© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

sábado, 22 de febrero de 2014

ARCIMBOLDO. Una visión de Roland Barthes



Por: Pilar Alberdi


Emociona encontrarse con este ensayo, Arcimboldo, retórico y mago,escrito por Roland Barthes sobre la obra pictórica de Giuseppe Arcimboldo (1527-1593). Veamos que tienen uno y otro. Pero comencemos por el segundo, una pintura ideada a través de la conjunción de frutas, hortalizas, animales, para darnos algunos de los retratos más contundentes de la pintura, unos juegos, unas presentaciones que en cuanto se cambia la posición cambia el mensaje, allí donde había un frutero aparece un rostro, en donde una bandeja con dos cochinillos, también otro rostro. Hay algo de truco, sí que nos recuerda a los dibujos animados, de los que hemos tenido ocasión de vislumbrar algunas muestras en la primera pintura china. Hay mucho de vida en movimiento, de interpretación, y de respuesta que se ofrece más allá de la representación. ¿Qué dicen estos cuadros? Supongo que algo así como «si tu crees que la vida es como es, te equivocas», y está bien que nos equivoquemos y, al mismo tiempo, que descubramos.
«Oficialmente, Arcimboldo era retratista del emperador Maximiliano». También, oficialmente, lo era en España, Velázquez, sin embargo, su visión, su aporte y su mirada crítica, superadora del propio personaje y del boato de la corte nos dejaron, en ambos casos, algo más que esa pretendida pintura oficial sometida a los intereses de un momento histórico.
Para hablar de esta pintura, Barthes abre la puerta del recuerdo hacia su niñez. ¿Qué le encantaba entonces? Y recuerda unos juegos cercanos a la idea de estos cuadros. Por ejemplo, dice: «Podemos jugar al “retrato chino”; un jugador sale de la habitación, mientras los otros eligen un personaje; el primero regresa a la habitación y debe resolver el enigma mediante el paciente método de las metáforas y las metonimias:
—De ser mejilla, ¿qué sería?
—Un melocotón.
—De ser collar, ¿qué sería?»
Y el juego continúa y mientras se ejercita la imaginación aparece la figura que había que adivinar, así sucede con los cuadros de Giuseppe Arcimboldo. «Su pintura tiene una carga lingüística, su imaginación es claramente poética: no crea signos, los combina, los permuta, los descubre» y nos asombra, y más, mucho más, esto es lo que afirma Barthes a continuación y me encanta copiarlo aquí: «en eso mismo consiste la tarea del obrero del lenguaje». Sí, señor, así se nombran las interminables horas de estudio, de reflexión y de escritura. Obrero, obrera, eso somos.
Hay un punto barroco en los cuadros de Arcimboldo, y también surrealista, como si esta idea de la pintura, este movimiento, también se hubiera formulado entonces. Y esto es lo importante: «El procedimiento opera en dos tiempos: primero, en el momento de la comparación, apela simplemente al sentido común y plantea la cosa más banal del mundo: una analogía; pero, en un segundo momento, la analogía enloquece, es llevada hasta el extremo, explotada radicalmente hasta su propia negación: la analogía se convierte en metáfora: el casco ya no es como un plato, es un plato». (…) «El arte de Arcimboldo no es extravagante: se mantiene siempre dentro de los confines del sentido común, en las lindes del proverbio; los príncipes hacia quienes iban destinadas estas diversiones debían poder asombrarse con ellas pero también dominarlas». ¿Quieren los príncipes divertirse? Aquí, tienen. ¿Quieren los adultos volver a la niñez? Aquí tienen también. ¿Quieren ver cómo es el invierno, la primavera, la perversión, la creación y destrucción, y cómo aunque no nos guste reconocerlo somos naturaleza? Aquí tienen. Así, todo queda dicho desde el silencio de unas formas y unos colores, desde la combinación y un lenguaje que apela a la inteligencia, al pensamiento que no podrá ser evitado pese a lo fantasmagórico de la visión.
Recuerdo de mis visitas al Museo del Prado de Madrid algunos cuadros de este tipo, y es evidente que aquel estilo se impuso.
