© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


miércoles, 6 de enero de 2016

LA REPÚBLICA DE UTOPÍA




Reseña: Pilar Alberdi


«Utopía», se trata de un no-lugar, que tiene un río, Anidro, que es un no-río, con un príncipe de nombre Ademo, que significa un príncipe que no tiene un pueblo.Su autor, Tomás Moro(1478-1435). La obra se publicó el año 1516, apenas pocos años después del llamado «Descubrimiento de América», quizá por eso, el narrador refiere lo que escuchó de un personaje de nombre Rafael Hithlodeo, quien habiendo realizado un viaje junto a Américo Vespucio, conoció la Isla de Utopía.
En la isla hay 54 ciudades, situadas a poca distancia unas de otras. Los problemas comunes se tratan en una de estas ciudades en reuniones anuales. Esta ciudad en concreto es Amauroto, tiene un río cuya anchura al llegar a la ciudad es de unos 300 metros y hay un puente que lo cruza. La ciudad por la descripción nos recuerda Londres, ciudad donde vivía Tomás Moro. La obra es de filosofía política: el mundo como podría ser no como es. Las leyes de Utopía indican: «Cada diez años los habitantes cambian de casa por sorteo y procuran dejar la que ocupan en buen estado». Las casas son de tres pisos, en ciudades de diseño cuadriculado como en Roma. El príncipe es vitalicio siempre que no se convierte en tirano, porque el que uno domine sobre los demás es sólo para imponer la paz y la justicia, no lo contrario.
En un mundo tan injusto como el de aquella Europa a la que Moro retrata, los únicos que pagaron impuestos hasta el siglo XVIII fueron los campesinos. La nobleza y el clero lo harán posteriormente. Este dato es fundamental. El autor da un amplio reconocimiento a los campesinos y propone que se les asista en la necesidad, la enfermedad y la vejez. Recordemos también, que en gran parte de Europa, tras la línea del río Elba, concretamente hacia el Este, seguía existiendo la servidumbre obligada incluso para los hijos. Una variante de esclavitud.
Tomás Moro sabe quiénes son los que más sufren con su trabajo, los que más han dado de sí y los que menos han poseído, y su Utopía es un vivo reflejo, una defensa de los que han trabajado de sol a sol para la vida de los demás, ya que los estamentos de la época que se jactan de su importancia (nobleza, clero, burgueses), no podían vivir sin que los campesinos que trabajasen sus campos, ya que por la época, la nobleza, antes guerrera, se había hecho terrateniente, y vivía de las rentas que le daban sus tierras.
No se trabajará, dice Moro, en las leyes de este nuevo mundo de Utopía, más que seis horas al día, tres por la mañana y tres por la tarde, Se vivirá en familias, se comerá en comunidad. Si alguien desea estudiar puede hacerlo, si alguien desea cambiar de oficio, también.
A las gentes de Utopía no les llama la atención ni el oro, ni el dinero, que no forman parte de sus valores, por eso no comprenden como algunos, en relación a la nobleza, puedan ser felices viendo como la gente se inclina ante ellos, lo que sin duda, les parece ridículo.
En este nuevo mundo, la caza está prohibida, y la salud es considerada como un deleite.
Como los nombres no hacen a los sistemas políticos justos, llama «ingrata e injusta» a la «República» que da y ensalza a los que más tienen, en vez de favorecer a los que menos poseen. Escribirá: «La riqueza se levanta como diosa, a base de un mundo de miserables a los que puede mandar y de quienes puede triunfar, y cuyas desdichas la hagan resplandecer haciendo alarde de su poder y ostentación, con lo que se aflige y aumenta más la necesidad y la miseria».
Después de Moro, a quien el rey Enrique VIII mandó decapitar, surgieron más mundos imaginarios, en donde una realidad mejor intentó salir a la luz.

10 comentarios:

  1. Aunque hubo razones más "carnales" para que le dieran el pase a mejor vida, supongo que esto de las utopías también debió pesar en ello. ¡Es que hay gente que no sabe tener la pluma quieta!
    Gracias por el Post. Un abrazo.

