Pilar Alberdi
Ser mujer y creadora no es tan fácil… Y es algo que podemos deducir una vez más a partir de este intenso libro poético de Ada Christen. Nacida como Christiane Rosalía Friederick en Viena en 1839, y en difícil situación económica, ya que su familia salió perjudicada a consecuencia de la Revolución de 1848; a partir de ese momento, la vida de Ada, no fue nada fácil, como revelan estos poemas.
Forman el conjunto del libro un total de 66 poemas, divididos en cuatro partes, denominadas respectivamente: Con el corazón en la mano, Errancia, Casada, Nuevo amor, nuevo dolor.
En el primer apartado profundiza en el sentir filosófico y psicológico. ¿Cómo podría ella, que así lo quiere, entregar todo aquello que conmueve a su corazón si nadie acepta recibirlo? ¿Qué sucede cuando la persona se quiere elevar del espíritu medio, de esa medianía social a la que es forzada por su situación personal? ¿De qué modo se puede escapar a un destino que parece predeterminado, al menos, en su etapa más dura? La escritora es muy consciente de que si hubo un Paraíso, si alguna vez le perteneció o en su defecto ella a aquél, quedó perdido en relaciones personales superficiales, poco leales o efímeras. De tal modo que el amor, que es consuelo y afirmación de vida, también puede quedar rebajado con conversaciones vulgares, esperas no redimidas, orgullo improcedente, rechazo inmerecido, traición y dolor.
Los poemas reflejan un sentimiento profundo:
«De lo que una vez tuve
apenas me queda nada;
de mis dulces sueños,
de mi fe, mi esperanza y mi amor».
(Primera estrofa del poema VII)
En varios de estos poemas he sentido, quizá sea fruto y parte también de la excelente traducción, como un ramalazo de poesía oriental. Por ejemplo, en esta segunda estrofa del poema IX:
«Como antaño, me siento de nuevo
junto a la luz que se ha consumido.
Despierto, pero esperar
y llorar no puedo».
La queja, cuando existe, no encuentra eco, ninguna respuesta:
«Lloré por la primavera.
¡Qué necia!
Lloré por las flores
que se marchitaban y ajan.
¡Qué necia!
¿Quién llora por mi juventud?
¡¿Quién llora por mis sueños?!»
Ser mujer y creadora no es tan fácil… y más en su época. Lo más difícil: ser mujer en una situación de desamparo, soledad y pobreza.
En una estrofa del poema XVII comentará cómo, con qué dureza juzgan otros sus versos:
«”Tus versos no tienen la medida correcta”,
así es como quieren censurarme.
“Les falta fluidez y tersura”…
Y mil cosas más».
Si en el primer apartado del libro los poemas reflejan esencialmente un amor de trato desconsiderado por parte del amante, en la segunda hay una comprensión psicológica de sí misma. Reconoce la sutil diferencia entre comedia y tragedia. Acepta como realidad vivida la malquerencia, la gélida sonrisa de un amor no correspondido y la terrible diferencia entre clases sociales que levanta murallas entre los seres. Si no hubo Paraíso, lo vivido en el Infierno no se olvida fácilmente. Dirá en sus versos:
«¿Tu vida está vacía de alegría?
¡Bebe champán!
¿Está tu corazón anegado en la tristeza?
¡Bebe champán!»
Y si la gente se burla de ti, bebe champán e igualmente si ya no te quedan deseos ni lágrimas, sigue bebiendo champán. Y de ese modo sugiere: «los espíritus del champán» avanzan sobre los sentimientos y el cuerpo, dominando por entero el territorio de las vidas mancilladas, de eso que la buena sociedad llama una «vida malograda». Crítica severa, muchas veces asumida por mujeres que no se han visto jamás en ese tipo de situaciones ni en la necesidad de esas pobres jóvenes «pálidas y consumidas por el hambre» y el deseo de un hogar.
El tercer apartado está compuesto de poemas que hablan del matrimonio, de la realización de una vida en pareja. En este caso hay paz, armonía, seguridad, promesa de amor. Aquí no está el hombre anterior, el de la «sonrisa hiriente», que se aprovecha de los más desvalidos sino el que acude generoso al abrazo y la conmiseración.
Por último el cuarto apartado titulado Nuevo amor, nuevo dolor muestra el sentimiento aflictivo que embarga al inferior frente al superior, al débil ante el fuerte.
La obra es una llamada de atención sobre la vida de esas niñas, esas mujeres «malogradas», «perdidas», dañadas por la adversidad; las que aspiraron a ser como otras mujeres, y no siempre lo consiguieron.
Información contraportada:
Christiane Rosalia Friderik nació en Viena en 1839 (o en 1844, según las fuentes) en el seno de una familia burguesa que a consecuencia de la Revolución de 1848 quedó en la pobreza, lo que la llevó a dejar pronto los estudios para ganarse la vida como actriz. En 1862 viajó por el país con un grupo de teatro itinerante. En 1865, tras un matrimonio de corta duración, se separó de Siegmund von Neupauer y, enferma de tuberculosis, regresó a Viena. Casi sin recursos para subsistir y con el fin de ganar dinero, se dedicó a escribir poemas y narraciones. En 1873 contrajo matrimonio con Aldemar von Breden. En 1875 conoció a Marie von Ebner-Eschenbach y entabló amistad con Olga Wisinger-Florian. Ya como poeta de éxito, su salón se convirtió en un centro literario y cultural. Tras una larga enfermedad, falleció en 1901. Además de poemas y narraciones, publicó obras de teatro, entre las que cabe destacar el drama en cinco actos Faustina, una versión femenina de la figura de Fausto. A través de una fiel exposición de la sensualidad, la obra de Ada Christen supuso un escándalo al desenmascarar la hipocresía social, especialmente alrededor de la mujer. Lieder einer Verlorenen (Canciones de una perdida) se publicó por primera vez en 1868.
Ada Christen: Canciones de una perdida
Traducción de Roberto Vivero
Editorial Ápeiron

No hay comentarios:
Publicar un comentario
GRACIAS POR TU COMENTARIO.