© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


jueves, 14 de enero de 2016

LEV TOLSTOI: «¿QUÉ ES EL ARTE?»



Pilar Alberdi

Ante la tarea de realizar un ensayo sobre arte, he tenido que leer numerosas obras que me permitieron ver la constante relación que unía la palabra arte, a otras muchas como estética, y a gusto (lo que es del gusto de uno) y especialmente a belleza, con distintas variaciones y relaciones, ya se expresase como sinónimo de Dios o perfección o genio (del artista), o a lo que pueda mostrarse o parecer como verdadero o bueno.
En esta búsqueda topé con el libro de Tolstoi: ¿Qué es el arte?, pregunta que muchos se hicieron antes que él y muchos, sin duda, continuarán haciendo después, según cambie la época. Una pregunta común de hoy en día es: ¿se podrá a través de la I+D hacer arte? Parece que sí. Ya hay programas capaces de relatar al modo de una novela. Pero la cuestión es, ¿es eso arte?, ¿es novela? ¿Representan verdaderamente al ser humano? ¿Qué clase de arte deseamos o esperamos para esta representación del ser humano?
Probablemente, Tolstoi, en su querer definir qué era el arte, se encontró también con mil y una definiciones de arte, y así es cuando vemos que, ya desde las primeras páginas nombra a numerosos escritores y filósofos y lo que ellos dijeron. Por cierto, ni una de esas opiniones es de una mujer. Hoy podemos decir que las cosas han cambiado y debemos a mujeres muchas de las más exigentes reflexiones sobre estos temas y sobre el arte actual. Si ofrece, en cambio, un dato muy interesante, en tiempos de la aristocracia y la burguesía, el arte deja atrás los intereses de Papas y reyes y produce para estos. Detalle importante como se verá después.
¿Qué dice Tolstoi? El autor de obras como Anna Karenina, Guerra y Paz, La muerte de Iván Illich, La sonata a Kreutzer, se queja de las grandes subvenciones que recibía el arte en la Rusia de los zares, ya que estaba destinado a la «clase superior» y, por tanto, los temas que se exponían en ese arte no se correspondían con las vidas de las gentes del pueblo, las mismas que trajinaban sudorosas tras los escenarios, ya fabricando, ya moviendo grandes decorados, para que las óperas fuesen tan magníficas como lo que se esperaba de ellas, aunque los temas resultasen superfluos. La vida de la gente sentada en las butacas era muy diferente de la de los obreros y campesinos. La literatura de la época nos permite conocer algo de sus vidas: varias veces a la semana acudían al teatro sobre las 22 horas de la noche, salían de este de madrugada, cenaban y sobre las cuatro de la mañana se acostaban, levantándose al mediodía, momento en que desayunaban y sobre las cuatro de la tarde almorzaban para volver a repetir poco después una secuencia del día parecida a otras: paseaban, merendaban, también leían, ordenaban las tareas de sus casas a sus criados, hacían visitas, se ocupaban de sus tierras o negocios.
Tolstoi no es un socialista es un cristiano que liberó a sus propios siervos, creó escuela para ellos, estaba dispuesto a legar sus tierras y los beneficios de sus obras al pueblo, pero entre medias estaba su familia, en las que unos parecían dispuestos a apoyarle y otros no, ¿por qué se preguntaba su mujer quería que su familia fuera pobre? Ser pobre, en aquellos tiempos era vivir condenado en la miseria. Como es sabido, Tolstoi murió huyendo de su casa, ya anciano, en una estación de tren como si fuera camino a ninguna parte.
Pero este, aunque ilustrativo ejemplo, no es el caso que nos ocupa en este artículo. Un hombre que ve así la vida, un verdadero intelectual que dejó testimonio de ella en sus obras, que se preocupa por todos, tiene algo qué decir del arte, y lo que expresa es que ninguna de las definiciones dadas le satisfacen, él ve otra cosa y la ve clara: el arte es comunicación de sentimientos y, por tanto, una relación directa de los sentimientos del artista (no importa el tipo de arte que sea) con los sentimientos de quien recibe ese arte. De ahí la fraternidad, más incluso cuando se puede sentir, y así lo expresa, ya que lo que uno pueda sentir frente a una obra de hace cientos o miles de años, se comunica con lo que sintió el artista y también las personas de aquellos tiempos que la vieron, la escucharon o la leyeron, o las de tiempos posteriores.
