© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


viernes, 11 de octubre de 2013

DE PAUL RICOUEER A UMBERTO ECO: EL SENTIDO DEL TEXTO


Por: Pilar Alberdi

Se quejaba Umberto Eco en su obra Interpretación y sobreinterpretación de esas interpretaciones únicas, sacralizadas de ciertos textos religiosos, clásicos o modernos... que han superado el paso del tiempo. A fin de cuentas, una interpretación de un texto, es aquello que percibe un lector, según su formación lectora, su experiencia vital, y también el uso que quiera o no hacer de dicho texto. Y se quejaba, precisamente él, que ha sido un claro interpretador de textos de otros autores. Como su ámbito es el universitario, además del de la literatura, recordemos por ejemplo su obra El nombre de la rosa, conoce bien el tema de las diferentes corrientes críticas. Explica: «En algunos de mis escritos recientes he indicado que, entre la intención del autor (muy difícil de descubrir y con frecuencia irrelevante para la interpretación de un texto) y la intención del interprete (lector) que (citando a Richard Rorty) sencillamente “golpea el texto hasta darle una forma que servirá para su propósito; existe una tercera posibilidad. Existe una intención del texto». Y esta es, probablemente, aquella que pueden captar muchos lectores a través de sus conjeturas, pero poco más, porque el lector queda fuera las verdaderas posibilidades que dieron origen al texto y que muchas veces son una revelación hasta para los propios autores. Aciertos, ideas que surgieron de improviso y que superan la idea inicial del texto y su estructura. Umberto Eco, expresa esta situación de la siguiente manera: «un texto que es una máquina concebida para provocar interpretaciones, se desarrolla a veces a partir de un territorio magmático que no tiene ―o no tiene aún― nada que ver con la literatura».
El libro Interpretación y sobreinterpretación reúne las tres conferencias que Umberto Eco pronunció en la Universidad de Cambridge en 1992. En la primera analizaba a través de la historia del pensamiento occidental los secretos que los lectores especializaado pueden encontrar en algunas obras, contribuyendo con ello a que sean interpretadas de un modo único. En la segunda, amplía la idea de que no debería haber «interpretaciones correctas» de un texto e incide en la perspectiva de que el texto conlleva un «lector modelo», que leerá la obra en el sentido en «que se creó para ser leída ». Y la verdad es que este, es un punto de vista muy interesante. La tercera conferencia se refiere al hecho de que un autor que se dirija a una comunidad de lectores y no a un único lector, aquí entiendo yo por «comunidad de lectores» a aquellos que pertenecen a un ámbito o posición concreto, por ejemplo, profesores, editores, correctores, mujeres, hombres, jóvenes, niños así como a los que gustan de la lectura de determinados géneros (terror, cuento, novela...), sabe que será «interpretado no según sus intenciones, sino según una compleja estrategia de interacciones que también implica a los lectores, así como a su competencia en la lengua en cuanto patrimonio social», es decir en lo que supone en conocimiento compartido por una cultura, incluidas las interpretaciones de otros textos ya leídos, además del que se está leyendo. De todos es conocido, por ejemplo, que para alguien que no domine bien una lengua, y tenemos el ejemplo básico en los niños, será muy difícil captar las segundas intenciones, que pueden interpretarse en una palabra aplicada de un determinado modo o en una frase.
A los temas planteados en esas tres conferencias a cargo de Umberto Eco, contestaron Richard Rorty, Jonathan Culler, Christine Brooke-Rose, aportando sus propios puntos de vista.


Discurso y excedente de sentido de Paul Ricoeur (1913-2005)

Lo primero que cabría destacar en este ensayo de Ricoeur es su claridad. Resulta muy interesante su propuesta de que «el texto está mudo». Lo compara con una partitura y al lector con el director de una orquesta. Y añade: «Una interpretación debe ser no solamente probable, sino más probable que otra interpretación», con lo que se acerca al pensamiento expresado por Umberto Eco y, quizá también por otros autores, en la idea de que puede haber un lector modelo para cada texto.
Luego, diferencia aquello que el texto dice de lo que habla: «el texto habla sobre un mundo posible y sobre una posible forma de orientarse dentro de él». Por lo que el lector, si lo pensamos bien, además de interpretar lo que habitualmente conocemos como trama y subtrama, o historia y argumento, debe buscar o al menos interrogarse sobre otras cuestiones como (y esto lo apunto yo), ¿qué quiso decir el autor? Paul Ricouer reconoce la imposibilidad de acceder a la psique del autor. Y es verdad que no podemos acceder a ella en su totalidad, pero creo que el conjunto de la obra de un autor habla de su psique y, por supuesto, de su forma de estar e interpretar el mundo en que vive, aunque lo haga desde diferentes géneros literarios y temas. Sin embargo, afirma Ricouer, lo que importa verdaderamente es que como lectores podemos acercanos a la manera de «mirar las cosas (que tiene el autor), lo que constituye el genuino poder referencial del texto». Y por si quedase alguna duda de lo que ha querido decir, añade. «Las cartas de Pablo no están menos dirigidas a mí que a los romanos, a los gálatas, a los corintios y a los efesios».

2 comentarios:

  1. Eres una magnífica guia de los 'entresijos' de la escritura. Gracias, eres muy clara.

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  2. La verdad es que me encanta leer sobre estos temas. Gracias por tu comentario, Javier. Un abrazo.

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