© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


sábado, 26 de enero de 2013

DOS CUENTOS ESPECIALES


Por: Pilar Alberdi

¿Quién escribiría hoy entre nosotros, gente de ciudad, un cuento sobre una vaca? ¿Quién podría hacer de esa historia una obra maestra?
Conozco, por lo menos, dos cuentos entre los mejores que recuerdo, cuyas protagonistas son dos vacas.
Es probable que el primer cuento que voy a citar lo conozca la mayoría de ustedes: ¡Adiós, Cordera! de Leopoldo Alas «Clarín». El título ya nos habla de sacrificio y también de un alma simple.
Son cuatro los personajes que llevan adelante la historia: el padre de dos hermanos gemelos, Pinin y Rosa, y la Cordera. Los tres últimos siempre andan juntos, y de ellos, la más formal es la vaca. «Era una vaca que había vivido mucho. Sentada horas y horas, pues, experta en pastos, sabía aprovechar el tiempo, meditaba más que comía, gozaba del placer de vivir en paz, bajo el cielo gris y tan querido de su tierra».
Mañanas y tardes en los prados, Rosa y Pinin, los hijos de Antón de Chinta, y la vaca Cordera. La paz de aquellos días sólo los perturbó la llegada del ferrocarril.
El autor nos dice cuántos sacrificios y ahorros supuso la compra de la vaca y cómo la mujer de Antón, la madre de los niños, aquella «musa de la economía en aquel hogar miserable, había muerto mirando a la vaca por un boquete del destrozado tabique de ramaje» que separaba la humilde vivienda del establo.
Y llegó el aciago día en que el padre, a causa de la miseria, llevó la vaca al mercado pero no logró venderla y regresó con ella a la casa. «No se dirá ―pensaba― que yo no quiero vender: son ellos que no me pagan la Cordera en lo que vale» (…) «Ella sería una bestia pero sus hijos no tenían otra madre ni otra abuela». Y él, lo sabía. El día que la vieron partir los niños pensaron que el padre había llevado la vaca al toro, como otras veces. Y su regreso les confirmó en su idea, pero pocos días después y acosado por la necesidad, el padre bajo el precio de venta y consiguió comprador para la vaca. Cuando los niños lo supieron sucedió que mientras ella, ignorante de su suerte, «descansaba y pacía como siempre», los niños «miraban con rencor los trenes que pasaban, los alambres, el telégrafo»... Al final se la llevaron y los niños escucharon «la esquila, perdiéndose su lamento triste, resignado, entre los demás sonidos de la noche de julio en la aldea...»
Al día siguiente el prado estaba solitario, ya no estaba la Cordera,. A lo lejos se acercaba el tren y al pasar cerca de ellos, los niños vieron «En un furgón cerrado, en unas estrechas ventanas altas o respiraderos, vislumbraron los hermanos gemelos, cabezas de vacas que, pasmadas, miraban por aquellos tragaluces».
Entonces gritaron: «¡Adiós, Cordera!» mientras corrían hacia ella por el prado; hacia «su compañera de tantas soledades, de tantas ternuras silenciosas», esa alma buena que pronto iba ser convertida en «manjares para ricos glotones...».
Pero la historia no termina aquí, pasa el tiempo y llega el día en que Pinin es llamado a filas, y Rosa otra vez en el prado ve a los quintos, entre ellos a su hermano en el tren que los llevará al matadero de la guerra creada por los intereses de unos pocos.

El otro cuento que quiero comentarles es del escritor irlandés Liam O'Flaherty con traducción de Antonio Rivero Taravillo. Se titula: La vaca.
La situación en el relato es la siguiente: una vaca acaba de parir y su ternero nace muerto. Para los pobres campesinos este resultado es una desgracia, pero la mujer siente piedad por la vaca que intenta poner en pie al ternero, y acompaña los mugidos de desesperación del animal, así como por los dolores del parto con una lágrima y hasta le prepara después una especie de papilla para que recobre las fuerzas.
El problema que se le presenta a la pareja de campesinos es cómo quitarle el ternero muerto. Además, su peso es un inconveniente para el traslado. Para ello llevan a la vaca al prado. Después voltean un par de alambradas para pasar por encima al ternero al que, finalmente, arrojan por el acantilado.
Cuando la vaca se da cuenta sigue su olor, lo busca desesperada por la orilla del acantilado hasta donde el rastro se pierde y, al mirar abajo, ve al ternero caído sobre una roca. Se queda quieta un momento y poco después lanza un mugido a lo alto. De repente, la marea que avanza impetuosa, amenaza al ternero. Ella vuelve a mugir desesperada y como no obtiene respuesta y el mar en ese instante barre al ternero de la roca y lo pone en movimiento sobre las olas, ella sin dudarlo se lanza en su busca.
Son dos cuentos impresionantes, admirables, el primero tendrá en DN4 unas diez páginas y el segundo poco más de tres.


Foto: derechos adquiridos en Fotolia. En la imagen, el tipo de vaca asturiana es como la ”Cordera”. Vean esa especie de flequillo que llevan en lo alto de la cabeza.

4 comentarios:

  1. Dos cuentos impresionantes por la carga sentimental que conllevan y el mensaje, tan duro como tierno, que transmiten. Gracias por conducirnos hacia estas dos narraciones que se merecen ser leídas y pensadas. Un abrazo.

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  2. Un abrazo para ti también, María. Son de esos cuentos que se terminan con la vista nublada y de los que se puede aprender mucho, literaria y humanamente.
    Gracias por tu visita.

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  3. Sólo conocía el primero y ya casi no lo recordaba, aunque me costó, alguna lágrima en las lecturas infantiles.
    En mi casa también había vacas y tenían nombre y para mis hermanas y yo eran casi también de la familia.
    Gracias por estos recuerdos Pilar.

    Un saludo.

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    1. Muchas gracias a ti. Un placer conocerte. De niña viví un tiempo en Euzkadi y recuerdo el espacio que ocupaba el ganado en los caseríos que visité. Hoy no nos damos cuenta del valor económico y de sustento familiar que podía ofrecer una vaca o un caballo o unos bueyes que pudiesen tirar de un carro. Eso, aunque también tuvieran otros espacios para animales de granja más pequeños.
      En fin, vida y muerte se entrecruzan y en medio ¿cómo mantener relaciones de afecto con los animales? Este tema está planteado numerosas veces en la literatura.Es triste que todo tenga que ser así. Al menos, a mí me lo parece. Considero "¡Adiós Cordera, adiós!" uno de los mejores cuentos que siempre releeo.
      Saludos y un abrazo. Gracias por pasar por aquí y dejarnos tus palabras.

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