© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

lunes, 25 de enero de 2010

CUADERNOS

Hace años que llevo unos cuadernos donde analizo a mi manera las obras literarias que voy leyendo. Algunas por curiosidad, por ejemplo, El Código Da Vinci de Dan Brown lo leí dos veces y pese a que lo analicé capítulo a capítulo, no le encontré el encanto que hallaron en esa obra tantas personas. Es más. Aún me pregunto: ¿cómo es posible?
Sin embargo, me compensan otras meditaciones. Adjetivos y adverbios: ¿sí o no? Al parecer los periodistas se inclinan por no utilizarlos, algunos escritores, entre ellos Stephen King también, el resto dudamos. Un artista de los adjetivos es Borges... «la vasta y vaga acumulación del pasado». Ahí es nada. Pero ¿qué habría hecho Edgar Alan Poe sin los adjetivos para describir sus ambientes de terror? Nada. Sin ellos sus relatos no serían lo que son.
Cuando releo estos cuadernos me sorprendo a mí misma. En la página 8 del segundo cuaderno, leo: «Me gustan por su calidad y síntesis esa especie de prólogo-resumen que utiliza para sus obras Mary Higgins Clark». Una página después estoy con Howard Philip Lovecraft. Se ve que este cuaderno iba todo de terror. Dice el autor en un artículo titulado «Algunas notas sobre la ficción interplanetaria»: «Una buena historia interplanetaria ha de tener personajes humanos realistas». Al pie veo una nota mía... «Es decir: que así sean robots o cualquier otro tipo de ser tiene que mostrarse y expresarse en términos humanos. Pero, me pregunto: ¿es que podríamos hacerlo de otro modo?».
No hago más que dar vuelta la página cuando me encuentro con Sthepen King y su obra La mitad oscura. Veo que me ha llamado la atención un par de renglones sobre una prostituta. «Las piernas dejaron de sostenerla y cayó de rodillas con un extraño donaire como una niña a punto de recibir la comunión». A continuación mi análisis... «Pienso que esa aclaración 'con un extraño donaire' resulta muy eficaz y es lo que inconscientemente nos recuerda la gracia, la fe, la creencia en el símbolo de la comunión más todas las asociaciones que cada cual porta en sí sobre ese tema. Ejemplo: «voy a recibir la comunión por primera vez, ¿qué pasa si mastico la ostia? Son las preguntas y las cuestiones que uno se plantearía o, al menos, que nos planteábamos los niños de nuestra época. Pero también podrían hacer los lectores del libro otra asociación con una felación por la posición que toma el personaje y por su condición de prostituta». ¡Hay que ver lo que da de sí una frase!
Veo que parte del resto del cuaderno lo he dedicado a temas de literatura infantil, y el resultado es bueno. Trasladaré alguna de esas notas por aquí más adelante.
Más allá de esas páginas dediqué un espacio a La Dama de las Camelias de Alejandro Dumas (hijo), obra que no había leído hasta 2008. Imperdonable. Me gusta esa frase del capítulo segundo: «Son de esos soles que se ponen como salen, sin brillo».
Al comienzo de esta nota hablé de adjetivos. Aquí van unos algunos ejemplos tomados de Gabriel García Márquez en El coronel no tiene quien le escriba: «respiración pedregosa», «hombre árido», «huesos sólidos», «hojas podridas», «bronces rotos» (por las campanas dando toques...). Esta obra es una de las que más me gusta del autor. Reconozco que me llaman la atención la estructura de ciertas oraciones que él forma en base a tres o cuatro sustantivos claves, y que yo no podría hacer porque no están dentro de mi forma de pensar. Voy a poner algún ejemplo: «el coronel experimentó la sensación de que nacían hongos y lirios venenosos en sus tripas».
También el 2008 fue el año de la lectura de La Cartuja de Parma de Sthendal. Escribí de ella: «Todo el tiempo el novelista nos recuerda que está ahí, que lo importante es él y esas maravillosas frases que dice y esperamos anhelantes de verlas aparecer cada cierto número de páginas. Ejemplo: `Si no te conviertes en un hipócrita, quizás llegues a ser un hombre', 'los pueblos adoptan las costumbres de sus dueños', 'la condesa advirtió que el desprecio había matado en ella al amor'.
El año 2009 fue el año de mis lecturas de Thomas Mann: el Doctor Faustus, La Montaña Mágica.
Durante estos años leí muchos libros de teoría literaria de diferentes géneros: novela, relato, dramaturgia, guión. Pero creo que todas las teorías podrían resumirse en la frase que Hitchcock contestó a Truffaut en una entrevista: «Lo esencial es conmover al público y la emoción nace de la manera de contar la historia, de la manera de yuxtaponer las secuencias». Se me dirá que habla de cine. Pero no, habla de literatura.

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