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    1. Sí, y sería difícil consignar aquí toda la Historia para aquellos que puedan tener interés. Les animo a esa búsqueda de datos recordando los seis matrimonios de Enrique VIII, el penoso final de varias de sus esposas, sin contar a sus concubinas, o la suerte que corrieron sus hijas legítimas, sus otros hijos bastardos, y esa excusa que alegaba de manera permanente de un heredero varón para el reino. Por otro, el trasfondo político-religioso, tras la crítica a la Iglesia por parte de los protestantes. Hecho que Enrique VIII aprovecha para volver a desempolvar la llamada “Guerra de las espadas” vigente en la época de Carlomagno, entre este y el Papa, hasta que Carlomagno logra, por fin, ser coronado emperador por aquel. Bajo esta opción, Enrique VIII, al que el Papa le niega el divorcio de Catalina de Aragón, crea una nueva Iglesia, la Anglicana, que se regirá por ritos católicos y calvinistas, y se declara jefe de la misma, lo que supone para el clero o la aceptación de la supremacía del rey o su destitución y pérdida de privilegios.
      Tomás Moro, que en su juventud fue monje cartujo, que estudió leyes posteriormente, se casó, tuvo cuatro hijos y tras la pérdida de su primera mujer, volvió a casarse, mantuvo varios puestos en la corte y el reconocimiento real, es más ocupó uno de esos primeros puestos tiempo después de haber escrito Utopía, y no fue esta obra, ciertamente, la que le llevó al patíbulo, pero sí su honradez al decir las cosas como las veía y al negarse al divorcio que quería llevar a cabo el rey de su esposa Catalina de Aragón para poder casarse con Ana Bolena, y al no aceptar la supremacía real frente a la del Papa. Que a Tomás Moro le preocupaba la situación de los campesinos, por ejemplo, quedó claramente demostrado en su Utopía, escrita años atrás con una clara crítica a la nobleza y el clero.
      No será casual, por tanto, que en el continente, Erasmo de Róterdam, amigo de Tomás Moro y de Juan Fish (también condenado por el rey) fuera uno de los más importantes críticos de la situación de la Iglesia, de la conducta de los monjes, de la venta de bulas y dispensas, de la riqueza de la Iglesia utilizada para la creación de la Basílica de San Pedro en Roma, de su alejamiento de los pobres, de una escolástica que mareaba las palabras, y así se puede apreciar en su libro Elogio de la estulticia, también conocido como Elogio de la Locura, y no por casualidad dedicado a su amigo Tomás Moro.
      Aunque a mí me pese la misoginia que Erasmo de Róterdam utiliza en esa obra, misoginia quizá en parte motivada, pienso, desde un punto de vista psicológico, por su propia situación de ser hijo de un sacerdote y su sirvienta, y de haber sido educado lejos de este ambiente (lo que le lleva a valorar el cariño que los niños deben recibir de las madres y que también señala en la obra. Como autor, utilizó sus estudios de Teología y su trabajo como editor en una imprenta para hacer versiones vulgares de la Biblia y de los Evangelios que rápidamente se tradujeron a numerosas lenguas facilitando su acceso al pueblo. Pese a todo ello, se le criticó por no sumarse al protestantismo de Lutero, con el que cruzó un par de escritos sobre el "libre arbitrio", que se hicieron públicos. En este sentido, Erasmo creía que la libertad de elección sobre lo que está bien o mal es personal, la decisión última está en cada uno, mientras que Lutero defendía la idea de que Dios es el que elige a su siervo y que uno se salva más por la fe que por sus obras, algo en lo que Lutero no podía estar de acuerdo. Y de aquel protestantismo, que tenía su fundamento en lo que acontecía en la propia Iglesia, surgió también el “capitalismo” como señaló Max Weber, donde la riqueza pasó a representar a los “elegidos” por Dios.
      Saludos.

