Pilar Alberdi
El presente estudio sobre la obra de María Zambrano a cargo de las editoras Carmen Revilla, Rosa Ruis y Virginia Trueba, ha contado con las importantes contribuciones de Sira Bayot Ortiz, Antonio Castilla Cerezo, David Fernández Navas, Antoni Gonzalo Carbó, Elena Laurenzi, Carmen Pardo Salgado, Carla Recasens Vich, Rosa Rius Gatell, Goretti Ramírez, Antolín Sánchez Cuervo y Estefanía Tarantino. Todos filósofos de reconocida trayectoria en el ámbito académico español.
Como explica Carmen Revilla en la Presentación del libro: «Es un hecho que los escritos de María Zambrano tienen un atractivo que no deja de intensificarse. También lo es que el círculo de sus lectores se amplía paulatinamente y resulta cada vez más heterogéneo».
A partir de este momento, será mi intención ofrecer a continuación, un breve acercamiento a los aportes intelectuales de los participantes.
Sira Bayot Ortiz indaga sobre «las nociones de esperanza que ofrece la noción zambraniana de “logos sumergido”» comentado por la filósofa malagueña en su libro Notas de un método. Se trataría de «abrir la Razón, uniendo razón y piedad, Razón y sentir originario, Filosofía y poesía...», partiendo de un «logos encarnado». La investigadora también comenta —entre otras cuestiones—la importancia que para María Zambrano tenían «los ritmos fundamentales que rigen la naturaleza». Ritmos presentes en la persona, la escritura y la escucha. Ritmos que hacen posible la armonía de los contrarios, al que hay que sumar ese «logos espermático», creador, multipresente, dador de conocimiento y cultura a través de las generaciones.
Antonio Castilla Cerezo dedica su trabajo a «examinar algunos aspectos de la relación que, en el pensamiento de María Zambrano, mantienen las nociones de “tiempo” y de “escritura”», centrándose para ello en el «Prólogo a la segunda edición» de El hombre y lo divino.
David Fernández Navas ofrece «un análisis y comentario de un pequeño escrito de María Zambrano, “Una parábola árabe”, compuesto en 1964», donde la autora se abre a saberes correspondientes al sufismo, la tradición alquímica, la mística carmelita, e incluso la física cuántica».
Para Antoni Gonzalo Carbó «La filosofía zambraniana está inequívocamente fundada en las fuentes agnósticas y místicas. O dicho de otra manera: no hay conocimiento místico sin experiencia» y es aquí donde el pensamiento de María Zambrano apela a «ser vaso vacío» en la línea de pensamiento de Lao-Tsé, de San Agustín («vierte para ser llenado»), y de otros pensadores como el maestro Eckart o Simone Weil.
También analiza cómo utiliza la filósofa malagueña la pregunta retórica, asignándole unas veces un cambio de polaridades, de positiva a negativa o al contrario, y muchas veces aplicada en final de texto buscando subrayar una verdad en ciernes.
Elena Laurenzi invoca pasajes de María Zambrano donde esta considera a la piedad como «matriz originaria de la vida del sentir», sentimiento que también tiene que ver con lo religioso, en tanto religación, vínculo, unión amorosa que incluye pertenencia y ser para el otro o con el otro. Sus reflexiones se sustentan, además, en un diálogo con Max Sheler sobre la cuestión del «puesto que el hombre ocupa en el mundo».
Zambrano fue pionera en el desarrollo de una «antropología del nacimiento», que apela al reconocimiento del otro sin cuya aceptación al ser le sería imposible existir, porque el neonatus es, en pocas palabras, una criatura «nacida a medias, inacabada». Tal como nos recuerda Elena Laurenzi: «la reflexión ética y política de nuestra filosofa parte de esa condición ontológica» que precede al «ser» y lo fundamenta.
En el trabajo conjunto de Carmen Pardo Salgado y Carla Recasens Vich se incluye el tema de los «ritmos» en la obra de María Zambrano, para quien, el libro es «un ser viviente dotado de alma, de vibración, de peso, número, sonido. Un libro es una voz o una polifonía de voces que se ponen a contar y contar (...)». Sabemos que esto es así cuando podemos reconocer que un texto es de un determinado autor, cuando sentimos las cadencias que fluyen y determinan el discurso.
Dicen las autoras que «La escritura de María Zambrano no se organiza como un sistema cerrado, sino como una respiración constante. Sus frases avanzan y retroceden, se suspenden, vuelven sobre sí, se abren en claros y se recogen en sombras» y muestran como el propio pensamiento se mece, se nutre, es ritmo».
El artículo de Rosa Rius Gatell analiza «la interpretación que María Zambrano hizo de la tabla Santa Bárbara, atribuida a un seguidor del Maestro de Flémalle, y del lienzo La Tempesta de Giorgione» utilizando para ello, los textos que escribió y publicó sobre ambos temas.
Goretti Ramírez se plantea el análisis del Discurso de María Zambrano y en especial su utilización de la Retórica. ¿Qué uso hace de ella? ¿Cómo la aplica? ¿Con qué resultados? La filósofa lanza preguntas retóricas que no necesariamente buscan una respuesta del destinatario al que interpelan, en unos casos como si se tratara de un maestro o de una persona sabia, dando lugar así al traspaso de saberes y de reflexión. Encontrándose especialmente este tipo de preguntas en los textos de madurez de la autora: Claros del bosque (1977), De la Aurora (1986).
Antolín Sánchez Cuervo investiga la relación entre el libro de María Zambrano Horizonte del liberalismo (1939) y El sentido humanista del socialismo (1935) de Fernando de los Ríos. Facilitando información sobre instituciones de ese momento, como la Residencia de Señoritas o las Misiones pedagógicas, presentes en los años de formación de la filósofa.
Por su parte, Estefanía Tarantino se pregunta cómo sería considerar ese sentir desde «las entrañas», propio de María Zambrano, comparándolo con la «inteligencia artificial» actual, que puede ser transformadora, pero carente de experiencia humana propia, indiferente a ese saber de las «entrañas» y ajena a todo sentir humano. Porque así como hay un nacimiento de un ser en progresión (la criatura que llega a la vida solo «hecha a medias»), hay como dice la autora en este análisis una «inteligencia natural» que la constituye, de tal modo que «El pensamiento nace de lo que lo precede y lo excede, de esa zona subterránea en la que la vida palpita antes incluso de saberse a sí misma».
En resumen: un libro para leer con detenimiento, para acercarnos a la filosofía de María Zambrano, pero también al pensamiento de los filósofos actuales. Una bella edición, sin duda.
Palabras de Carmen Revilla en la contraportada:
«En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, cerrando el artículo sobre “La esperanza europea”, Zambrano nos hablaba del “cansancio de la lucidez y del amor a lo imposible y abandono del saber más peculiar del hombre europeo: el saber vivir en el fracaso”. Hoy, cuando la intolerancia al fracaso se agazapa en una filosofía, y quizás en la totalidad de una cultura pretenciosa y trivial, de un elitismo superfluo y una banalidad tosca, sobre la que el castigo de Babel, la incapacidad de entendernos, parece haber caído implacable, sus escritos sorprenden e interpelan, aportando lugares en los que detener la atención».
Ápeiron. Estudios de Filosofía
N.º 25 – Octubre 2026
Título: Leer hoy a María Zambrano
Editoras: Carmen Revilla, Rosa Rius, Virginia Trueba

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