© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


martes, 7 de febrero de 2012

UN PUESTO AVANZADO DEL PROGRESO de Josep Conrad



Reseña: Pilar Alberdi

La obra de Josep Conrad, Un puesto avanzado del progreso, que acaba de publicar Ediciones Traspiés cuenta con una sugerente portada y unas expresivas ilustraciones realizadas por Federico Villalobos.
Los protagonistas de esta obra son unos pocos personajes, pero todos ellos fundamentales. Los empleados de una compañía comercial, Kayerts y Carlier; el indígena que se hacía llamar Henry Price, a quien otros habitantes de la región llamaban, por el que fuera quizá su verdadero nombre, Makola. También aparece la esposa y los hijos de este hombre. Varios indígenas más y un jefe tribal de nombre Gobila.
Esta obra y El corazón en las tinieblas del mismo autor se refieren a los mismos temas: la llegada del hombre blanco y europeo a África. La excusa: el progreso; la realidad, el comercio y el afán de lucro. Si bien en El corazón de las tinieblas tenemos literatura en un alto grado, en Un puesto avanzado del progreso, el autor fue directo a la cuestión evitando la profusión de palabras innecesarias, casi como si se tratase de un trabajo periodístico de investigación. Esto es así, parece decirnos, y yo no puedo ocultarlo porque lo he visto con mis propios ojos. Aquí no hay un ser llamado Marlow que como parte de una compañía comercial nos cuenta cómo es la vida de un tal Kurz en la selva, ese lugar terrible donde «la maleza permanecía inmóvil, como una máscara pesada, como la puerta cerrada de una prisión». Pero la efectividad de Un puesto avanzado del progreso, la crudeza y la sinceridad con la que están presentados los hechos nos habla también del mejor Joseph Conrad, un buen observador del hombre, de sus ambiciones y sus mezquindades.
Kayerts y Carlier están orgullosos porque los han elegido, en una época difícil para encontrar un buen trabajo. El lugar al que los enviarán: una factoría en África, en realidad, un lugar ocupado por un par de chozas y poco más. Kayerts, se encuentra pletórico de alegría porque el director de la compañía lo ha nombrado «jefe», y mientras este se siente:«conmovido hasta el borde del llanto por la bondad del director» tanto que «le aseguró que intentaría dar lo mejor de sí mismo para justificar una confianza tan halagadora», el director que ya se marcha por el río, después de dejarlos allí, en medio de la nada, dice a su acompañante: «Mire a esos dos imbéciles. En casa tienen que haberse vuelto locos para enviarme semejantes especímenes (…) Siempre he pensado que la factoría de este río era inútil, y esos dos encajan perfectamente en ella». Por si no quedase suficientemente claro, el narrador añade: «Eran dos individuos completamente incapaces e insignificantes, cuya existencia sólo era posible dentro de la sofisticada organización de las muchedumbres civilizadas» (…) Pocos hombres son capaces de darse cuenta de que su vida, la esencia misma de su carácter, de sus capacidades y de sus audacias, son una mera expresión de su creencia en la seguridad de lo que les rodea». Pero África no es Europa, y pronto comprobarán que además de estar expuestos a la soledad, el desamparo y las enfermedades, su criado negro al que detestan, será la persona que a su manera les vaya solucionando los problemas. A veces con unas decisiones tan terribles, que a los blancos se les plantean cuestiones éticas de conciencia que para seguir sobreviviendo intentarán olvidar.
Ahí está el hombre blanco, sus abalorios, su ¿compra? de márfil, su desprecio al indígena, cuestiones éticas que Kayerts y Carlier no se plantean, porque forman parte de las creencias sociales de su época, las mismas que les han dado esos puestos de trabajo.
Cualquiera que lea este texto verá reflejado nuestro tiempo, y lo prescindibles que pueden volverse las personas una vez que se las ha utilizado.
Sin duda, una obra que no puede faltar en nuestra biblioteca. La edición con letra grande, y los excelentes dibujos, la hacen especialmente atractiva. Como bien dice Federico Villalobos, ilustrador pero también introductor y traductor del texto de Joseph Conrad: «Un puesto avanzado del progreso es, en gran medida, el resultado de una decepción (…) Y entre los muchos propósitos que la obra sostuvo fue el de la denuncia de una “filantropia enmascarada».
Les dejo a continuación el enlace a la página de la editorial y también a su blog.
Enlace a la página de Ediciones Traspiés
Blog de Ediciones Traspiés

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