Que una persona no sea artista, que no sea una entendida o entendido en la ejecución de tal o cual arte, no le impide, gracias a los sentimientos, sentir la obra de tal modo que es casi como si la hubiera realizado con sus propias manos o su pensamiento.
Arte hay, viene a decir Tolstoi, si por cualquier medio se transmiten sentimientos y estos llegan a las demás personas. Pone de ejemplo la narración de un niño que teme encontrarse con un lobo, al que solo conoce por los cuentos, lo que no le impide hacerse una idea de lo que es, sentir temor, y transmitirlo a quien le escucha y eso conllevará al recuerdo de otros temores por los demás, así como al deseo de consolar.
Dice, que sin el arte seríamos hostiles unos a otros, nos conoceríamos menos; por eso el arte es «un medio de fraternidad entre los hombres que les une en un mismo sentimiento» a través de las emociones.
Cuando el arte es para una clase social, representa solo lo que le pueda interesar a esa parte de la sociedad, pero de ningún modo puede representar lo que interesa al conjunto, ni lo que siente el conjunto o una gran mayoría. De ahí su crítica del arte del s. XIX, con una temática que entiende se empobrecía día a día al apartarse de lo religioso, entiéndase esto como lo superior o sublime, aquello capaz de hacer confraternizar a las personas. Ese alejamiento se podía percibir en el arte en la proliferación de particularismos egoístas, en la intencionada inclusión de pornografía, en un discurso machista propio de la época, recordemos esa cantidad de chicas pobres y jóvenes que acababan en la prostitución o como amantes, en un espíritu inmisericorde, en gran medida decadente, recordemos por ejemplo a los nihilistas, esos hombres que con un pasar decoroso y sin ser necesariamente ricos, pasean gran parte del día viendo las nuevas mercaderías que les ofrece el capitalismo industrial, no necesariamente podrán adquirirlas, mientras se aburren; nihilismo que él denuncia en Baudelaire, por ejemplo. No sin dejarle de asombrar lo que está ocurriendo en la pintura con los simbolistas e impresionistas capaces de pintar «una cara de azul», como expresa con asombro, o entre los músicos donde una sinfonía o una sonata se parece a otra, o entre los escritores. A la hora de salvar a algunos de estos, pone a buen recaudo a pocos, y con el fin de no extenderme demasiado señalaré a tres de esos autores, uno de ellos, una mujer: Harriet Beecher Stowe, la autora de La cabaña del Tío Tom; Víctor Hugo y su obra Los miserables, Dickens con textos como Canción de Navidad. Quienes hayan leído estas obras, sabe lo que Tolstoi quiere salvar, la humanidad, la fraternidad en la vida real, un sentido de dignidad y respeto para toda vida. No en vano esas obras, como algunas del propio Tolstoi forman parte ya de los grandes clásicos, y si aceptamos las opiniones del escritor ruso, en esas obras hay sentimientos universales que podemos sentir como nuestros. Otros autores que cita como ejemplo de una verdadera literatura: Dostoievsky, Eliot, Moliere, algunos cuentos de Maupassant, Dumas, padre.
Tolstoi, que es riguroso con su pensamiento, y le importa poco y nada la manera en que puedan juzgarse sus opiniones, ya que su querer es el de ser lo más auténtico y sincero consigo mismo, critica los sentimientos de la «clase superior» porque entiende no representan a los de toda una nación. Básicamente, define estos sentimientos así: en primer el lugar, la vanidad unida a la ambición y el desprecio de los demás; en segundo lugar, el deseo sexual que se manifiesta galantemente o de la manera más procaz; y en tercer lugar, el sentimiento de asco hacia la vida.