Como Barthes es un lingüista que además ama la literatura, profesor, durante tantos años, nos explica cómo en estos cuadros se produce una doble articulación igual que la que se produce en el lenguaje. Las palabras serían los elementos (imágenes), «la carcasa de pollo, un mazo, la cola de un pescado, legajos de papeles», por sí solas, no significan nada sin embargo en cuanto encuentran, se acomodan a un orden producen un mensaje que es en sí, otra cosa. Así, dice Barthes: «Arcimboldo modificará el sistema pictórico, lo forzará a desdoblarse, hipertrofiará su poder significante, analógico, produciendo una especie de monstruo estructural, fuente causante de un malestar sutil (porque intelectual), y aún más penetrante que si el horror procediera de una simple exageración o de una mera confusión de los elementos: porque todo en ellos significa a dos niveles, la pintura de Arcimboldo funciona como una negación un tanto terrorífica del lenguaje pictórico».
Ahora, veamos algunas de estas explicaciones de un modo más concreto: «Una concha sirve de oreja, es una Metáfora. Un montón de peces forman Agua —en la que habitan los peces—, es una Metonimia. El Fuego se convierte en una cabeza envuelta en llamas, es una Alegoría. Enumerar frutas, melocotones, peras, cerezas, frambuesas, espigas para sugerir el Verano, es una alusión. Repetir el pez para formar con él aquí una nariz, ahí una boca es una Antanaclasis (repetir una palabra cambiando su significado). Evocar una palabra con otra con la que comparte una misma soronidad (“¡Qué clara eres, Clara!”), es una Paronomasia; evocar una cosa con otra que tiene la misma forma (una nariz por la grupa de un conejo, es una paranomasia de imagenes, etc...».
Cuánto que agradecer, tener un maestro, Barthes, y una editorial como Casimiro que nos acercan esta visión, esta comprensión de la pintura y, a la vez, de la literatura. Ese camino reversible que también hay entre ellas. Tan lejos estamos ya de todos aquellos maravillosos recursos estilísiticos que los poetas de antes conocían bien que volver a ellos siempre resulta una sorpresa.
El «cifrado y el descifrado», el «efecto de conjunto», el «lenguaje doble», «las figuras reversibles», todo está ahí, conjugándose, adentrándose, expresándose.
Puedo asegurarles que disfrutarán con este ensayo, que no es largo, con las explicaciones claras, contundentes, ejemplares, con ese conocimiento que Barthes tiene del lenguaje y su estructura también aplicable como en este caso a la pintura y, por tanto, y como ya sabemos al discurso, el de la política, el de la publicidad, el que sea, y por supuesto a la imagen y su mensaje. Cada frase, es un acierto. Por último nos comenta la obra de algunos pintores que aplicaron este tipo de doble mensaje en su obra como el caso de Magritte o Marx Ernst.
Imágenes en color —y también en blanco y negro — de los cuadros y bocetos, sirven para comprender mejor lo dicho. Hay un camarero que bien puede parecer un Sancho Panza y un bibliotecario que resulta de una modernidad que raya en lo imposible con su rostro y cuerpo realizado con libros y que bien pudiera parecer uno de estos don Quijote que hemos tenido ocasión de ver en más de una ocasión y que remiten sin duda a este origen.
Por último, hay un artículo titulado Manierismo en la corte del emperador de Achille Bonito Oliva que nos sitúa en ese siglo XVI en el que si bien el artista se libera de pertenecer a los gremios no ganará su libertad creativa y menos aún cuando esté al servicio de un príncipe. Leemos aquí que el artista de esta época ya no es el renacentista, se queda en el manierismo y la cita, mientras ve como «lo real se le escapa por senderos tortuosos y oscuros. El tiempo, el presente, es sólo cúmulo de caminos cerrados, imposibilidad de la acción y de la praxis directa: sólo cabe confiar en la memoria, recurrir a la cultura». Ha llegado el Barroco. Recurrir a la cultura para hacer cultura, para transmitir un mensaje válido y pese a todo encubrimiento y cifrado, sincero. Ese es el tiempo de Arcimboldo que será el pintor de la corte de Praga. Percibimos su desesperación y, a la vez, todo su misterio. Si esperaba miradas cómplices que superaran el paso del tiempo, ya las obtuvo. Su pintura está ahí para nuestro disfrute y para su memoria.

