viernes, 2 de diciembre de 2022

LOS INMIGRANTES: ¿MOLESTAN?

 

 

Pilar Alberdi

 

La primera pregunta necesaria sobre este tema es: ¿por qué molestan tanto los inmigrantes? Y en tal caso: ¿cuáles de ellos?

Esto tiene una respuesta sencilla: molestan los musulmanes, no importa el país de origen del que provengan y los subsaharianos. (Hay un nombre para definirlo: «islamofobia»). Los primeros por su religión. Y los segundos especialmente por «racismo». Cabe decir, además que, entre estos últimos, muchos son musulmanes, algo que la mayoría ignora. Y en ambos casos, molestan por sus costumbres o lo que la gente, de manera generalizada y sin mayor conocimiento, interpreta como «sus costumbres».

¿A España solo llegan musulmanes y subsaharianos? De ningún modo. El resto llega como turistas en aviones como es el caso de los iberoamericanos; pero estos, evidentemente, no parecen molestar tanto, porque se supone, al menos aquí en España, que estamos reunidos por un pasado común, hablamos el mismo idioma, aunque sus rostros, muchas veces sean los de los indígenas de aquellas tierras y los de los afrodescendientes de esclavos. Además, entre estos grupos, hay algunos más favorecidos por razones de conveniencia política.

Pero volvamos al tema de los musulmanes. Se repiten en Redes sociales algunas consignas con intencionalidad. Se repite lo malo de algunos hechos, sin citar lo bueno de una comunidad pacífica. Quizá sea bueno recordar que no hace tanto, aviones de la OTAN bombardearon y destruyeron las vidas y los bienes de millones de personas en Oriente Medio: Irak, Libia, Siria. Cuando los grupos de personas en huida de ese infierno llegaron a las fronteras de Europa se encontraron de frente con alambradas de púas y golpes, mientras en sus tierras se robaba el petróleo. Todavía en el recuerdo podemos ver las imágenes de guardias marinos griegos dando golpizas a mujeres, niños y hombres que arribaban desesperados y en frágiles botes a las costas de Grecia. Y también podemos recordar los miles de chalecos salvavidas que quedaron abandonados sobre las playas, fruto de esos desesperados desplazamientos forzosos. Mientras tanto, mucha gente en Europa hizo negocio. Y hasta algún artista realizó sus obras con esos chalecos abandonados. ¿Por qué apenas se habla de los grandes campos de refugiados como el de Lesbos y otros?

Es hora de pensar, sí de reflexionar: las grandes tragedias humanitarias no se producen solas, ningún efecto se produce sin una causa.  ¿Cuántos de los que vieron las noticias televisivas de esos días sabían que Libia tenía un gobierno laico? ¿De dónde surgieron todos esos grupos terroristas, ahora, desaparecidos? ¿A qué intereses de qué país servían? ¿Cómo fueron creados y mantenidos? ¿Por qué hay épocas en que se los activa y otras no, según sean los planes geopolíticos de algunos países? No parece tan difícil ni extraño hacerse este tipo de preguntas, y además, la hemeroteca permite conocer las respuestas. O ¿acaso no recordamos que en la atacada Irak no había armas de destrucción masiva como se dijo en su día?

No hay una creencia religiosa mejor que otra. Esta pugna ya se vivió con las Guerras de religión en Europa. Las creencias religiosas son parte de culturas, las no creencias también. Cuando la mentalidad de la gente pasa por estas luchas solo estamos ante lo que los ilustrados definían como «idolatría» y, por supuesto, ante la «intolerancia».

En algunos países del norte de Europa se anuncia el próximo control del número de extranjeros que viven en los barrios. No podrán superar el 30%. Se señala con acritud que no se integran; que viven de ayudas oficiales. ¿Habrá que recordar que llegaron sin nada, fruto de incursiones violentas de terceros países en su territorio, que muchos son núcleos  familiares con niños pequeños o adolescentes, que primero tienen que aprender el idioma y probablemente necesiten una preparación específica para acceder a un puesto de trabajo?

¿Habría que recordar que Europa paga a diversos países (Turquía, Marruecos…) para que controlen esos flujos de personas? Que considera en este momento, y así lo ha manifestado en algunos documentos a los inmigrantes como una amenaza. Ya la sola utilización de la palabra «flujos», en el caso de «flujos migratorios» es como hablar de cosas, una palabra habitualmente relacionada con el agua o el gas. Llamémosles parias, desposeídos, víctimas. Demos a lo que sucede su verdadero nombre.

Siento que muchos de los que juzgan estos hechos no comprenden las situaciones por las que pasa un inmigrante, comenzando por el duelo de lo que ha dejado atrás; la falta de documentación; el abuso al que pueden ser sometidos en condiciones laborales ilegales; incluso la sorpresa fruto de su propia ignorancia sobre lo que le esperaba en el destierro, etcétera.

No, no son solo los blancos los que son racistas; la mayoría de la gente lo es. Esto también hay que decirlo.

Y luego hay esas otras comprensiones que hacen a la forma de entender el sentido de la vida y de la propia cultura. Y voy a poner un ejemplo, yo colaboro como voluntaria en una asociación que busca la mejor integración del migrante, en mi caso ―entre otras tareas― cumplo con la de ser profesora de las clases de español. En mis inicios en este desempeño busqué un profesor de árabe-marroquí, ya que la mayoría de los alumnos que tenía en ese momento eran marroquíes. Cuando llegó el momento de aplicarme en el aprendizaje de sus verbos comprobé que iba a recibir en principio la enseñanza de los siguientes verbos: «salir», «comer», «beber», «pararse», «comprar», verbos propios de las actividades sociales más básicas de una cultura, como corresponde a la vida en comunidad de los pequeños pueblos. Ahora preguntémonos cuáles son los principales verbos que nosotros enseñamos en español: «ser» (que ellos no tienen), «estar», y «tener». Tuve la sensación de que nuestros verbos más utilizados comparados con los suyos eran ostentosos, soberbios. Después les enseñamos otros que pensamos imprescindibles en su nueva vida como «trabajar» o  «vivir» (en) para que puedan explicar el lugar en el que residen, y así poco a poco vamos incluyendo los demás.

En suma: hemos olvidado lo que es ponerse en la piel del otro. No sabemos qué cosa sea eso; hay una carencia de sensibilidad exasperante. Hay una gran ignorancia tanto en España como en Europa en general de lo que supusieron en el pasado tanto los exilios por necesidad (grandes hambrunas) como por las grandes guerras y lo que significó aquello para tantos millones de personas.

En la nueva realidad europea, en esa confrontación Ruso-a-ucraniana que no nos beneficia aunque favorezca a otros, nos han explicado y lo hemos vivido que los inmigrantes ucranianos no molestan. Porque esto, también se enseña.

Es verdad: podemos conformarnos pensando: la vida es así, o podemos intentar sumar nuestra reflexión a esta terrible realidad porque, a fin de cuentas, un pensamiento puede ―si es expresado con valentía y sinceridad― abrir las mentes de otros.

 

 

 

2 comentarios:

  1. Excelente reflexión. Olvidamos que penamos todos hacia el mismo destino. Un abrazo.

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  2. Sí, para viajar en este gran barco se necesita: verdad, benevolencia (compasión) y tolerancia.

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