© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

martes, 12 de noviembre de 2013

«AS DE CORAZONES» de Antonia Corrales


Reseña: Pilar Alberdi


«Hay tres cosas que no podemos dominar, que no podemos alterar: nacer, morir y enamorarnos. Las tres son inmunes a nuestra conciencia, a nuestro raciocinio y a nuestra voluntad».

As de corazones de Antonia Corrales, porque la vida tantas veces es un mal juego de póquer. Porque hacemos apuestas y miramos a los demás con rostros imperturbables, para que no vean nuestros sentimientos, sobre todo, para adivinar sus cartas, su jugada, para no pagar, en esta dura apuesta de la vida, más de que lo que nos toque y, a ser posible, menos, como si la suerte, siempre tuviese que estar de nuestra parte. As de corazones, porque hay amor en esta historia, «Nací para el amor. Es mi alegría», dice un verso de la poeta Griselda Álvarez (Guadalajara, México, 1913-2009) en la introducción.
«Un broker que sueña con ser escritor, una enfermera que, a pesar de adorar a los niños, se niega a ser madre y una editora que jamás quiso serlo». Estas son las palabras que aparecen en la solapa del libro. Creo que yo no podría expresarlas mejor. Los nombres de los protagonistas son: «Ayala, Samantha y Bastián.
As de corazones es una historia de amor regada con dosis de crítica social y secretos familiares, de esos que, por lo general, las mujeres somos más conscientes que los hombres. La vida sigue pero, este tipo de temas, suelen pasar de generación en generación en las familias, igual que lo hacen los álbumes de fotos, aquel recuerdo que dejó una bisabuela o aquella otra historia de un familiar inmigrante a un lejano país. Con el tiempo, el dato en sí puede llegar a perder las palabras y los nombres que lo aclaren, pero el secreto, permanece como la llave de una vieja casa en ese territorio desolado que es el Silencio o, si se prefiere, la Soledad.
Los tres hilos de la trama con los que se teje este drama y, a la vez, esta historia de amor, son Bastián, Samantha y Ayala. Y, si me permiten decirlo, con un poco de imaginación y algo más de psicología, cualquiera descubrirá que esta historia de la que conocemos el final literario, en la vida real continuaría, no ya página a página, sino día a día hasta la muerte de los personajes que la encumbran, porque el amor es brújula y punto cardinal por donde se busca un sol que nunca se apaga en el corazón.
Por otra parte, la circunstancia de que la voz de los protagonistas nos llegue en primera persona, nos hace más cercana la historia.
«Hay tres cosas que no podemos dominar, que no podemos alterar: nacer, morir y enamorarnos. Las tres son inmunes a nuestra conciencia, a nuestro raciocinio y a nuestra voluntad». Y es verdad, pero siempre hasta un punto, porque nos gusta creer que nosotros, igual que los personajes de As de corazones, por lo menos algunas veces, tomamos decisiones al margen de las fuerzas que nos empujan por la vida.
Escuchemos sus voces: «Fui bróker en el mercado financiero español, escritor por un capricho del destino, y me enamoré de la mujer que no debía». Ese es Bastián. Así habla, Samantha: «Me llamo Samantha y me considero una mala persona. Puede que la realidad que he vivido sea la responsable de mi actitud, de mi falta de empatía y mi soberbia».
Y aquí, la voz de Ayala: «Nos fuimos una tarde de lluvia, de lluvia incesante que parecía aumentar aún más la prisa que apremiaba a mi madre a abandonar aquel lugar, el que hasta ese momento había sido su refugio. Caminaba rápido hacia el taxi que esperaba en la puerta, demasiado rápido, tirando de mí».
Y me perdonarán que deje aquí. Sé que les encantaría continuar leyendo hasta el final, y sé que acabarán haciéndolo, porque encontrarán personajes muy similares a nosotros y si no escuchen, no sólo esas palabras que acabo de citar, sino estas otras: «Cuando uno es joven, demasiado joven, lo importante es vivir, sentirse vivo. Lo de menos son los lugares, el cómo y el cuándo. Ni tan siquiera existe un porqué. Simplemente se vive». Se vive, sí... Ya no nos importa quién habla, ¿verdad? Sabemos que ahí, hay una historia... «El ser humano tiene la capacidad, maldita capacidad, de hacer que todo envejezca con él». (…) «A veces la familia resulta más lejana, más desconocida e impropia que el vecino trashumante de la habitación de un hotel». Y, además, está la realidad nuestra, la de la crisis de todos los días, la que tiene responsables que hay que buscar hasta bajo las piedras. «Todos estaban jugando al póquer, al póquer del mentiroso, con el futuro de demasiada gente inocente. Y no les importó».
Quizá, tú también fuiste una niña o un niño de esos a los que la vida les da una bofetada al principio. Y sólo les quedan dos opciones, o quedarse tieso o espabilar para el resto de la vida.
