© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

sábado, 23 de marzo de 2013

EL ALA ROBADA Y OTROS CUENTOS



Por: Pilar Alberdi

El ala robada y otros cuentos de Carmen Martínez Gimeno integra un conjunto de once narraciones. La primera es de tipo fantástica, en donde al misterio de las creencias religiosas de una comunidad, que dan sentido y ligazón a las generaciones, se une el peso de la realidad. La obra surgió como relata la autora, en un artículo de su blog, por un equívoco. En los años que vivió en México aprovechó para escribir una historia sobre una anécdota que le había contado un familiar y cuando ya tenía varias editoriales dispuestas a publicar la obra, se lo agradeció a su pariente: «Que sepas, le dije, que aquello que me contaste sobre el pueblecito mexicano que veneraba un ala de arcángel me sirvió para escribir una novela. ¡Cómo que un pueblecito mexicano!, me respondió divertida, si es de Valencia, y hasta hay un corral junto a la iglesia lleno de gallinas blancas para reponer las plumas que con los años va perdiendo el ala…
Sin embargo, esta revelación llegó tarde. La equivocación ya no tenía remedio, porque para entonces en Damaseno habían comenzado las lluvias, Senén el Cojo había robado el ala, y Andrés y Silvino estaban a punto de iniciar su largo camino entre selvas y quebradas para dar con él y recuperarla».
El cuento muestra el dominio del habla coloquial mexicano y también los modos de ser y actuar, los trabajos a los que los campesinos dedican su vida (cultivar su milpa o terreno con hortalizas como el maíz, los frijoles y la calabaza; acudir como peones a los cafetales o a chiclear, recoger una resina propia de grandes árboles) y, por supuesto, está presente el movimientos de liberación «zapatista» que defiende a los indígenas, aunque estos, tantas veces, intenten mantenerse aparte, porque bastante tienen con sobrevivir: «llegó la revolución, pero acá nada se notó, no más el señor llamado Cárdem nos hizo algún bien devolviéndonos unas tierritas, las peorcitas de todo lo que nos robaron» Aquí, en esta historia, el paso lígero de doña Polon se convierte en el «trotecito, que la llevaría, sin más demoras, hasta la puerta de la iglesia» y en Andrés, el sueño, es aquello que cuando uno se tiende en la hamaca y cierra con fuerza los ojos, si tiene suerte, conseguirá que lo recoja.
No es un territorio para incautos, lo domina la selva donde las culebras venenosas son las dueñas del lugar, ayudadas por las nieblas en la época de las lluvias.
El relato está repletito de valores:solidaridad, humanidad y sentido de familia. Y baste el siguiente ejemplo de la madre que despide al hijo. Estas son las palabras: «Que el ocote y la candela que se te dieron no se consuman a medio camino ni se apaguen a medio andar, que la piedra no se alce a golpearte, que no salte la alimaña para morderte, que el relámpago no asuste tu paso ni el rayo abrase el techo que te ampare, que no se te nieguen el maíz ni el agüita, que tu entendimiento alumbre la verdad, que nunca te falte gratitud, que tus obras se eleven como árboles de sombra y buen fruto, y no se arrastren dañinas como la mala hierba...» Porque en Damaseno, además hay espíritus buenos y malos y si es difícil conservar un ala de arcángel, no menos lo es recuperarla.
El resto de los cuentos son realistas, y ocupan, en general, no todos, el espacio de tiempo que cubre la posguerra hasta nuestros días, hay alguno anterior, de otro siglo, pero no deja de hablarnos de esa relación que muestra lo hispanoaméricano (México, Puerto Rico, incluso algún personaje portugués) con lo español, las posibles comparaciones, cómo es aquello y cómo es esto, cómo se habla allí y cómo aquí, y la convivencia en pareja, en familia, entre parientes o desconocidos. No en vano por ahí surge una línea que dice: «Ahorita que va a separarnos con un filo tan largo la distancia». Y sí que llega a ser eso, precisamente: un filo que puede cortar y abre una herida que no siempre cierra, ya sea cuando se trata de la distancia en vida e incluso de aquella que marca la frontera de un fallecimiento.
Si bien El ala robada es una novela breve, otros son cuentos largos, tanto en páginas como en profundidad, aunque también hay alguno más corto; a mí, que los he leído con atención, me ha llevado gran parte de una tarde y una mañana. Hay algunos que no olvidaré nunca, que forman parte de los recuerdos de mi propio pasado, de costumbres que oí en mi familia. Recordemos que aquellas, además, eran familias numerosas, con muchos niños y una gran inocencia.Y está esa España trágica de la guerra y la posguerra asomándose entre las páginas con aquellos vestidos de novia negros, con esa primera foto que alguien se hacia y que acaso fue la de la boda, con aquellos jóvenes de dieciséis años, que imberbes, fueron reclutados para ir al frente, y está la necesidad y el hambre que obligaban a emigrar. Aquí no falta nada: ni «una sonrisa con dientes con sierra recién cambiados» ni esas horas y horas de hospital en donde uno se da cuenta que «la vida está fuera», o la de las residencias de la tercera edad en donde la soledad se cubre de olor a colonia, sopa en sobres y alguna visita.
Es, sin duda, una literatura escrita por una mujer que sabe hablar del mundo femenino, que muestra a las mujeres, muchas de ellas con nombres espléndidos, nada convencionales, pero de carácter. Y no sólo lo hace en su devenir histórico, en su adaptarse a las circunstancias cuando no es posible otro camino, sino en su lucha contra el sometimiento y la adversidad, incluso, cuando no forma parte del momento presente, sino de un posible futuro que se teme, por ejemplo, en el caso de la joven que desea mantener una independencia profesional sin la atadura que le podría suponer una familia o la maternidad o en el de la anciana que con un pasado de actividad pleno, no encuentra en el presente la voluntad para cumplir los días que le restan de su vida.
Gusta Carmen Martínez Gimeno de utilizar el recurso de la repetición que se da en los cuentos clásicos, y hay varios de estos relatos en que sobresale (El ala robada, Allá donde nos quieren...). También hay una preocupación por la palabra que como vehículo de comunicación no siempre logra expresar cuanto deseamos. Palabras que se repiten y que no rescatan los años que se llevó el tiempo, frases que decimos de igual modo, ya sea de condolencia o de alegría, y quizá de ese trasfondo surge, quizá como explicación final, el último de los cuentos, en donde vemos una divinidad ímplicita a las creencias de la humanidad, que no permite que nos entendamos con ella, ni verdaderamente entre nosotros, ya sea porque no sabemos las diferentes lenguas, no en vano la autora es traductora y conoce lo complejo de esta situación, en que las palabras no siempre parecen decir lo que comunicamos o interpretamos. No en vano se dice en este último cuento «Lo que escribo es la verdad en este momento».
Y, al final de la obra, esto, una sensación de que todavía estamos dentro de esos cuentos, viviendo entre los personajes, y de que aún permaneceremos un tiempo más, hasta que el eco de sus palabras se vaya diluyendo pero no su recuerdo.


