© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


jueves, 31 de enero de 2013

EL ERMITAÑO DE LA CALLE 69


Por: Pilar Alberdi

No tenía esta obra de Jerzy Kosinski. La adquirí de manera casual la semana pasada. Me costó 50 céntimos de euro. Me pregunto por qué digo esto, y creo que tengo la respuesta: porque el valor de una obra nunca es económico, ni a la baja ni al alza, ni lo es su popularidad o la carencia de esta. El único valor posible es el de la unión del autor con el lector para dar forma a la obra.
Dice la contraportada:«El ermitaño de la calle 69 es un escritor muy semejante al propio Kosinski, que recuerda su vida con humor y sin olvidar las muchas dificultades que ha superado. Además de sus vivencias, abundan las citas literarias y las referencias a la cultura judía. Un libro extrañamente conmovedor». Añado mi versión. Conmovedor sí, pero porque deja un gusto amargo. Sólo hay dolor, mucho dolor, y conciencia de lo que son la vida y las personas.
Aunque aparentemente se vendió como una novela, El ermitaño de la calle 69 es una mezcla entre narrativa y ensayo. Más,este último. Un juego, además, metaliterario, en donde extractos de otras obras están al servicio de esta, y le sirven para acercarse a temas como el del holocausto judío, la actitud de algunos jerarcas nazis; el cuerpo y sus necesidades (alimenticias, sexuales, afectivas...); el poder y la humillación; la tarea de ser un hombre y, a la vez, un escritor. Al margen de otras cuestiones como, por ejemplo, quién fue el protagonista, personaje y al mismo tiempo alter ego del autor, y quién le habría gustado ser.
Para aquellos lectores que desconozcan a Jerzy Kosinski, paso a comentarles que es el autor de la obra Estar ahí (1971) que se estrenó como película con el título de Bienvenido, Mr. Chance y de la que el propio autor fue guionista. También lo es de otras novelas: El pájaro pintado (1965), Pasos (1968), El árbol del diablo (1973) y Cabina (1975).
Personalmente siento un reconocimiento especial para Estar ahí que en Hispanoamérica se presentó con el título de El jardinero y en España como Desde el jardín. Se trata de una narrativa suave, pausada. Una novela inolvidable que retrata el mundo de las apariencias, la posibilidad de los equívocos, la de la fama y la del mundo como representación. Y, si en algún momento parece una parodia, nada más es más ajeno a su profunda intención.
Tras leer las primeras páginas de esa novela, nunca logré imaginar esa casa y ese jardín lejos de un contexto francés o inglés, aunque siempre tuve claro que se refería al ámbito residencial del escritor, los Estados Unidos de Norte América al que se alude.
Por el contrario, El ermitaño de la calle 69, la última obra publicada del escritor, es una vuelta de tuerca más sobre aquel Estar ahí. (Realmente ese título es más importante a nivel simbólico que el otro u otros que se le dio después). Aquí la pregunta es: ¿valió la pena «estar ahí»? Y a continuación hallamos una reflexión sobre esa pregunta y sus posibles respuestas. ¿Hablamos de casualidades o de causalidades? ¿Podíamos haber sido otro? ¿Qué es vivir?
Entre las páginas de este libro encontré un recorte de periódico. La fecha, probablemente 1998. Era del mismo diario (El Mundo) que lo ofreció a la venta. La crónica está firmada por Roger Wolfe. Me entero por este, de algún dato que desconocía: Kosinski sufrió la perdida del habla en su niñez y fue uno de los muchos niños que sobrevivió a la guerra, solo, alejado de sus padres con quien volvió a reencontrarse dos años más tarde del final de la Segunda Guerra Mundial,después de haber pasado, ¿cuántas?, intento imaginar, experiencias traumáticas que como hemos dicho hasta le impidieron hablar por un período determinado de tiempo. Sobrevivió, es verdad. Pero ¿hasta dónde murió por dentro?
Después llegó su viaje a USA, los estudios universitarios, la creación literaria, el reconocimiento y los premios. También los comentarios que lo acusaban de plagio. Al final de su vida, con 57 años, y tras conocer el éxito, nunca pleno, jamás enteramente suyo, ¿qué éxito se puede sentir, además, cuando se ha perdido a toda la familia, salvo a sus padres, en los Campos de concentración nazis?, llega la amenaza de la vejez y la enfermedad, y esa sensación de que ya no se tiene nada que decir... y el suicidio parece la mejor opción.
Si cuando leí El jardinero , yo todavía era una adolescente que percibió que aquel escritor había retratado la vida tal como yo la sentía; ahora, al hacer mía esta lectura de El ermitaño de la calle 69 he tocado la oscuridad del hombre que produjo aquella obra.
No recuerdo haber visto citado a Schopenhauer en estas páginas, pero los pensamientos del filósofo alemán, escritos cuando contaba ya 71 años, y que denominó El mundo como representación y voluntad perviven en la misma y nos hablan de la mínima voluntad y representación de cada ser, inmersa en una mayor, universal, en la que el cuerpo, el nuestro, ocupa un lugar principal, y con él, todo lo que el sujeto de la experiencia siente y transmite.
El personaje principal de esta historia es un escritor de nombre Norbert Kosky, que como Jerzy Kosinski, vive en ese momento en la calle 69 en Manhattan (Nueva York) y compra sus revistas preferidas en un quiosco cercano a su domicilio.
Como dice una de las citas de la última página: «Este libro es una descripción de lo que es, hasta la medida en que el autor es consciente, como en un hobby». (William James Sidis) Si lo primera parte de la cita nos habla de aquello que somos capaces de conocer de nosotros mismos, la segunda se refiere a la idea de juego, de colección ¿de recuerdos, de vivencias, dudas...?, en donde se transmite esa confesión que intuíamos, la de que ya no hay nada más que contar, que acaso nada merezca ser contado y que se ha llegado al punto y final, por una sencilla razón: porque se está cansado o porque como indica el autor «El Yo no es inagotable».
Por supuesto, no es una obra para cualquier lector, sino para uno que haya leído alguna o todas las obras de Jerzy Kosinski, y que esté interesado por ellas y por los juegos literarios con los que el autor, una y otra vez, intenta en esta obra en concreto, ocultar y desvelar su biografía.


