© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

viernes, 25 de octubre de 2013

DAVID LE BRETON: «EL TATUAJE O LA FIRMA DEL YO»


Reseña: Pilar Alberdi

«La condición humana es corporal. Asunto de identidad tanto individual como colectiva, el cuerpo es el espacio que se muestra para que los demás lo lean e interpreten. La piel es, ante todo, prueba de presencia en el mundo. A través de ella se nos conoce, se nos nombra, se nos identifica con un género, con un saber estar o seducir, con una edad, una «etnia» o una condición social. Envuelve y encarna a la persona asemejándola a otras o diferenciándola, según sean los signos en liza. Su textura, sus cicatrices, sus rasgos particulares (lunares, arrugas, etc., dibujan un paisaje único. Al igual que los archivos, la piel conserva los rastros de la historia personal». Podríamos sumar los piercings, las escarifaciones y otros rituales.
El ensayo El tatuaje o la firma del yo de David Le Breton, con traducción de Raoul Albé, escrito especialmente para la Editorial Casimiro, recoge un acercamiento integral al tema del tatuaje, desde el pasado al presente. Si para la psicología la piel es la frontera con los otros, el lugar donde más rápidamente puede aparecer una señal psicosomática, muchas de las frases de esta obra son de un gran acierto formal e intuitivo: la piel «Sismógrafo de nuestro sentido de identidad, traduce “estados de ánimo”», «Pantalla donde, con las innumerables formas de escenificación de la apariencia que ofrece nuestro mundo contemporáneo, proyectar una identidad soñada», «La piel es el lugar donde se fabrica la identidad. Tanto es así que las marcas añadidas deliberadamente se convierten en signos de identidad que se lucen sobre la propia carne», «toda sociedad, de una forma u otra modifica culturalmente el cuerpo de sus integrantes. El cuerpo siempre es “enunciado”», leáse “sinificados y valores”. Con la lectura aprendemos que en muchas culturas «el hombre y la mujer no marcados quedan relegados a un estatus inferior» y lo contrario como sucedió durante muchos siglos en Europa, hasta que llegó ese tiempo en que los marinos anglosajones se enamoraron de los rituales de extrañas islas, allá por la Polinesia, por las Islas Marquesas, y se dejaron tatuar los cuerpos. Sabremos a través de estas páginas que el tatuaje está negado en la Biblia y del mismo modo en el Corán. Si para algunos no estar marcados significa no tener identidad, otros la recuperan o, al menos, así lo sienten cuando se hacen un tatuaje. Soportan el dolor que supone su adquisición, y les sirve a modo de amuleto, de fuerza invisible, de recordatorio de su decisión, de su arrojo y valentía. A veces, es un acto meditado largo tiempo; otras un impulso. Porque el tatuaje expresa lo que no se puede decir de otra manera, lo que tuvo que hacerse para mostrar algo, una posición, por ejemplo, del adolescente frente a los criterios de los padres, de una persona frente a la sociedad. ¿Se tatúan las personas porque es algo que está de moda? Esta y más preguntas contesta este ensayo que roza las fronteras de la teología y las creencias, también asume su parte de análisis antropológico y sociológico. Hay lugares donde el tatuaje es una tradición. Sus dibujos se interpretan de un modo determinado, pero en otras partes del mundo, como en Europa, se utilizan símbolos de lejanas tradiciones, a veces, sin saber qué representan, porque el símbolo, en esta sociedad occidental, no importa por lo que dice, sino por lo que es: un tatuaje, un reto, una distinción, un elemento provocativo, acaso, también una moda, en la que como aquello de las marcas comerciales de las prendas de vestir, el que las porta se siente distinto, único, por increíble que resulte.
«Habiendo sido sobre todo masculino (el tatuaje), a menudo agresivo, o asertivo de la virilidad, empieza a atraer a las mujeres»; otro fenómeno nuevo. Ellas elegirán motivos más discretos, dibujos orientales. De aquellos pueblos que los europeos consideraban primitivos a estos primitivos modernos... Y pensando y pensando, porque este tema da mucho para reflexionar, y aunque no se trata de un tatuaje, sino de unas palabras pintadas sobre un cuerpo, comprendo todavía mejor cuán grande es el efecto que producen estas jóvenes mujeres que llevan escrito en su pecho la palabra FEM, cuando saltan al mundo a través de la pantalla.
¡De cuánta simbología se puede cargar un cuerpo! Aunque en la Obertura de esta obra se llega a decir, «el cuerpo desnudo parece ser algo insoportable». Y creo que algo de razón tiene, porque el cuerpo desnudo, nos recuerda, sacado de ciertos contextos, lo primitivos y vulnerables que aún somos.

6 comentarios:

  1. Es interesante el análisis sobre las razones para tatuarse. Y todas son ciertas. Sin embargo, en este mundo de apariencias, ¿cuánto pesa la libre disposición de tu cuerpo por razones propias y cuánto la moda? ¿A cuántos se les habría ocurrido tatuarse si no lo hubiera hecho su pareja o su amigo? Yo lo veo más como una moda.

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    1. Es una moda, pero también hay una respuesta que en otro tiempo, quizá, no podía darse, porque estaba prohibido por la religiones (católica, musulmana, judía...) o no estaba bien visto. Escribir en el cuerpo es una forma de explicar algo, ya sea bajo unos signos que la mayoría no pueden interpretar o gracias a una imagen que sí expresa lo que se desea transmitir. Es ya una moda duradera que nos debería alertar también sobre una falta de comunicación efectiva. Se elige que se vea o no, que se pueda ocultar si es necesario aunque sea un mensaje indescifrable. Sí, realmente es un tema interesante.
      Saludos, Elena. Un abrazo.

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  2. Hola, muy buena la entrada. Te invito a compartir mi blog literario: http://soliloquiosimperceptibles.blogspot.com.ar/ Es muy humilde pero hay que darle tiempo de crecer. Gracias. Saludos.

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    1. Saludos, Alan.
      Lo que muestra tu blog es sensibilidad y respeto por las obras de los demás.
      Es siempre de agradecer.
      Un abrazo.

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  3. Como de costumbre, muy interesante tu artículo, Pilar. Un abrazo.

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