© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

martes, 2 de octubre de 2012

EL MOMENTO IDEAL




Por: Pilar Alberdi


Hace poco tiempo encontré en mi biblioteca, un viejo libro titulado El arte de vivir. Contiene una selección de artículos del Reader Digest. La fecha de publicación 1966. Debí comprarlo algún domingo en El Rastro de Madrid, con el convencimiento de haber recuperado un tesoro, acaso una parte de mi infancia.
Supongo que resultará un poco extraño si les aseguro que mis lecturas infantiles incluían las revistas Reader Digest, Mecánica Popular y Life. Mis padres se fueron a la Argentina a mediados del siglo XX. Provenían de una cultura oral como era la vasca, y quizá por eso en casa no había muchos libros en español, pero el azar del destino quiso que alguien de la familia nos suscribiese a esas revistas.
Tantos años después que ya ni es necesario contarlos... Releer los artículos de este tomito de tapas verdes dedicado al arte de vivir me ha permitido comprender cómo están escritos los artículos. Hay en los temas que se desarrollan en estas páginas una enorme fuerza de voluntad para vivir. Se da valor al instante, al momento, a la decisión. Utilizan a modo de ejemplo las figuras de amigos, profesores, familiares. La religión, la ciencia, y, muy especialmente la psicología y la sociología hacen acto de presencia constante. Casi me atrevería a decirles: nada nuevo bajo el sol en los actuales libros de autoayuda. Pero si una lee de corrido el conjunto percibe un criterio común en la búsqueda de la claridad de conceptos y de síntesis. Siempre hay una intención, un porqué, un cómo para seguir adelante en la vida. Y creo que ahí radica su fuerza; no siempre lo son, pero intentan parecer convincentes y buscan llegar al mayor número posible de lectores con una gran economía de palabras.
Ese tipo de revistas fueron junto a fascículos de una enciclopedia que nunca llegamos a encuadernar, mis lecturas a los 10 años, y aún siguieron acompáñandome varios años después junto a tebeos y libros escolares.
De los Mecánica Popular aprendí la magia de convertir cualquier cosa en otra. Los coches podían flotar, las casas también. Se podía construir un pequeño cohete. Todo resultaba práctico, divertido. Las familias se querían; los adultos parecían felices y los niños también.
Fueron las fotos de la revista Life las que me enseñaron lo que vale una imagen. Nunca olvidaré a Jacqueline Kennedy vestida con un traje rosa intentando ayudar a un guardaespaldas a subir al coche en marcha en donde su marido se desangraba después del atentado que le costó la vida; ni la de las favelas de Río de Janeiro, donde infinidad de precarias viviendas en un intrincado puzzle caína en picado hacia la ciudad bajo la atenta mirada de un Cristo de cemento.
Como en Sudamérica la mayoría de las familias de ese tiempo oían la radio y no tenían televisores en sus hogares, la gente solía detenerse frente a las tiendas donde los vendían y se quedaban un rato frente a los cristales. Creo que así vi por primera vez la imagen de Los tres chiflados. Con sus imágenes en blanco y negro, aquellos aparatos con aspecto de mueble de salón permanecían encendidos día y noche intentando captar desde el interior de las tiendas a los nuevos compradores.
Entre las anécdotas que se cuentan en esta selección de artículos, dos jóvenes refieren sus respectivos encuentros con Einstein y con Kipling. En el primer caso, un joven de visita en la casa de unos conocidos está a punto de verse en la obligación de escuchar un concierto de música de cámara que emitirá la radio. De repente, observa que llega otra visita que toma asiento a su lado. Se sorprende al comprobar que es Einstein. Éste, después de saludarlo amablemente, le pregunta si le gusta la música que van a escuchar. El muchacho responde que no sabe apreciar la música. En ese momento, Einstein no lo duda, le dice que no tiene por que quedarse a escucharla, es más él también se marchará, y disculpándose con la dueña de la casa se lo lleva a la biblioteca. Una vez allí le pregunta si recuerda alguna canción de la niñez, alguna tonadilla infantil, y el muchacho recuerda una. Einstein le pide que la tararée. El joven lo hace. Después, Einstein busca entre los discos y encuentra la canción. Se la hace oír... Ve que el muchacho disfruta. Luego busca y saca más discos y le pone otra y otra melodía, y así sin que el muchacho se percate hacen un recorrido hasta la música de cámara que se oye, en ese mismo momento, en la radio del salón. Cuando salen de la biblioteca, el concierto ha terminado, pero el muchacho ya no volverá a decir que no tiene «oído musical» o que la música no le gusta, y Einstein, satisfecho, parece en ese instante el hombre más feliz del mundo.
El otro artículo relata el encuentro de un joven periodista con el escritor Rudyard Kipling, autor entre muchas otras obras narrativas de Tierras vírgenes, El libro de la selva, o de ese maravilloso poema titulado Si. Pues bien, para sorpresa de este joven que acude a la casa de Kipling, el autor le invita a realizar la entrevista no en el salón o en su despacho, sino en una pequeña barca de madera que hay en el estanque construido en el terreno que da a la espalda de la casa. Allí, un Kipling ya maduro y que peina canas, en un momento de la entrevista le dice que si desea algo en la vida, no espere a que llegue el momento ideal para conseguirlo, porque ese momento no existe; y casi en secreto le comenta cuál fue su deseo: comprarse un bergantín para surcar los mares. (De ahí la barca de madera y el estanque en el jardín).
No me digan que con artículos así no se ganan lectores.
Y ahora aprovecho para dejarles una versión en español del famoso y especial poema de Ruyard Kipling: Si.

