© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

domingo, 14 de febrero de 2010

PLAGIO, COPIA, PARECIDOS DE GÉNERO Y CREATIVIDAD

El otro día me preguntaba un joven conocido: -¿Quién copia?
Y la respuesta no tardó en llegar a mi mente: -Copian los mediocres -le contesté.
Por si le quedase alguna duda de lo que es un plagio, es decir el dolo o fraude que hace aparecer una obra original de otro autor como propia, lo remití a un excelente artículo escrito por don Pedro Virgilio Balbuena en la revista La Ventana Legal. Su título: El plagio como ilícito penal.
Y la dirección de la web donde puede leerse, es: www.ventanalegal.com/revista_ventanalegal/plagio_ilicito.htm
-Pero entonces... ¿Qué es copia? ¿Hay distinción entre copia y plagio -me consultó.
Le contesté rápidamente: -La copia incluye el plagio, el acto en sí de hacer desaparecer a un autor, de enterrarlo en vida, por decirlo de algún modo, de negarle sus derechos morales y patrimoniales. La copia que puede ser parcial o total, textual o semitextual (parafraseos) nos indica objetivamente que el plagio, es decir la intención y la práctica del dolo se ha llevado a cabo. Y para que sea de este modo ha de ser pública, es decir, la obra ha sido divulgada sin consentimiento.
Mi joven interlocutor aún tuvo una duda: -¿Y qué son -preguntó- los parecidos de género?
Un parecido de género sólo nos indicaría como situar la obra dentro de un grupo de obras. Las obras de misterio tienen por norma alguien que investiga un suceso, ya sea un detective, una inspectora como sería el caso de las obras de Ágatha Cristhie, mientras que en otros autores es uno de los personajes el que se convierte en investigador (Mary Higgins Clark). -De todos modos, preferí ponerle algún ejemplo y me remití a las obras de género fantástico y, en concreto, a las de la literatura infantil y juvenil-. Veamos -le dije-, en la obra de Lewis Carroll, su autor introduce al personaje de la niña en otros mundos imaginarios a través del nido de un conejo que está entre las raíces de un árbol y a través de un espejo que está en la casa donde habita Alicia. En Narnia de C. S. Lewis, el autor lleva a los niños a un mundo imaginario a través de un armario; y en Harry Potter, J. K. Rowling lo hace a través de la pared de una determinada zona del andén de una estación ferroviaria. Pero ahora, hagámonos la siguiente pregunta: ¿se parecen estas obras entre sí? La respuesta es no. Y es un «no» rotundo. Personajes diferentes, con caracteres, ambientes, aventuras, edades, tipo de relaciones disímiles. No se trata de la misma trama, ni de similares o idénticos personajes (caracteres), ni de los mismos escenarios, ni el tipo ni orden de las escenas y secuencias en que van sucediendo los hechos, ni de la forma expresiva (palabras que son como nudos en un cordón y que son características en una historia original, por ejemplo, «negritud, oscuro, moreno, oscuridad», etc. que se repiten y dan forma al ambiente en Moby Dick como señaló el propio Melville a través de uno de sus personajes, el padre Maple); ni la atmosfera es la misma, ni sea han dejado aquí y allá hilachas de la otra tela, es decir, del texto que burdamente se ha copiado. ¿Está claro? -pregunté por fin.
Mi joven amigo asintió. Evidentemente, era algo que podía entender hasta un niño. De todos modos, quise ponerle algún ejemplo más. En el Mago de Oz, la protagonista es llevada volando en una casita hacia el mundo imaginario donde se desarrollará la historia, y el tal mago de Oz, que no era tal y era un farsante, había caído por allí durante una travesía en un viaje en globo. En la reciente película Up, vemos como la casita de los protagonistas sustentada por cientos de globos vuela hacia ese remoto lugar que ocupó en la mente de un anciano y de su mujer ya fallecida, los mejores sueños de su niñez y juventud en que deseaban ser exploradores para descubrir territorios desconocidos. También los personajes de La vuelta al mundo en ochenta días de Julio Verne volaban en globo. Y la pregunta es: ¿son iguales esas historias? No. Y si añadimos a Mary Poppins la conocida obra de Pamela Travers, pues vemos que aunque ella vuela gracias a su paraguas, tampoco se parece. ¿Y si sumamos a Peter Pan, Campanilla y sus amigos? Ellos también vuelan y van al encuentro del mundo de los piratas y el cocodrilo que lleva un reloj dentro de su tripa. Pero resulta evidente que tampoco esas historias se parecen. ¿Podríamos decir acaso que porque Harry Potter utilice