© Pilar Alberdi. Escritora. Licenciada en Psicología (UOC). Cursando Grado en Filosofía (UNED)


jueves, 3 de noviembre de 2011

¡¡CORRE EDITH NAPOLEÓN!!



Libro de Yolanda Sáenz de Tejada y Noemí Trujillo.
Invitados: Iñaki Gabilondo, Miguel Ríos y Luis Alberto de Cuenca. Prólogo de Lorenzo Silva.(La luna es mía Editoras)


Reseña: Pilar Alberdi

El prefacio firmado por ambas autoras dice en uno de sus párrafos:«Estas páginas que tienes en tus manos están escritas con la tinta de la realidad. Cuando las abras, te enfrentarás a historias de niñas, adultas, ancianas...; mujeres maltratadas por la vida y por todos los que no hacemos nada para solucionarlo».

Desde el Prólogo, Lorenzo Silva, da su opinión: «La lucha contra la violencia discurre por muchos caminos. Al final, cuando fallan todos los demás, nos queda la misma violencia, es decir, el fracaso». Y apela a la sensatez diciendo: «Antes del castigo, viene la educación». Y es lo que hay que conseguir, la educación para evitar la violencia.

Edith Napoleón, a quien se dedica la primera parte de este libro era «una prostituta negra que fue asesinada con veintidós años, descuartizada y arrojada a un contenedor de la basura, en la madrileña población de Boadilla del Monte en el año 2003». Para los periódicos fue una noticia; para los juzgados un caso; para los policías que intervinieron en el suceso, seguramente, «un mal día»; para sus familiares... Quizá aún no lo sepan, porque como bien se dice en el libro, quizá, Edith Napoleón ni siquiera fuese su verdadero nombre.

Lamentablemente, no hay una Edith Napoleón, hay muchas como ella, explotadas y utilizadas, aquí en España, y en otras partes del mundo. Es verdad que no siempre se llaman Edith Napoleón. Pueden llamarse como en estos poemas: Irene, Adrienne... Cualquier nombre es posible.

La poeta Noemí Trujillo dice en su poema Edith: «Los relojes sin viento me han hablado de ti./ Este domingo de abril sé que te mataron./ Son las nueve de la noche y vuelvo/ de un fin de semana placentero./ (...)Huiste de la guerra de Sierra Leona/ para encontrar en España rechazo,/ desprecio, violencia y muerte./»

Y da igual el nombre: «Nadie sabe nada/ cuando sales de puntillas de casa,/ nadie quiere saber nada./ La Rambla está llena de lateros y de putas/ pero nadie te ve llegar ni te verá marcharte./ Al volver un disperso olor a cerveza/ entrará en casa./ En la voz tendrás aguardiente y sexo/ y los ojos rojos de la noche»

Y da igual el lugar: «Yo tenía un arma y tú apenas 14 años./ Un oscuro país se ha adentrado/ por mi uniforme de soldado/ y aquí, en las cercanías de Bagdad, / algo turbio/ destruye tu hogar./ Disparé contra ti después de violarte, /disparé contra tu hermana pequeña,/ contra tus padres./ Yo mismo grité con el ruido de las balas».

O puede que la muerte venga por contagio del Sida... La poeta está cansada...«hiperrresponsabilizada,/ asustada./ La televisión habla/ de la amenaza talibán en Pakistán,/ de la gripe porcina,/ de la castigada economía mexicana, de la esperanza Obama. Todo es una trampa./ Mujer de papel,/ mujer esclava,/ puta cara. Libre, sin chulo./ Insegura,/ competitiva,/agotada»

O, simplemente, llamarse la muerte : una paliza... «Esta noche trae más dinero que ayer/ o te haré lo que a mí me hacía mi madre/ y eso, gacelita, no te gustará (…) » Porque aunque leas, y aunque quieras salir del pozo: «Una puta que lee es una puta. /Nadie va a ver en ti nada más que eso»