El ala robada y otros cuentos
Datos de la autora:
Carmen Martínez Gimeno, Licenciada con grado en Filosofía y Letras, sección de Filología Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid, es además de escritora, traductora y editora.
Puedes acceder a su blog en el siguiente aquí.
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6 comentarios:

  1. Con qué ganas me has dejado... Y con lo que me gusta un buen relato... Apuntadísima tu recomendación de hoy.
    Besotes!!!

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  2. Pues voy a hacer por lerlo, tu reseña anima a ello... Me gustan mucho los cuentos y relatos, y este libro parece tener esos ingredientes que aportan riqueza. Digna labor que haces. Saludos!

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    1. Gracias, Clarisa. No sé qué haríamos sin alas... A veces, son las de los demás las que nos salvan; otras, las nuestras las que salvan los momentos de duda o angustia de otros. El mundo es como un ala que gira en el universo. Y son también poesía.
      Que no nos falten.

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  3. Estupenda reseña, amiga. Tuve que ir al blog de la escritora.

    Muchas gracias + Beso

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    1. Gracias por tu visita, José, y por tus palabras. Tiene, Carmen, un blog, en donde además de hablar de libros y ebooks, dedica entradas a temas de ortografía, corrección y edición de textos. Y ese conocimiento, que en ella es fruto de sus estudios y de su trabajo como editora, es un bien imprescindible para nosotros como escritores.
      Un abrazo.

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