© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

lunes, 8 de octubre de 2012

PAUL GAUGUIN: "HABLADURÍAS DE UN PINTAMONAS"



Por: Pilar Alberdi

Se inicia este bello librito de la editorial Casimiro con un texto de Octave Mirbeau titulado «Paul Gauguin», al que seguirá «Habladurías de un pintamonas», un alegato contra la crítica de la época, escrito por el pintor y que da título al libro.
El artículo de Mirbeau intenta explicarnos quién es el pintor a través de su biografía, de este modo conoceremos que fue hijo de la hija de Flora Tristán, «esa bella, ardiente, enérgica Flora Tristán, autora de muchos libros de socialismo y sobre arte» y que su padre falleció en una travesía por mar yendo de camino a Perú.
Mirbeau nos indica complacido que la infancia de Gauguin fue feliz, algo que dudo. Después nos dice que a los «dieciséis años se enrola como marinero» y de regreso trabajará en la Bolsa. Mirbeau comenta: «Ocurre que, para los espíritus elevados, y para quien sabe mirarla, la Bolsa evoca con fuerza el misterio del ser humano. Esconde un símbolo imponente y trágico. Parece que, por encima del revuelo enfurecido, del choque de pasiones vociferantes, de los gesto convulsos, de las inquietantes sombras, sobrevuela el pavor de su atávico y maldito rito». Es decir, pienso yo, el de las pérdidas y las ganancias, el de la prosperidad y la pobreza.
Al mismo tiempo surge con fuerza en el pintor el sentimiento artístico, el abandono del trabajo en la Bolsa para el que, sin duda, no estaba destinado un espíritu como el suyo, el fracaso familiar y un viaje de huida en busca del paraíso a la Martinica y, más tarde, el definitivo a Haiti.
Mirbeau con su excelente prosa alaba al artista y, a la vez, no duda en mostrar asombro ante sus cuadros: «Una obra extrañamente cerebral, apasionante, aún desigual, pero siempre desgarradora y soberbia, dolorida, pues para comprenderla, para sentir su fuerza, hay que haber conocido el dolor y la ironía del dolor, que es el umbral del misterio». Sí, aquí ya se acercó Mirbeau a la verdad, y será contundente al final del artículo: «Por aquí, pocas torturas le fueron ahorradas y grandes pesares lo alcanzaron».
El segundo texto, "Habladurías de una pintamonas", está escrito por Paul Gauguin. Su prosa es clara y directa. Sabe lo que tiene que decir y lo dice, con ese dolor ya convertido en ironía y también en distancia física y psíquica. Detesta la «crítica oficial», el uso profesional de la crítica como método de censura, como selección de lo que es aceptable para quienes dominan los medios periodísticos, los criterios de la época, la política, la moral, y los salones de exposición en donde a sus obras se les niega un sitio, igual que había ocurrido antes con los impresionistas. Abomina de esa crítica que señala injustamente quién ha de triunfar en el presente, la misma crítica que sentenciará a ser pobres a los que deberían poder vivir de su trabajo artístico y hace ricos a los artistas mediocres. Ser un genio, siempre tiene un precio: el de la negación y la envidia que, al cabo, no es más que admiración soterrada. Deplora a esos críticos que siempre buscan un padre artístico a los pintores, esos críticos literarios que no son ni tan siquiera pintores, pero a él no se lo encuentran, no lo consideran hijo de Miguel Ángel, ni de Rafael, ni de tantos otros a los que conoce bien. Ni tampoco le encuentran hijos suyos, porque ¿qué hijos podría dar una pintura como la suya? Por eso parece un grito cuando dice: «¡Padres!, tengo más que vosotros. Ser heredero de tantos padres... y ser tan pobre». Él sabe y lo afirma, que «El artista no nace hecho y derecho. Si logra añadir un eslabón a la cadena (de artistas o del arte) ya es mucho».
En las Islas Marquesas leerá las noticias de la prensa con varios meses de retraso. ¿Importa? Está en el mundo que ha elegido. Nadie lo censura. Vive su vida y pinta. Es libre. Ya no le importa la intromisión del Estado en el arte, ni las condecoraciones y pompas que aquel ofrece, ni las palabras aduladoras de los críticos... No los necesita. Dice con ironía: «Los reyes tienen sus tumbas en Saint-Denis y los pintores (aceptados) en el Museo de Louxemburgo». También a él le ha de llegar le tiempo de la aceptación, pero eso ocurrirá después de su muerte, hacia 1903. Cuando él veía, percibía un pintor original, lo consideraba «hijo de los lobos», porque a los demás, a todos los demás, les veía el collar que llevaban al cuello... También a Delacroix le negaron, y ahí están sus cuadros; también a los impresionistas, y ahí siguen sus maravillosos puntos de luz sobre los lienzos. Observo en una de las ilustraciones de este pequeño libro una playa pintada por Gauguin, su arena es rosa, y es tan bella, que ni siquiera nos alcanza a sorprender que tenga ese color. Hay un mundo pacífico en sus cuadros, quizá el mundo que deseo para sí.

