© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)

sábado, 10 de julio de 2010

ÚLTIMAS VOLUNTADES DE ESCRITORES



Texto y foto: Pilar Alberdi

Estos días que estoy por Alcalá de Henares, además de permanecer junto a la familia, mis manos pueden recorrer los lomos de algunos de los que fueron mis libros. Cuando me fui a vivir a Rincón de la Victoria, dejé a buen recaudo, la mitad de mi biblioteca. En especial todos aquellos libros que tenían que ver con el teatro y la novela española, lingüistica, historia, filosofía, y varios temas más.
De este modo, volví a mirar con placer dos libros: uno de Carmen Conde sobre Gabriela Mistral, la poetisa chilena; y otro sobre Juan Ramón Jiménez. Se da la casualidad de que en ambos libros vienen citados parte de los testamentos de los escritores.

Gabriela Mistral que como pocos supo ver lo alto que era el cielo de castilla, opinaba que en Madrid a 800 metros se conseguía lo que en Chile, ella había conocido en la cordillera. Y este cielo le hacía comprender mejor a los escritores españoles y, en especial a los castellanos, teniendo la idea de que ese cielo de algún modo explicaba las metáforas de Teresa de Ávila.
El testamento de Grabriela Mistral daba comienzo de este modo: «Yo, Lucila Godoy Alcayaga (también conocida como Gabriela Mistral)... Después en sus diferentes puntos dejaba claras sus decisiones, entre ellas las de legar las ganancias de sus libros que provengan de América del Sur a los niños pobres del pueblo de Montegrande, en le Valle de Elqui, en Chile, y el resto así como sus propiedades a dos de sus amigas, de las cuales una, fue su albacea.
Por ese libro sé, que los años que vivió en California mantenía un jardín, ella misma trabajaba en él, aunque tenía algo de ayuda.

El otro libro nos habla de Juan Ramón Jiménez, en realidad es una selección de poemas. A Juan Ramón Jiménez también le gustaban las plantas. Esto es algo que ya escribí en otro artículo que podrán también encontrar por aquí, ya que en su obra se percibe ese conocimiento de los árboles y plantas de Andalucía, así como los nombres de los pájaros, y nunca han faltado animales, incluido el mítico Platero, figura concretada a partir de varios burros.
De la última voluntad de Juan Ramón Jiménez que figura en el Museo que lleva su nombre en la Universidad de Río Piedras, Puerto Rico, dentro de aquel periplo que fue su exilio tras la Guerra Civil Española, ya muy enfermo, dejó escrito: «El ataúd sea modesto y liso, de madera sin forrar ni pintar; el entierro pobre. No se avise a nadie, ni se moleste a quien no sea necesario para dicho acto. Amo a Cristo pero no quiero nada con la iglesia. Que se me entierre en lugar cercano al de mi muerte, y que se deje al lado de mi fosa otra, por si Zenobia quiere, cuando muera, venir a mi lado. Si no, quede vacía para siempre. En la lápida o losa, que debe ser sencilla, se pondrá nada más. Juan Ramón, de Zenobia»

La última voluntad de Juan Ramón Jiménez es tan estremecedora como la de Cervantes en su carta al conde de Lemos. Sólo que esta incluye una declaración de amor. Lo que Juan Ramón Jiménez desconocía en ese momento, es que Zenobia, fallecería primero.

Si tuviera que hacer balance de las lecturas que me influyeron de niña, sin duda «Platero» ocupa un lugar especial. En 1981 visité Moguer para estar un momento de pie ante la tumba de Zenobia y Juan Ramón. . En el pueblo está la casa museo. Aunque supongo que en donde realmente está el poeta es en sus versos... «Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando...» Así comienza su poema: El viaje definitivo.

2 comentarios:

  1. No conocía los testamentos de ningún escritor, salvo el de aquellos que saltan a los medios por los conflictos de intereses que se plantean entre los herederos. Me ha impresionado la frase : Juan Ramón de Zenobia. Nunca la habría imaginado...
    Gracias por tu interesante texto. Un abrazo.

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  2. Gracias María por tu comentario. Hay un sentido de unidad y de entereza en esas vidas que, si de algún modo nos llama la atención es, porque acaso se va perdiendo y no lo percibimos con claridad en nuestros días.
    Un saludo
    Pilar

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