© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


sábado, 12 de enero de 2013

IDEAS PARA ESCRIBIR...


Por: Pilar Alberdi

Cuando los hijos ya se encuentran atrapados en sus tareas, los nietos ocupados con sus estudios, y la Navidad ya apagó sus luces de fiesta y regocijo hasta el próximo mes de diciembre, es hora de volver a la creación literaria.
Tiempo de invierno. Aunque decir esto en Málaga, y más en este año de escasas lluvias, aunque no nos han faltado en otoño algunas inundaciones que han causado graves daños, bien parece un despropósito, pero lo que quería expresar es que este es el tiempo de volver al ensimismamiento de la tarea literaria, también a los paseos por la playa para ver amanecer y para recrear la mirada en el fuego del hogar cuando arrecien las tardes más frías.
Bien es verdad que ya no tengo a Luna, mi gran compañera, la que olisqueaba las flores de margaritas y seguía el vuelo de las mariposas, pero nos queda Kitt, un perro tan bueno como ella, con unos ojos negros enormes, el pelo claro, y una vitalidad que, aunque empieza a decaer, no representa la edad que tiene: once años.
Es, por tanto, este suave invierno mediterráneo un tiempo para ordenar papeles, revisar obras, y poner en marcha nuevos proyectos.
Sonreía ayer cuando encontré, ¡hay qué ver esta costumbre mía de guardar notas que no he perdido con los años!, algunas opiniones de escritores que intentaban explicar cómo habían surgido sus obras.
La cuestión se podría resumir en cómo aparecen las ideas para escribir los textos, pero muchas veces, los propios autores no saben explicarlo. Hay un tema que les preocupa, uno o más personajes que intuyen y a los que quieren darles forma... pero sus palabras no van más allá.
Voy a poner algunos ejemplos.
Nathaniel Hawthorne (1804-1864), el autor de La letra escarlata, si no han leído esta novela se las recomiendo, escribió unas notas muy interesantes que luego se publicaron en 1835 con el título Cuadernos americanos. En ellos apuntaba las ideas para escribir sus obras. Los párrafos comenzaban con frases como las que siguen: «Idea para un relato...», «Hacer el retrato de...», «La historia de un personaje que...», «Desarrollar...», «Mostrar más...» Y sobre estas ideas generales iba a dar a luz sus obras.
Louis Stevenson (1850-1894), el autor entre otras obras de La isla del tesoro, El extraño caso del Dr Jeckyll y Mr Hyde, Flecha Negra o El diablo de la botella, afirmaba que en esa búsqueda de ideas muchas iban a resultar vanas y lo definía de este modo: «Felizmente, todos disparamos a la luna con flechas que resultan ineficaces». A Louis Stevenson le preocupaban estas cuestiones y analizaba las obras de otros escritores, lo sabemos por sus testimonios. Por eso me gustaría traer aquí una afirmación suya sobre las lecturas que hizo de los textos de Shakespeare, escribió: «con la única excepción de Falstaff, todos los personajes masculinos de Shakespeare son, por decirlo así, de los que se casan». También confesó con total sinceridad que el mapa de su Isla del Tesoro fue idea de su padre, quien también lo dibujó para la primera edición. Y aquí se refleja esa otra parte de la vida de los escritores en las que personas de su entorno participan con sus opiniones y ayudan a definir la un camino y acaso una obra.
Otro escritor al que quiero referirme es Graham Greene (1904-1991). De este siempre me ha interesado su prosa serena y sencilla. En su obra En busca de un personaje, se preguntaba en sus notas para la novela El tercer hombre con qué contaba para comenzar la narración. Y lo explicó así: «Cuanto sé de la historia que estoy buscando, que estoy planeando, es que un hombre «surge»...» como vemos, en un espacio que aún no tenía claro, pero que debía situarse en el ambiente de la Segunda Guerra Mundial. La obra fue un encargo que desarrolló como novela para elaborar a continuación un guión de cine que le habían solicitado. Finalmente situó a su personaje principal yendo a visitar a un amigo en Viena, en esas condiciones da comienzo la historia, dentro de un género narrativo que hoy consideraríamos policíaco o de novela negra.
Así, de un modo sencillo, percibimos cómo desde nuestro insconsciente, ese gran director de nuestra vida, surge el impulso que nos obliga a escribir, a poner en claro aquello que queremos destacar o definir y que sólo es posible cuando nuestro consciente se pone a la tarea y decide colaborar de una forma más analítica. Es entonces acabamos dando forma a nuestras historias y no nos alejamos de ellas hasta poner el punto y final.

2 comentarios:

  1. Es curiosa la forma en que cuando intentas corregir una obra pasada, habiendo una nueva en tu cabeza que pugna por salir a la luz, te atascas una y otra vez hasta que la segunda cobra forma, se deja poner en papel y te absorbe por completo en ella.
    Es raro ese mecanismo disparador que hace funcionar el teclado a velocidad de vértigo cuando algo se intenta plasmar. Algo que solo puedes entrever de una forma mínima aún.
    La luz gris del invierno reluce aún así.

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    Respuestas
    1. Vives en un lugar especial, imagino ese verde de los montes, los acantilados, el viento de invierno...
      Yo suelo dejar pasar tiempo entre una obra y otra, leo mucho, géneros muy diferentes; la prensa, por supuesto; lo que se dice en las Redes Sociales. Huyo siempre de la posibilidad de hacer una obra parecida a otra anterior en cuanto a la estructura. Pero sí, hay un momento en que todo se pone en marcha y sabemos qué queremos decir e intentamos hacerlo con claridad.
      Un abrazo, Bego. ¡Buen domingo! Nos leemos.

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