Visiten la página de la editorial Casimiro.
Si desean saber algo más de la biografía de Paul Gauguin, sigan este enlace

Exposición de obras de Paul Gauguin hasta el mes de enero en el Museo Thyssen Bornesmiza de Madrid.

8 comentarios:

  1. Interesante la vida de Paul Gauguin, ¡jamás imaginé que trabajara en la bolsa! Pensaba que era un hombre bohemio, que vivía en un piso de Montmatre parecido a uno de sus cuadros (ahora no recuerdo el nombre)... ¡Gracias por ayudarme a conocer mejor al pintor! ¡Besos Pilar!

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    1. Muchas gracias a ti, Pat. Es verdad que tendemos a idealizar la vida de los artistas y escritores, pero la realidad nos muestra que en, gran medida, son como son gracias a las vidas difíciles que han tenido.
      Un abrazo.

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  2. He descubierto la obra de Paul Gauguin a través de una fabulosa biografía escrita por Vargas Llosa, de ahi en mas he procurado conocer su legado en el arte.

    Gracias por tu entrada.

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    1. Hola Guille, recuerdo el libro que comentas publicado aquí hace años. Siempre es emocionante acercarse a la vida y obra de artistas de esta talla.
      Un abrazo y muchas gracias por tu comentario.

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  3. Conocía la pintura de Gauguin pero desconocía que había escrito algo, aunque es muy normal que los artistas se muevan en diferentes campos: música, pintura, escritura... porque todo parte de tener una sensibilidad diferente de conocer el mundo. Me ha llamado la atención tu entrada por la portada del libro. La penúltima entrada de mi blog tiene como protagonista este cuadro, aunque no es exactamente el de Gauguin, sino una mala copia que hice yo en un momento en el que me apeteció probar con la pintura.

    Muy buena entrada, Pilar.

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    1. Muchas gracias, Mayte por tu opinión. Los pintores siempre han sido grandes intelectuales: escribía Miguel Ángel, lo hizo Leonardo Da Vinci, Van Gogh, Delacroix,el mismo Picasso, Dali... Si se hiciera una lista, nadie quedaría fuera. Muchos escribieron artículos en prensa a la que se puede sumar su correspondencia, otros: ensayos, cuentos, poemas...Siempre es un placer leerlos y, por supuesto, ver su pinturas

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  4. Estoy contigo en que la vida de Paul Gauguin no debió de ser nada feliz, pero creo que en las personas grandes de verdad existe una conciencia de vida, superior a la vida. Es decir, una capacidad innata para extraer lo bello, que siempre viene adjunto a una especie de felicidad; y creo que Gauguin, como muchos grandes artistas, la tenía.

    Creo que esa es la gran sorpresa del arte.
    Besos

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    1. Sí, yo también creo que es así. Hay un momento en que uno se encuentra a sí mismo, esta en paz pese a cualquier circunstancia y eso se transmite en las obras.
      Un abrazo, Bego. Gracias por tu opinión.

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