© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


jueves, 20 de junio de 2013

CAMILLE PISARRO: «DESGRACIAS SOCIALES»


Reseña: Pilar Alberdi

Precisamente oía el otro día a un comisario que se ocupaba de una exposición sobre la obra de Camille Pisarro (1830-1903) en España, de qué manera le gustaba al pintor crear imágenes en las que aparecían caminos campestres. En ellos o cerca de los mismos las personas disfrutan de un momento de solaz. Esos senderos permiten imaginar lo que hay más allá. Nos hacen partícipes de la historia que parecen contarnos. Por otra parte, insistía el responsable de esa exposición en que el pintor, que había sido impresionista y neoimpresionista y se mantuvo siempre viviendo cerca de la naturaleza, obtuvo su mayor éxito, precisamente, cuando siendo ya un anciano con problemas de visión, ocupó una habitación de un hotel de París, y desde allí comenzó a pintar la ciudad.
¿Estaríamos ante una contradicción? Pienso que Camille Pisarro conocía bien el sentido de las contradicciones y la prueba es su obra, una serie de dibujos de crítica social, dedicados a su sobrina. «Los dibujos reunidos en el volumen Turpitudes sociales (en español, Vilezas ―o desgracias― sociales) salieron a la luz en 1972, es decir, más de ochenta años después de su concepción. Camille Pisarro los realizó a finales de 1889, en un ejercicio de “educación política” destinado a su sobrina Esther Isaacson ―treintañera residente en Londres preocupada por la llamada “cuestión social”― y con la intención de que no salieran del ámbito de su extensa familia franco-sefardí».
Camille Pisarro era un hombre de izquierdas que vendía su obra a la clase alta, a los capitalistas a los que acabaría denunciando en estos dibujos y que no eran tampoco ajenos al entorno de su propia familia. También era el hombre que leía La Revolté, que levantaba la voz contra ese monstruo de hierro, la torre Eiffel, que ofrecía la nueva tecnología y que no podía dejar de ver lo que ocurría a su alrededor: la miseria de una mayoría frente a la riqueza de una minoría.
En la presentación de la obra se indica que en estos dibujos juega «con un trazo que recuerda, a las figuras del gran Daumier, en el uso de las sombras, al enorme Rembrandt o, en el rayado y la temática, a su coetáneo Steinlen» y, sin duda, en la denuncia, a Goya (1746-1828) y sus Desastres de la guerra pintados entre 1810 y 1815, después de haber visitado el Sitio de Zaragoza por invitación del general Palafox. El resultado final de ese viaje fue una serie de bocetos que dieron forma a 82 aguafuertes, donde los epígrafes son tan dolorosos como las imágenes que pueden verse. Bajo el dibujo de mujeres violadas, la frase dice: «No quieren», en la de un hombre que va a ser castrado «¿Qué hay que hacer más?». Los grabados se publicaron póstumamente en 1863, igual que ahora lo han sido los de Camille Pisarro.
¿Tenía presente el pintor francés a Goya cuando realizó esta obra? Seguramente. Los epígrafes de sus veintiocho dibujos, muchos de ellos acompañados de textos tomados del periódico La Révolte, también son dramáticos o, simplemente, constatan un hecho al que describen con aparente frialdad.
Pisarro escribe a su sobrina: «Sabrás apreciar que he escogido las escenas de vileza más pulcras para no ofender tu sensibilidad y que me he mantenido dentro de los límites de lo verosímil». En la tercera lámina en la que se puede apreciar a un hombre bien alimentado y vestido, abrazado a una bolsa de dinero, que está rodeado de una masa suplicante mientras pueden verse al fondo los símbolos de la nueva arquitectura parasina, el texto que acompaña la imagen y que está tomado de La Révolte, dice: «Es la guerra de los desposeídos contra los expropiadores, la guerra de los flacos contra los gordos, la guerra de los pobres contra los ricos, la guerra de la vida contra la muerte». En otras láminas pueden verses imágenes de crítica a los matrimonios de conveniencia, la bolsa, los bolsistas, el suicidio de los bolsistas, el fastuoso entierro del cardenal que hizo voto de pobreza. Junto al dibujo Trabajos forzados dice: «Los pobres están sometidos a la esclavitud de la paga, encadenados al pauperismo perpetuo, atrapados en la ignorancia y la abyección, privados de lo necesario, condenados a atender mediante el exceso de trabajo el lujo y los caprichos de los burgueses». Otros dibujos denuncian las condiciones laborales en las fábricas, los talleres de hilaturas, los accidentes de trabajo, el abandono de los pobres «De saberse cuánto crimen esconde un millón, los hombres estarían aterrados», el suicidio de las jóvenes mujeres abandonadas, la niña condenada a reclusión por vagabunda tras ir a solicitar ayuda para no convertirse en prostituta, la lucha por la supervivencia en la calle, el maltrato a la mujer, el mendigo, el alcoholismo, el cortejo del pobre en el que se ve que no tiene quién le acompañe... Y frente al robo para sobrevivir, «los virtuosos» (los ricos) que pueden pasar horas en un café mirando pasar la vida.
No es extraño, pues, que el pintor rescate para uno de sus dibujos la frase de Baudelaire «Sólo es igual a otro quien lo demuestra/,y sólo es digno de la libertad quien sabe conquistarla» (Poema 49 de Los pequeños poemas en prosa conocidos tras la publicación en Le Figaro como El Spleen de París: «¡Matemos a los pobres!»).


Palabras de la contraportada:

«Estos dibujos realizados en 1889 contrastan claramente con la serenidad que desprende toda su obra pictóica; Pisarro opta en ellos por la desgarrada denuncia social».

Cátalogo de la editorial Casimiro Libros

Importante: Exposición de obras de Camille Pisarro en el Museo Thyssen - Bornemisza. Madrid, desde el 4 de junio hasta el 15 de septiembre. Enlace.

6 comentarios:

  1. Esos dibujos realizados hace 124 años, en sustancia es lo que ocurre desde siempre en la sociedad. Ahora estamos viviendo también algo muy parecido. Por desgracia.
    Muchas gracias Pilar por ser vehículo preciso del acontecer humano.

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    1. Gracias por tus palabras, Javier, que siempre son un estímulo. Un abrazo.



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  2. Vaya, que actual es todo lo que acabo de leer, volvemos a más de lo mismo, me he estremecido.
    Muy interesante esta visita, querida Pilar.
    Un abrazo.

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    1. Sí, es estremecedora esta sensación de que un@ pasa por la vida y nada cambia... No sé si es la edad que tengo, pero este pensamiento vuelve una y otra vez.
      Un abrazo, Claudia.

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  3. Muy buena reseña, amiga.

    Gracias por compartírnosla.

    Beso

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    1. Un fuerte abrazo, José, y mi cariño.
      Saludos.

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