© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

lunes, 1 de agosto de 2016

IMAGINACIÓN Y CIENCIA


Pilar Alberdi

Hoy se dice, lo han analizado bien los filósofos de la ciencia, que para ser científico hay que tener imaginación. Si nos hubieran dicho algo así, a nosotros, cuando éramos niños o adolescentes habría sido una revolución. Evidentemente, se necesita una gran imaginación, capaz incluso y si fuera necesario (siempre lo es) de oponerse a las teorías vigentes («paradigmas» de los que habló Kuhn), por tanto, también se precisa valentía, y en no menor proporción, conocimiento matemático. Además, un buen científico intentará expresar su teoría con claridad.
A veces, las teorías ganan su lugar en la Historia de la ciencia, más tarde del tiempo en que fueron propuestas, como fue el caso de la teoría de los átomos de Leucipo y Demócrito, continuada por Epicuro, y que no fue tomada en serio hasta época contemporánea, cuando la desarrollaron Dalton y Avogardo.
Pero voy a poner un ejemplo de texto sencillo, el de Arquímides, titulado: El arenario. Está redactado en forma de carta-explicación al Rey Gelon de Siracusa, antigua Magna Grecia, hoy la isla de Sicilia en Italia. Comienza así: «Existen algunos, Rey Gelon, que creen que el número de granos de arena es infinito en multitud; y cuando me refiero no solo a los que existen en Siracusa y el resto de Sicilia, sino también al que se puede encontrar en cualquier región». La imaginación de Arquímides es tal (no en vano consiguió mover con una mano un barco, gracias a un sistema de poleas, que dedicará El arenario a explicar cuántos granos de amapola cabrían en el Universo. En aquel Universo, tal y como ellos lo imaginaban entonces, ya que ha ido cambiando a medida que cambiaban las ideas. Y así, mientras otros se dedicaban a intentar comprender su funcionamiento, él, con la excusa de los granos de arena y las semillas de amapola buscaba su magnitud.
Verdad es que la principal tarea de los científicos ocupados en las ciencias naturales ha sido siempre la de explicar el mundo en que vivían. La teoría geocéntrica la defendieron Eudoxo, Aristóteles, Ptolomeo. Tendría que llegar la modernidad para que Copérnico rescatase una vieja idea, la de Aristarco de Samos (230 a. de C.) que predecía una Tierra que gira sobre un eje imaginario y se traslada alrededor del sol. Teoría confirmada luego por Galileo, las leyes de Kepler y las del movimiento y la gravedad universal de Newton. La ciencia, a veces, da pasos de gigante. Se descubre el magnetismo, la electricidad. Esto supuso un cambio colosal. En el s. XIX, Lorentz con sus ecuaciones definirá la constante c de la luz que tomará en cuenta Einstein para su Teoría restringida de la relatividad, donde incluirá las dimensiones de espacio y tiempo. También es este, de Einstein, un texto sencillo, salvo el apartado matemático. En la Teoría General de la relatividad, hablará de ondas gravitaciones, algo confirmado hace poco tiempo, y, entonces, cuando ya parecía que se conocía bien el mundo surge la Teoría cuántica, la de Cuerdas y otras. Y aquel Universo fijo, en el que pensaba Einstein, se deshace frente a las nuevas opciones de un Universo en expansión que crea materia constantemente. Y así, una teoría supera a otra, y la ciencia y el conocimiento avanzan.
Pero hagamos un pequeño recorrido por ese camino. Los primeros grandes reinos con su burocracia necesitaron del alfabeto, la geometría y la matemática. El concepto de «tabla de multiplicar» deviene de esas muchas tablillas de arcilla en donde aparecen resueltas cuentas, de tal modo, que aunque alguien no conociera el procedimiento para llegar al resultado, este se podía aplicar para una construcción o el almacenamiento o inventario de elementos o productos agrícolas.
En su afán de distribuir el tiempo y comprender mejor las estaciones, surgió el Zodíaco-astronómico. Lo que era en el cielo debía ser en la Tierra. Se realizaban horóscopos. Se estudiaba a los planetas. En las entrañas de los animales que sacrificaban, esperaban encontrar señales, mensajes de los cielos. Los egipcios sabían que cuando la estrella Sotis (Sirio) aparecía en primavera, comenzaba la crecida del Nilo, y también sabían que volvía a desaparecer antes del comienzo del año. Nuestro calendario, básicamente, es el suyo.
Conocer cuáles eran los días más cortos y los más largos, parece fue tarea de los obeliscos, gracias a marcas que se ponían en la tierra por donde se proyectaba su sombra. Gracias a una técnica similar, Tales midió (lo cuenta Arquímides en El arenario) las pirámides de Egipto, al compararlas con su propia sombra. El obelisco, o en este último ejemplo, el propio ser humano, o en última instancia cualquier estilete, un gnomon, era capaz de escribir sobre la tierra. Su tinta, una sombra. La misma con la que en los relojes de sol, eran capaces de proyectar cada hora.
Lo curioso es que nosotros, ya no necesitamos pensar en estas cosas, damos por aceptado el mundo tal como nos ha sido dado a conocer. La tierra rota, se traslada alrededor del sol, y este con todos los planetas alrededor de la Galaxia. Este último tipo de viaje dura 240 millones de años y la tierra ya lo ha hecho una veintena de veces. Impresiona y maravilla.
La Vía Láctea, nuestra casa. Cuando decimos que la estamos viendo, solo estamos observando uno de sus brazos en espiral. El nombre procede de la mitología griega, según esta, hay dos versiones. Contaré una: a Hera, esposa de Zeus, le pusieron al pecho mientras dormía un bebé que Zeus había gestado engañando a una mortal (Alcmena). Si el niño (Heracles) tomaba la leche de Hera, se convertiría en inmortal. Razón por la que cuando Hera dormía, por orden de Zeus, se lo pusieron al pecho. Ella, al darse cuenta, lo apartó de sí, salpicando con leche el Universo. De ahí el nombre (Vía Láctea): «Camino de leche».
Si lo pensamos bien, nuestro primer maestro es este mundo, al que desde el principio de los tiempos las criaturas han intentado comprender. El hombre-la mujer preguntan con imaginación y el mundo responde con una y otra teoría. Las estrellas, los planetas, el gnomon o estilete todos nos han enseñado algo, todos han intentado dar valor a nuestras preguntas, mientras las respuestas pugnan por ser las verdaderas.
Realmente maravilla lo que sabemos pero mucho más lo que ignoramos.