«Recuerdo cómo mi hermano fue haciendo acopio de las chapas de cerveza y refrescos que los camareros, con desparpajo e indiferencia, tiraban al suelo al abrir las bebidas. Las chapas caían como si fuesen vainas de balas, una tras otra, rápido y sin control, cerca de los pies de los meseros. Mi hermano las recogía como si fuesen metales preciosos».
Hum... ¿Quién no recuerda aquel sonido? ¿Quién los objetos más sencillos convertidos en juegos?
Pero también está el lado oscuro de la infancia. Seguro que a ti te contaron alguna historia, a todos nos contaron alguna historia; te la creíste o no.
«Se habituó a los cuentos que mi abuelo se inventaba, en los que siempre había un héroe, católico y amante de Dios. El cruzado en busca de los herejes, que ganaba cien batallas y rescataba a las princesas de las almenas».
Pero, dime: ¿Hubo amapolas en tu mirada? Es sólo una pregunta. «Desde aquel día tengo una predilección especial por las amapolas. Su color intenso, su forma de crecer sin ayuda de cultivo previo; su extraordinaria anarquía, las hacen especiales para mí. Creo que si su vida fuese más larga y su tallo más fuerte serían más preciadas que las rosas. Son como el amor, frágil, desordenado, bello, intenso, pero la mayoría de las veces fugaz, demasiado efímero. Tal vez ahí resida su encanto, aunque duela».
Es verdad, tantas veces, resulta que lo hermoso duele. Lo más amado hiere...Intuyo que sabes lo que hacen los amantes no correspondidos, aman aún más a quien es su perdición. No es que sea debilidad, es un aferrarse a lo único que se ha sentido verdaderamente vivo. Y también percibes que: «Para sobrevivir en esta sociedad deshumanizada que nos ha tocado vivir hay que aprender a esperar poco de los demás, a veces nada». Y que, cuando se consiguen algunas cosas, justo esas que tanto se habían deseado, descubres acaso con enfado o con tristeza que habría sido mejor no tenerlas.
A veces, ¿qué duda cabe?, las vidas de los demás nos parecen envidiables, pero no conocemos sus agonías, sus muertes cotidianas, esas que arrastran cada día por sus trabajos y sus hogares.
Y hay días con claroscuros, qué duda cabe, días con nubarrones en los que descubres que «Cuando los actos que realizamos no están libres de intereses, la vida se encarga de deshacerlos. Los vuelve en tu contra.» Si lo sabrás tú, y yo, y el otro, y el de más allá.
Pero, qué tiempos aquellos, en los que ahora somos mayores o de mediana edad y fuimos jóvenes, y recordamos con especial devoción instantes que fueron mágicos:
«Como única sujeción de sus cabellos, un lápiz rojo de carpintero. Los pies descalzos, las alpargatas blancas bajo la maleta de madera que, abierta, mostraba un puñado de lapiceros, carboncillos y varias tiras de tela y algodón. Algunas personas habían ido echando monedas en ella». Monedas para dar y recibir.
Y ahora sí, ya sé querida lectora o lector, lo que deseas. Que te siga contando... Pero hagamos algo mejor, sentémonos a la mesa, repartamos las cartas, juguemos. Ya sabes, si tienes el As de corazones... Acaso escuches hablar de secretos familiares, de temas prohibidos, de tabús, de amores poderosos que tocan el corazón o llegan hasta el cielo. Todo eso y más, porque el infierno, no tengas dudas, al menos aquí en la tierra, también existe. Sólo tienes que sentarte, y comenzar a leer por la primera página: As de corazones de Antonia Corrales. Luego, si al terminar la novela, entre los dedos de tus manos quedan, pétalos de rojas amapolas, no te extrañes. Juega, ya es tu turno.



Blog de la autora.

Enlace a la novela en Amazon.


En este blog también encontrarás la reseña de En un rincón del alma de Antonia Corrales

10 comentarios:

  1. Lo tengo en casa esperando, pero estoy segura de que Antonia J Corrales me volverá a conquistar

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  2. Excelente reseña, no queda más sino hacerse al texto y devorarlo con deseo, ansia y placer.

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    1. Gracias por tu visita, Jairo. Espero que te guste.
      Un abrazo.

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  3. la leeré me parece una novela interesante gracias por comentarla

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  4. Me ha gustado mucho la reseña, puesto que no es sólo una historia de amor...Los misterios, las intrigas, las cosas guardadas....como se comenta....Me ha gustado mucho...Gracias....

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    1. Saludos, María.
      Sin duda, te gustará.
      Gracias por tu visita y tu comentario.

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  5. Gracias, Pilar, ha sido una auténtica delicia leer la reseña que has hecho de mi obra. Me ha emocionado, me ha hecho sentir y he recordado cuando estaba en el proceso de escritura. Eres muy grande!!!

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    1. Gracias por tus palabras, Antonia.
      Un fuerte abrazo.

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