© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

sábado, 10 de enero de 2015

VÍCTOR HUGO. DE BRUSELAS A BRUJAS



Reseña:Pilar Alberdi

Sabemos por la presentación de esta obra de la editorial Casimiro Libros que «En 1837, Victor Hugo (1802-1885) ya ha publicado Hernani, Cromwell, Nuestra Señora de París o el poemario Las voces interiores. Su fama va creciendo pero aún puede disfrutar de cierto anónimato, sobre todo lejos de París, en sus viajes por Francia y Europa».
No hay cámara fotográfica, no se trata de un pintor que abarca pincelada a pincelada el paisaje, sólo es un hombre que escribe y que, a veces, también dibuja: «Adorada esposa, estoy deslumbrado aun de Bruselas, o, por mejor decir, de dos cosas que he visto en Bruselas: el palacio municipal con su plaza, y Santa Gúdula». Sus palabras servirán a otros para imaginar. Victor Hugo se ha comprado una guía por si fuera conveniente seguir los pasos de otro, pero las observaciones son suyas: nos cuenta cómo son las vidrieras de las Iglesias, los púlpitos, sus adornos; compara lo que ha visto en una ciudad con otra, y en las tiendas descubre ediciones falsificadas de sus obras. Le sucede lo mismo que a otros escritores de su época, al mismo Dickens (1812-1870), por ejemplo, cuando viaja a América. Igual, compra una de esas ediciones, nadie sabe que él es Victor Hugo.
No sólo admira y escribe, también dibuja, y lo hace bien. Ha pasado por Bruselas, Mons, Lovaina, Malinas... ¡Tanto para contar! Iglesias semiderruidas, capillas rebosantes de pinturas... Bedeles despreciables que dejan ver, a cambio de una suculenta propina, un cuadro de Rubens...
Y entonces, ya en Malinas, se produce el encuentro: «En Malinas pasa el ferrocarril. He ido a verlo». Y luego, llega la sorpresa. Lo ha probado, explica: «Me he reconciliado, con los ferrocarriles decididamente son muy hermosos. El primero que vi no pasaba de ser un innoble ferrocarril de fábrica. Ayer hice el viaje de ida y vuelta desde Amberes a Bruselas». El asombro le puede.«Partí a las cuatro y diez, y había regresado a las oche y cuarto». Pero, ¿qué sintió Victor Hugo, cómo vivió por primera vez esos primeros instantes sobre el ferrocarril? Dice: «Es un movimiento magnífico y que hay que sentir para darse cuenta. La rapidez es inaudita. Las flores de la orilla del camino no son flores, sino manchas, o mejor, rasgos encarnados o blancos; no se ven puntos, todo se convierte en líneas; los trigos son grandes cabelleras rubias, las mielgas son largas trenzas verdes; las ciudades...» Las descripciones nos llevan a ese momento, comparo esas fugaces imágenes con las que vemos actualmente desde los trenes de alta velocidad, me pregunto, ¿qué le parecería? Acaso: ¿un paisaje borroso que viaja a nuestro lado? ¿Algo que no merece ser mirado porque marea?
Victor Hugo vive en un tiempo en que la gente es mísera, no en vano escribió Los miserables. La Revolución Industrial que tanto prometía sólo ha hecho ricos a unos pocos,pero también en un tiempo en que la gente cantaba mientras hacia sus labores. En Gante no ha querido perderse un paseo por la costa para ver el mar y ha escuchado cómo «se alejaban vagamente los cantos de los marineros que iban hacia el mar». Todavía no hace tanto se cantaba.
No se cansa una de Victor Hugo. Al contrario, y le seguimos en su viaje mientras se alegra de saber que al día siguiente llegará a otra ciudad, y allí irá al correo para recoger la correspondencia de los suyos, mientras aprovecha para enviar la suya. Pero no les cuento más, ahora es su turno de seguir leyendo.


Palabras de la contraportada

«En agosto de 1837, acompañado de su amante Juliette Drouet, Víctor Hugo recorrerá Flandes en busca de arte y arquitectura. Maravillado por cuanto veía, no dejará de escribir a su esposa Adèle para contarle cada una de las etapas de su viaje».


Casimiro Libros
www.casimirolibros.es
Madrid, 2014

2 comentarios:

  1. Simplemente... LO QUIERO!!! Apuntado a mi lista de deseos. Ssludos desde locura de lectura

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