© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

martes, 25 de marzo de 2014

CAMINOS



Por: Pilar Alberdi

Para Ernesto


Decimos: el tiempo pasa, las personas pasan, la vida es un camino... ¿Qué queda entonces? Los pequeños actos de las personas que se transmiten de una generación a otra. «El hombre es elección» decía Epícteto. Y en ese camino de la vida vamos acompañados de distintas personas y hay veces que el sendero se desvía de nuestros sueños; otros en que aparece una selva o un bosque, o más allá una difícil cima que hay que superar, aunque una llanura al otro lado nos prometa el final del viaje.
Hacerse mayor tiene sus ventajas y desventajas: ya sabes quién has sido en la vida, y si deseas cambiar algo, quizá todavía queda algo de tiempo.
Llegar a ese punto en que uno puede peinar cabellos blancos como los que vio en sus padres o acaso en sus abuelos, tiene algo de revelación y de sorpresa. De repente, la vida te avisa que has llegado a viejo. Te miras al espejo y dices: «sí esa soy yo» o «ese soy yo», y mientras descubres alguna arruga nueva, la piel que se ha vuelto más fina; te das cuenta que es hora de dejar atrás una parte de tu equipaje. Miras a tu alrededor y piensas: demasiados libros, adornos, palabras dichas o no dichas; aciertos y equivocaciones; y aunque has dejado muchas cosas por el camino, las fotos nunca te parecen demasiadas. Hay buenos momentos para recordar.
Y es verdad que casi te falta voluntad para hacer ciertos trabajos que antes hacías con placer, pero solo eres tú, consolándote de la juventud que ya no está, mientras dejas que avance la edad con sus flojeras pero también con su mayor sabiduría y te dedicas a recoger amaneceres en fotos y a escuchar agradecida el canto de los pájaros, a mirar el cielo azul, a buscarle formas a las nubes. Y es que ahora, como te has hecho mayor y tienes nietos, es también como si volvieras atrás, y juegas a la pelota, al escondite, al corre corre que te pillo, al parchís, a la oca, a las damas, al ajedrez, ves con placer una serie infantil o una para adolescentes y vuelves a sonreír como si otra vez tuvieras, 2, 3, 5 o 7 años y hasta quisieras recordar aquello que no recuerdas. Y piensas ya en los días de sol y playa que quedan por vivir y hasta en el momento en que ellos también se independicen.
Sin duda, el mayor regalo que nos pueden dar los niños es el de hacernos vivir en presente.
Y la vida sigue... Enseñamos a los pequeños de la familia a decir: «por favor», «gracias». Los vemos educados, tan maravillosos, con esos ojazos que se desviven por un helado, con esas manos manchadas de chocolate, con esos besos pegajosos...
“La gratitud, como ciertas flores, no se da en la altura y mejor reverdece en la tierra buena de los humildes” escribió José Martí
Hagamos de nuestros niños, niños humildes, que sepan disfrutar de las pequeñas cosas, que no aspiren a nada grande fuera de ellos mismos. Todo está en su corazón y en el camino.
Y sé que podría terminar aquí estas palabras, pero me gustaría contarles una pequeña historia. Hace un par de meses, hablando con una persona a la que quiero mucho, le explicaba yo cómo había ido a vivir en mi niñez de un país a otro, y le contaba que sólo esperaba como todo niño al que se saca del entorno donde nació, el regreso. Todo lo que iba a encontrar en ese anhelado regreso. Pero al regreso, no quedaba nada de lo que yo creía que había dejado. Ni volví al mismo colegio, ni al mismo barrio, ni tuve ya los mismos amigos. Entonces fue cuando esta persona me dijo: «Es que los caminos sólo son de ida. Nunca de regreso».
Filosofía pura, pensé: «los caminos sólo son de ida...», mientras reflexionaba qué oportuno hubiera sido que alguien me lo explicara en la niñez.

5 comentarios:

  1. Es exactamente lo que me pasa en estos últimos años, ayer jugaba al ajedrez con un nieto que tiene 7 años y le observé durante todo el rato sus reacciones y como con sus ojos me estaba indicando su camino sus sorpresa, su picardía su aprendizaje, su ilusión por ganar la partida. Al final estaba yo aprendiendo, recordando mi niñez, quizás, no lo se, pero si se que que aprendí de nuevo que la vida son muchos caminos y a veces regresas y recuerdas que tu también fuiste niño, y entiendes un poco más qué es la vida realmente, siempre descubriendo algún amanecer más y distinto con ribetes de nostalgia pero siempre con algo nuevo que recordar.

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    1. Sigamos recordando, Javier.
      Saludos y buen fin de semana.

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  2. Es una artículo intenso y muy gratificante.Me ha gustado mucho esta reflexión. Saludos,.

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