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  2. La riqueza se levanta como diosa, a base de un mundo de miserables a los que puede mandar y de quienes puede triunfar,

    completamente de acuerdo ,gracias por sus publicaciones FELIZ AÑO 2016

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    1. Así es Deborah, reconocer en los demás a "otro-yo", como bien señalara Shopenhauer en su escrito fundamental, no es capacidad que todo el mundo aprecie. Prevalece el egoísmo.
      Un abrazo.

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  3. ¡¡Genial!! Una utopía para contrastar con la realidad y de la disparidad encontrar complementariedades...

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    1. Saludos, Josep.Lo que maravilla del período en que fueron escritas la mayoría de estas utopías es por un lado esa vuelta al ser humano como centro, pero tomando en cuenta por primera vez lo ya más que evidente, el descubrimiento de otras gentes (América, etc.), el mundo era más amplio de lo que se había pensado, y la nueva teoría heliocéntrica defendida primero por Copérnico (solo publicó un resumen en vida de su obra principal "De revolutiunibus orbium coelestium") que tomó en cuenta la afirmación del griego Aristarco de Samos (270 a. C.)y el aporte posterior de Galileo sobre el mismo tema, verdadera ayuda a la conocida como Revolución Científica del Renacimiento, ya que utilizó un telescopio (un catalejo mejorado por él) y pudo observar los astros metódicamente, hacer dibujos (de los valles y montañas de la Luna, manchas del sol, fases de Venus, lunas de Júpiter, explicación de las mareas, de los vientos alisios, etc.)y presentarlos públicamente, quedando anticipada la teoría de la gravedad de los planetas y satélites que luego otras teorías explicarían mejor (Newton), y por supuesto la del heliocentrismo y la de que la tierra además rotaba sobre sí misma, idea que a tantos les parecía imposible desde antiguo. Como era de esperar, la Iglesia no aceptó estas ideas, fue acusado ante el Santo Oficio y sus libros acabaron en el "Index librorum prohibitorum", la lista de libros prohibidos por la Iglesia.
      Cuando hoy en día se habla de "fundamentalismos" es bueno recordar la existencia de esa lista que vetaba para los católicos a autores como Copérnico, Galileo, Bacon, Lutero, Calvino, Mahoma, Descartes, Voltaire, Diderot, Rousseau, Victor Hugo, Simone de Beauvoir, Sartre. El Índex fue prohibido por Paulo VI en 1966.
      En este enlace se pueden encontrar los libros prohíbidos por la Inquisición en España https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Dndice_de_libros_prohibidos_de_la_Inquisici%C3%B3n_espa%C3%B1ola

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  4. No dejan de sorprenderme ciertas coincidencias lectoras contigo, Pilar.
    En mi abarrotada (de libros) mesita de noche están a perpetuidad “Utopía” de Tomás Moro y el otro título hermanado de manera indiscutible con el primero, “La ciudad del Sol” de Tomás Campanella (afines hasta en el nombre). Estiro el brazo y, de alguna forma, me gusta pensar que las “Utopías” están al alcance de mi mano…
    Siempre es estimulante pasar por tu blog.
    Cuídate Pilar.
    Abrazos!