Con estos sentimientos, piensa Tolstoi, al menos esto es lo que se desprende de sus palabras, no se puede ser un artista para todos, porque lo primero y más sagrado es amar la vida y ser compasivo y, acaso, de ambos temas sepan más los pobres que tienen que condolerse, ayudarse, compadecerse, someterse a la desigualdad y al desprecio reinante.
Peo tampoco le basta al escritor con señalar los sentimientos de esta «clase superior», quiere distinguir entre lo que es una obra verdadera y una falsa. La primera, nos dice, tiene sentimientos, las segundas, no; son una mera copia, una falsificación ¿Cómo se las reconoce? Por la falta de sentimientos que cargan las segundas, si ante ellas no sentimos nada, ¿ante qué estamos? Yo las llamaría «obras muertas», también «frías, distantes, indiferentes». Pensándolo bien, ¿no es este tipo de obras las que nos encontramos habitualmente en oficinas de empresas, en instituciones? Obras frías que no dicen nada: ¿fueron elegidas para que los sentimientos de la gente se mantengan controlados? ¿Es el autocontrol desmesurado sobre los sentimientos? ¿Solo se debe pensar sobre lo que algunos quieren? Si es así, y creo que lo es, deberíamos meditar largamente sobre el tema.
En suma, ocurría en la época de Tolstoi y actualmente sigue ocurriendo. La diferencia entre obras verdaderas y falsas o falsificadas nos parece evidente. Incluso hay artistas que se plagian a sí mismos; cuando descubren que algunas de sus obras se venden más que otras o cuando algunas instituciones, fundaciones, marchantes, galerías se interesan por ellas.
Tolstoi cree que para que alguien se alce con el título de artista tiene que ser capaz de llegar a los otros, sin instituciones, ni escuelas, ni críticos de por medio. La obra llega o no llega, lo demás es oscurantismo que no merece ser explicado. Si yo veo un lienzo en blanco o con dos rayas y no me dice nada, no me dice nada; si leo un poema sin fondo ni forma no preciso que nadie me lo explique.
El escritor ruso habla con enorme convicción del «poder de contagio de la emoción», me ha gustado mucho esa definición, de ahí que quiera comentar lo que él llama: «el grado de compromiso artístico» que debe tener un artista. Sobre esta cuestión dice que cuanto más singulares sean los sentimientos del artista mejor serán recibidos. Se nos ha olvidado la importancia de ese término: singularidad, originalidad, también individualidad. Cuando estamos ante un Tolstoi o un Víctor Hugo sabemos que son únicos en el conjunto de la diversidad de los seres humanos, que han hecho su camino, preguntándose lo que hacían, acertando y equivocándose, profundizando, pero también, que mientras lo hacían no dejaban de pensar en las vidas de los demás, les importaban, incluso más allá de su propia muerte.
Evidentemente el ideal de Tolstoi sobre el arte del futuro era muy alto, consideraba que a partir de su siglo, el XIX, se llegaría a considerar como arte solo aquello que incluyese eso de lo que él hablaba: la comunicación de sentimientos y la fraternidad, y, sin embargo, no es lo que podemos apreciar ni lo que sucede en el s. XXI. El arte contínua siendo subvencionado, pagado por el Estado, solo uno de los principales museos españoles ha llegado a ser rentable, las artistas mujeres tienen una baja representación en los mismos (solo el 15%), y las obras, sí, parece inevitable hacer esta pregunta, ¿qué nos dicen? Cuando percibimos esa serie de novelas que ya no desde el machismo de otras épocas, sino bajo el actual y desde el planteamiento de un falso romanticismo (obras en general escritas por mujeres) que incluye el sometimiento de la mujer en un entramado de relaciones sado-masoquistas, creo, sinceramente, que no hemos progresado mucho y que a Tolstoi también le horrorizaría este mundo, no mejor que el suyo, igual de convulso e hipócrita, donde proliferan las obras «falsas» tanto como las falsas verdades, y donde su ideal de que «el arte debe destruir en el mundo el reino de la violencia y de las vejaciones» aún resulta imposible.

