«Entronización de la mercadería y esplendor de las distracciones que la envuelven». Cuanto aprendieron de esto los que luego edificaron locales temáticos, centros comerciales, los que descubrieron la importancia de la creación de un ambiente de ocio. En esa época surgía con fuerza la publicidad para vender bicicletas, coches, vacaciones en hoteles de aguas termales, viajes en barcos a vapor. Pero Walter Benjamín tiene una mirada social y no deja de observar con espíritu crítico. Apunta en sus notas: «Esta pompa y esplendor con los que se rodea la sociedad productora de mercancías así como su ilusoria sensación de seguridad», «Esta masa se divierte en los parques de atracciones, en sus montañas rusas, “orugas” y demás, en una actitud siempre reactiva». De ese afán del objeto a su deseo y obtención, sólo un paso para la proliferación de colecciones, el lujo de la habitación propia, el hogar, como ostentación y seña de identidad.
Tiempo en el que el arte también se impregna de esa vulgar sensación que persiste hasta nuestros días de que todo es mercadería, incluso los artistas deben estar dispuestos a mostrarse como tales. De ahí el surgimiento de los «folletines» y acaso ahora de los «bestsellers».
Con la llegada masiva de mercaderías, se acabó el «regateo». Ese arte que habían aprendido nuestros padres y abuelos, y que aún se practica en muchos países. Es más, en donde no utilizarlo se considera una falta de respeto. Algo que pronto aprenden los turistas que viajan hacia África y oriente.
Señala Benjamín con acierto las palabras de Daniel Michelet: «Cada época sueña a la siguiente». ¿Será verdad que la época de nuestros antepasados ya soñaba la nuestra, que nosotros anticipamos en sueños la que vendrá? Sin duda. Rosseau, Balzac, Hofmannsthal, Proust, Baudelaire, todos tuvieron palabras para París, disfrutaron caminando por sus calles, la criticaron y la amaron.
Ante ese obelisco férreo de la modernidad, como es la torre Eiffel, Benjamín nos dice que Víctor Hugo se horrorizó. Y ante la ciudad que tan bien conoció y retrató, Baudelaire nos habla del «tedio» del caminante.
Una ciudad hecha para transeúntes, para contempladores, para aquellos que hacían también de la calle y de las tiendas una extensión de su hogar, algo que conocemos bien en nuestros días. Un tiempo en que la palabra «masa» iba a cobrar significado en ciudades cada vez más industriales pero también más inhumanas para la mayoría de la población.
Walter Benjamín vivió los horrores de las dos Guerras Mundiales, y conocía bien a la humanidad. Sabía de lo que era capaz, tanto de lo malo como de lo bueno. No en vano falleció en España mientras huía de los nazis.
«Siempre nos quedará París» se dice en la película Casablanca.
Sin duda, este pequeño libro, es un canto a París.


Editorial Casimiro
Biobibliografía de Walter Benjamín

8 comentarios:

  1. Haces una reseña tan buena, que incitas a su lectura. Gracias. Saludos.

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  2. Gracias, Javier. Eres muy amable.
    Un abrazo.

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  3. ¡Me encanta París!
    Gracias Pilar.
    Un abrazo.

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  4. Estupenda reseña, amiga. Qué tienes un gusto, una elegancia para presentar una obra...

    Beso

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    1. ¡Qué bueno, José! Un honor para mí tu lectura.
      Un abrazo. Saludos.

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  5. Siempre me ha gustado W. Benjamin. Pero no conocía esta obra, así que me la apunto a la lista de lecturas pendientes. Saludos. Por cierto, muy buena reseña.
    http://humanidadesyalgomas.blogspot.com.es

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