una varita mágica, una capa invisible y una escoba para volar es parecida a otras historias? No. En mi recuerdo no se parece a ningún cuento concreto de Las mil y una noches, ni a Cenicienta, ni a ningún cuento específico y popular de los recogidos por los hermanos Grimm, aunque en ellos haya brujas y capas que hacen invisibles a los personajes. Pero sumemos más. Si comparásemos el comienzo de Harry Potter y la piedra filosofal con el comienzo de Mary Poppins en donde en ambas se cita las calles donde viven los protagonistas, en una es «el número 4 de Privet Drive» y en la otra esa maravillosa «calle del Cerezo número 17», tampoco; ni siquiera añadiendo el inicio de El señor de los anillos donde también se cita el lugar, y se habla de ese malestar entre los miembros de las familias tan propio de Harry Potter. En la obra de Tolkien se dice que: el protagonista «se visitaba con sus parientes (excepto claro está), los Sacovilla Bolsón». Pues tampoco. Pero es más, ¿si volviésemos a sumar a Peter Pan en que también se cita de manera específica dónde viven? Tampoco se parecen. Es común a las obras infantiles o juveniles de ámbito anglosajón y europeo citar al inicio de las historias la calle y la casa donde viven los protagonistas. Muy común en Julio Verne, quien además de decirnos en dónde ocurre la historia también nos dice en un par de renglones el cuándo y el qué de lo que está pasando. Pero esto, ¿hace parecidas esas historias? No.
Pero que no me quede yo sin poner más ejemplos, por favor, que ejemplos sobran. ¿Afecta en algo que en la historia de Narnia aparezca una reina del frío, la Bruja Blanca, que es mala y es capaz de congelar el mundo, un Papá Noél, cervatillos y un trineo, un palacio de hielo, un profesor, figuras y personajes que han sido convertidos en hielo? ¿Basta eso para hacerla igual a otras historias? ¿Incluso que sea Navidad como en La canción de Navidad de Charles Dickens? No. Porque además, la Navidad como tiempo de recogimiento y cultura religiosa ha tenido un valor unido a la literatura desde los tiempos de los tiempos. ¿Y por qué no se parece? Los hechos se suceden de modo diferente, los personajes no son iguales ni hacen las mismas cosas, no temen la aparición de lo mismo, y la obra refleja los intereses de quien la creó. En la historia de Narnia, el autor se nos revela ya maduro y nos habla de sus creencias cristianas. En Alicia de Lewis Carroll, el autor critica las normas, reglas y castigos absurdos de la época victoriana. En El Mago de Oz, Frank Baum pretende contar una historia que haga felices a los niños. A ver, todavía puedo poner un ejemplo precioso, ¿en qué se parece el corazoncito de plomo de la Historia del soldadito de plomo de Andersen con la de corazón de plomo del Príncipe feliz de Oscar Wilde? Sólo se parecen en que hay un corazoncito, pero también hay pájaros de metal en cuentos populares, recordemos que también tenemos un muñeco de madera en el Pinocho de Collodi, y eso no es lo que hace original el cuento de Wilde, sino la historia, los hechos y cómo los cuenta. Lo que consigue Wilde, que además sabe apreciar el valor de los cuentos populares y también los del propio Andersen, es darnos un relato exquisito de una profundidad y sensibilidad notoria.
Otros ejemplos... ¿No se traga una ballena a Pinocho y Guepetto? También se traga a Jonás una ballena en la Biblia. ¿No hacen un fuego Pinocho y Guepetto en el interior de la ballena? Sí. Y también lo hacen los náufragos que entran en la ballena de uno de los Relatos Verídicos de Luciano. Y aunque es posible que algunos lectores desconozcan de dónde proceden esos parecidos, una gran parte no, porque conocen esas historias y a sus autores, con lo que saborean dos veces el placer de la lectura, y la historia y el escritor antiguo es recuperado gracias al nuevo. ¿O no son eso, los relatos que integran el maravilloso volumen de Las mil y una noches?
Al llegar a este punto del artículo me doy cuenta que surgen de este análisis otros muchos temas por debatir. Así que, continuaré otro día. No sin decir que es creativo aquel que se conoce a sí mismo, que busca conocerse día a día, que tiene intereses sociales, que ha leído mucho, que sabe que toda obra es reflejo indiscutible del autor y sus motivaciones, y que, por supuesto, respeta a los demás.
Miré a mi joven amigo. Había entendido. Y yo me alegré, porque hay cosas como dije antes, que hasta un niño puede entender.

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