© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

jueves, 2 de octubre de 2014

AVERROES: ÚLTIMAS HORAS EN MARRAKECH


Por: Pilar Alberdi

Me encuentro estos días estudiando la Historia de la filosofía medieval y renacentista. Es un encuentro positivo que me permite comprender el paso de la teología a la filosofía que debieron dar los llamados, primeros padres del cristianismo: san Agustin, san Anselmo, santo Tomás de Aquino... No son santos porque hubieran sufrido martirio sino porque así los considera la iglesia. Su mayor problema no fue explicar la existencia de Dios, para ello encontraron muchas razones, sino explicar las tres personas en una, es decir, la unión del Hijo, el Padre y el Espíritu Santo en una misma persona, lo que les obligó a filosofar, a debatir, a sumar reflexiones, y en este camino, con un encuentro inesperado con las obras de Aristóteles que volvían a Europa, de la mano de los filósofos musulmanes como Averroes (1126-1198), o el judío Maimónides, a los que bien podríamos llamar hoy y sentir como españoles ya que nacieron en la península y en ella vivieron en la ciudad de Córdoba. Estos conocían las obras del filósofo griego a través de copias manuscritas en árabe.
Aristóteles fue un gran clasificador, discípulo de Platón, no creía que la vida se extendiese más allá de la muerte a través del alma, o que hubiese algo más, creencia que sí estaba, y empapaba, la teología cristiana desde los tiempos en que Roma se convirtió al cristianismo. Pensemos que el termino Iglesia viene del griego Ekklesía (Asamblea) de la polis griega aunque también se consideran otras referencias.
Como digo, me encontraba yo en esta tarea cuando entre la bibliografía de que dispongo, accedo a un libro de 1919, titulado Averroes.Compendio de Metafísica, texto árabe con traducción y notas de Carlos Quirós Rodríguez. En las primeras páginas figura el nombre del censor y también el de responsable eclesiástico que autorizó la publicación. Se trata de una edición de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. (Libro que perteneció o pertenece a la Biblioteca Provincial de Córdoba, así lo dice el sello que figura en algunas de sus páginas, y que escaneado puede encontrarse en Internet).
El traductor de la citada obra menciona en la introducción unas palabras de Menéndez Pidal, tomadas del libro de Asín: Algazel:Dogmática, Moral, Ascética. Págs. 12 y 13, sobre la dificultad de encontrar obras que pudieran considerarse fieles a los textos de Averroes. Se queja en 1901,el filólogo, folclorista e historiador medievalista: «Había que buscar las principales obras de Avicena, Algazabel y Averroes en bárbaras interpretaciones latinas muy difíciles de encontrar ya, hechas sobre otras hebreas, que en su mayor número están inéditas». Continúa: «Lo que son esas traducciones latinas (calco grosero y servil de las palabras, no del sentido) sólo podemos decirlo los que por necesidad hemos tenido que manejarlas o consultarlas alguna vez. Parece increíble que Averroes, interpretado de esta forma haya podido ser el pasto intelectual predilecto de los libres pensadores de la Edad Media».
Averroes, hijo y nieto de jurisconsultos, también sirvió como cadí de los sultanes almohades, primero de Yúsuf y después de su sucesor Yacub Almansur. Durante este último período, Averroes sufrió la acusación de que sus obras se oponían a las creencias musulmanas y fue desterrado. Marchó a Lucena y tiempo después a Marrakech. Durante esta estancia le fueron devueltos los honores, y poco después falleció en esa misma ciudad, al pie del Atlas.
Creo que con lo anterior queda explicado un poco el contexto en que estas obras llegan a Europa y la utilidad que tuvieron pese a sus deficiencias y también quién fue Averroes. Pero lo que yo quiero contarles y para no extenderme en la teoría es una anécdota que viene en este libro. La historia la cuenta Abenarabi en su obra Revelaciones de la Meca. Era este, un místico murciano contemporáneo de Averroes, quien dice haber visto en Marrakech, primero el entierro de Averroes y tiempo después los preparativos para el traslado de sus restos con destino a Córdoba.
Como aclaración diré, que quien haya estado en Marruecos, o ha tenido la posibilidad de ver documentales o fotos, sabe de la necesidad de utilizar burros para el traslado de mercaderías, dada la estrechez de las callejuelas, especialmente en los barrios antiguos y en los zocos, donde no caben otro tipo de vehículos, salvo pequeños carros. Este dato es importante y ahora verán porqué.
Abenarabi relata que se encontraba entre varios conocidos viendo la preparación del traslado de Averroes sobre un burro. «Estaba yo allí parado, en compañía del alfaquí y del literato Ahalhasan Mohamed Bemchobair, secretario de Sid Abusaid (uno de los príncipes almohades) y de mis discípulo Abulhaquem Omar Benazarrach, el copista. Volviéndose éste hacia nosotros, dijo: “¿No os fijáis acaso en lo que le sirve de contrapeso al maestro Averroes en su vehículo? (Se refiere al burro y a las alforjas o cajas que llevase a los lados). A un lado va el maestro y al otro van sus obras, es decir, los libros que compuso”. A lo cual replicó Bemchobair: “¡No lo he de ver, hijo mío! ¡Claro que sí! ¡Bendita sea tu lengua!” Entonces yo tome nota de aquella frase de Abulhaquem, para que me sirviera de tema de meditación y de recordatorio. Ya no quedo más que yo de aquel grupo de amigos. ¡Dios los haya perdonado!, y dije para mis adentros: “A un lado va el maestro, y al otro van sus libros. Más dime: sus anhelos, ¿viéronse al fin cumplidos?”»
Averroes falleció un 10 de diciembre de 1198 y su obra aún perdura.



© De la foto:Fotolia

5 comentarios:

  1. Cuanta buena literatura nos han dado magníficos pensadores, escritores, filósofos y uno de ellos Averroes.
    Muchas gracias Pilar

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    1. Sí, Javier, cuánto se ha pensado. Es una maravilla. Una nunca acaba de sorprenderse.
      Un abrazo.

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  2. Un excelente artículo, Pilar. De cierta forma, nunca mejor dicho, el autor perdura a través de su obra a pesar de los siglos... Nunca leí ningún ensayo sobre su obra, la verdad, sólo recuerdo a mi padre nombrarlo en alguna ocasión, ya que era un enamorado del legado andalusí. Sí recuerdo haber leído sobre él en el libro de cuentos de Borges "El Aleph", y que volveré a releer.
    Siempre aprendemos con sus artículos, es muy gratificante y enriquecedor leerla.
    Que vaya bien. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Clarisa. ¡Qué bueno que a tu padre le gustase el legado andalusí! Cuando he visitado Marruecos, si vale la comparación, en los zocos de las ciudades se siente ese tiempo que pasó.
      Saludos.

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  3. Interesante artículo nos presentas, amiga. Tocas un tema de muchas aristas; pero, te detienes, inteligentemente, en una de ellas, sin pretender el todo. Me resulta de mucho merecer, cuanto dices.

    Abrazos

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