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    1. Se lee tan poco, Paco, que no es raro que coincidamos y que respetemos el trabajo de quienes lo hacen y, además, comunican sus lecturas y sus pensamientos. Considero que, sin ninguna duda, tienes que sumar a los dos libros de los autores que indicas, Tomás Moro y Tomás Campanella, ¡qué casualidad que los dos portasen el mismo nombre!, el primero esencialmente un político, aunque también fue monje, y el otro sí un monje dominico, que permaneció en prisión 26 años, acusado de sedición ante los Borbones, algo que no pudo probarse. Además defendió a Galileo y sus teorías heliocéntricas. Evidentemente, ni su Utopía “La ciudad del Sol”, ni su defensa del heliocentrismo podían agradar a las autoridades eclesiásticas y políticas. Tampoco su idea de que todos debían trabajar, como manifestó y para ello ponía el ejemplo de que 17.000 personas eran las que con su trabajo sostenían la vida de los 57.000 que residían en Napolés. Por supuesto, a cualquier mujer le molestaran sus ideas sobre las mujeres, pero está claro que también ocurriría lo mismo con las ideas de Platón en La República, pienso que de lo que se trata es de conocer a todos los autores y autoras posibles, entender sus esfuerzos, sacar de sus libros lo mejor para nuestro conocimiento y nuestra época, y no pretender coincidencias en todos los temas, lo que sería harto imposible. En el caso de Campanella, como antes en otro comentario dije de Erasmo, no dudo, porque fue costumbre todavía bien arraigada en el s. XX que esos niños “arrojados”, por decirlo de algún modo, en los conventos porque allí al menos algo comerían, porque sobraban hijos, eran bastardos, o simplemente porque en todas las familias era bien visto tener monjas y curas que rezaran por ellos y abrieran el camino al Cielo, tenían por fuerza que tener carencias afectivas, cierto desprecio a la mujer-madre de la que quizá se sintieron desamparados, idea ampliada por la Biblia con la imagen de la Eva-pecadora. Tampoco faltaban en esos conventos ni en los del s. XX castigos corporales y otras humillaciones, así como un alejamiento permanente de las mujeres. Pero no quiero irme por las ramas. Si se leen las utopías de Moro y Campanella, cabe añadir la visión de un propulsor de la ciencia y el método experimental como fue Francis Bacon, político y abogado como Moro. Por eso, me parece fundamental la lectura de "La Nueva Atlántida", donde se aprecia el carácter más científico de éste, y esa apertura general de las ideas que trajo, pese a las guerras de religión que le siguieron, una nueva visión sobre la Naturaleza y los que esta podía ofrecer. Desde La Nueva Atlántida, todos los años partían científicos para ver qué descubrimientos nuevos había en el mundo y volvían a su isla para contarlo y si era posible traían algunos de aquellos objetos.
      Los tres libros son obras "cortas" para lo que hoy en día se considera habitual, pero con suficientes páginas para decir con concreción lo que quieren. Creo que ese sentido de la medida se ha perdido. ¿Antes, qué ensayo pasaba de las 100 páginas, qué novela de las 150? Creo que el exceso de páginas que solo consigue subir el precio de los libros colabora a reducir el número de lectores.
      Saludos, Paco. Sí, tengo que cuidarme estos días porque tengo un fuerte catarro.
      Gracias por pasar por aquí.

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  5. Gracias, Pilar, por tan valiosa información. Es ser humano siempre estará llamado a esta reflexión sobre sus propia incongruencia vital. Las pautas de conducta que ha seguido la sociedad son ajenas a cualquier atisbo humano. Y en el fondo, el hombre, necesita experimentar esa humanidad para darle dignidad a su vida. La utopía siempre estará ahí, como esa montaña que jamás alcanzamos, pero que la idea de alcanzarla nos da esperanza y motivos.
    Las ideas utópicas son admirables, estos autores los son. Nos dejan la puerta abierta al pensamiento de que un mundo más satisfactorio es posible. La alternativa siempre está ahí...
    Lo más valioso de estos autores, es esa incipiente aceptación de que los demás son como uno, y merecen unos mínimos principios de igualdad. Lo triste es que después de tanto tiempo, esa idea de reconocernos en otros, parece ir a menos, viendo el estado actual de las cosas mundanas.
    Muy agradable leerte, Pilar y todo lo que aportas en tus comentarios.
    Un abrazo. Buen año para ti y los tuyos.

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  6. Muchas gracias por tu visita, Clarisa.Quien siente el dolor siente la vida. Una humanidad capaz de matar a Sócrates o apedrear la casa de madame Curie, la científica, o de permitir que en pleno s. XXI pueda haber en Oriente Medio ciudades bombardeadas por intereses petrolíferos o asediadas donde la gente se muere en este preciso momento de hambre, será motivo de horror. El tema es levantar la voz, cada vez más alto. Podría citar muchas frases aquí, pero esta de Mahatma Gandi, creo que resume bien el tema: "Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena".

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