© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

martes, 6 de mayo de 2014

LOS FAROS DE LA VIDA


Por: Pilar Alberdi

Un recuerdo para M.J.

Ayer, de madrugada, cercanos los minutos en que debía sonar el despertador sentí como si alguien viniese a darme un abrazo. Como me debato entre un existencialismo responsable y una espiritualidad que tantas veces me parece manifiesta, cerré el suceso pensando que alguien que estaba a punto de marcharse de esta vida había pensado en mí.
También me sucedió estos días que a través de las redes sociales volvió al presente una persona del pasado. Llegó como en secreto, pero luego dijo: «Soy yo». Y, entonces, me recordó su nombre de pila. Venía de ese lugar, «el pasado», algo que me parece tan remoto a veces, en el que claramente percibo sucesos en luz y sombra, hechos que acontecieron; unos tan vivos como si hubiesen ocurrido hace un momento, otros casi desaparecidos como si un espeso tul cubriese la falta de interés por volver a ellos.
La persona en cuestión llegó a través de Internet, había volado en lo que se tarda en dar un «clic» con el cursor del ordenador, los más de doce mil kilómetros que nos separan, y me hizo regresar a los dieciséis años, un tiempo de lecturas de fin de semana,especialmente de sábados por la tarde, atrapada entre cuentos y novelas, como un descanso entre semanas que se acumulaban una tras otra con su cantinela repetitiva, su monotonía del trabajo y el estudio, y algún sueño pequeño, como pequeños son los sueños que tienen los adolescentes, como los objetos a los que prestan su atención, que también son pequeños: esa carpeta, ese reloj de muñeca, esa pulsera, ese pantalón nuevo, una serie de televisión, una canción que se ha puesto de moda, el nombre de la chica o el chico que les gusta.
Estoy agradecida. Alguien recuerda a la que fui, a la que acaso aún sea en parte. Sé que compartimos charlas, nombres de escritoras o escritores, lecturas plenas o frustrantes, horas de instituto, nombres de profesores, mientras nuestros pasos se encaminaban en soledad pisando hojas de otoño, camino de la parada del autobús o de nuestras casas, después de una mañana escolar monótona y aburrida... No lo sé. Supongo que hablábamos de nuestros problemas y también de nuestras ilusiones. Pero fue, sí, como si alguien con una potente luz y desde un lugar remoto, el pasado, lo iluminase. De repente, allí había un faro.
Sé que soy de esas personas que se pregunta constantemente qué hace con su vida. Es verdad que miro hacia el futuro. Que me cuestiono qué hay allí, qué sucesos, qué experiencias por vivir. También me pregunto si sabré envejecer con dignidad o si escribiré todavía algún libro del que me sienta satisfecha, en el que pueda dejar constancia una vez más de lo terrible y lo bella que es la vida.
Estos días también me ocurrió que a través de una cuenta de Twitter, que se dedica a recordar sucesos importantes, se citaba a una persona que había conocido hace ya muchos años, también estaba su foto, y que en plena juventud realizó una de esas proezas que se recuerdan en las efemérides.
Como quien salta a la rayuela, como quien empuja la piedra, de casilla en casilla, así volaban mis pensamientos; entonces rememoré una casa en la que nunca faltaba trabajo por hacer, y un pequeño patio al que solía salir mi madre a cuidar de sus plantas. Y hasta me pareció ver a través de aquel cuadrado abierto al cielo cómo pasaban varias nubes, de esas bajas y gordas, grises, bastante oscuras, de las que solían descargar unos aguaceros enormes en los que tenías que quitarte los zapatos para poder cruzar la calle, y entonces llegaron nombres, sí, de personas, de plazas, de lagunas, de playas y todo quiso tomar acomodo otra vez. Como si se tratara de un puzzle vi el puerto, los lobos marinos, los largos murallones extendiendo sus manos de cemento hacia el océano, olía a salitre y a yodo, y recordé las ramas de mimosas en flor adornando las bicicletas de los estudiantes, y todas las cosas venían acompañadas de la palabra futuro, futuro, futuro... Y aquí estoy, en el futuro, frente a otro mar, en otra orilla, recordando el pasado.



Derechos foto: Fotolia.

4 comentarios:

  1. Preciosos recuerdos vividos ¿viviendo de nuevo?. Muy bello

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    1. Sí, Javier, la vida tiene regalos y este ha sido uno de ellos.
      Un abrazo.

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  2. Pilar, qué bueno es escribir en primera persona... Como decía Saramago: "Es una facilidad". Pero sin duda, lo que leo me trasmite esa genialidad del escritor honesto. Ya Pessoa invitaba a ello, en sus significativas palabras, "Para ser grande, sé entero: nada tuyo exageres o excluyas. Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas, por eso la luna brilla toda en cada lago, porque alta vive".
    Y así, alta, vives.. Es muy hermoso lo que he leído.
    El pasado nos va recordando que estamos vivos.
    Por alguna razón, en esa línea de lo vivido y las personas de nuestro recordatorio, anduve meditando en estos días también, y volví a lo escrito.. ¿Será que las luces de ese "faro" siempre encienden en el alma, en todas las almas?
    Un abrazo. Que tengas una linda semana.

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    1. Clarisa: ¡qué bellas palabras las de Pessoa! Una persona tan ensimismada, una buscadora de sí, de la vida; con esa tristeza de los pensadores profundos.
      Sí, hay muchos faros. Su luz irradia esperanza, emoción. Imagino esas luces...
      Yo podría decir: Viene el pasado como una ola en un amplio mar y después de llegar parece que se retira, pero es para volver otra vez.
      Un abrazo.

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