La muerte en vida también puede tener el sabor triste y doloroso de la inmigración, dolor que se suma a los ya padecidos. Dice Yolanda Sáenz de Tejada en este contrapunto de la primera parte: «Su hija/ la única que su vientre amasó,/ se la llevaron los unos,/ que ella si sabe quién.../ Se la devolvieron vacía de himen (…) Y la madre ha venido/ huyendo de su país/ ―en una barca asquerosa/ preñada de agua y orín―./ Solo quiere un nido/ donde abrazar a su hijita./ Y, probablemente,/ muchos,/ no la quieran aquí»
Tampoco falta quien acosa a cambio de un contrato de trabajo: «Después él/ se lavaba las manos/ y ella se bajaba la falda/ (o se subía el pantalón)./Se peinaba la boca/ y le daba cuerda al corazón».
También la Edith Napoleón de turno puede ser una niña en medio de una guerra: «Sus amigas/ la llamaban/ Labios de Oro y/ con sólo 14 años/ (una noche)/ se acostó con 12 soldados/ italianos. / ―Seguro que/ no durmió―./ Son las once de/ la noche en/ Sarajevo,/ en la base militar/ de la OTAN./ (La que los defiende)»

La segunda parte del libro está dedicada a las mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez (México) y también en Guatemala.
«Yo le dije: “Dios te acompañe,/ vuelve en punto”/ y la besé en/ sus grandes ojos/ verdes. Como cada día... / Pero ella no volvió —viva—» Es la voz de la poeta Yolanda Sáenz de Tejada. Cada uno de sus poemas está acompañado de un texto en prosa. En este caso comienza así: «Qué dificil es creer en Dios si la muerte te lacera. Qué horrible que tu hija se vaya con tu beso en las pestañas, con tu abrazo aún caliente entre sus hombros. Con ese dulce olor a viento que dejan las distancias cortas.» Y Noemí Trujillo apunta en uno de sus poemas: «Somos maestras,/ periodistas,/ gente humilde,/ pero todas éramos madres». Y lo peor es que no tiene fin: «Sucedió la pasada primavera/ sucede ésta/ y la siguiente».

La tercera parte lleva escrito un nombre, el de Rossana, y una aclaración necesaria: «Puedes pensar que la violencia de género no te afecta porque tienes un matrimonio feliz. Pero si tienes una hija, una nieta, una amiga, una prima, una vecina a la que quieres, te puede acabar afectando». Y es que el peligro cuando está lejos no parece peligro.
Los poemas de esta tercera parte hablan de mujeres del pasado y del presente; de las que fueron asesinadas, de algunas cuyos cuerpos no han sido hallados. Nos llega el eco de escritoras, incluso de alguna viuda célebre a fuerza de quedarse en la ruina tras la sombra de un “gran hombre”. «Ella se cae al suelo sin saber/ qué fuerza la arrancó de la silla.» dice Yolanda y recoge en otro poema, Noemí: «Todo es amargo/ como ese café/ que te estás tomando./ Todo es negro» Y puede que la niña gitana no pueda estudiar aquello que quiere o que la mujer que ha sufrido acabe ella también ejerciendo la violencia contra su opresor, y entonces comprenda al ver su sangre, que no era azul como la del príncipe soñado. Porque, tantas veces, la voz del consuelo, sirve de bien poco si no se halla una solución.

La cuarta parte incluye dos poemas que nos vuelven a traer a la memoria la imagen de la persona que ocupa sonriente la portada del libro, y que no es otra que Edith Napoleón. Y ya para terminar, la quinta parte reúne dos relatos: “El silencio de la sirena” de Noemí Trujillo y “Carta a mi amada” de Yolanda Sáenz de Tejada.

En total casi 40 poemas y dos relatos. Y la seguridad de que «ellas», las víctimas, no serán olvidadas.

Más información en La luna es mía Editoras

8 comentarios:

  1. Pilar, gracias infinitas por tu reseña de este barco con motor a pasión. De este libro que nunca caduca por desgracia y que es un grito al que tú te has sumado para que seamos más fuertes.

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  2. De nada, Yolanda. Para mí ha sido un verdadero honor leer este libro. Lo he sentido profundamente y creo que mi reseña no alcanza ha expresar su gran calidad poética y humana. Creo que ¡¡Corre Edith Napoleón!! debería repartirse por los institutos, por la calle, mano a mano.
    En memoria de todas las Edith Napoleón del mundo...
    Un abrazo.

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  3. Estupenda reseña, amiga, muy convocatoria.

    Saludos,

    José Valle

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  4. Gracias por dejar aquí tu comentario, José.
    Saludos

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  5. Una minuciosa reseña, como las que acostumbras hacer, Pilar, un libro para reflexionar, sin duda.


    Felicitaciones a las autoras!

    Besos!
    Blanca

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  6. Gracias Blanca.Es un libro para concienciar, y lo consigue. Dos poetas que han sabido expresar sus sentimientos en recuerdo de las víctimas.
    Un abrazo.

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  7. Interesante reseña. Buen blog. Te sigo!.

    Besos***

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