Nota:
Algunos de los autores que se citan en El ermitaño de la calle 69, son: Albert Einstein, Bernard Grun, Werner Stein, Solojov, Dostoievski, Conrad, Karol Irzykowski, Saint-Beauve, John Stuart Mill, Engels, Thomas Wolfe, Bernard Malamud, F. Scott Fitzgerald, Leo Rosten, Nabokov, Lenin, Turguéniev, Jay Kay, Edith Warthon, Jan Szczepanski, Lewis Carroll, J. H. Kellog, Curzio Malaparte Baudelaire, Lynn Shaver, Freud, Hardy, Jacob Emden, Dan Davies, Israel Kosky, Otto Weinninger, Billy Graham, Juan Pablo II (Karol Wojtyla), Abraham Joshua Heschel, Joseph Adler, Stefan Szuman, Eugenio Oneguin, Sartre, Stefan Zweig, Niels Bohr, Antonio J. Onieva, Albert Ellis, Edmond de Goncourt, Michel Foucault, Jacques Monod, Petronius, Sholem Asch, Arthur Koestler, Mark Twain; con citas indirectas, entre otros, a Aristóteles, Maimonides, Copérnico, Cagliostro, Sabbatai Sevi, Romain Gari, Marek Hlasko. Revistas: Hatha Yoga Pradipika, New Speak Magazine, Hot Air Corsair, The uncut men's magazine, Knickbocker magazine, Fraser's magazine Medicine Digest. Programa de televisión: World Headline Making del Canal 6. Periódicos: New York Herald Tribune, The Los Ángeles Transit; Obras: Talmud, Biblia, Tantra...


Enlaces que pueden resultar de interés:

Noticia del suicidio en Nueva York del novelista Jerzy Kosinski

Película Desde el jardín

Pasos de Jerzy Kosinski

El pájaro pintado y libros sobre el holocausto judío.

1 comentario:

  1. Acabo de leer "El ermitaño de la calle 69" y confieso que la he encontrado tremendamente oscura, a veces irreal, casi onírica pero de un ensueño fruto de la pesadilla vivida en el pasado. No obstante, es la primera obra que leo de Kosinski y quizá debería haber comenzado por otras de las que citas. En cualquier caso, andaré el camino al revés. ME ha gustaod mucho encontrar tu reseña. Saludos.

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