6 comentarios:

  1. Excelente artículo, como de costumbre. Los científicos y los escritores reman en contra de una misma cosa: la estulticia, la falta de imaginación. Ambos desean hacer una casa, un universo, menos hostil y más habitalbe. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes toda la razón, por desear que no quede. A mí lo que me sucede es que no se me acaba la "admiración". Luego, tengo que contar lo que aprendo, lo que leo, lo que vivo como si tuviera la seguridad de que a alguien más le servirá.
      Saludos.

      Eliminar
  2. Una maravilla siempre sus comentarios llenos de matemáticas ,,,quedara un buen trabajo,no serán las pirámides sera un poco mas sencillo. PERO TAMBIEN SE EMPLEAN LAS MATEMATICAS.Gracias por compartir sabiduría
    un abrazo.feliz semana

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Deborah. Yo también voy dejando mis pequeñas líneas de sombras.
      Un abrazo grande.

      Eliminar
  3. Muchas gracias por su escrito, durante la noche con su cielo estrellado jamas e dejado de admirar tanta magnificencia, creo que jamas terminaremos de entender a nuestro mundo y que bueno porque ello conlleva a disfrutar de nuestra imaginación, saludos.

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias, Héctor, por su comentario.
    Por si pudiera ser del interés de quien visite este blog, les dejo un enlace a una Guía de "lluvia de estrellas" para el año 2016. En España hay que estar atentos los próximos días 11 y 12 de agosto.
    Este año saldré al jardín, pero el año pasado subimos hacia las sierras de Málaga en excursión nocturna con los hijos y los pequeños nietos para verlas mejor. Toda una experiencia en familia. Inolvidable.
    Aquí el enlace a la guía:
    http://es.photopills.com/articulos/guia-meteoros
    Saludos.

    ResponderEliminar

Gracias por dejar tu opinión.