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LA HISTORIA DE UN CANGREJO ERMITAÑO

 

 

 Pilar Alberdi

 

Por si no lo sabes: todos somos como el cangrejo ermitaño. Joshua Waitzkin fue un campeón de ajedrez. Muy joven comenzó a ganar campeonatos y pronto comprendió que debía hacerse fuerte para superar la presión de ese tipo de eventos, primero a nivel regional, luego nacional y finalmente mundial.

En 1993 se rodó la película En busca de Bobby Fischer, un retrato de su vida profesional como jugador de ajedrez.

El joven ajedrecista sabía que todo influía en los resultados. Había campeonatos donde las fichas tenían un diseño diferente y eso podía distraerlo. Siempre podían surgir problemas durante el juego.

Fue campeón hasta que decidió dejar de serlo. Porque si eres un Maestro de ajedrez necesitas continuar demostrando que lo eres.

Comenzó una nueva etapa. Para relajarse empezó a practicar Tai Chi Chuan y al cabo de cinco años ya era campeón en tres categorías. Evidentemente, no podía dejar de competir. Después publicó el libro El arte del aprendizaje (2007) y en 2008 fundó El proyecto del arte del aprendizaje. Ambos ―el libro y la escuela― responden al concepto de que cada persona tiene un modo de aprender y se puede mejorar.

El acercamiento a la psicología le permitió analizarse. Pronto comprendió que «debemos aprender a estar en paz con la imperfección» y otra muy importante con respecto a la inteligencia, si de verdad progresamos en nuestra manera de ser, todos nos veremos obligados a comportarnos como el cangrejo ermitaño.

Como sabéis el cangrejo ermitaño cambia de caparazón a medida que avanza en su crecimiento. No quiere decir que siempre encuentre bellas caracolas, ni la más ajustada a sus dimensiones, pero si el cangrejo permaneciese cómodamente en su pequeña  caparazón se quedaría atrapado, por eso ha de procurarse otra más grande cada cierto tiempo.

Joshua Waitzkin dice que esto mismo ocurre con la inteligencia, por tanto, con las personas. Si te conformas con lo que sabes, no avanzarás. Si buscas nuevas oportunidades, crecerás. Para eso debes abandonar la feliz comodidad en la que te encuentras.

Muy pronto comprenderás que tus viejas concepciones no te permiten vivir en la caparazón que te cubre y que cada cierto tiempo deberás ponerte en movimiento para buscar otra nueva. A veces nos será fácil encontrarla, pero otras veces tendremos muchas dificultades. A veces ni siquiera sabremos que estamos buscando una nueva caparazón. Entonces nos haremos las típicas preguntas: ¿Quién soy? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Cómo quiero ser estos próximos años? ¿A dónde voy?

Sinceramente creo que esta historia de Joshua Waitzkin es bonita. Su libro es sencillo y de fácil lectura. Su ejemplo puede servir a muchas personas. Muchas circunstancias hicieron que él fuese un Maestro de ajedrez y otras muchas que lo dejase para emprender nuevos retos.

Yo no sé cada cuánto tiempo necesitáis cambiar de caparazón; en mi caso cada vez necesito menos. Es un tema de edad y experiencia. Pero sea cual sea vuestra historia os deseo un feliz encuentro con vuestra próxima caparazón, porque eso querrá decir que habéis superado una etapa para entrar en otra.

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