© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


sábado, 5 de abril de 2014

«LIMOSNAS PARA EL OLVIDO»


Por: Pilar Alberdi

Resulta sorprendente que ya Sócrates dijese en su época que era mejor no escribir libros (él, no los escribió) porque despertaban envidias. Incluso, opinaba y lo manifiesta en el Fedón, que hay ciertos temas que se les puede comentar a los amigos, en su caso a sus discípulos, pero no al resto de las personas. Pero no resulta sorprendente por el tema en sí, sino porque desde aquellos tiempos y seguramente desde anteriores épocas, algunas personas tenían un claro convencimiento de lo que sucedía. No extraña, pues, que los niños griegos portasen sobre sus cuerpos variados amuletos contra «el mal de ojo», esa mirada de otro que podía representar un mal deseo ni que la palabra envidia derive precisamente de «mirar mal». Hasta Cicerón, en tiempos ya romanos y de helenismo, se pregunta cuando comienza a publicar las que serían sus últimas obras, por qué algunas personas quieren que se aparte de la filosofía, cuando él ha encontrado en ella el conocimiento de los mejores, no en vano es un neoacadémico con influencias de los peripatéticos que mira con interés hacia Sócrates, Platón, Aristóteles y sus sucesores, al mismo tiempo que disfruta de otros autores como es el caso del rodio Gorgias; aquel que habló de la palabra, como de ese poderoso e invisible señor capaz de los mayores portentos como el de poner en movimiento al pueblo.
Pero no solo conocían bien la envidia y se cuidaban de ella, en la medida de sus posibilidades. Alguien dirá que con poco éxito, a fin de cuentas, Sócrates fue condenado a suicidarse y Cicerón fue asesinado. Pero no queda ahí el detalle de la muerte de Cicerón, no; su cabeza y la mano con la que escribía las expusieron al público. Alguien dirá que nunca faltará un Marco Antonio y es verdad, pero sería bueno recordar que tampoco faltará un Cicerón.
Aparte de la envidia conocían algo más: el desagradecimiento. Cuenta Diógenes Laercio, que siendo preguntado Aristóteles qué cosa envejecía pronto, contestó: «El beneficio que se dio», y en Ética a Nicómaco expuso: «al que hizo una buena obra, quédele su obra, porque lo bien hecho dura mucho tiempo, pero al que la recibió pásasele la utilidad». Como para completar aquel pensamiento, Séneca, unos años después escribe en De ira sobre lo que se encontrará al salir a la calle: «Me van a salir al paso muchos aficionados al vino, muchos entregados a los placeres de la carne, muchos desagradecidos, muchos ávaros, muchos sacudidos por los vicios de la ambición». Como Séneca es un estoico, convencido está que puede con todos, porque puede soportarlo todo. Al menos para eso se prepara cada día.
Es Cicerón quien cita esta frase de Hesíodo: «Que conviene pagar los beneficios en la misma moneda o en mejor si se puede». Y Kant, ya en el siglo XVIII escribirá que existe «una propensión a odiar a aquel a quien se está obligado para lo cual se ha de estar siempre preparado».
La verdad es que podría ir sumando algunas frases más, pues, tengo la costumbre de recoger en mis lecturas aquellas citas que me interesan sobre temas que llaman mi atención, más por temor a no recordar luego en cuál libro estaban que por verdadero olvido de su contenido que intento hacer mío. Aún así, citaré una más, son unos versos de Shakespeare, de su obra Troilo y Crésida (III, 3-11). Tienen el sello de su pluma y recogen un momento histórico que bien podría ser el nuestro, el de este momento, este instante. «El tiempo tiene, mi señor, un morral en su espalda/ Donde deposita limosnas para el olvido./ Inmenso monstruo de ingratitud./ Esas migajas son las buenas obras del pasado, que son devoradas./ Tan pronto como son realizadas, olvidadas apenas/ fueron hechas».



Derechos foto: Fotolia.

6 comentarios:

  1. Perfecto entrelazado de citas, pensamientos y formas de expresarse, con ese 'arma' tan escandalosa como mortífera para algunos que quieran escuchar: la palabra bien dicha o escrita, pues seguramente se verán reflejados en sus actos de la vida pública que son reprobables para los simples mortales que a veces pasamos de puntillas sin apenas hacer ruido.
    Gracias Pilar, un placer leerte, como siempre.

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  2. Muchas gracias, Javier. Somos el tiempo que pasa...
    Un abrazo.

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  3. Interesante artículo, Pilar. Parece que hemos evolucionado en los aspectos externos y aparentes y a pesar de tanto conocimiento en tecnologías y demás, la calidad humana no brilla, diría que apenas deja huella. Los grandes pensadores, siempre han acertado en sus mensajes, tenían bien "calado" al ser humano. De hecho, como mencionas, aquellas palabras de ayer, bien podrían servir en este momento. Todo es efímero y envejece pronto en la vida, pero Aristóteles lo tenía claro:"El beneficio que se dio"; ése, es olvidado al instante. Igual ayer que hoy.
    Me ha gustado mucho esa cita, porque realmente no hemos aprendido a ser agradecidos.
    Muy bellas y ciertas las palabras que mencionas de Shakespeare, "limosnas para el olvido...". Te diré, que me ha emocionada esta última lectura tuya, tan llena de sabiduría.
    Un abrazo.

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    1. Sí, parece que hemos evolucionado poco. Da cierta pena, sin duda. Pero emociona pensar que lo seguimos intentando, que creemos que podemos ser mejores, que hay -pese a toda evidencia- la posibilidad de una "humanitas" mejor.
      Ojalá sea así.
      Un abrazo.

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  4. Respuestas
    1. Buenos día, Nelly. Me has dejado pensando en la frase.
      Gracias por tu paso por este blog y por tus palabras.

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