Palabras de la contraportada

«En sus “cabezas compuestas”, Arcimboldo parece estar respetando las nobles convenciones del retrato: los códigos de la pose, del encuadre y de la exaltación le sirven de premisa y, sin embargo, ¿por qué esa extrañeza, entre el asombro y el estupor, que provocan sus cuadros?»

La primavera de Arcimboldo expuesta en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


Nota: en la sala de exposiciones de la Fundación Juan March en Madrid se expondrán próximamente dos pinturas de de Arcimboldo. Más información en el siguiente enlace.

11 comentarios:

  1. Cada vez más releo el librito que me recomendaste "Leer la naturaleza" de la editorial Casimiro, sobre la obra de Paul Cézanne, cuando en el capítulo El arte de la pintura, dice: 'Hacer un cuadro es componer...' y en este comentario que haces de este ensayo sobre el pintor Arcimboldo, escrito por Barthes, es, estoy seguro que dicha pintura tiene una carga lingüística innegable. Lo leeré seguro, seguro estoy.
    Gracias Pilar.

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    1. "Componer"... Tejer, entrelazar, rehacer, reestructurar, ¿hilvanar, acaso?, coser, zurcir, reelaborar, ¿meditar?... ¡Cuántas palabras para mostrar el trabajo de un filólogo que además ama la literatura y la analiza para su mayor disfrute y, acaso, para una contemplación y una interpretación plena y sosegada! Pero la mirada inteligente no se queda ahí, y alumbra con su pensamiento la pintura de Arcimboldo, ofreciéndonos su interés renovado sobre el artista.
      Muchas gracias por tus comentarios, Javier, sabes cuánto los agradezco.
      Saludos.

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  2. Me encanta Arcimboldo, famoso por sus características "teste compaste" y sus cuadros invertidos,y, que recuerdo suscitaba en quien miraba por vez primera sus cuadros, reacciones como: ¡es terrible! ¡Temible! ¡Qué feo!. Fascinación y extravagancia, pero de gran riqueza plástica y extraordinaria genialidad.
    Excelente reseña, que la disfruté por lo genuina y original, sobre este artista del siglo XVI.
    Saludos, que tengas un lindo fin de semana.

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    1. Muchas gracias por tus palabras y tu compañía, Clarisa. Me complace pensar que mi reseña como un pequeño puente ha servido para traer otra vez a tu memoria el recuerdo de la visión de aquellas primeras imágenes de la obra de Arcimbaldo. Se puede sentir tu emoción. Me alegro, de verdad. Ttu comentario, además, me hace reflexiionar sobre lo importante que sería que los niños conozcan en sus primeros años estas obras ricas en imaginación.
      Gracias por tu visita. Un abrazo. Nos leemos.

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  3. je suis aussi une admiratrice d'arcimboldo..dommage que je ne comprends pas tout..

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    1. Merci, Elfi.Je vous remercie beaucoup pour votre commentaire.Je vous envoie une salutation cordiale.

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  4. Pues, tengo que decirte lo mismo. Pongo aquí la dirección por si alguien quiere visitar tu blog http://capitulodosvintage.blogspot.com.ar/ El hecho de que mostréis cómo reparáis antiguos muebles, con las secuencias fotográficas del trabajo y las técnicas utilizadas, es doblemente útil, por si a alguién puede servirle para reparar algún recuerdo familiar de esos que no faltan en nuestras casas y a los que van venciendo los años, tanto como a nosotros. Pero, sobre todo, creo que cualquier posible cliente se sentirá motivado a contar con vuestra profesionalidad. Ahora, sólo he visto un poco, pero volveré.
    Saludos.

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  5. Barthes tiene la facilidad de hacer complicado lo simple, como sus ensayos sobre fotografía, en donde complica todo el acto de sacar una foto con sus análisis y sus palabras en griego que, a la larga, no dicen mucho más. Pero éste ensayo en particular no lo leí, así que no puedo hablar de él.

    Saludos

    J.

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    1. Acabo de buscar en mi biblioteca dos libros de Barthes para darles un repaso a fin de contestar tu comentario. El primero, «La preparación de la novela»; como los textos que se incluyen son notas a cursos y seminarios, su prosa resulta un poco áspera, pero podríamos decir lo mismo de los textos que han llegado hasta nosotros de Aristóteles, ya que no nos ha sido posible acceder a su corpus más literario, beneficio que sí hemos tenido con la obra de Platón. Sin embargo, cualquier especialista gozará con ese trabajo. Y yo misma lo he releído varias veces con gusto. Pero, vamos al segundo libro de Barthes que quiero traer como otro ejemplo de prosa fluida, estilo literario y fácil comprensión, «El grado cero de la escritura», en donde se reúnen varios ensayos críticos, y aquí sí encuentro una prosa similar a la de este ensayo sobre Arcimboldo, aunque creo que este los supera en claridad, acaso favorecido por una excelente traducción, y que sirve para demostrar una vez más, las amplísimas y variadas lecturas de su autor.
      Saludos.
      Saludos.

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    2. Pilar, no me refería a que escribiera mal o que su prosa fuera mala, sino a que por momentos parece querer complicar todas las cosas con su análisis en lugar de llegar a conclusiones más simples, más cercanas a la realidad y no tan separadas de mundo en el que tienen lugar dichas acciones.

      Saludos

      J.

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