Si

Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo odiado no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduría...
Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar escuchar la verdad que has dicho:
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas...
Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio,
y no dejar escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
excepto La Voluntad que les dice "¡Continuad!".
Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos,
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.


Nota: en la imagen que he tomado de Internet se ve la propiedad de Rudyard Kipling en donde se puede apreciar la casa y el estanque.

18 comentarios:

  1. Por lo que veo eras muy imaginativa de pequeña... ¡De ahí se nutren los escritores! Yo creo que por eso le sacabas tanto jugo a las lecturas... ¡Me encanta la foto! ¡Y la poesía!
    Deberías encuadernar las revistas, ¡es un gran recuerdo de tu niñez!
    ¡Y podrías contarnos cosas de Argentina! Olores, aromas, sensaciones, gustos... ¡Seguro que recuerdas cosas maravillosas de tu infancia!
    ¡Un beso Pilar!

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    1. Querida Pat, gracias por tus palabras. Esas revistas ya no existen... Hemos sido un poco trotamundos.
      Este verano a nuestros nietos de 4 y 6 años intenté enseñarles a jugar a las "payanas", que se juega con cinco pequeñas piedras.En esta ocasión las traje de la playa, pero en Argentina las conseguíamos en los locales en donde trabajaban el mármol. En los cubos en donde los trabajadores arrojaban los desperdicios, nosotros encontrábamos nuestros tesoros.
      Para la edad de estos pequeños, les parecía que yo hacía magia, al tirar la piedra a lo alto, sin perderla en su caída, mientras iba recogiendo las demás en la mano. Y yo... ¡me río tanto con ellos,no te imaginas cuánto! La infancia hace mágicos los pequeños momentos.
      Tengo cosas escritas, Pat. Otras ya llegarán.
      Un beso y gracias por tus palabras.

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  2. Gracias Pilar por compartir estas anécdotas... y de ser tan sincera. Muchos "intelectuales" no reconocerían públicamente que leían Reader Digest, Mecánica Popular y Life.

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    1. Yo lo reconozco y con alegría. ¿Cultura popular? Lo dije en "Escribir: quien lee a los autores clásicos griegos de teatro sabe qué sencillo escribían. Y que sea fácil de leer no quita lo profundo. También he disfrutado y lo sigo haciendo con los artículos de periódicos. Aquí, en España, en los medios que yo leo hay excelentes periodistas. He aprendido mucho de ellos.
      Y ¿los refranes populares? ¿Qué no cabe en ellos? Maravillosos, visuales.
      Un abrazo fuerte, Marlene.Gracias por pasar por aquí.

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  3. Yo llevo muchísimos años leyendo el Reader Digest, eso por lo menos tenemos en común.

    No me gusta especialmente Ruyard Kipling,sin embargo este poema si me ha gustado.

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  4. Tienes razón, Chary, este poema brilla con luz propia, y sólo pudo escribirlo una persona que llegó a tener una gran comprensión de sí misma y de los demás. Al buscar en Internet la foto de su casa con el deseo de encontrar una imagen en la que se viera el estanque en el que navegaba en la pequeña barca, también vi el rostro del autor en su madurez, y esta es la sensación que tuve: transmite paz. Esa paz que sólo puede dar la comprensión.
    Muchas gracias por tu lectura y por el comentario.

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  5. ¡Qué bonita entrada! Toda ella suena a poema.
    Besos

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  6. Vine aqui porque una amiga me recomendó tu entrada y la verdad es que no me arrepiento, por el contrario me ha gustado mucho. Readers Digest me ha fascinado desde hace muchos años y guardo en mi corazón muchas lecturas que me han inspirado.

    Bella poesía y hermosa foto.

    Un abrazo.

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    1. Gracias Guille por tu visita. Pasé por tu blog y quiero aprovechar para desearte lo mejor en este momento de tu vida.
      Un saludo.

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  7. gracias,Pilar, por tu estupendo blog, que ya también yo sigo. Qué bonito es el If de Kipling.
    saludos blogueros.

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    1. Muchas gracias, José Antonio. Es un poema maravilloso: emotivo, veraz. Es uno de esos textos a los que se vuelve muchas veces en la vida. Cuando uno está agotado, cuando tiene miedo de no seguir adelante, ahí está "If".
      Un abrazo.

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  8. Como todo lo que escribes, Pilar, es fácil de entender pues, tus sentimientos afloran en cada línea escrita, eso hace que todo nos llegue con una fluidez y encanto que no podamos dejar de leer cada una de esas líneas. ¡Gracias, muchas gracias por dejarnos en cada una de tus entradas partes muy importantes de ti misma! Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

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    1. Gracias a ti, Frank.A este blog le falta la música que tienes en el tuyo... Bella música para acompañar la poesía.
      Gracias por tu apoyo.

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  9. También de niña leía el Readers digest, era una ventana a mundos desconocidos que hacía volar la imaginación. Dos grandes hombres Einstein y Kipling que a través de las cosas más pequeñas,señalaban la grandeza del mundo que vivimos haciendo que enfoquemos la mirada en la belleza que amaban.

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    1. Carmen, una alegría tenerte por aquí.
      Un abrazo.

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  10. Pase por aquí por recomendación de Begoña y aquí me quedo.
    ¡Cuántos recuerdos de mi infancia me has traído con esta entrada!
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias, Di, por tu visita.
      Un abrazo.

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