8 comentarios:

  1. Me ha encantado su artículo. Me he pasado un buen rato mientras lo leía. Y muy interesante, por cierto. Me gusta la manera en la que desarrolla las ideas.
    Casualmente días atrás mi maestra de música se preocupó acerca del concepto de arte que "manejaba" (me preguntó cuál era el concepto que manejaba de él. No tenía nada claro, honestamente). Por ello me di a la tarea de buscarlo y tratar de entenderlo.
    Había dejado por un lado ese quehacer, y hoy, sin buscarlo, he encontrado el que más me ha gustado y entendido. He aprendido algo muy valioso gracias a su artículo :)

    Saludos!

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    1. Te agradezco sinceramente tus palabras, el hecho de que pudieras utilizar esta reflexión.
      Saludos.

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  2. Lo que expone aquí resulta muy interesante, tanto por la vertiente del pensamiento de Tolstoi, como por su interpretación personal de lo que cuenta. Me ha descubierto cosas de Tolstoi que desconocía, (y que, para ser franca, son todavía muchas) y he visto entre sus reflexiones otras que también he pensado yo a veces, y con las que coincido, aunque nunca las hubiera podido expresar con la maestría que usted posee y demuestra en sus textos. Gracias por compartirlo, señora Alberdi.

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  3. Gracias a ti, María José. Hay autores rusos del s.XIX y XX que muestran esa enorme pasión por la vida y por las ideas que defienden, y no me caben dudas de que Tolstoi, pienso también en Chéjov y en otros escritores rusos como Gorki, Dostoievsky, Turgueniev, Gogol; en cuentistas extraordinarios como Babel, Sholojov, Andreiev, Bunin, Nina Barberova, Alexandr Solzhenitsyn, o las novelas cortas de Irene Némirovsky, como “Nieve en otoño”.
    Pienso, por supuesto, en las escritoras y escritores españoles; y en tantos, tantísimos más, de tantos lugares, a los que un@ vuelve siempre con respeto.
    Un abrazo.

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  4. Qué excelente y profundo artículo.
    Estoy muy de acuerdo contigo y con Tolstoi. Lo común de todos los grandes artistas de la historia es que contagian sus sentimientos e ideas, podemos reconocerlos en nosotros mismos, por eso nos llegan, es más, nos conmueven. Son obras esencialmente humanas, fraternales, y de un estética superior que asciende la sensación emotiva que provocan. Porque no basta con comunicar para hacer arte, sino que utilizando las técnicas apropiadas, la comunicación tiene que llegar conmoviendo, azotando, avivando, despertando... las fibras sensibles del ser.

    Vivimos un tiempo en que el arte que manejan los poderes y el que consume la "elite" está muerto, por no decir que es sólo una máscara esperpéntica del verdadero arte. Gracias a Dios, la gente sigue sabiendo por instinto natural dónde buscar el arte y vivir una de las sensaciones más nobles y bellas que puede experimentar.

    Un abrazo

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    1. Muchas gracias, Maite, por tu visita y por tu comentario.
      Un abrazo.

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  5. Yo creo que esa es una de las grandes preguntas de la cultura universal ¿Qué es el arte? Me consta que nadie ha sido capaz de dar una respuesta desde la certeza total. Tal vez, por la propia naturaleza del arte, éste rehuya una definición que trate de acotarlo, limitarlo. Me parece que el planteamiento de Tolstoi, aproximar la idea del arte al ámbito de los sentimientos, es la más plausible.
    Un abrazo Pilar.

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    1. Somos un mundo de sentimientos. Evidentemente, la sociedad nos inculca a controlarlos, nos dice cuáles están permitidos,pero están ahí, todos, incluso cuando menos se muestran. La prueba manifiesta es que cuando uno vuelve a escritores rusos, como es el caso de Tolstoi, los halla inmediatamente. Lo mismo ocurre en las viejas películas, podemos observar que antes se gesticulaba más; también hemos aprendido a controlar gestos que pueden delatar: ¿qué?, nuestros sentimientos. No somos autómatas, pero podemos parecerlo. Casi se podría decir que vivimos a la defensiva, incluso, sin tener conciencia de ello.
      Saludos, Paco. Un abrazo.

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