© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

miércoles, 5 de octubre de 2011

LA BANDERA INGLESA de Imre Kertész

Por: Pilar Alberdi

Con traducción de Adan Kovalsics. Editorial Acantilado.
El autor, nacido en 1924 en Budapest «fue deportado a Auschwitz y a Buchanwald. A su regreso, Imre Kertész, trabajó como periodista, escritor y traductor».
El libro se compone de tres narraciones breves: La bandera inglesa, El buscador de huellas, y El expediente.
Cuando leo a estos autores del Este, siento que su literatura está marcada por el ensayo, que sus análisis son éticos, que no les basta con contar una historia ni comentar lo que sienten, que la religiosidad toca sus vidas, que cuando nos hablan del momento histórico que les tocó vivir no escatiman su opinión: se sienten rodeados de una masa desagradable de gente dispuesta a dar un mordisco a otros en cualquier momento, y eso es lo que los rodea, el salvase quien pueda, una opresión constante manifestada en discursos manipulados por las necesidades políticas, racionamiento, opresión, delación. De esto es de lo que habla el primer cuento. Un mundo donde nadie puede sentirse seguro. Por eso el narrador de la historia tiene claro que, en gran medida, durante toda su vida, lo que lo salvó de los pensamientos de muerte, más que las banderitas patrias o que esa banderita inglesa que acaba de ver y que anticipa la liberación, fue la lectura, porque la lectura actuó como una segunda piel para distanciarse y, a la vez, para enfrentarse al mundo.
La prosa de esta narración, repetitiva, enumerativa, muestra encadenamientos constantes. Es como un espeso ovillo de lana en la que el pensamiento del escritor fuese la punta, una punta que está escondida entre los demás hilos, y está esperando que alguien tire de ella, y lo saque de allí, y le quite todo ese caos, esa congoja en la que el escritor está atrapado; ese peso y esa angustia. Pero no sucederá.

Si bien en ese primer cuento ya se hablaba de las responsabilidades de cada uno, en este, El buscador de huellas, resulta explicita la forma de llamar la atención sobre «la parte que cada uno tiene en la maldad». Hay aciertos narrativos plenos, definiciones que llaman la atención por su sencillez y por su eficacia, por ejemplo: «vio hundirse en un remolino los restos de una decisión». ¿Quién no ha visto, quién no ha sentido esa misma sensación? El narrador, desea dar testimonio, porque darlo es afirmar: yo viví, pasé por ésto: «aceptando, resignado, el ciego destino; aguantando con paciencia, contabilizando cada golpe, cada patada o empujón con sabia previsión y amarga rutina». La rutina del dolor, del caos, de la catástrofe, de lo que ya no tiene vuelta atrás...Y luego está esa pregunta clave que aparece en este cuento cuando se cuestiona si alguien puede ocuparse de sí mismo en ese momento trágico,la Segunda Guerra Mundial, y la conclusión es que todos están en eso, precisamente en eso, intentando ocuparse de sí mismos y no por ello se salvarán.

El tercer relato, El expediente, quizá por la posición que ocupa en el libro, permite ahondar más en los temas ya planteados. Llega a decir: «la moral en un mundo inmoral es inmoral». Quizá, por eso, el narrador nos habla de ciudadanos que son, sencillamente, «ciudadanos prisioneros» de lo que otros dictan.

En fin, lo dicho, un libro para leer y pensar...

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