© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


martes, 2 de marzo de 2010

EN HONOR DE LA ESCRITORA MARÍA DEL CARMEN FORMOSO LAPIDO

«La paloma vuela porque el aire le ofrece resistencia» Kant
He pasado unos minutos buscando un título para este artículo hasta dar con las palabras justas: «En honor de la verdad...» Pero como mi intención era hablar de una escritora, no me pareció completo el título hasta que escribí a continuación su nombre. Por tanto, el título es y merece repetirse: «En honor de la escritora María del Carmen Formoso Lapido».
La conocen ustedes por haber sido noticia estos meses. Tras largos años de un proceso en el que también ha intervenido el Tribunal Constitucional, la titular del Juzgado de Instrucción Número 2 de Barcelona, la jueza Eugenia Canal, ha aceptado a trámite la apertura de juicio oral de la causa que la escritora y su hijo, el abogado Jesús Díaz Formoso, interpusieron contra el escritor Camilo José Trulock y la Editorial Planeta en el año 1998, relacionado con la participación de la autora en el premio Planeta del año 1994 con la obra Carmen, Carmela, Carmiña y las similitudes halladas entre ésta y la obra ganadora La Cruz de San Andrés de Camilo José Cela. Teniendo además la autora, un Registro de Propiedad Intelectual previo al del libro ganador.
Al mirar atrás veo que por aquella época en que ocurrieron los hechos, yo era una joven escritora. Colaboraba con un medio periodístico de la ciudad donde vivía y con varios más de manera esporádica. También con un par de instituciones públicas. En el año 1995 publiqué en una pequeña editorial un libro de poesía: El Pórtico de la Luz. Buscando el juicio de los mejores lo envié a varios autores. Me contestaron Antonio Gala, Miguel Delibes, Pilar Cernuda, Fernando Díaz Plaja, Carlos Murciano y Camilo José Cela. La tarjeta de Cela, manuscrita de su puño y letra está fechada en Guadalajara el 6-IV-95. Acabo de citar la fecha tal y como el la escribió. La tarjeta dice: «Mi querida amiga, Gracias por sus bellos versos de El Pórtico de la Luz, cuya lectura tanto me ha deleitado. Un cordial saludo de su lector y amigo. Camilo José Cela»
Esas tarjetas y algún que otro reconocimiento fueron para mí durante aquellos años el referente de que estaba en el camino correcto, el que había elegido, el de la literatura.
Quien lleva tiempo en esto sabe que encontrará diez puertas cerradas por una... tan solo entreabierta. Lamento no recordar quién escribió la siguiente frase: «Cuando juzgamos un libro, el libro también nos juzga». Es así. No tengo dudas. Como lectores somos coautores. Por eso es difícil de entender este mundillo de las editoriales y las agencias literarias, e incluso de los premios literarios. Aunque es evidente que el marketing hace posible el milagro de que una cena o un almuerzo con unos pocos invitados y una autora o autor que estén en el candelero consigan publicidad a bajo costo.
Supongo que a esta altura de mi artículo cualquiera se estará preguntando por qué hablo de mi cuando en realidad quiero hablar de la escritora María del Carmen Formoso Lapido. Lo diré claramente, porque soy mujer y escritora y porque creo que puedo intuir en mi lucha su lucha; en su dedicación a la literatura, mi propia dedicación; en el afecto de su familia, el de la mía.
El plagio parece menos plagio cuando uno no se entera, por aquello que dice el refrán de que: «ojos que no ven, corázón que no siente». Pero cuando uno se entera, cuando compra el libro de otra persona en una librería y encuentra en sus páginas el suyo, el dolor es indescriptible. Es como si uno caminase confiado por una calle y en el lugar menos esperado, es decir, donde hay más gente, donde debería poder verse claramente quién y cómo lo hizo, uno recibe una puñalada de quien menos esperaba y, además, a plena luz del día. No se trata del furtivo que escapa en mitad de la noche. Del ladrón que saltó el muro para entrar en la casa. Sino de aquel que seguirá caminando a la luz del día. He ahí el desaliento. La tristeza. El desasosiego. Y se da el caso, incluso, de que alguno de estos libros plagiarios, llegan a estar dedicados a los propios hijos de los plagiadores. ¿Qué podrían pensar entonces los hijos de quien verdaderamente lo ha escrito? ¿Qué sentimientos pueden tener los hijos de la verdadera autora o autor?
Cuando una entra en Internet no encuentra ninguna palabra de la escritora María del Carmen Formoso Lapido contra nadie. En cambio se pueden leer cientos de párrafos de otras personas, muchas de ellas del ambiente literario, diciendo palabras de mal gusto, indignas en personas que pertenecen al ambiente cultural.
Desde esta sencilla columna de mi blog personal sólo puedo decir que porque alguien no sea muy conocido como escritor o escritora, y cuando digo muy conocido quiero decir simplemente que esté en el candelero, no puede ser juzgado desde una perspectiva literaria y menos aún cuando no se ha tenido acceso o no se conoce su obra como sucedió desde un principio con la obra Carmen, Carmela, Carmiña de María del Carmen Formoso Lapido. Por eso, se puede afirmar que nadie es peor escritor por ser menos conocido, ni mejor por el hecho de ser muy conocido. Sin ir más lejos, muchos de los que hoy consideramos grandes escritoras y escritores fueron ignorados en su tiempo; algunos de ellos tuvieron vidas muy breves; numerosos no publicaron en vida sus obras. A ellos, no se los juzga, nadie se atrevería a hacerlo de la forma tan grosera conque se ha hecho en esta ocasión.
La justicia y a veces la vida, que es tantas veces más justa que la justicia misma, nos va situando a cada uno en el lugar que nos corresponde.
Yo no sé si por esa razón, últimamente, tomo muy en cuenta la frase que dice «Uno no sabe lo que es estar en los zapatos de otro». Y es verdad. Yo no sé qué sentía Cela estando en sus zapatos, pero con todo el dolor que expresa por la boca del narrador en la obra La Cruz de San Andrés, me atrevería a decir como escritora y como psicóloga que se sentía hundido y humillado. A fin de cuentas, como dijo Ortega: «Uno es uno y sus circunstancias».
Bien, hasta aquí mis palabras.
El escrito del Proceso Judicial sobre este caso, y pienso que a todos los ciudadanos puede interesar, sobre todo a aquellos que participan en concursos literarios, puede verse en varios medios de Internet, entre ellos en: http://www.lavozdegalicia.es/
Por último me gustaría recomendar a los jóvenes escritores que registren siempre sus obras literarias antes de enviarlas a un concurso. Encontrarán dónde hacerlo en las principales ciudades a través de las sedes del Registro de la Propiedad Intelectual de España. El hecho de que su obra esté registrada, el proceso cuesta poco dinero, ya supone una garantía de protección de sus derechos.

1 comentario:

  1. En estos momentos estoy en el mismo caso que estuvo Carmen Formoso. Me gustaría ponerme en contacto con ella.

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